Salud emocional infantil y adolescente con humanidad y ciencia. Acompaño a tu hijo y también a ti como mamá o papá. Berrinches, ansiedad, regulación emocional, culpa parental, altas capacidades y burnout.
Después de unas semanas alejada de mi blog, precisamente por un torbellino de emociones y sobrecarga de trabajo, hoy me siento desde mi espacio de paz y tranquilidad a escribir desde la empatía y la sinceridad que me llevo a iniciar con este proyecto.
Diciembre tiene una forma extraña de sentirse como un abrazo y una despedida al mismo tiempo. Hay luces, posadas, planes y risas; y de pronto, sin razón clara, aparece un nudo en la garganta.
A mis 46 casi 47 años, y con una hija de 7 que ilumina mi vida, la salud de mi mamá en recuperación, podría pensarse que tengo la Navidad «resuelta». Veo la magia en sus ojos y siento un agradecimiento profundo, genuino. Pero, al mismo tiempo, siento el peso del tiempo y la nostalgia de cada año agudizada de las sillas vacías en la mesa, para mi siempre serán Navidad mi abuelito Pepe y mi tia Lory, ellos me enseñaron a disfrutar estas fechas y ahora estoy aprendiendo a darle un nuevo significado con Mayte.
Si te pasa esto, si sientes que estás en una montaña rusa donde pasas de la euforia a la melancolía, quiero que sepas algo fundamental: no estás sola y no estás «mal».
Como pediatra y como paciente de psicología, lo veo y lo demuestro en consulta. Como madre, lo vivo en mi propia piel. Hoy quiero decirte con claridad: es normal sentir nostalgia y alegría a la vez.
¿Por qué nos sentimos así? La ciencia detrás del nudo en la garganta
No eres tú «siendo dramática», es tu cerebro procesando el cierre de un ciclo. Diciembre no es un mes neutro.
Balance de vida: Tu mente revisa inconscientemente el año: lo que lograste, lo que faltó, lo que cambió y lo que dolió.
Memoria emocional activada: Los olores, las canciones y las tradiciones despiertan recuerdos. Y los recuerdos no vienen editados «solo con lo bonito»; vienen con la historia completa, incluyendo a quienes ya no están.
Sobrecarga sensorial: Rutinas rotas, ruido, luces y visitas. Para muchos cerebros (y para los niños), esto se siente como una sobrecarga del sistema nervioso
La trampa de la «Navidad Perfecta» y la Culpa Materna
A este cóctel emocional se le suma la presión. Las redes sociales nos venden cenas de revista, decoraciones impecables y madres con energía inagotable y looks modernos. Pero mi realidad (y quizás la tuya) incluye gestionar el dolor físico, el cansancio y las emociones complejas mientras intentamos hacer que el dinero rinda y crear magia para nuestros hijos.
Y entonces aparece la vieja amiga, la culpa materna con sus famosos «debería»:
«Debería estar feliz todo el tiempo».
«No debería sentirme cansada».
«Debería disfrutar cada segundo».
«Debería agradecer por todo lo que tengo».
Aquí es donde necesitamos romper el mito: Agradecer no borra el cansancio. Agradecer no elimina el duelo. Puedes estar profundamente agradecida por la infancia de tus hijos y, al mismo tiempo, estar triste por tu propia historia o agotada por la logística. Ambas verdades caben en ti.
Cuando los niños también sienten el torbellino
Como pediatra, debo recordarte que tus hijos son también sienten esta intensidad. En ellos, la nostalgia o la sobrecarga rara vez se expresan con palabras elegantes como «estoy melancólico». Además se les suma la expectativa de ser un «niño bueno» para recibir los regalos que han esperado todo el año. Visitar y convivir con parientes que rara vez ven y comer alimentos a los que ellos no están acostumbrados. Por eso se ven como cambios en su conducta:
Berrinches más frecuentes («no sé qué me pasa»).
Apego intenso o necesidad de contacto físico.
Irritabilidad y llanto fácil.
No se están portando mal; al igual que tú, su sistema emocional está lleno.
Herramientas para sobrevivir (y disfrutar) la Navidad Real
No te voy a pedir que «pienses positivo» o que dejes de extrañar. Te voy a dar herramientas de regulación que tal vez puedan ayudar a familias reales:
1. Ponle nombre corto a la emoción.
No necesitas un discurso. Di: «Hoy traigo mezcla: alegría con nostalgia» o «Hoy estoy agradecida, pero me pesa el cuerpo». Nombrar la emoción la ordena, y cuando la ordenas, deja de asustar.
2. El ritual de los 3 minutos.
Cuando sientas el nudo en la garganta o la ansiedad subir:
Pon una mano en el pecho y otra en el abdomen.
Inhala lento en 4 tiempos.
Exhala más lento en 6 tiempos.
Repite 5 veces y di: «Puedo sentir esto y seguir».
3. Una expectativa menos.
Elige conscientemente un «no haré». «No haré la cena perfecta», «No iré a ese compromiso que me drena», «No fingiré que no estoy cansada». No tienes que ir en tacones y con un peinado de salón a la cena de Navidad. Puedes elegir ser feliz, estar comoda y soltar una expectativa te regala más paz que diez propósitos nuevos.
La belleza de la contradicción
Si este diciembre te sientes en un torbellino, tu cuerpo no está fallando: está sintiendo, y sentir es profundamente humano.
Honra la alegría de tus hijos y honra la silla vacía. La gratitud madura entiende que la vida es mezcla de emociones.
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¿Qué emoción te visita más este diciembre: la nostalgia, la alegría o el cansancio?
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Un acto de valentía, No de fragilidad: Desmontando el estigma
Durante años, la conversación sobre la salud mental ha estado atrapada en un estigma injusto. Como pediatra, lo he escuchado en la consulta, y como paciente, lo he sentido en carne propia. Frases como «y para que vas con el psicologo, si tu estas bien», “yo no estoy loco”, “solo los débiles van al psicólogo”, o “no necesito terapia, puedo solo» «si tomas medicamentos te vas a hacer adicto» han sido el muro que nos impide buscar ayuda. Pero la realidad es otra, y es hora de decirlo en voz alta: ir a terapia es un acto de autocuidado, madurez y amor propio.
Es tan fundamental como llevar a nuestros hijos al pediatra, ir al dentista para una revisión o acudir al nutriólogo. Solo que, en este caso, el órgano que cuidamos es el más complejo y vital de todos: nuestra mente. La terapia psiquiátrica o psicológica no es una herramienta exclusiva para «casos graves» o diagnósticos psiquiátricos; es un espacio de crecimiento para cualquiera que desee conocerse mejor, mejorar sus relaciones, poner límites sanos o, simplemente, aprender a gestionar las emociones que nos hacen humanos: la ansiedad, la tristeza, la culpa o el enojo. Estas emociones no son debilidades; son la brújula de nuestra vida interior.
Mi Propio Camino: De la Adolescencia Silenciosa a la Sobrecarga de la Maternidad
Mi primer contacto con la terapia no fue dramático, sino silencioso. Yo era de esas niñas que pasaban desapercibidas, que no daban conflictos, siempre con buenas calificaciones, pero que por dentro cargaban un peso enorme. En la secundaria, mi mamá, con esa intuición que solo tienen las madres, notó mi conducta. No había un diagnóstico formal, pero sí una dificultad real para adaptarme a la adolescencia y, sobre todo, para transitar el divorcio de mis padres. Aquella psicóloga amiga de la familia fue mi primer salvavidas, recibi terapia persona y grupal, enseñándome que pedir ayuda no solo estaba permitido, sino que era la única forma de avanzar.
La vida me llevó a la universidad, y con ella, a la residencia médica. Fue ahí donde la sobrecarga, la competencia, los turnos interminables y la exposición constante a la enfermedad y la muerte hicieron que mis síntomas volvieran con una fuerza abrumadora. Fue mi primera vez tomando medicación, un paso que, aunque necesario, me hizo sentir frágil y con miedo a ser señalada. Sin embargo, ese proceso me enseñó una lección crucial: la salud mental debe ser tomada de manera formal y seria.
Luego, como muchos, la he dejado y retomado en repetidas ocasiones, creyendo que estaba mejor y envuelta en la rutina del trabajo y las actividades diarias. La vida me ha llevado a entender que la terapia no es un lujo o una solución temporal, sino una necesidad constante.
La pandemia, con su miedo a la muerte y la brutal sobrecarga laboral, fue un recordatorio de que, incluso como médicos, somos humanos y necesitamos apoyo.
Hoy, como pediatra y madre, entiendo que el acompañamiento terapéutico es doblemente fundamental:
Para los profesionales de la salud: Nuestro trabajo diario nos expone a situaciones límite. Requerimos acompañamiento regular para procesar el dolor, la frustración y el burnout que son inherentes a nuestra profesión.
Para las madres: Es vital para manejar la carga mental que implica ser la madre, esposa y profesionista. La terapia me ha ayudado a desmantelar la culpa materna y el prejuicio de querer ser perfecta, permitiéndome criar desde un lugar de mayor paz y empatía.
La Terapia en la Infancia: Una Brújula para la Crianza
Desde mi consultorio, veo a diario cómo el sufrimiento emocional se manifiesta en el cuerpo de los más pequeños: dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, insomnio, irritabilidad. El cuerpo de un niño grita lo que su mente aún no puede nombrar. Por eso, el acompañamiento psicológico en la infancia y adolescencia es una inversión temprana que puede transformar su trayectoria emocional.
Es nuestro deber, como padres y profesionales, desmantelar los mitos que nos impiden buscar ayuda para ellos:
Etapa
Mito Frecuente
La Perspectiva Real y Profesional
Infancia
«Es muy pequeño, se le pasará solo.»
Falso. Los niños sienten antes de entender. Los síntomas son señales de alerta que requieren validación y acompañamiento. Lo que no se atiende, se agrava.
«No quiero que lo etiqueten.»
El diagnóstico es una brújula. Nos da un mapa para entender mejor a nuestro hijo y acompañarlo con las herramientas adecuadas. No es una condena, es una guía.
Adolescencia
«Mi hijo no quiere hablar, el tiempo lo arreglará.»
El tiempo no cura lo que se silencia; solo lo entierra. La adolescencia es un caos interno de cambios cerebrales y sociales. La terapia ofrece un espacio neutral y sin juicio para poner orden.
«Debería confiar en mí, no en un extraño.»
El terapeuta no reemplaza la figura parental, la fortalece. El adolescente necesita un espacio donde pueda hablar sin miedo a las expectativas o al juicio familiar.
Adultez
«Ya estoy grande para cambiar.»
Nunca es tarde. La neuroplasticidad cerebral permite el aprendizaje y la sanación a cualquier edad. La terapia es el motor de ese cambio.
«Solo necesito fuerza de voluntad.»
La fuerza de voluntad no es suficiente contra el trauma no resuelto o el agotamiento emocional. La terapia nos enseña a usar nuestra fuerza con inteligencia emocional.
Encontrar a Tu Compañero de Viaje: La Importancia del Rapport
Mi paso por diferentes terapeutas me dejó una enseñanza invaluable que comparto con mis pacientes: no todos los terapeutas son para ti, y eso está bien.
He aprendido que cada profesional tiene su estilo, su corriente y su escuela, y no siempre se acomodan a la situación que estás viviendo en cada momento. Es como un par de zapatos: tienes que buscar con cuál te sientes más cómodo, con cuál tienes más rapport (esa conexión de confianza y empatía) y cuál tiene la experiencia específica para tus necesidades. No te rindas si el primero no funciona; la clave es encontrar a ese compañero de viaje que te haga sentir seguro para mirar hacia adentro.
Romper el Ciclo: Sanar para que No Duela Más
La terapia no es una varita mágica, pero sí es una brújula poderosa. No borra el pasado, pero te enseña a caminar con él sin que te arrastre. En terapia, no se trata de buscar culpables, sino de darle voz a lo que no la tuvo.
Cuando tú, como madre o padre, decides sanar, rompes cadenas invisibles. Sanan tus hijos, aunque no entiendan por qué. Porque empiezas a hablar, a validar sus emociones, a mirar diferente. Porque eliges conscientemente no repetir lo que te dolió en tu propia infancia.
Ir a terapia no es rendirse, es liberarse. Es hacer las paces con tu historia para transformar tu presente y el futuro de quienes vienen después. Es la mayor muestra de amor que puedes darle a tu familia.
¡Tu Historia de Valentía Comienza Hoy!
¿Estás dudando si ir o no? Este es tu recordatorio: hazlo!!. Es el acto de amor propio más valiente que puedes regalarte.
Sigamos Juntos en Este Camino de Crianza y Autocuidado
Gracias por acompañarme en este viaje personal. Abrir mi corazón sobre parte de mi experiencia con la terapia, esperando que tú también te permitas la valentía de cuidarte.
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Un niño enfermo no solo se enfrenta al malestar de la enfermedad, inyecciones, personas desconocidas y la toma de medicamentos de sabor desagradable. Está entrando en un mundo que muchas veces no entiende: batas blancas, agujas, luces constantes, sonidos y ruidos molestos, palabras extrañas. Y ahí es donde nosotros, como adultos responsables de su cuidado —padres y personal de salud— tenemos la tarea más importante: acompañar con respeto, empatía y palabras que sanen.
Cuando un niño se enferma, a menudo los adultos subestimamos sus emociones. La enfermedad no solo trae síntomas físicos, sino que también genera una cascada de emociones complejas: confusión sobre lo que está pasando en su cuerpo, miedo a lo desconocido, ansiedad por la separación de sus rutinas familiares, e incluso una sensación de culpa o responsabilidad por estar enfermo.
Como pediatras, enfrentamos diariamente una de las responsabilidades más delicadas de nuestra profesión: comunicarnos con pequeños seres humanos aun en formación, cuya comprensión del mundo está en construcción, mientras sus padres luchan con sus propios miedos, ansiedades y la sensación de impotencia que surge cuando nuestros hijos están enfermos.
La comunicación en pediatría no es simplemente transmitir información médica. Es un acto de amor, de respeto y una oportunidad única de sembrar confianza durante toda una vida. Sin embargo, también es uno de los aspectos menos enseñados en nuestras facultades de medicina, donde el enfoque técnico a menudo eclipsa la dimensión humana de nuestra práctica.
Esta entrada nace de la necesidad de abordar una realidad que vemos todos los días en nuestra practica clínica: niños aterrorizados por «ir al médico» y amenazados además que se les picara si no dejan de llorar, padres angustiados que no saben cómo explicar a sus hijos lo que está pasando, y profesionales de la salud que, a pesar de sus mejores intenciones, a veces perpetúan dinámicas de miedo y desconfianza por falta de herramientas comunicativas adecuadas. Es crucial entender que para un niño, estar en un hospital o clínica no es solo un inconveniente temporal, sino una experiencia que puede moldear su relación con la medicina y los profesionales de la salud durante toda su vida. Cada interacción que tenemos con ellos es una oportunidad de construir confianza o, lamentablemente, de sembrar miedos que pueden durar décadas.
Los estudios revelan que una buena comunicación clínica se asocia con mejores resultados en salud, mayor satisfacción del paciente y sus familias, mayor adherencia terapéutica, y significativamente, menor posibilidad de demandas legales. Pero más allá de estas métricas, existe algo mucho más profundo: el impacto emocional y psicológico que nuestras palabras y actitudes tienen en el desarrollo emocional de los niños y en la salud mental de las familias.
Principios clave
● Decir la verdad con lenguaje simple: nunca mentir; simplificar y graduar la información. ● Personalizar por edad y neurodesarrollo; tratar de confirmar que la información fue comprendida por el paciente y los familiares. ● Validar emociones y transmitir calma: nombrar miedo/dolor y ofrecer opciones si es posible. ● Tomar decisiones en conjunto con la familia: centradas en el bienestar del paciente. ● Anticipar procedimientos explicando por pasos, sensaciones y cómo ayudaremos. ● Reducir dolor y ansiedad.
Preparación y acompañamiento en procedimientos
● Antes: explicar el porqué, los pasos y cuánto durará. ● Durante: Ofrecer opciones de confort como lactancia, contención gentil por el cuidador, posición cómoda, música, mantener al acompañante o distracciones. Usar técnicas de relajación como respiración guiada o conteo ● Después: reforzar logros, evaluar dolor/ansiedad, ofrecer cuidados como la colocación de vendajes, frío local o calor.
● Evitar prometer ‘no dolerá’; en su lugar: ‘hará cosquillas, un pellizquito o ardorcito y pasará rápido; yo te acompaño’.
Consentimiento, permiso y asentimiento
● En pediatría, se busca permiso de padres/madres/tutores y asentimiento del menor cuando tiene capacidad para comprender. ● Respetar el derecho del adolescente a confidencialidad en temas sensibles; promover decisiones compartidas y documentadas. ● Si la familia pide ‘no decirle’, explorar motivos, evaluar capacidad de comprensión del menor y daños potenciales de ocultar; buscar acuerdos que protejan su bienestar y dignidad.
La Realidad Emocional del Niño Enfermo: Comprendiendo su Mundo Interior
Para comunicarnos efectivamente con un niño enfermo, primero debemos comprender la complejidad de su experiencia emocional. Los niños no son adultos pequeños; por lo que su forma de procesar la información, entender la enfermedad y manejar el miedo tiene características únicas que debemos respetar y considerar en cada interacción con ellos.
El desarrollo cognitivo y la comprensión de la enfermedad
La forma en que un niño entiende la enfermedad está relacionada con su etapa de desarrollo cognitivo. Los niños preescolares, por ejemplo, pueden creer que se enfermaron porque «fueron malos» o porque «no se portaron bien», reflejando su pensamiento mágico característico de esta edad. Los escolares pueden tener una comprensión más concreta de causa y efecto, pero aún pueden malinterpretar información médica compleja.
Esta comprensión evolutiva de la enfermedad nos obliga como profesionales a adaptar nuestro lenguaje, nuestras explicaciones y nuestras expectativas a cada etapa del desarrollo. No podemos esperar que un niño de cuatro años comprenda una explicación que sería apropiada para un adolescente.
🌱 Preescolares (3-6 años): pequeños con grandes miedos
A esta edad, el pensamiento es mágico y literal: creen que todo lo que les sucede puede ser consecuencia de algo que hicieron o pensaron. Por eso, es fácil que se sientan culpables o asustados.
👩⚕️ Como personal de salud:
Usa palabras simples y concretas: “Voy a escuchar tu corazón” en lugar de “auscultación”.
Permite que tengan a mamá o papá cerca durante los procedimientos.
No prometas lo que no se cumplirá (“no va a doler”) → mejor: “Va a doler poquito, pero pasará rápido.”
Refuerza con frases positivas: “¡Lo hiciste muy bien! Eres valiente.”
👨👩👧 Como papás o cuidadores:
Prepáralos con anticipación: “Hoy iremos al doctor para que nos ayude a que te sientas mejor.”
Usa juegos o muñecos para explicar lo que pasará.
Valida emociones: “Está bien llorar, yo estaré contigo.”
Refuerza la seguridad: “Nada de lo que hiciste causó que te enfermaras, no es tu culpa.”
📘 Escolares (6-12 años): en búsqueda de explicaciones claras
A esta edad, los niños ya entienden la lógica y necesitan saber el “por qué”. Si no reciben respuestas claras, las inventan.
👩⚕️ Como personal de salud:
Explica qué harás y por qué: “Esta medicina ayuda a tu garganta a mejorar.”
Hazlos partícipes: “¿Quieres escuchar también tu corazón con el estetoscopio?”
Sé honesto con el dolor: “Va a doler un poco, pero la medicina hará que mejores pronto.”
Usa ejemplos prácticos que entiendan (superhéroes o princesas, pequeños bichos o gérmenes, defensas del cuerpo).
👨👩👧 Como papás o cuidadores:
Involúcralos en su cuidado: que pregunten, que opinen si quieren agua o pastilla.
Refuerza su autoestima: “Confío en ti, sé que lo harás muy bien.”
Usa cuentos o comparaciones para explicar: “Tu cuerpo es como un escudo que necesita energía para recuperarse.”
No uses frases que minimicen: evita el “ya estás grande, no llores.”
🧑🦱 Adolescentes (12-18 años): adultos en construcción
Aquí buscan autonomía, privacidad y respeto. Tomarles en serio y hablarles de manera directa y clara.
👩⚕️ Como personal de salud:
Háblales a ellos por su nombre, no solo a los padres: “¿Cómo te has sentido tú?”
Respeta su intimidad: ofrecer unos minutos a solas puede marcar la diferencia.
Explica directo y sin adornos: odian sentir que los tratan como niños.
Involúcralos en decisiones: “Tenemos dos opciones de tratamiento, ¿Cuál prefieres probar primero?”
Usa un lenguaje que les haga sentir confianza, no juicio.
👨👩👧 Como papás o cuidadores:
Escúchalos sin interrumpir, aunque no digan mucho.
Respeta sus silencios y emociones: el enojo o la apatía muchas veces son formas de procesar la vulnerabilidad.
Ofréceles información clara: “El doctor recomienda esto, ¿quieres que lo revisemos juntos?”
Hazlos parte activa de su cuidado: horarios de medicinas, acompañamiento en decisiones.
Refuerza siempre que su cuerpo y sus emociones merecen respeto.
🌟 La clave común en todas las etapas
Ya sea preescolar, escolar o adolescente, todos los niños necesitan lo mismo en esencia:
💙 verdad, empatía y respeto.
Con los más pequeños, la ternura es el camino. Con los escolares, la claridad es la clave. Con los adolescentes, el respeto es el puente.
La Cascada Emocional de los Padres
El momento en que un padre o madre se entera de que su hijo está enfermo desencadena una cascada emocional compleja que incluye múltiples sentimientos simultáneos y a menudo contradictorios. Primero surge el miedo: miedo a lo desconocido, miedo al dolor de su hijo, miedo a las posibles complicaciones, miedo a no saber cómo ayudar. Este miedo inicial puede ser tan intenso que paralice la capacidad de los padres para procesar información o tomar decisiones racionales.
Junto al miedo aparece la culpa, esa voz interna que susurra preguntas tortuosas: «¿Podría haberlo evitado?», «¿Noté los síntomas lo suficientemente pronto?», «¿Soy un buen padre/madre?». Esta culpa, aunque generalmente infundada, puede ser devastadora para la autoestima parental y afectar su capacidad de brindar el apoyo emocional que su hijo necesita.
La sensación de impotencia es otro componente central de la experiencia parental durante la enfermedad infantil. Los padres, acostumbrados a ser los protectores y solucionadores de problemas de sus hijos, se enfrentan súbitamente a una situación donde no pueden «arreglar» el problema con un abrazo, un «sana sana colita de rana» o una curita. Esta pérdida de control puede generar una ansiedad profunda que se manifiesta en hipervigilancia, dificultades para dormir, problemas de concentración y, en algunos casos, síntomas físicos como dolores de cabeza o problemas gastrointestinales.
El Impacto en la Dinámica Familiar
La enfermedad de un niño no afecta solo al paciente y a los padres; tiene un impacto sistémico en toda la familia. Los hermanos pueden sentirse desplazados, confundidos o incluso celosos de la atención que recibe el hermano enfermo. Los padres, centrados comprensiblemente en el hijo enfermo, pueden descuidar involuntariamente las necesidades emocionales de los otros hijos, creando un desequilibrio familiar que puede tener consecuencias duraderas.
La relación de pareja también se ve sometida a una presión extraordinaria. Diferentes estilos de afrontamiento, desacuerdos sobre decisiones médicas, agotamiento físico y emocional, y la falta de tiempo para la intimidad y la comunicación pueden crear tensiones significativas. Algunos estudios indican que las parejas que enfrentan la enfermedad crónica de un hijo tienen tasas más altas de separación y divorcio, aunque también es cierto que muchas parejas reportan que la experiencia las fortaleció y las unió más.
El Fenómeno de la Sobreprotección
Una respuesta natural y comprensible de los padres ante la enfermedad de su hijo es la sobreprotección. Este instinto protector, aunque bien intencionado, puede tener consecuencias no deseadas tanto para el niño como para la dinámica familiar.
La sobreprotección puede manifestarse de múltiples maneras: evitar que el niño participe en actividades normales para su edad, hacer todo por él para evitarle cualquier esfuerzo o molestia, o mantenerlo en una «burbuja» protectora que lo aísla de experiencias normales de la infancia. Aunque estos comportamientos nacen del amor y el deseo de proteger, pueden inadvertidamente transmitir al niño el mensaje de que es frágil, incapaz o diferente, afectando su autoestima y su desarrollo de independencia.
Los padres también pueden desarrollar una hipervigilancia hacia los síntomas, interpretando cada pequeña molestia o cambio como una señal de alarma. Esta ansiedad parental puede ser contagiosa, transmitiendo al niño la sensación de que su cuerpo es frágil, peligroso o impredecible, lo que puede aumentar su propia ansiedad sobre su salud.
Manejo de Situaciones Difíciles
Cuando los Niños se Niegan a Cooperar
Es completamente normal que los niños, especialmente aquellos que han tenido experiencias médicas previas negativas, se muestren resistentes o no cooperativos durante las consultas. Esta resistencia no es «mal comportamiento»; es una respuesta natural de autoprotección ante una situación que perciben como amenazante.
Cuando enfrentamos resistencia, nuestro primer instinto puede ser usar autoridad o presión para lograr la cooperación. Sin embargo, este enfoque generalmente es contraproducente y puede aumentar el miedo y la resistencia del niño. En su lugar, debemos tomarnos el tiempo para entender la fuente de la resistencia y abordarla empáticamente.
Validar los sentimientos del niño es el primer paso: «Veo que estás asustado. Es normal sentirse así cuando no sabemos qué esperar». Luego, podemos ofrecer información apropiada para la edad sobre lo que va a suceder, dar opciones cuando sea posible, y permitir que el niño tenga cierto control sobre la situación.
Comunicando Malas Noticias
Una de las tareas más difíciles en pediatría es comunicar diagnósticos serios o pronósticos inciertos. La forma en que manejamos estas conversaciones puede tener un impacto duradero en cómo la familia procesa y se adapta a la información.
La comunicación de malas noticias debe ser un proceso gradual, no un evento único. Debemos comenzar evaluando qué sabe ya la familia y qué quiere saber. Algunos padres pueden querer todos los detalles inmediatamente, mientras que otros pueden necesitar tiempo para procesar la información básica antes de estar listos para más detalles.
Es crucial proporcionar información honesta pero esperanzadora, enfocándose en lo que se puede hacer en lugar de solo en lo que no se puede hacer. «Sabemos que esto es muy difícil de escuchar, y queremos que sepan que vamos a trabajar juntos para asegurarnos de que su hijo reciba el mejor cuidado posible» puede proporcionar esperanza sin crear falsas expectativas.
Trabajando con Padres Ansiosos
Los padres ansiosos pueden transmitir inadvertidamente su ansiedad a sus hijos, creando un ciclo de estrés que puede complicar el cuidado médico. Sin embargo, es importante recordar que la ansiedad parental es una respuesta natural y comprensible ante la enfermedad de un hijo.
En lugar de minimizar o ignorar la ansiedad parental, debemos reconocerla y abordarla directamente. «Puedo ver que están muy preocupados por su niño. Es completamente comprensible sentirse así cuando nuestro hijo está enfermo» valida sus sentimientos y abre la puerta para una comunicación más efectiva.
Proporcionar información clara y completa puede ayudar a reducir la ansiedad parental. Los padres a menudo imaginan escenarios peores que la realidad cuando no tienen información suficiente. Explicar qué esperar, cuáles son los próximos pasos, y cómo pueden ayudar puede darles una sensación de control y propósito.
✨ Mi reflexión como pediatra y mamá
He aprendido que los tratamientos curan, pero las palabras también sanan. Un niño que se siente escuchado y respetado enfrenta mejor la enfermedad. Un adolescente que siente confianza coopera más en su recuperación.
Al final, la medicina cura el cuerpo, pero la empatía sana el corazón.
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Una reflexión sobre la humanización de la enseñanza médica y la urgente necesidad de transformar la formación de residentes.
Por: Dra. Skarlett Ruelas Pediatra, mamá, emprendedora, esposa y profesora [@pediatriadetusemociones]
Después de unas semanas de descanso, familia, mudanza, desconexion hospitalaria y nuevos planes futuros, retomo el blog, realmente aunque no había escrito, no estaba en el olvido, estoy trabajando en un proyecto de salud mental en niños y adolescentes y el motivo de esta entrada del blog, tratar de mejorar la enseñanza y la relación profesor alumno con los residentes.
Hoy quiero compartir contigo algo que me tiene dando vueltas en mi cabeza desde hace unos meses, como apoyar emocionalmente a los residentes y como enseñarles. Antes de ser pediatra, profesora o mamá, fui esa residente aparentemente tranquila que no causaba mayores conflictos en mi R1 creo que fui una buena residente, pero al llegar al R2 lloraba en silencio en los pasillos del hospital, fui esa joven médica que sentía que no podía más, con el estómago vacío y el corazón agotado, pero que se levantaba pensando una guardia mas es una guardia menos, con el compromiso de terminar lo que había iniciado y no dejarme aplastar por mis R mas o por mis adscritos. Que incluso renuncie a mi sueño de ser neuropediatra por no exponerme al maltrato en Ciudad de Mexico, al ser la residente de Provincia. Hoy, desde la otra orilla, como la «doctora-maestra» que a veces corrige con firmeza, que no deja su TOC al pedir que pongan colores, se disfracen, decoren con globos los pasillos o que tengan los expedientes ordenados, poco a poco al ir madurando me he ido convirtiendo en la tia de los residentes, la que guarda galletas en la bata, la que les manda piolines en el whatsapp jajaja no todavia no es para tanto pero si les comparto memes y articulos y ellos saben que siempre tendre un abrazo disponible, porque veo mis propias batallas reflejadas en los ojos de mis residentes. Y mi corazón me dice que tenemos que hablar de esto.
Esta no es una entrada académica más. Es una conversación de corazón a corazón, desde mi esperanza hasta la tuya. Porque formar médicos no debería doler.
La Crisis Silenciosa que Debemos Enfrentar
Las cifras son alarmantes pero las historias humanas que hay detrás nos conmueven aún más. En México, estudios recientes revelan que:
Entre el 40-60% de los médicos residentes sufren ansiedad
Más del 30% padecen depresión
El burnout afecta al 24.5% de los residentes, llegando hasta el 55% en algunas especialidades
La presencia de depresión incrementa hasta seis veces el riesgo de deserción académica
Fuente: Análisis de 7 estudios principales con más de 600 residentes médicos [1-8]
Más allá de estos números están las historias reales: la residente de primer año humillada públicamente, el compañero que busca en el alcohol un escape, el joven médico que al límite de su resistencia contempla renunciar a todo.
El Sistema que Heredamos: Cuando la Tradición se Vuelve Tóxica
Hemos heredado un sistema rígido que confunde la exigencia con la humillación. Creemos que «la letra con sangre entra», pero la neurociencia nos ha demostrado algo fundamental: el miedo bloquea el aprendizaje. Un cerebro bajo amenaza no razona con claridad, simplemente sobrevive.
El miedo bloquea el aprendizaje. Un cerebro bajo amenaza no razona con claridad, simplemente sobrevive. Cuando algo nos produce miedo, el cuerpo libera cortisol, una hormona del estrés que afecta negativamente el hipocampo y la amígdala, áreas fundamentales para la memoria y el aprendizaje.
La neurociencia nos enseña que:
Las emociones positivas potencian el aprendizaje al activar la dopamina y fortalecer las conexiones sinápticas
El estrés tóxico deteriora las funciones cognitivas superiores y afecta la capacidad de procesamiento de información
Un ambiente emocionalmente seguro favorece la exploración y el aprendizaje significativo
Como profesora y como alguien que ha vivido ese miedo o que he dudado de mi capacidad y mi vocación medica, he visto cómo las prácticas formativas hostiles no solo dañan a nuestros residentes, sino que perpetúan un ciclo tóxico. Los datos son claros: la depresión incrementa el riesgo de deserción hasta seis veces más (OR=6.5, IC 95% 2.9-14.6, p=0.000) [7]. El burnout duplica este riesgo (OR=2.2, IC 95% 1.07-4.52, p=0.001) [7].
Fuente: Camarillo-Nava et al., 2024 [7]
¿Sabías que en Guatemala, el 85% de los residentes trabajan más de 80 horas semanales? [5] Esto no es formación, es agotamiento sistemático. Nosotros los Mexicanos no nos quedamos tan atrás, se han hecho modificaciones en los reglamentos, contratos y en la norma oficial Mexicana y hoy las guardias son ABCD, lo que significa que se incremento el tiempo entre guardias que antes eran ABC o incluso AB, pero la carga laboral continua los residentes tienen una entrada a las 6am y hora de salida mínimo entre 3 y 4pm, aproximadamente 2 guardias por semana, pero también tienen que hacer tareas, presentaciones, exámenes, y además intentar llevar una vida personal en las pocas horas que les quedan con la mínima energía, es como querer llegar a tu destino con solo la reserva de tu tanque de gasolina. Los residentes en su gran mayoría son jóvenes de 25 a 30 años aproximadamente, viendo que sus amigos están planeando su boda, comprándose el primer carro o incluso teniendo hijos, mientras que ellos siguen viviendo una adolescencia forzada, dependiendo en parte de sus papás, estirando la beca para que alcance para sus tenis, trajes, uniformes, comer fuera de casa o preparar sus snacks y lonche, y pagar la renta en caso de ser foráneos.
La Revolución Silenciosa: Formar sin Romper
Formar sin romper no es bajar la exigencia, es elevar el nivel de humanidad en nuestras aulas y hospitales. Es reconocer que podemos ser exigentes sin ser crueles, rigurosos sin ser despiadados.
Los Pilares de la Transformación:
1. Crear Ambientes Seguros de Aprendizaje
Fomentar espacios donde el error sea una oportunidad de crecimiento, no una fuente de humillación. Esto significa:
Implementar políticas de tolerancia cero contra el maltrato
Establecer límites claros en las horas de trabajo
Crear sistemas de retroalimentación constructiva
Promover la colaboración sobre la competencia tóxica
2. Primeros Auxilios Psicológicos: Una Herramienta Esencial
Como médicos, sabemos dar primeros auxilios físicos, pero ¿Qué pasa con los primeros auxilios emocionales? Aprender a reconocer las señales de alarma en un colega, ofrecer una escucha activa y saber cuándo es momento de buscar ayuda profesional.
Los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) son técnicas de intervención temprana que todo profesional de la salud debería conocer. Estos se basan en el protocolo:
Paso
Acción
Objetivo
Ver
Evaluar la situación y identificar necesidades inmediatas
Reconocer signos de agotamiento o crisis
Escuchar
Establecer contacto empático y brindar contención
Ofrecer apoyo emocional sin juzgar
Vincular
Conectar con recursos de apoyo profesional
Facilitar acceso a ayuda especializada
El Método CALMA para Crisis Emocionales:
Conecta: Establece contacto empático
Acepta: Valida las emociones sin juzgar
Limita: Ayuda a enfocar en el presente
Moviliza: Activa recursos de apoyo
Acompaña: Mantén el seguimiento
3. Detección Temprana: Las Señales que No Podemos Ignorar
Uno como medico adscrito también debe de cuidar de ellos, y muchos se pueden escudar diciendo que su obligación es con los pacientes, pero es algo que esta en nuestro contrato y que también esta escrito de manera moral, les debemos a los jóvenes que vienen detrás de nosotros dar una enseñanza por la enseñanza que nos brindaron los doctores que fueron nuestros maestros cuando éramos residentes. En México, los profesores adjuntos o titulares de las sedes y subsedes, no reciben remuneración económica y seguimos realizando nuestras labores como operativos y con la sobrecarga laboral cada vez mayor a veces es complicado hacer escoleta y dedicar una o dos horas para enseñanza diaria, pero se aprende con cada paciente.
Y como podemos saber que el residente esta en una crisis emocional y que debemos hacer
Algoritmo de Detección de Crisis Emocional en Residentes:
¿El residente presenta?
├── Cambios en rendimiento académico → SÍ → Evaluación inmediata
├── Aislamiento social progresivo → SÍ → Intervención temprana
├── Cambios en apariencia/higiene → SÍ → Apoyo especializado
├── Expresiones de desesperanza → SÍ → Referencia urgente
└── Ausentismo frecuente → SÍ → Seguimiento estructurado
La Era Digital: Cuando la Tecnología Nos Desafía a Ser Más Humanos
En este mundo que avanza acelerado, la inteligencia artificial y la tecnología han irrumpido para suplir algunos aspectos de la medicina, incluso amenazan con hacer desaparecer ciertas especialidades. Sin embargo, nunca podrán sustituir la empatía, el sentimiento y el juicio clínico que solo un ser humano puede ofrecer.
Los residentes de hoy tienen acceso a información más actualizada y constante que nosotros, sus maestros, a través de redes, cursos en línea, journals y libros médicos digitales. Nuestra palabra como médicos tratantes ya no siempre será la más actualizada ni la más correcta, y eso está bien, porque también podemos aprender de ellos, de su frescura, de su capacidad tecnológica y de su necesidad de estar siempre al día. Y aunque a muchos les pegue en su ego, que es uno de los grandes defectos de ser médico, tener el ego bien inflado, ya no somos tan importantes ni tan necesarios para los residentes y si decimos algo que los pone a dudar ellos buscaran la informacion mas actualizada y aunque no se atrevan a corregirte, ellos saben que hay algo nuevo que tu aun no has aprendido aun.
Esto nos desafía a ser mejores mentores, no mejores enciclopedias. Y aceptar que nuestra palabra no siempre será la verdad, ni la mas exacta ni la mas actualizada.
Herramientas Prácticas para el Desborde Emocional
Que puedes hacer si tu como residente sientes que ya no puedes mas, que estas al borde del colapso y de una crisis de ansiedad, que mientras estas de guardia o en el pase de visita quieres llorar y sientes esa opresión en el pecho y tienes que continuar. Pide ayuda! Aun dentro del ambiente mas hostil, siempre hay una enfermera que te conoce por tu nombre, un interno que te admira y te ve como su hermano mayor, o un adscrito que te puede escuchar. Tu eres importante y como un dia Mayte me dijo, mamá esa es solo una opinión y no es la verdad. Si ese medico ascrito te hace sentir que eres un inútil, o que no eres un buen pediatra, recuerda que es solo su opinión, estas en un proceso de aprendizaje y puedes corregir aun los errores y seguir estudiando para ser mejor y demostrarte a ti mismo que puedes hacerlo.
Kit de Supervivencia Emocional para Residentes:
Técnicas de Autorregulación Emocional
Respiración 4-7-8
Esta técnica, popularizada por el Dr. Andrew Weil, es especialmente útil para el manejo del estrés agudo:
Inhala por la nariz contando hasta 4
Mantén la respiración contando hasta 7
Exhala por la boca contando hasta 8
Repite el ciclo 3-4 veces
Esta técnica activa el sistema nervioso parasimpático, reduciendo el cortisol y promoviendo la calma.
Movimiento Consciente
Incorporar movimiento mínimo durante las jornadas extensas ayuda a:
Reducir la tensión muscular acumulada
Mejorar la circulación y oxigenación cerebral
Activar endorfinas naturales que mejoran el estado de ánimo
Técnica de Grounding 5-4-3-2-1:
5 cosas que puedes ver
4 cosas que puedes tocar
3 cosas que puedes escuchar
2 cosas que puedes oler
1 cosa que puedes saborear
Protocolo de Autocuidado Diario:
Mañana: 5 minutos de mindfulness
Durante el turno: Pausas de 2 minutos cada 2 horas
Noche: Registro emocional de 3 minutos
Semanal: Actividad placentera no médica
Ser los Mentores que Hubiéramos Querido Tener
Cada vez que estemos frente a un residente, recordemos que también fuimos esa persona insegura que buscaba orientación. Usemos la empatía como nuestra principal herramienta pedagógica.
Preguntas que Transforman:
«¿Cómo te sientes con este caso?»
«¿Qué necesitas para sentirte más seguro?»
«¿En qué puedo apoyarte hoy?»
«¿Qué has aprendido de esta experiencia?»
Tabla Comparativa: «Métodos de Enseñanza Tradicional vs Humanizada»
Aspecto
Método Tradicional
Método Humanizado
Filosofía
«La letra con sangre entra»
«Formar sin romper»
Manejo del error
Humillación pública
Oportunidad de aprendizaje
Comunicación
Vertical, autoritaria
Horizontal, empática
Evaluación
Punitiva
Formativa
Apoyo emocional
«Aguanta o vete»
Acompañamiento activo
Horas de trabajo
Sin límites
Establecer un limite máximo.
Resultado
Médicos «duros»
Médicos resilientes
La Evidencia Científica que Respalda el Cambio
Los estudios son contundentes. En el análisis de factores de riesgo para deserción académica [7]:
La depresión es el predictor más fuerte de abandono de estudios
Las especialidades de mayor riesgo son anestesiología, medicina interna y gineco-obstetricia
El primer año de residencia es el período de mayor vulnerabilidad
Los factores institucionales (horas de trabajo, ambiente laboral) son modificables
Mi Compromiso Personal (Y mi invitación para ti)
Yo también he sido esa mujer que intenta llegar a todo y siente que no alcanza. Como mamá, esposa, emprendedora y profesora, entiendo la presión de múltiples roles. Pero estoy convencida de que este cambio es posible.
Comienza con una pausa, con una palabra de aliento, con la decisión consciente de ser esa voz que alienta en lugar de la que destruye.
Mi compromiso es:
Mantener galletas, dulces o algo en mi bata, darte chance que vayas por unos tacos y una coca, que te tomes tu cafecito y siempre tener abrazos disponibles y darme tiempo para escucharte.
Corregir con firmeza pero sin humillar
Reconocer cuando no sé algo y aprender junto a mis residentes
Crear espacios seguros para el error y el aprendizaje
Ser la mentora que hubiera querido tener
Pero tambien es necesario tu compromiso como residente:
Conocer a tus pacientes
Estudiar
Autocuidado
Apoyo entre pares
Respeto bilateral
Buen trato a los estudiantes o medicos residentes que vienen detras de ti.
Resiliencia
Aprovechar cada oportunidad de aprendizaje
Recordar por que estas aqui
«El cambio comienza contigo, pero no termina contigo»
Cada residente que se compromete con este movimiento se convierte en una semilla de transformación. No se trata de ser perfecto, sino de ser consciente y comprometido con el cambio.
La medicina necesita profesionales técnicamente excelentes Y emocionalmente saludables. No es una elección entre una cosa u otra; es la única forma sostenible de ejercer esta noble profesión.
Tu compromiso hoy determinará la medicina del mañana.
El Llamado a la Acción
Este es un llamado a la acción. A ti, colega, profesor, residente o estudiante. Te invito a reflexionar: ¿qué legado quieres dejar?
Tu como residente como te estas portando con tus internos y tus preinternos, estas repitiendo la historia de maltrato y humillación y ganando el respeto con miedo?
Tu que eres un medico joven y recién egresado, que tienes el conocimiento fresco y estas a unos años de diferencia de ellos, que aun te confunden con estudiante o residente, como demuestras que eres capaz y que eres el responsable, como separas la amistad de lo laboral, como te ganas el respeto y admiración de los jóvenes estudiantes.
El futuro de la medicina, una más compasiva y humana, está en nuestras manos.
Cómo Puedes Sumarte a Esta Revolución Silenciosa:
Comparte tu historia – Rompe el silencio sobre tu experiencia
Practica la empatía activa – Escucha sin juzgar
Implementa pequeños cambios – Una palabra amable puede cambiar un día
Busca ayuda cuando la necesites – No es debilidad, es sabiduría
Sé el cambio – Modela el comportamiento que quieres ver
Recursos de Apoyo Inmediato
Si Eres Residente y Necesitas Ayuda:
Líneas de Crisis 24/7:
Línea de la Vida: 800 911 2000
Aplicaciones de Apoyo:
Headspace (meditación)
Calm (relajación)
MindShift (manejo de ansiedad)
Señales de Alarma para Buscar Ayuda Profesional:
Pensamientos de autolesión
Uso de sustancias para afrontar el estrés
Aislamiento social extremo
Pérdida significativa de peso o apetito
Insomnio persistente
Reflexión Final: Porque cuidar de nuestras emociones No es opcional
Como pediatra, he aprendido que los niños no necesitan padres perfectos; necesitan padres dispuestos a crecer junto con ellos. De la misma manera, nuestros residentes necesitan mentores dispuestos a evolucionar, a reconocer cuando se han equivocado y a comprometerse con hacer las cosas mejor.
Estamos en el umbral de una revolución que no se hace con pancartas, sino con:
Pequeños actos de bondad en cada interacción diaria
Palabras de aliento que reemplacen la crítica destructiva
La decisión consciente de romper cadenas generacionales de maltrato
Espacios seguros donde el error sea oportunidad de aprendizaje
Modelos de mentoría basados en evidencia neurocientífica
Si tú también crees que podemos formar sin romper, que un sistema que humaniza la enseñanza es posible, acompáñame en esta revolución silenciosa. Porque cuidar de nuestras emociones no es un lujo, es una necesidad para quienes cuidarán de otros.
En un mundo donde la inteligencia artificial avanza, la empatía y el juicio clínico humano son insustituibles. Formemos médicos competentes, pero también compasivos. Exijamos excelencia, pero también ofrezcamos humanidad.
Una última reflexión personal…
Mientras escribo estas líneas, mi hija de 6 años me pregunta por qué trabajo tanto, si estoy de vacaciones. Le explico que ayudo a otros doctores a sentirse mejor para que puedan ayudar a más niños como ella. Me dice: «Entonces eres como una doctora de doctores, mami.» Aun no mi niña, pero lo intentaré.
Y sí, eso es exactamente lo que quiero ser. Una doctora de doctores. Alguien que cuida de quienes cuidan. Alguien que entiende que detrás de cada bata blanca hay un corazón que también necesita ser cuidado.
Si esta entrada tocó tu corazón, si te sentiste identificado/a, si crees que podemos hacer la diferencia, no te quedes callado/a. Comparte tu historia, extiende tu mano, sé la voz que alienta.
Porque al final del día, no seremos recordados por los diagnósticos que hicimos, sino por las vidas que tocamos y los corazones que sanamos. Y eso incluye los nuestros.
Con todo mi cariño y la firme convicción de que el cambio es posible,
Skarlett 💙 Tu pediatra de emociones
P.D.: Si eres residente y estás leyendo esto, quiero que sepas algo: eres más fuerte de lo que crees, más capaz de lo que imaginas, y mereces todo el apoyo del mundo. No estás solo/a en esta batalla. Estamos contigo. 🤗
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Juntos podemos transformar la medicina, un corazón a la vez. 💙
Referencias Científicas
[1] Ocampo Valencia, D.B.P., et al. (2022). Prevalencia de depresión, ansiedad y burnout en médicos residentes de nuevo ingreso en Hospitales Angeles del área metropolitana. Acta Médica Grupo Angeles, 20(4), 302-306.
[2] Aguilera, M.L., et al. (2015). Niveles de ansiedad de médicos residentes. Revista Guatemalteca de Cirugía, 21, 22-28.
[3] Carmona Montiel, A.K. (2022). Prevalencia de depresión y ansiedad en los médicos residentes de primer año del Instituto Mexicano del Seguro Social de la Representación Querétaro [Tesis de especialidad]. Universidad Autónoma de Querétaro.
[4] Camarillo-Nava, V.M., et al. (2024). Depresión, ansiedad y burnout, y su asociación con ideación de deserción académica en médicos residentes. Atención Familiar, 25(2), 92-101.
[5] Nava Ríos, S.E., et al. (2025). Niveles de ansiedad y depresión en médicos residentes de un hospital infantil. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 6(3), 584-607.
[6] World Health Organization. (2022). International Classification of Diseases, 11th Revision (ICD-11). Geneva: WHO.
[7] Quek, T.T., et al. (2019). The Global Prevalence of Anxiety Among Medical Students: A Meta-Analysis. International Journal of Environmental Research and Public Health, 16(15), 2735.
[8] Mao, Y., et al. (2019). A systematic review of depression and anxiety in medical students in China. BMC Medical Education, 19, 327.
Comprendiendo lo que nuestros adolescentes no se atreven a decirnos.
✍🏻 Por Dra. Skarlett Ruelas – Pediatra, mamá, maestra y aprendiz del mundo emocional de niños y adolescentes.
Pensar en por qué sucede y atreverme a escribir esto es difícil sin sentir un nudo en la garganta. Sin pensar en las caritas de los niños que llegaron a la atención en urgencias por crisis de ansiedad, intoxicación con medicamentos, intento de asfixia o autolesiones. Niños y no tan niños desde los 11 a los 17 años, con familias de todo tipo, estratos socioeconómicos, grados escolares, pero todos en común padres consternados por no haberse dado cuenta de que algo estaba mal con su hijo.
Como pediatra he escuchado todo tipo de historias, durante las hospitalizaciones prolongadas, de esos adolescentes que tienen una mirada que poco a poco me he enseñado a distinguir. Adolescentes que físicamente parecen casi adultos, pero al sentarme a escucharlos y preguntarles desde el corazón ¿Cómo estás? Y decirles estoy aquí para escucharte, se transforman en niños frágiles y vulnerables, muchachos de 1.80mt de estatura que al final de una conversación te dan un abrazo, niñas que te cuentan lo que a nadie se han atrevido a decirles, al solo darles unos minutos de escucha activa, atención y confianza. Estas historias y los niños que están detrás de ellas me han hecho llegar hasta donde estoy hoy, una pediatra que lucha por la empatía y la sensibilidad de mis residentes hacia esos niños, aprender a no juzgarlos, escucharlos y acompañarlos, perder el miedo a los adolescentes y ver que ellos necesitan la misma o más atención que el neonato prematuro o el niño con cardiopatía compleja. He realizado un esfuerzo extra en mis horas libres, mis noches y he empezado a estudiar un poco sobre ellos, para brindarles lo mejor de mí. Estos últimos meses les he transmitido un poquito de lo que he aprendido a los residentes sobre temas de psicología infantil, psiquiatría, puericultura y el desarrollo del cerebro del adolescente, esperando haber logrado mi objetivo y sembrar en ellos una semillita de curiosidad y empatía hacia los adolescentes.
Como mamá, hay días en los que llego a casa y lo primero que hago es abrazar fuerte a mi hija para que me llene de energía y transmitirle que siempre estaré para ella, llamar a mi sobrino que es mi adoración, pensando en todos los chicos que no tuvieron un abrazo a tiempo y que no se sentían acompañados en esos momentos difíciles, incluso pensando en mí misma cuando era adolescente, agradeciendo la presencia de mi mamá en todas las etapas más grises de mi vida, y pienso en como yo podría haber sido una de esas niñas con cutting de no ser porque ella siempre estuvo conmigo y detecto los focos rojos a tiempo.
Como profesora, he visto a mis residentes enfrentarse con impotencia al dolor emocional, al no saber cómo acercarse a esos niños que sufren y les duele pero que no hay analgésico que cure su malestar.
📊 ¿Qué está pasando con nuestros adolescentes?
Según la OMS, el suicidio es la cuarta causa de muerte en adolescentes de 15 a 19 años.
En México, el INEGI muestra un aumento de más del 40% en la última década, siendo el grupo de 10 a 14 años el que más preocupa por el crecimiento acelerado de los casos.
Detrás de cada número hay una historia no contada: un niño que dejó de jugar, una adolescente que se rindió en silencio, una familia buscando respuestas en el vacío.
🧠 Adolescencia: una tormenta cerebral
El sistema límbico (emociones) va a 180 km/h, mientras la corteza prefrontal (razón, juicio) apenas se está construyendo. Eso explica su impulsividad, sensibilidad extrema al rechazo y dificultad para pedir ayuda. Y si a esa tormenta interna le sumamos otros factores que pueden estar viviendo: violencia familiar, ausencia emocional, bullying o redes sociales tóxicas el riesgo se multiplica.
🔍 ¿Por qué están tan tristes los adolescentes?
Un artículo publicado en The Atlantic por el periodista Derek Thompson, titulado “Why American Teens Are So Sad”, analiza cuatro factores que, desde la evidencia científica, explican el incremento en los trastornos mentales adolescentes. Lo revisamos aquí desde la perspectiva médica, emocional y social:
1️⃣ Redes sociales y los teléfonos inteligentes: espejo distorsionado
«Para muchos adolescentes, el algoritmo los entiende más que su familia.»
Pero ese algoritmo también:
Normaliza el dolor como parte inevitable de la adolescencia.
Promueve la autolesión o el suicidio como una salida.
Distorsiona la realidad, mostrando vidas perfectas.
Exacerba la comparación social y el aislamiento.
Los expone a bullying silencioso y comparación constante
Estudios (Twenge et al., 2018; Montag et al., 2021) confirman que el uso excesivo de redes sociales afecta la autoestima, el sueño y la salud mental, correlacionándose con el aumento de la ansiedad, la comparación social, el acoso en línea y la disminución del sueño en adolescentes, particularmente en adolescentes mujeres.
La evidencia clínica y neuropsicológica coincide con el artículo: la hiperconectividad digital estimula el sistema dopaminérgico de forma adictiva.
El uso prolongado se asocia a alteraciones en el sueño, TDAH funcional, ansiedad social y disminución de la autoestima.
La American Academy of Pediatrics recomienda limitar tiempo de pantalla, promover el uso supervisado y educar sobre el contenido.
2️⃣ Aislamiento social: solos entre todos
Cada vez pasan menos tiempo con amigos, en actividades presenciales, al aire libre, en la vida. La conexión virtual ha reemplazado la interacción cara a cara y los vínculos reales. Y eso se paga caro:
Mayor soledad.
Dificultades para pedir ayuda.
Menor tolerancia a la frustración.
Reducción de la calidad del vínculo humano y la práctica de habilidades socioemocionales.
La pandemia agravó esta desconexión (Loades et al., 2020), y hoy tenemos una generación que se siente profundamente sola en compañía.
3️⃣ Cultura de fragilidad emocional
Se ha confundido cuidar con sobreproteger. Muchos adolescentes crecieron escuchando que todo lo incómodo es dañino. Pero evitar el malestar no enseña a vivir, solo a temer.
Muchos crecieron escuchando: “no llores”, “no exageres”, “no te enojes”. Resultado: no saben qué hacer con lo que sienten. Y el miedo a sentirse mal, los deja sin herramientas para levantarse.
Estudios como los de Haidt & Lukianoff (2018) señalan cómo la hipersensibilidad emocional y la cancelación del conflicto impiden construir resiliencia.
Educar emocionalmente también es enseñar a tolerar lo incómodo sin huir.
Se ha normalizado que cualquier dificultad emocional sea vista como trauma, debilitando el umbral de tolerancia a la frustración.
4️⃣ Un mundo aterrador
Violencia escolar, guerras, cambio climático, pandemias, pobreza, bullying, abuso… Las noticias llegan directo al celular, sin filtro, sin pausa.
Ese bombardeo permanente hace que muchos adolescentes pierdan la esperanza. Sienten que el futuro es incierto, peligroso o directamente inviable. Y el cuerpo reacciona:
Trastornos del sueño.
Ansiedad generalizada.
Estrés tóxico crónico.
Conductas de riesgo.
Sin embargo, la mirada clínica requiere ir más allá. La salud mental adolescente no se resuelve con diagnósticos rápidos ni culpabilizando redes sociales. Requiere una intervención ecológica: hogares conectados, escuelas humanas, redes digitales éticas, y pediatras conscientes del nuevo paradigma emocional.
🩺 El pediatra: la primera línea (y a veces, la única)
Cuando un adolescente llega al hospital por una crisis emocional, no siempre ve primero a un psiquiatra o psicólogo. Nos ve a nosotros, los pediatras. Somos el primer oído que escucha, los primeros ojos que ven. Y eso nos convierte en una posibilidad real de cambiar el destino.
👩⚕️ ¿Cómo debe ser nuestro abordaje?
Con cercanía, respeto y sin miedo. No basta con ser médicos del cuerpo. Hoy más que nunca, también debemos cuidar el alma.
✔️ Escuchar sin juicio: no minimizar, no etiquetar.
✔️ Preguntar con honestidad: ¿Has pensado en hacerte daño? ¿Te sientes triste todo el tiempo?
✔️ Conversar con ellos a solas y en privado: muchas veces, lejos de papá y mamá, pueden por fin hablar.
✔️ Explicar límites de confidencialidad: “Todo lo que digas aquí es privado, salvo que crea que tu vida corre peligro. Entonces, te ayudo a buscar apoyo.”
✔️ Observar los focos rojos: autolesiones, aislamiento, insomnio, bajo rendimiento escolar, frases como “ya no quiero estar aquí”.
👨👩⚕️ Como pediatras, también educamos y acompañamos familias
Nuestra responsabilidad no termina con una receta, y va más allá de esos 15 minutos de consulta. Toca hablar con papás que no saben por dónde empezar o no entienden que está pasando. Y hay que hacerlo con firmeza, empatía y sin rodeos: Esto no es flojera. No es inmadurez. No es solo una etapa. Brindar recursos reales: líneas de ayuda, psicólogos, psiquiatras, grupos de apoyo. Reforzar la presencia parental emocional, no solo física.
⚠️ ¿Cuándo sospechar depresión severa o riesgo suicida?
Dolor abdominal o de cabeza recurrentes sin causa médica clara
Conductas retadoras, impulsivas o agresivas
Consumo de alcohol o sustancias
Disminución en el rendimiento escolar
Desinterés en las cosas que antes les apasionaban
🧩 Factores psicosociales que debemos tener en el radar:
Bullying (digital o presencial)
Duelos no resueltos
Abuso físico, emocional o sexual
Enfermedades crónicas o discapacidades
Rechazo por identidad sexual o género
Falta de límites o vínculos con adultos
Expectativas familiares inalcanzables o nulas
👨👩👧👦 El papel irremplazable de papás, maestros y amigos
Ningún adolescente debería atravesar la tormenta solo. Los adolescentes requieren:
🔹 Padres presentes, disponibles emocionalmente, que escuchen sin interrumpir, sin juzgar. Así mismo es necesario acompañar a los hermanos porque ellos también sienten, necesitan contención, información, y amor.
🔹 Maestros atentos al lenguaje no verbal, a las señales, pendientes más allá de una calificación.
🔹 Amigos valientes, que pregunten: ¿Estás bien?
Los padres cargan con la culpa. Los hermanos, con el miedo. Los amigos, con el vacío. Es indispensable que también ellos reciban atención emocional especializada, para evitar una segunda tragedia.
📌 Reflexiones clave para pediatras, padres y maestros
No basta con evitar lo negativo, hay que construir lo positivo: relaciones humanas, propósito, límites saludables y sentido de pertenencia.
El adolescente necesita adultos emocionalmente disponibles, no sobreprotectores ni desconectados.
Educar en emociones es urgente, tanto como vacunar o enseñar a leer.
La salud mental no es moda ni privilegio: es una necesidad estructural para el desarrollo.
🩺 ¿Qué hacemos como pediatras, maestros, papás?
✔️ No minimices: su tristeza no es drama, es dolor real. ✔️ Pregunta con el corazón y escucha con el alma. ✔️ Observa señales: aislamiento, autolesión, cambios de conducta. ✔️ Sé un refugio, no un juez. ✔️ Y si no sabes cómo ayudar, acompaña hasta que alguien más pueda.
Como pediatras, educadores y madres/padres, tenemos una responsabilidad colectiva: acompañar, comprender y guiar, no solo medicar o regañar. La tristeza adolescente es un síntoma. El trabajo real está en el fondo.
🛠️ Recomendaciones académicas y clínicas
Área
Acción concreta
Consulta pediátrica
Incluir tamizaje emocional en pacientes que nos den datos clínicos de depresión, ansiedad, conductas de riesgo o conducta suicida
Intervención educativa
Capacitar a docentes en salud mental y educación emocional; reducir factores escolares de estrés.
Crianza
Promover autorregulación emocional, autonomía progresiva y límites con afecto.
Política pública
Campañas masivas de prevención en salud mental; regulación de algoritmos digitales nocivos.
🌱 ¿Qué podemos hacer hoy?
Hablar del tema. Sin miedo, sin tabú.
Validar el dolor, aunque no lo entendamos.
Observar sin juzgar.
Educar emocionalmente desde casa y escuela.
Preguntar con el corazón: “¿Qué necesitas hoy?”
Pedir ayuda profesional sin vergüenza.
Recordar que prevenir no es exagerar… es salvar vidas.
❤️ Tú puedes ser ese adulto
Ese pediatra, maestro, amigo o papá que ve lo que nadie más quiere ver.
El que sostiene cuando todos sueltan.
El que pregunta cuando otros evitan.
El que escucha sin miedo lo que duele.
Y si tú, que estás leyendo esto, también estás cansado… también puedes pedir ayuda.
Porque cuidar a otros también agota.
Y porque la salud emocional también empieza contigo.
Carga Mental en Madres Profesionales: Cómo Gestionarla
Ahora que recientemente ha pasado el día de la madre, y que festejamos a esos seres maravillosos que nos dieron la vida y nos mantienen en pie, hablemos de la Salud Mental Materna, reflexionemos las múltiples capas que componen la experiencia de ser madre. Ser madre es mucho más que criar: es gestionar, sostener, planear, contener y dentro de todo no olvidarse de nosotras mismas.
El día de hoy, quiero hablarte a ti: madre profesionista, mamá que también eres doctora, enfermera, maestra, psicóloga, abogada, emprendedora. Las que andamos corriendo todo el día para tratar de llegar a todo, estar a tiempo en la escuela, en el consultorio, llegar arreglada a la junta, a la clase de ballet, prepararnos para la guardia y avanzar en la lista de los pendientes que nunca terminan.
Ser mamá es una montaña rusa de emociones. Los días se llenan de momentos llenos de ternura y que nos recuerdan lo felices que somos con ser mamás, pero el lado gris de ser madre es el cansancio, ese que no se quita ni al dormir y cuando tenemos vacaciones nunca nos son suficientes, porque siempre estamos pensando, si acabamos de lavar hay que doblar y guardar, o si terminamos de cocinar ahora hay q ver que sucedió en la sala mientras estábamos preparando la cena y después de esto lavar trastes.
Ser mamá, profesionista, esposa, hija, emprendedora… es como llevar muchos sombreros al mismo tiempo, intentando que ninguno se caiga y que todos combinen entre sí. Y aunque desde fuera demos la apariencia de que lo estamos logrando, adentro hay un torbellino constante: la carga mental.
La carga mental materna es esa lista enorme y silenciosa que tenemos muchas madres: pensar en el super, que hay para cocinar, preparar el uniforme, agendar vacunas, llevar a las actividades extraescolares, recordar citas médicas, organizar cumpleaños, atender berrinches y aún así dar lo mejor en el trabajo, sin dejar de ser esposas. Es la logística del hogar y de la crianza que, en la mayoría de los casos, recae en una sola persona: la madre.
Esta carga se intensifica en madres que, además, quieren ejercer su profesión con pasión y responsabilidad. Madres que aman su trabajo, pero sienten que siempre le deben algo a alguien: al hijo, al jefe, a la pareja, a sí mismas.
Lo que nadie ve y no lo decimos, pero sí sentimos.
La culpa y la carga mental: dos grandes enemigas invisibles de la crianza.
La carga mental no tiene horario ni vacaciones. Es ese trabajo y esfuerzo invisible que hacemos por recordar cada detalle del día a día, todas esas pequeñas cosas que parecieran insignificantes y que nadie ve. Y que cuando por fin estas descansando, de pilón te culpas porque tienes muchas cosas que hacer y todavía te preguntas, pero porque estoy tan cansada si hoy no hice nada. Es pensar en todo y acompañar a nuestros hijos en sus miedos, sus necesidades, intentar validar sus emociones y abrazarlos, incluso cuando tal vez seamos nosotros las que mas necesitamos ese abrazo. Todo eso lo hacemos, mientras trabajamos, atendemos pendientes, emprendemos, soñamos.
Y eso es solo la superficie. Porque siempre está ahí la autoexigencia, la mugrosa culpa que se cuela en cada rincón, preguntándote: «¿Soy suficiente?» “¿Lo estaré haciendo bien?”, la culpa por perder la paciencia, por disfrutar mi trabajo, por querer entrar al baño con la puerta cerrada sin compañía, por seguir colechando, porque he engordado, porque no he salido a cenar con mi esposo hace meses, si hoy no me peine ni me maquille… Esa que se culpa que siempre encuentra por donde colarse incluso cuando hacemos lo mejor que podemos:
Culpa por no estar siempre.
Culpa por trabajar y disfrutarlo.
Culpa por necesitar tiempo a solas.
Culpa por no ser la “mamá perfecta” que imaginamos.
Por no tener la casa de Pinterest.
Por no ser la familia de Instagram.
Pero aquí va una verdad necesaria: no podemos con todo, y eso está bien.
Tenemos que elegir que sombrero ponernos en cada momento y no querer cargar con todos al mismo tiempo, elegir nuestras batallas y realmente preocuparnos por lo que realmente importa.
Ser mamá y profesionista no debería ser una contradicción.
Trabajo porque me gusta, porque me mantiene activa, por mi crecimiento personal y profesional, porque necesito seguir estudiando y aprendiendo, porque me encanta lo que hago, porque también es parte de quien soy y de lo que era antes de ser mamá. Y ser mamá no queda en pausa mientras trabajo. Sigo siendo mamá cuando doy clase, cuando armo pedidos, cuando acompaño a mis pacientes… incluso cuando me siento al límite.
Por que ser mamá no entra en pausa cuando checo entrada al hospital. *No soy una mamá ausente por cumplir mis sueños*, ni tampoco soy una profesional mediocre por priorizar a mi hija, quitar mi consultorio y decir que no a ser la workaholic que algún día fui. Soy ambas, incluso cuando me parto en mil pedazos para no desaparecer en el intento.
Algo que no quiero es perderme en la maternidad. Porque si me olvido de mí, ¿Cómo le enseño a mi hija a no olvidarse de sí misma? Porque estoy segura de que, si yo soy capaz de hacerlo, ella lo hará mil veces mejor, porque en su momento yo tuve el mejor ejemplo mi mamá, y ahora mis amigas y mis hermanas son un ejemplo de que se puede ser mama y profesionista al mismo tiempo.
Nuestros hijos no necesitan mamás perfectas. Necesitan mamás reales, humanas, que se cuidan, que se escuchan, que saben poner límites. Que también se ríen, descansan, sueñan, que piden perdón, que se equivocan y lo vuelven a intentar y se permiten no poder con todo y saben pedir ayuda.
A ti, mamá que trabaja y cría…
Tú que das el 100% en todo, aunque te sientas partida en pedacitos.
Tú que lloraste en el carro antes de llegar al trabajo y entraste con una sonrisa.
Tú que sueñas con un momento en silencio, pero piensas en tus hijos todo el tiempo.
Tú que estás cansada… pero sigues.
Te veo. Te entiendo. Estoy contigo.
Y quiero recordarte esto: decidiste ser mamá y también decidiste seguir siendo tú. No estás fallando, estás creciendo, estas evolucionado y en camino estas aprendiendo. Estás criando y construyendo tu vida al mismo tiempo. Y eso ya es muchísimo.
Conciliación: entre lo laboral y lo emocional
La conciliación entre maternidad y vida profesional sigue siendo un reto para muchas mujeres. Jornadas laborales que no son compatibles con la lactancia, con los horarios escolares, trabajos poco flexibles, ausencia de redes de apoyo y la presión de “ser buenas madres” generan un terreno fértil para el agotamiento emocional, divorcios, ansiedad, irritabilidad, insomnio o incluso depresión.
Es tiempo de hablar sin culpa de que necesitamos pausas, espacios propios, tiempos muertos y redes de apoyo reales. De que estar bien nosotras es parte esencial del bienestar de nuestros hijos.
¿Qué impacto tiene esto en la salud mental de las madres?
Cuando la culpa y la carga mental se cronifican, no solo generan agotamiento emocional y físico o Burn out, sino que también interfieren con el vínculo sano con nuestros hijos. Aparecen síntomas que requieren ayuda profesional, depresión, ansiedad, frustración y una constante sensación de “no estar haciendo lo suficiente”.
Y eso es peligroso, porque sabemos que una madre emocionalmente disponible es la suficientemente regulada para acompañar a su hijo con empatía y consistencia. Y para eso, necesitamos madres cuidadas, sostenidas, no sobrecargadas.
Como pediatra, y mamá me he dado cuenta por que ya he estado ahí:
Tu bienestar es tan importante como el de tu hijo.
Criar con culpa constante no mejora el apego, lo daña.
Estar presente no significa estar disponible las 24/7 sin descanso.
Delegar, pedir ayuda y poner límites no es egoísmo. Es salud mental preventiva.
Corresponsabilidad: no es ayuda, es justicia
Yo no sé en qué momento se consideró que la responsabilidad es de la mujer, y que nosotras podemos ser multitasking y tener 20 ventanas abiertas al mismo tiempo. La maternidad no fue diseñada para vivirse sola. Antes las mujeres vivían en tribus o comunidades donde se escuchaban y apoyaban entre ellas, ahora el ritmo de vida, la carga laboral y escolar, las distancias que nos separan de nuestras amigas, hacen que estemos siempre solas con nuestros hijos. Necesitamos hablar, y poder decirlo sin miedo, estamos cansadas y necesitamos ayuda, poder hablar de corresponsabilidad real. No se trata de que papá «ayude», sino de que comparta la carga física, emocional y mental de criar. De no tener que “pedir ayuda”, ni tener que dejar hechas listas de pendientes, o de poner recordatorios en las alexas. Se trata de que tú como papá te sepas que talla de zapatos son tus hijos, su historial clínico sin que estés llamando a mamá durante la consulta, acuérdate del nombre de sus profesores y de la mejor amiga de tu niña, ve una película con tu familia y deja el celular y el trabajo de lado.
Porque criar también es un trabajo, uno agotador, extremadamente bello, pero muy muy exigente… que no debería recaer solo en una persona.
Corresponsabilidad es:
Que ambos padres estén al tanto de lo que necesitan sus hijos.
Que papá también gestione emociones, tiempos, pendientes.
Que haya acuerdos, no favores.
Que seamos un equipo, no una jerarquía.
Que no se minimicen las labores domesticas y a la mujer que se queda en casa y no «trabaja».
Que se nos valore el doble esfuerzo que hacemos las que trabajamos.
Que no se nos juzgue por no estar al 100 en todo.
Porque cuando el peso se comparte, el amor fluye más liviano. Y la paciencia, ¡ahí sí alcanza para todos!
Querido papá: esto es para ti.
Sé que amas a tus hijos. Que trabajas duro por ellos. Pero criar no es solo estar presente físicamente, económicamente y el preguntar en que ayudas. Criar también es pensar, planear, anticiparse, sostener emocionalmente a toda la familia.
Cuando tú te involucras de verdad, no solo aligeras la carga materna: te conviertes en figura de amor, de contención, de equilibrio.
Copaternar es criar juntos, no desde la ayuda, sin juzgar si decidimos trabajar y ser mamás, sin hacernos sentir culpables cuando decimos estoy cansada o cuando ese día pesado del trabajo decidimos soltar y pedir una pizza para cenar aun cuando sabemos que no es lo más saludable, cuando no nos fue posible lavar los trastes de la cena porque ya no podíamos mas. Es ver desde el amor que no pesa más de un lado que del otro.
Y no, no eres un mandilón por hacerlo. Eres un papá presente. Un compañero justo. Un hombre que educa con su ejemplo. Porque nos tocó otra generación, en la que, así como los gastos se comparten, las responsabilidades y las labores de casa también.
Y dentro de todo algo muy importante es no perdernos a nosotros 2 como la pareja de enamorados que algún día fuimos, esos que sentían mariposas en el estómago al verse, sé que nuestro amor ha madurado y que estamos en otra fase y que el enamoramiento quedo atrás hace muchos años, pero la realidad es que decidimos estar juntos y formar una familia, y algún día los hijos se irán y solo quedaremos tú y yo y lo que hallamos construido en el camino, y quien sabe algún día estaremos jubilados, viajando, descansando y muy emocionados esperando a que vengan a casa los nietos este fin de semana.
Mamá, no te olvides de ti, de quien eras y de quien quieres seguir siendo.
Así que hoy empiezo desde mí, porque yo me declaro culpable de haberme perdido en la maternidad y estoy en el proceso de volver a ser yo. Hoy haz un espacio para ti. Para reír, para respirar, para equivocarte y volver a empezar. ¡Recuerda lo que te gustaba hacer antes de ser mamá, leer, ir a la estética sin pensar en que tienes una pila de ropa por doblar, desvélate haciendo scrolling en tu celular o viendo esa serie que quieres maratonear desde hace meses, pero que no has podido por ver las series infantiles, llámales a tus amigas por teléfono y echa chisme sin interrupciones, planea un día de shopping tu sola y cómprate esos zapatos, tomate ese café y ve que sigues siendo tú!
Porque una mamá que mantiene su esencia y su personalidad lucha por sus metas y aplaude sus logros, es la mejor guía emocional y profesional que un hijo puede tener.
Y tú mereces todo eso que das: amor, respeto, cuidado y que seas tu misma la que no se olvide de consentirte a ti y que en la lista de prioridades y pendientes tu estas primero.
Hoy, te invito a:
– *Respirar*. Aunque sea un minuto.
– *Pedir ayuda*. Sin culpa.
– *Celebrar* que estás criando y creciendo a la vez.
Papá: Estás a tiempo de criar distinto. De compartir no solo los abrazos, sino también la carga, la mochila es más ligera si se comparte el peso. Porque la crianza no es una carrera en solitario, sino un camino que se hace más ligero cuando caminamos juntos y de la mano.
¿Qué podemos hacer para cuidar la salud mental materna?
Hablar de esto sin vergüenza.
Nombrar la carga mental y pedir corresponsabilidad.
Escuchar a la mamá cuando dice estoy cansada, necesito 5 min de silencio en mi espacio, si por que nosotras también necesitamos tener un rincón de la calma
Buscar redes de apoyo (reales o virtuales).
Delegar y soltar.
Validar nuestras emociones, sin juicios.
Poner límites sanos en el trabajo y en casa.
Buscar ayuda profesional si la tristeza, el cansancio o la ansiedad no se van.
Hola Skarlett, te escribo desde los 46 años que tienes hoy. Te escribo para contarte que a pesar de que hoy te sientes confundida entre emociones, tu cuerpo, la escuela, las situaciones familiares, me gustaría que supieras que todo eso que hoy te pesa no será para siempre.
Superando el Bullying: Un Mensaje de Esperanza
Sé que ahora todo te parece complicado, las emociones te abruman y el mundo se siente como un lugar hostil. Te entiendo, porque lo viví contigo. Creces en un cuerpo que aún no terminas de aceptar, rodeada de comentarios que duelen y compañeros que te ponen apodos y te molestan. Pero quiero que te detengas un momento y escuches esto: nada de lo que te digan otras personas define quién eres o quién vas a ser.
Esos compañeros que hoy te molestan, te hacen sentir menos y te cuestionan, desaparecerán con el tiempo. Han pasado más de 20 años y no he vuelto a verlos. ¿Sabes quién sí sigue aquí? Tú, con tu fuerza, tu perseverancia y resiliencia y todo lo lograste gracias a ser como eres. Lograste tus sueños, te convertiste en una mujer con una carrera, una familia y una vida que, aunque llena de altibajos, sigue adelante con determinación y esperanza. No cambies por encajar, porque un día te darás cuenta de que ser diferente es lo que te llevó lejos.
Sé que muchas veces sientes que eres rara y diferente, que te faltan amigos y que, por más que quisieras, el amor no parece llegar. Piensas que no tener novio o esa conexión con alguien especial significa que algo está mal contigo. Pero déjame decirte algo muy importante: no hay nada mal contigo. Lo que hoy ves como ausencias, mañana serán elecciones conscientes. Llegará el amor en el momento justo.
Es verdad que no tienes muchos amigos, pero los que tienes son reales, de esos que te acompañan de corazón, aunque no sean muchos. Aprende a valorar eso, porque más adelante entenderás que la calidad siempre será más importante que la cantidad. Además, ¿sabes quiénes han sido tus mayores aliadas sin que a veces te des cuenta? Tus hermanas. Esas compañeras de juegos, peleas y risas. Son tu refugio y siempre lo serán, incluso cuando la vida las lleve por caminos diferentes. Esas tardes jugando con ellas y los secretos compartidos serán recuerdos que atesorarás siempre.
Tu cuerpo… ah, cómo te cuesta aceptarlo, ¿verdad? Hoy te ves flaca y te da inseguridad. Pues déjame contarte que ese cuerpo, con el tiempo, cambió. Ganaste unos kilos, y sí, ahora te quejas de la lonjita, la panza que asoma, pero aprendiste a ver más allá. Tu cuerpo te ha llevado a lugares que nunca pensaste conocer, y lo que siempre soñaste!!! te permitió la oportunidad de ser mamá, te dio a tu hija. Agradece cada marca, cada estría, cada cicatriz, cada transformación, porque eres más fuerte gracias a él. Esos brazos que hoy te parecen débiles, se volvieron el refugio de tu hija. Aprende a amar y cuidar ese cuerpo porque, aunque no lo creas ahora, será tu aliado.
El divorcio de nuestros papás dolió, lo sé. Pero, con el tiempo, aprenderás a encontrar estabilidad dentro de ti. De esa etapa surgirán dos cosas importantes: tu fortaleza y el lazo con mamá. Mamá siempre estuvo ahí, aun cuando parecía que nadie más podía entenderte. Con amor y paciencia, te llevó a terapia en un tiempo donde la salud mental no era tema común. Rompió tabúes y te apoyó incondicionalmente, incluso cuando tú no sabías cómo seguir adelante. Gracias a ella estás aquí, convertida en una mujer resiliente, plena y con el corazón lleno de gratitud. Mamá es y será siempre nuestro faro en la tormenta. Y tu papá no se irá, el siempre estará ahí, te seguirá llevando día con día a la preparatoria, a la universidad y hoy compartes momentos con el como un gran abuelo al lado de tu niña.
Y claro, no puedo dejar de mencionar a tu tía Lory. Su cariño y su presencia dejaron una huella enorme y fueron un pilar en nuestra vida. La extraño, pero cada recuerdo que nos dejó es un tesoro. Su amor, su presencia y los momentos compartidos que nos dejó serán siempre un refugio en los días grises.
Y hablando de grandes figuras en tu vida, ¿Cómo no pensar en Pepe? Tu abuelito, ese hombre tan inteligente, que tiene respuestas para todo, siempre con una palabra sabia y acertada. Pero lo que más te impacta de él no es sólo su mente brillante, sino la ternura con la que te mira, el cariño con el que te escucha, la forma en que sabe hacerte sentir especial con pequeños gestos. Cada momento con él es un regalo, y aunque no estará físicamente por siempre, su presencia y su ejemplo vivirán en ti toda la vida.
Así que respira profundo, porque, aunque hoy todo parezca un caos, lo mejor está por venir. Vas a batallar, tampoco voy a mentirte, la vida de adulto no es fácil, y hay cosas más complicadas por vivir, sufrirás y al final llegaras a conocer el amor, a construir una familia, a cumplir sueños que ni siquiera te has imaginado. Tus amigos serán pocos, pero valdrán oro. Tus hermanas seguirán siendo tus compañeras de vida. Y tus estrellas en el cielo y tu mamá siempre estarán contigo, de una forma u otra, acompañándote en cada paso que des.
Sé que ahora te sientes pequeña, sola y confundida, pero quiero que sepas algo: lo lograste. No sólo sobreviviste al bullying, los complejos y el caos familiar, sino que floreciste. Lograste convertirte en mamá, esposa, en doctora y emprendedora, y aunque el camino sea difícil, estarás orgullosa de lo que has logrado. Cada herida sanada y cada lágrima derramada fueron necesarias para construir la persona que soy hoy: tú, más fuerte, más plena y agradecida con la vida.
Confía en ti, confía en los que te aman, respira y sigue adelante. Lo mejor aun está por venir y aun aquí a los 46 años se que siguen procesos complicados que superar, muchos países por conocer, experiencias por vivir. No te exijas tanto, date la oportunidad de equivocarte y de aprender de los errores.
Como papás pensamos en el pediatra y solemos imaginar al profesional que mide, pesa y vacuna a los niños, al que cuida al niño con fiebre, diarrea o tos. Sin embargo, nuestro rol va mucho más allá de la atención física. Cuando somos el pediatra de cabecera de la familia, nos convertimos en los “tíos postizos”, en el amigo de confianza para los papás y en alguien cercano a la familia, y también poco a poco nos ganamos la confianza de ese pequeño bebé convertido en adolescente, nos encariñamos con nuestros pacientes y nos emociona verlos crecer y festejar sus logros, pero también los acompañamos en sus luchas internas, en los procesos de transición y adaptación por cada etapa.
Hoy más que nunca, la salud mental infantil y adolescente ocupa un lugar central en nuestras consultas. Trastornos como la ansiedad, la depresión o los problemas de conducta y trastornos alimentarios están en aumento, muchas veces manifestándose de forma sutil, a través de cambios en el sueño, el rendimiento escolar o incluso problemas físicos recurrentes sin una causa aparente. Y es ahí donde nuestra responsabilidad como pediatras nos coloca en una posición privilegiada: ser los primeros en detectar y guiar a las familias hacia un cuidado emocional integral. Sin embargo, esta área de la salud a menudo se encuentra estigmatizada, incomprendida y subatendida.
¿Por qué es tan importante cuidar la salud mental de niños y adolescentes?
La salud mental es como la base de una casa: si está fuerte, todo lo demás puede construirse mejor.
En la niñez y la adolescencia, es especialmente importante porque es cuando los chicos aprenden a manejar sus emociones, convivir con otros y a pensar de forma más compleja.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 10 % y el 20 % de los adolescentes lidian con problemas de salud mental, y muchos de ellos comienzan antes de los 14 años. Pero, lamentablemente, muchas veces no reciben la ayuda que necesitan por culpa del estigma, la falta de servicios adecuados o poco apoyo en su entorno.
¿Qué está pasando con la salud mental en jóvenes?
Datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) y UNICEF muestran algo preocupante: cada vez más adolescentes sufren ansiedad, depresión o incluso piensan en el suicidio. La pandemia de COVID-19 agravó las condiciones de salud mental de niños y adolescentes, provocando un aumento en la incidencia de depresión, ansiedad, trastornos del sueño y alimentarios, así como ideación e intentos suicidas. Estadísticas recientes muestran un incremento preocupante en los intentos de suicidio, especialmente entre mujeres adolescentes, y señalan un acceso limitado a servicios especializados como una barrera crítica para la atención.
Atención Temprana: Una Oportunidad Única
La detección precoz es pilar para la salud mental infantil, debemos observar indicios de alarma incluso antes de que los padres lo noten, nuestra función va más allá de solo identificar el problema, si no también convertirnos en guías y aliados para la familia. En el momento que tenemos una sospecha diagnostica acompañar a los padres en el proceso, brindarles herramientas, ofrecerles un espacio seguro para expresar sus dudas y emociones. La afectación en la salud mental de un niño o adolescente es un proceso complicado para todo el entorno familiar, siempre hay sentimientos de culpa, incertidumbre, negación y rechazo al diagnóstico e incluso aun cuando el paciente ha sido valorado por múltiples especialistas y se han realizado pruebas o evaluaciones los pacientes se sienten invadidos en su espacio personal, los padres se muestran renuentes a iniciar el manejo con medicamentos o incluso a la necesidad de hospitalización de ese pequeño. Y es aquí donde nuevamente expresar nuestra empatía y dar información clara se vuelve indispensable.
Institucionalmente nos vemos rebasados en el numero de consultas de salud mental, el tiempo asignado para cada consulta es mínimo para brindarle una atención adecuada, el sistema de salud publica no ha sido actualizado a los nuevos motivos de consulta, considerando 15 min por paciente, cuando ese paciente requiere de toda nuestra atención y comprensión, y tal vez sea la única vez que lo veamos en el consultorio, porque la próxima valoración puede ser en urgencias por un intento suicida o por un desequilibrio metabólico o una sobredosis.
Los procesos administrativos y el incremento en el número de pacientes sin modificaciones en la plantilla de médicos especialistas, el no contar con los suficientes hospitales psiquiátricos infantiles en el país, hacen que las valoraciones por especialistas y subespecialistas sean muy diferidas en tiempo, incluso con citas 1 vez cada 6 meses o rechazos en el sistema por trámites burocráticos, firmas, sellos y autorizaciones, haciéndolo aún más complicado para los padres y los pacientes que se encuentran en el camino de la aceptación, llevándolos a rendirse y no continuar con el manejo terapéutico en muchas ocasiones. Aunado a todo esto hay un rango de edad en el que el adolescente pierde derechohabiencia si no continua sus estudios y no labora y queda desprotegido.
Al menos en hospitales de segundo nivel no contamos con una adecuada atención psicológica, no tenemos psicólogos infantiles, neuropsicólogos y ni hablar de paidopsiquiatras. Los pacientes pediátricos son atendidos por especialistas de adultos, mientras esperan la autorización o la cita subsecuente en paidopsiquiatría. Por lo que es de suma importancia que como pediatras nos involucremos mas en el tema de atención a la salud mental, nos preparemos de manera continua y también sepamos manejar nuestras propias emociones.
Personalmente en más de alguna ocasión me he visto afectada por la situación de algún paciente en particular, llorando al llegar a casa después de terminar la consulta, sintiendo la necesidad de abrazar a ese paciente que se siente solo o dándole la mano a esa madre a la que nadie le ha preguntado ¿y usted como esta?
También nosotros requerimos el apoyo y la atención de colegas para el manejo de nuestras propias emociones, al sentir la impotencia de no poder hacer mas de lo que quisiéramos por ese niño, saber las condiciones de pobreza, maltrato infantil, abuso o abandono y ver como ese niño pide ayuda y saber las limitaciones del sistema y ver que hay cosas que están fuera de nuestras manos.
Empatía y Rapport: Construyendo Puentes de Confianza
Cada niño que llega a consulta trae más que un síntoma físico; trae su mundo emocional, sus miedos y sus inquietudes. Desde la primera consulta es importante establecer una relación basada en la confianza y el respeto.
El rapport, ese puente emocional entre médico y paciente, el pediatra debe no solo limitarse a hablar con los padres como portavoces, sino también conectar con los niños, convertirnos en alguien en quien ellos confíen y que ellos sepan que estaremos ahí para escuchar, cuidar y curarlos. Un pediatra no debe ser alguien que inspire miedo o que cuando el niño o adolescente vaya a consulta se sienta juzgado o regañado por otro adulto más.
Escuchar sus palabras, validar sus emociones y hablarles en un lenguaje que puedan comprender no solo refuerza su autoestima, sino que les enseña que sus sentimientos importan. Esto, en muchas ocasiones, abre la puerta para identificar y abordar problemáticas emocionales que podrían pasar desapercibidas.
Escucha Activa: Más que Oír, Comprender
La escucha activa implica más que prestar atención a las palabras de los niños o sus cuidadores. Es un compromiso de comprensión profunda. Al observar gestos, actitudes y respuestas no verbales, podemos captar mucho de lo que no se dice. A menudo, un niño no encontrará las palabras para expresar lo que siente, pero lo hará a través de su comportamiento o sus interacciones.
Como pediatras, al escuchar activamente y fomentar un espacio libre de juicio, creamos una base sólida para explorar las emociones y las necesidades del niño. Además, esto fortalece la confianza de los padres y fomenta un trabajo en equipo para apoyar al menor.
Manejo Interdisciplinario: Una Red de Apoyo Integral
La salud mental rara vez puede abordarse de manera aislada. Requiere la colaboración de un equipo interdisciplinario compuesto por psicólogos, psiquiatras, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, maestros, y, por supuesto, la familia.
En este contexto, el pediatra desempeña un papel fundamental como el punto de enlace entre el niño, su familia y los demás especialistas. Al coordinar esfuerzos, aseguramos que cada pequeño reciba una atención integral que abarque todas las áreas de su vida: física, emocional y social.
¿Qué podemos hacer?
Aquí algunas ideas para marcar la diferencia:
Detectar a tiempo y brindar atención accesible: Incluir evaluaciones sencillas durante las consultas pediátricas ayuda a identificar signos de alerta, como problemas para dormir, cambios de ánimo o bajo rendimiento escolar.
Crear redes de apoyo comunitarias: Los esfuerzos no deben quedarse solo en el consultorio. Hay que trabajar junto con escuelas, familias y grupos sociales para que los niños y adolescentes tengan entornos que los hagan sentir seguros y apoyados.
Enseñar habilidades emocionales: Los pediatras pueden ser aliados para enseñarles a los niños y a sus familias cómo manejar sus emociones, fortalecer su resiliencia y construir relaciones sanas.
Hablar abiertamente sobre la salud mental: Romper con el estigma es clave. Es hora de dejar de ver la salud mental como un tabú. Hablar de esto de forma natural ayuda a reducir el estigma y abre puertas para que más personas busquen ayuda sin miedo.
Una Huella para Toda la Vida
La intervención temprana en la salud mental de los niños no solo impacta su presente, sino que define su futuro. Un niño que recibe el apoyo adecuado en sus primeros años tiene más probabilidades de convertirse en un adulto resiliente, con habilidades emocionales sólidas y una mejor calidad de vida.
Ser pediatra es mucho más que diagnosticar y prescribir. Es ser testigo de las risas, los miedos y las dudas de quienes están en una etapa llena de cambios. Nuestra empatía no solo genera confianza; da el mensaje de que nadie está solo en esto.
Al final del día, cuando un niño o adolescente siente que hay un adulto que los comprende, un papá que recibe orientación en lugar de juicio, o una familia que entiende la importancia de cuidar la salud mental, estamos sembrando la semilla de un bienestar que trasciende generaciones.
Como pediatras, somos aliados en cada paso de ese camino y debemos entender que curar no solo se trata de sanar un cuerpo, sino también de acompañarlos en sus emociones.
Si queremos un futuro lleno de adultos saludables, cuidar la mente desde la infancia no es solo una opción, es un derecho y una responsabilidad que compartimos todos.