Publicado en Adolescencia, carga mental, Crianza, Depresion, Salud Mental, Suicidio

🧠💔 ¿Por qué un adolescente podría querer morir?

Comprendiendo lo que nuestros adolescentes no se atreven a decirnos.

✍🏻 Por Dra. Skarlett Ruelas – Pediatra, mamá, maestra y aprendiz del mundo emocional de niños y adolescentes.

Pensar en por qué sucede y atreverme a escribir esto es difícil sin sentir un nudo en la garganta. Sin pensar en las caritas de los niños que llegaron a la atención en urgencias por crisis de ansiedad, intoxicación con medicamentos, intento de asfixia o autolesiones. Niños y no tan niños desde los 11 a los 17 años, con familias de todo tipo, estratos socioeconómicos, grados escolares, pero todos en común padres consternados por no haberse dado cuenta de que algo estaba mal con su hijo.

Como pediatra he escuchado todo tipo de historias, durante las hospitalizaciones prolongadas, de esos adolescentes que tienen una mirada que poco a poco me he enseñado a distinguir. Adolescentes que físicamente parecen casi adultos, pero al sentarme a escucharlos y preguntarles desde el corazón ¿Cómo estás? Y decirles estoy aquí para escucharte, se transforman en niños frágiles y vulnerables, muchachos de 1.80mt de estatura que al final de una conversación te dan un abrazo, niñas que te cuentan lo que a nadie se han atrevido a decirles, al solo darles unos minutos de escucha activa, atención y confianza. Estas historias y los niños que están detrás de ellas me han hecho llegar hasta donde estoy hoy, una pediatra que lucha por la empatía y la sensibilidad de mis residentes hacia esos niños, aprender a no juzgarlos, escucharlos y acompañarlos, perder el miedo a los adolescentes y ver que ellos necesitan la misma o más atención que el neonato prematuro o el niño con cardiopatía compleja. He realizado un esfuerzo extra en mis horas libres, mis noches y he empezado a estudiar un poco sobre ellos, para brindarles lo mejor de mí. Estos últimos meses les he transmitido un poquito de lo que he aprendido a los residentes sobre temas de psicología infantil, psiquiatría, puericultura y el desarrollo del cerebro del adolescente, esperando haber logrado mi objetivo y sembrar en ellos una semillita de curiosidad y empatía hacia los adolescentes.

Como mamá, hay días en los que llego a casa y lo primero que hago es abrazar fuerte a mi hija para que me llene de energía y transmitirle que siempre estaré para ella, llamar a mi sobrino que es mi adoración, pensando en todos los chicos que no tuvieron un abrazo a tiempo y que no se sentían acompañados en esos momentos difíciles, incluso pensando en mí misma cuando era adolescente, agradeciendo la presencia de mi mamá en todas las etapas más grises de mi vida, y pienso en como yo podría haber sido una de esas niñas con cutting de no ser porque ella siempre estuvo conmigo y detecto los focos rojos a tiempo.

Como profesora, he visto a mis residentes enfrentarse con impotencia al dolor emocional, al no saber cómo acercarse a esos niños que sufren y les duele pero que no hay analgésico que cure su malestar.

📊 ¿Qué está pasando con nuestros adolescentes?

Según la OMS, el suicidio es la cuarta causa de muerte en adolescentes de 15 a 19 años.

En México, el INEGI muestra un aumento de más del 40% en la última década, siendo el grupo de 10 a 14 años el que más preocupa por el crecimiento acelerado de los casos.

Detrás de cada número hay una historia no contada: un niño que dejó de jugar, una adolescente que se rindió en silencio, una familia buscando respuestas en el vacío.

🧠 Adolescencia: una tormenta cerebral

El sistema límbico (emociones) va a 180 km/h, mientras la corteza prefrontal (razón, juicio) apenas se está construyendo. Eso explica su impulsividad, sensibilidad extrema al rechazo y dificultad para pedir ayuda. Y si a esa tormenta interna le sumamos otros factores que pueden estar viviendo: violencia familiar, ausencia emocional, bullying o redes sociales tóxicas el riesgo se multiplica.

🔍 ¿Por qué están tan tristes los adolescentes?

Un artículo publicado en The Atlantic por el periodista Derek Thompson, titulado “Why American Teens Are So Sad”, analiza cuatro factores que, desde la evidencia científica, explican el incremento en los trastornos mentales adolescentes. Lo revisamos aquí desde la perspectiva médica, emocional y social:

1️⃣ Redes sociales y los teléfonos inteligentes: espejo distorsionado

«Para muchos adolescentes, el algoritmo los entiende más que su familia.»

Pero ese algoritmo también:

  • Normaliza el dolor como parte inevitable de la adolescencia.
  • Promueve la autolesión o el suicidio como una salida.
  • Distorsiona la realidad, mostrando vidas perfectas.
  • Exacerba la comparación social y el aislamiento.
  • Los expone a bullying silencioso y comparación constante

Estudios (Twenge et al., 2018; Montag et al., 2021) confirman que el uso excesivo de redes sociales afecta la autoestima, el sueño y la salud mental, correlacionándose con el aumento de la ansiedad, la comparación social, el acoso en línea y la disminución del sueño en adolescentes, particularmente en adolescentes mujeres.

  • La evidencia clínica y neuropsicológica coincide con el artículo: la hiperconectividad digital estimula el sistema dopaminérgico de forma adictiva.
  • El uso prolongado se asocia a alteraciones en el sueño, TDAH funcional, ansiedad social y disminución de la autoestima.
  • La American Academy of Pediatrics recomienda limitar tiempo de pantalla, promover el uso supervisado y educar sobre el contenido.

2️⃣ Aislamiento social: solos entre todos

Cada vez pasan menos tiempo con amigos, en actividades presenciales, al aire libre, en la vida. La conexión virtual ha reemplazado la interacción cara a cara y los vínculos reales. Y eso se paga caro:

  • Mayor soledad.
  • Dificultades para pedir ayuda.
  • Menor tolerancia a la frustración.
  • Reducción de la calidad del vínculo humano y la práctica de habilidades socioemocionales.

La pandemia agravó esta desconexión (Loades et al., 2020), y hoy tenemos una generación que se siente profundamente sola en compañía.

3️⃣ Cultura de fragilidad emocional

Se ha confundido cuidar con sobreproteger. Muchos adolescentes crecieron escuchando que todo lo incómodo es dañino. Pero evitar el malestar no enseña a vivir, solo a temer.

Muchos crecieron escuchando: “no llores”, “no exageres”, “no te enojes”. Resultado: no saben qué hacer con lo que sienten. Y el miedo a sentirse mal, los deja sin herramientas para levantarse.

Estudios como los de Haidt & Lukianoff (2018) señalan cómo la hipersensibilidad emocional y la cancelación del conflicto impiden construir resiliencia.

Educar emocionalmente también es enseñar a tolerar lo incómodo sin huir.

Se ha normalizado que cualquier dificultad emocional sea vista como trauma, debilitando el umbral de tolerancia a la frustración.

4️⃣ Un mundo aterrador

Violencia escolar, guerras, cambio climático, pandemias, pobreza, bullying, abuso…
Las noticias llegan directo al celular, sin filtro, sin pausa.

Ese bombardeo permanente hace que muchos adolescentes pierdan la esperanza.
Sienten que el futuro es incierto, peligroso o directamente inviable. Y el cuerpo reacciona:

  • Trastornos del sueño.
  • Ansiedad generalizada.
  • Estrés tóxico crónico.
  • Conductas de riesgo.

Sin embargo, la mirada clínica requiere ir más allá. La salud mental adolescente no se resuelve con diagnósticos rápidos ni culpabilizando redes sociales. Requiere una intervención ecológica: hogares conectados, escuelas humanas, redes digitales éticas, y pediatras conscientes del nuevo paradigma emocional.

🩺 El pediatra: la primera línea (y a veces, la única)

Cuando un adolescente llega al hospital por una crisis emocional, no siempre ve primero a un psiquiatra o psicólogo. Nos ve a nosotros, los pediatras. Somos el primer oído que escucha, los primeros ojos que ven. Y eso nos convierte en una posibilidad real de cambiar el destino.

👩‍⚕️ ¿Cómo debe ser nuestro abordaje?

Con cercanía, respeto y sin miedo. No basta con ser médicos del cuerpo. Hoy más que nunca, también debemos cuidar el alma.

✔️ Escuchar sin juicio: no minimizar, no etiquetar.

✔️ Preguntar con honestidad: ¿Has pensado en hacerte daño? ¿Te sientes triste todo el tiempo?

✔️ Conversar con ellos a solas y en privado: muchas veces, lejos de papá y mamá, pueden por fin hablar.

✔️ Explicar límites de confidencialidad: “Todo lo que digas aquí es privado, salvo que crea que tu vida corre peligro. Entonces, te ayudo a buscar apoyo.”

✔️ Observar los focos rojos: autolesiones, aislamiento, insomnio, bajo rendimiento escolar, frases como “ya no quiero estar aquí”.

👨‍👩‍⚕️ Como pediatras, también educamos y acompañamos familias

Nuestra responsabilidad no termina con una receta, y va más allá de esos 15 minutos de consulta. Toca hablar con papás que no saben por dónde empezar o no entienden que está pasando. Y hay que hacerlo con firmeza, empatía y sin rodeos:  Esto no es flojera. No es inmadurez. No es solo una etapa. Brindar recursos reales: líneas de ayuda, psicólogos, psiquiatras, grupos de apoyo. Reforzar la presencia parental emocional, no solo física.

⚠️ ¿Cuándo sospechar depresión severa o riesgo suicida?

  • Dolor abdominal o de cabeza recurrentes sin causa médica clara
  • Conductas retadoras, impulsivas o agresivas
  • Consumo de alcohol o sustancias
  • Disminución en el rendimiento escolar
  • Desinterés en las cosas que antes les apasionaban

🧩 Factores psicosociales que debemos tener en el radar:

  • Bullying (digital o presencial)
  • Duelos no resueltos
  • Abuso físico, emocional o sexual
  • Enfermedades crónicas o discapacidades
  • Rechazo por identidad sexual o género
  • Falta de límites o vínculos con adultos
  • Expectativas familiares inalcanzables o nulas

👨‍👩‍👧‍👦 El papel irremplazable de papás, maestros y amigos

Ningún adolescente debería atravesar la tormenta solo. Los adolescentes requieren:

🔹 Padres presentes, disponibles emocionalmente, que escuchen sin interrumpir, sin juzgar. Así mismo es necesario acompañar a los hermanos porque ellos también sienten, necesitan contención, información, y amor.

🔹 Maestros atentos al lenguaje no verbal, a las señales, pendientes más allá de una calificación.

🔹 Amigos valientes, que pregunten: ¿Estás bien?

Los padres cargan con la culpa. Los hermanos, con el miedo. Los amigos, con el vacío. Es indispensable que también ellos reciban atención emocional especializada, para evitar una segunda tragedia.

📌 Reflexiones clave para pediatras, padres y maestros

  • No basta con evitar lo negativo, hay que construir lo positivo: relaciones humanas, propósito, límites saludables y sentido de pertenencia.
  • El adolescente necesita adultos emocionalmente disponibles, no sobreprotectores ni desconectados.
  • Educar en emociones es urgente, tanto como vacunar o enseñar a leer.
  • La salud mental no es moda ni privilegio: es una necesidad estructural para el desarrollo.

🩺 ¿Qué hacemos como pediatras, maestros, papás?

✔️ No minimices: su tristeza no es drama, es dolor real.
✔️ Pregunta con el corazón y escucha con el alma.
✔️ Observa señales: aislamiento, autolesión, cambios de conducta.
✔️ Sé un refugio, no un juez.
✔️ Y si no sabes cómo ayudar, acompaña hasta que alguien más pueda.

Como pediatras, educadores y madres/padres, tenemos una responsabilidad colectiva: acompañar, comprender y guiar, no solo medicar o regañar. La tristeza adolescente es un síntoma. El trabajo real está en el fondo.

🛠️ Recomendaciones académicas y clínicas

ÁreaAcción concreta
Consulta pediátricaIncluir tamizaje emocional en pacientes que nos den datos clínicos de depresión, ansiedad, conductas de riesgo o conducta suicida
Intervención educativaCapacitar a docentes en salud mental y educación emocional; reducir factores escolares de estrés.
CrianzaPromover autorregulación emocional, autonomía progresiva y límites con afecto.
Política públicaCampañas masivas de prevención en salud mental; regulación de algoritmos digitales nocivos.

🌱 ¿Qué podemos hacer hoy?

  • Hablar del tema. Sin miedo, sin tabú.
  • Validar el dolor, aunque no lo entendamos.
  • Observar sin juzgar.
  • Educar emocionalmente desde casa y escuela.
  • Preguntar con el corazón: “¿Qué necesitas hoy?”
  • Pedir ayuda profesional sin vergüenza.
  • Recordar que prevenir no es exagerar… es salvar vidas.

❤️ Tú puedes ser ese adulto

Ese pediatra, maestro, amigo o papá que ve lo que nadie más quiere ver.

El que sostiene cuando todos sueltan.

El que pregunta cuando otros evitan.

El que escucha sin miedo lo que duele.

Y si tú, que estás leyendo esto, también estás cansado… también puedes pedir ayuda.

Porque cuidar a otros también agota.

Y porque la salud emocional también empieza contigo.

Porque lo que no se ve… también duele.

Pero lo que se acompaña, puede sanar.

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La carga mental de ser mamá: entre la culpa, la corresponsabilidad y ese miedo de perderme en el camino.

Carga Mental en Madres Profesionales: Cómo Gestionarla

Ahora que recientemente ha pasado el día de la madre, y que festejamos a esos seres maravillosos que nos dieron la vida y nos mantienen en pie, hablemos de la Salud Mental Materna, reflexionemos las múltiples capas que componen la experiencia de ser madre. Ser madre es mucho más que criar: es gestionar, sostener, planear, contener y dentro de todo no olvidarse de nosotras mismas.

El día de hoy, quiero hablarte a ti: madre profesionista, mamá que también eres doctora, enfermera, maestra, psicóloga, abogada, emprendedora. Las que andamos corriendo todo el día para tratar de llegar a todo, estar a tiempo en la escuela, en el consultorio, llegar arreglada a la junta, a la clase de ballet, prepararnos para la guardia y avanzar en la lista de los pendientes que nunca terminan.

Ser mamá es una montaña rusa de emociones.  Los días se llenan de momentos llenos de ternura y que nos recuerdan lo felices que somos con ser mamás, pero el lado gris de ser madre es el cansancio, ese que no se quita ni al dormir y cuando tenemos vacaciones nunca nos son suficientes, porque siempre estamos pensando, si acabamos de lavar hay que doblar y guardar, o si terminamos de cocinar ahora hay q ver que sucedió en la sala mientras estábamos preparando la cena y después de esto lavar trastes.

Ser mamá, profesionista, esposa, hija, emprendedora… es como llevar muchos sombreros al mismo tiempo, intentando que ninguno se caiga y que todos combinen entre sí. Y aunque desde fuera demos la apariencia de que lo estamos logrando, adentro hay un torbellino constante: la carga mental.

La carga mental materna es esa lista enorme y silenciosa que tenemos muchas madres: pensar en el super, que hay para cocinar, preparar el uniforme, agendar vacunas, llevar a las actividades extraescolares, recordar citas médicas, organizar cumpleaños, atender berrinches y aún así dar lo mejor en el trabajo, sin dejar de ser esposas. Es la logística del hogar y de la crianza que, en la mayoría de los casos, recae en una sola persona: la madre.

Esta carga se intensifica en madres que, además, quieren ejercer su profesión con pasión y responsabilidad. Madres que aman su trabajo, pero sienten que siempre le deben algo a alguien: al hijo, al jefe, a la pareja, a sí mismas.

Lo que nadie ve y no lo decimos, pero sí sentimos.

La culpa y la carga mental: dos grandes enemigas invisibles de la crianza.

La carga mental no tiene horario ni vacaciones. Es ese trabajo y esfuerzo invisible que hacemos por recordar cada detalle del día a día, todas esas pequeñas cosas que parecieran insignificantes y que nadie ve. Y que cuando por fin estas descansando, de pilón te culpas porque tienes muchas cosas que hacer y todavía te preguntas, pero porque estoy tan cansada si hoy no hice nada.  Es pensar en todo y acompañar a nuestros hijos en sus miedos, sus necesidades, intentar validar sus emociones y abrazarlos, incluso cuando tal vez seamos nosotros las que mas necesitamos ese abrazo. Todo eso lo hacemos, mientras trabajamos, atendemos pendientes, emprendemos, soñamos.

Y eso es solo la superficie. Porque siempre está ahí la autoexigencia, la mugrosa culpa que se cuela en cada rincón, preguntándote: «¿Soy suficiente?» “¿Lo estaré haciendo bien?”, la culpa por perder la paciencia, por disfrutar mi trabajo, por querer entrar al baño con la puerta cerrada sin compañía, por seguir colechando, porque he engordado, porque no he salido a cenar con mi esposo hace meses, si hoy no me peine ni me maquille…  Esa que se culpa que siempre encuentra por donde colarse incluso cuando hacemos lo mejor que podemos:

  • Culpa por no estar siempre.
  • Culpa por trabajar y disfrutarlo.
  • Culpa por necesitar tiempo a solas.
  • Culpa por no ser la “mamá perfecta” que imaginamos.
  • Por no tener la casa de Pinterest.
  • Por no ser la familia de Instagram.

Pero aquí va una verdad necesaria: no podemos con todo, y eso está bien.

Tenemos que elegir que sombrero ponernos en cada momento y no querer cargar con todos al mismo tiempo, elegir nuestras batallas y realmente preocuparnos por lo que realmente importa.


Ser mamá y profesionista no debería ser una contradicción.

Trabajo porque me gusta, porque me mantiene activa, por mi crecimiento personal y profesional, porque necesito seguir estudiando y aprendiendo, porque me encanta lo que hago, porque también es parte de quien soy y de lo que era antes de ser mamá. Y ser mamá no queda en pausa mientras trabajo. Sigo siendo mamá cuando doy clase, cuando armo pedidos, cuando acompaño a mis pacientes… incluso cuando me siento al límite.

Por que ser mamá no entra en pausa cuando checo entrada al hospital. *No soy una mamá ausente por cumplir mis sueños*, ni tampoco soy una profesional mediocre por priorizar a mi hija, quitar mi consultorio y decir que no a ser la workaholic que algún día fui. Soy ambas, incluso cuando me parto en mil pedazos para no desaparecer en el intento. 

Algo que no quiero es perderme en la maternidad. Porque si me olvido de mí, ¿Cómo le enseño a mi hija a no olvidarse de sí misma? Porque estoy segura de que, si yo soy capaz de hacerlo, ella lo hará mil veces mejor, porque en su momento yo tuve el mejor ejemplo mi mamá, y ahora mis amigas y mis hermanas son un ejemplo de que se puede ser mama y profesionista al mismo tiempo.

Nuestros hijos no necesitan mamás perfectas. Necesitan mamás reales, humanas, que se cuidan, que se escuchan, que saben poner límites. Que también se ríen, descansan, sueñan, que piden perdón, que se equivocan y lo vuelven a intentar y se permiten no poder con todo y saben pedir ayuda.

A ti, mamá que trabaja y cría…

Tú que das el 100% en todo, aunque te sientas partida en pedacitos.

Tú que lloraste en el carro antes de llegar al trabajo y entraste con una sonrisa.

Tú que sueñas con un momento en silencio, pero piensas en tus hijos todo el tiempo.

Tú que estás cansada… pero sigues.

Te veo. Te entiendo. Estoy contigo.

Y quiero recordarte esto: decidiste ser mamá y también decidiste seguir siendo tú. No estás fallando, estás creciendo, estas evolucionado y en camino estas aprendiendo. Estás criando y construyendo tu vida al mismo tiempo. Y eso ya es muchísimo.

Conciliación: entre lo laboral y lo emocional

La conciliación entre maternidad y vida profesional sigue siendo un reto para muchas mujeres. Jornadas laborales que no son compatibles con la lactancia, con los horarios escolares, trabajos poco flexibles, ausencia de redes de apoyo y la presión de “ser buenas madres” generan un terreno fértil para el agotamiento emocional, divorcios, ansiedad, irritabilidad, insomnio o incluso depresión.

Es tiempo de hablar sin culpa de que necesitamos pausas, espacios propios, tiempos muertos y redes de apoyo reales. De que estar bien nosotras es parte esencial del bienestar de nuestros hijos.

¿Qué impacto tiene esto en la salud mental de las madres?

Cuando la culpa y la carga mental se cronifican, no solo generan agotamiento emocional y físico o Burn out, sino que también interfieren con el vínculo sano con nuestros hijos. Aparecen síntomas que requieren ayuda profesional, depresión, ansiedad, frustración y una constante sensación de “no estar haciendo lo suficiente”.

Y eso es peligroso, porque sabemos que una madre emocionalmente disponible es la suficientemente regulada para acompañar a su hijo con empatía y consistencia. Y para eso, necesitamos madres cuidadas, sostenidas, no sobrecargadas.

Como pediatra, y mamá me he dado cuenta por que ya he estado ahí:

  • Tu bienestar es tan importante como el de tu hijo.
  • Criar con culpa constante no mejora el apego, lo daña.
  • Estar presente no significa estar disponible las 24/7 sin descanso.
  • Delegar, pedir ayuda y poner límites no es egoísmo. Es salud mental preventiva.

Corresponsabilidad: no es ayuda, es justicia

Yo no sé en qué momento se consideró que la responsabilidad es de la mujer, y que nosotras podemos ser multitasking y tener 20 ventanas abiertas al mismo tiempo. La maternidad no fue diseñada para vivirse sola. Antes las mujeres vivían en tribus o comunidades donde se escuchaban y apoyaban entre ellas, ahora el ritmo de vida, la carga laboral y escolar, las distancias que nos separan de nuestras amigas, hacen que estemos siempre solas con nuestros hijos. Necesitamos hablar, y poder decirlo sin miedo, estamos cansadas y necesitamos ayuda, poder hablar de corresponsabilidad real. No se trata de que papá «ayude», sino de que comparta la carga física, emocional y mental de criar. De no tener que “pedir ayuda”, ni tener que dejar hechas listas de pendientes, o de poner recordatorios en las alexas. Se trata de que tú como papá te sepas que talla de zapatos son tus hijos, su historial clínico sin que estés llamando a mamá durante la consulta, acuérdate del nombre de sus profesores y de la mejor amiga de tu niña, ve una película con tu familia y deja el celular y el trabajo de lado.

Porque criar también es un trabajo, uno agotador, extremadamente bello, pero muy muy exigente… que no debería recaer solo en una persona.

Corresponsabilidad es:

  • Que ambos padres estén al tanto de lo que necesitan sus hijos.
  • Que papá también gestione emociones, tiempos, pendientes.
  • Que haya acuerdos, no favores.
  • Que seamos un equipo, no una jerarquía.
  • Que no se minimicen las labores domesticas y a la mujer que se queda en casa y no «trabaja».
  • Que se nos valore el doble esfuerzo que hacemos las que trabajamos.
  • Que no se nos juzgue por no estar al 100 en todo.

Porque cuando el peso se comparte, el amor fluye más liviano. Y la paciencia, ¡ahí sí alcanza para todos! 

Querido papá: esto es para ti.

Sé que amas a tus hijos. Que trabajas duro por ellos. Pero criar no es solo estar presente físicamente, económicamente y el preguntar en que ayudas. Criar también es pensar, planear, anticiparse, sostener emocionalmente a toda la familia.

Cuando tú te involucras de verdad, no solo aligeras la carga materna: te conviertes en figura de amor, de contención, de equilibrio.

Copaternar es criar juntos, no desde la ayuda, sin juzgar si decidimos trabajar y ser mamás, sin hacernos sentir culpables cuando decimos estoy cansada o cuando ese día pesado del trabajo decidimos soltar y pedir una pizza para cenar aun cuando sabemos que no es lo más saludable, cuando no nos fue posible lavar los trastes de la cena porque ya no podíamos mas. Es ver desde el amor que no pesa más de un lado que del otro.

Y no, no eres un mandilón por hacerlo. Eres un papá presente. Un compañero justo. Un hombre que educa con su ejemplo. Porque nos tocó otra generación, en la que, así como los gastos se comparten, las responsabilidades y las labores de casa también.

Y dentro de todo algo muy importante es no perdernos a nosotros 2 como la pareja de enamorados que algún día fuimos, esos que sentían mariposas en el estómago al verse, sé que nuestro amor ha madurado y que estamos en otra fase y que el enamoramiento quedo atrás hace muchos años, pero la realidad es que decidimos estar juntos y formar una familia, y algún día los hijos se irán y solo quedaremos tú y yo y lo que hallamos construido en el camino, y quien sabe algún día estaremos jubilados, viajando, descansando y muy emocionados esperando a que vengan a casa los nietos este fin de semana.


Mamá, no te olvides de ti, de quien eras y de quien quieres seguir siendo.

Así que hoy empiezo desde mí, porque yo me declaro culpable de haberme perdido en la maternidad y estoy en el proceso de volver a ser yo. Hoy haz un espacio para ti. Para reír, para respirar, para equivocarte y volver a empezar. ¡Recuerda lo que te gustaba hacer antes de ser mamá, leer, ir a la estética sin pensar en que tienes una pila de ropa por doblar, desvélate haciendo scrolling en tu celular o viendo esa serie que quieres maratonear desde hace meses, pero que no has podido por ver las series infantiles, llámales a tus amigas por teléfono y echa chisme sin interrupciones, planea un día de shopping tu sola y cómprate esos zapatos, tomate ese café y ve que sigues siendo tú!

Porque una mamá que mantiene su esencia y su personalidad lucha por sus metas y aplaude sus logros, es la mejor guía emocional y profesional que un hijo puede tener.

Y tú mereces todo eso que das: amor, respeto, cuidado y que seas tu misma la que no se olvide de consentirte a ti y que en la lista de prioridades y pendientes tu estas primero.

Hoy, te invito a: 

– *Respirar*. Aunque sea un minuto. 

– *Pedir ayuda*. Sin culpa. 

– *Celebrar* que estás criando y creciendo a la vez. 

Papá: Estás a tiempo de criar distinto. De compartir no solo los abrazos, sino también la carga, la mochila es más ligera si se comparte el peso. Porque la crianza no es una carrera en solitario, sino un camino que se hace más ligero cuando caminamos juntos y de la mano.

¿Qué podemos hacer para cuidar la salud mental materna?

  • Hablar de esto sin vergüenza.
  • Nombrar la carga mental y pedir corresponsabilidad.
  • Escuchar a la mamá cuando dice estoy cansada, necesito 5 min de silencio en mi espacio, si por que nosotras también necesitamos tener un rincón de la calma
  • Buscar redes de apoyo (reales o virtuales).
  • Delegar y soltar.
  • Validar nuestras emociones, sin juicios.
  • Poner límites sanos en el trabajo y en casa.
  • Buscar ayuda profesional si la tristeza, el cansancio o la ansiedad no se van.

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Entendiendo a los adolescentes y su cerebro para acompañarlos y comprenderlos mejor.


Los adolescentes a los ojos de los adultos, nos parecen rebeldes e impulsivos. Pero te has puesto a pensar como es que tu niño ahora se comporta así, vamos a hacer una revisión de como funciona el cerebro del adolescente desde el punto de vista de la neuropsicología y la pediatría, y con esto intentaremos darnos una idea de como podemos acompañarlos, comprenderlos en casa, la escuela y en nuestro consultorio.

El cerebro adolescente… está en remodelación y construcción

Probablemente te has preguntando, por que reacciona con tanta intensidad por que cambia de humor en minutos y es tan impulsivo. Considerándolos rebeldes, cuando realmente es parte de un proceso de maduración fascinante del cerebro del adolescente.

Recuerdas a tu niño de 3 años, aquel chiquito que dejo de ser bebé para convertirse en niño, que hacia rabietas por todo y que lloraba porque quería el vaso azul y no el rojo. Al igual que ellos los adolescentes están en el proceso de aprender a razonar sus actos y sus consecuencias, están pasando por cambios emocionales, físicos y hormonales para convertirse en adultos.

Desde la neurociencia, la neuropsicología y la pediatría, hoy sabemos que el cerebro adolescente está pasando por una de las etapas de mayor transformación desde la infancia. Entender esto es clave para acompañarlos con empatía, respeto y firmeza.


🔍 Pero…¿Qué está pasando en su cerebro?


A grandes rasgos el cerebro del adolescente pasa por varios cambios entre ellos:

  • Poda sináptica: Elimina las conexiones poco usadas para fortalecer las mas eficientes
  • Alta plasticidad: Tienen una capacidad de aprendizaje y adaptación altísima, y vulnerabilidad emocional.
  • Desfase de maduración: Al no tener aun la corteza prefontal bien desarrollada, por lo que las emociones (sistema límbico) mandan antes que la lógica (corteza prefrontal/razón y control de impulsos)


Resultado: reaccionan desde la emoción, no desde la lógica. Esto no significa que sean irracionales, sino que su capacidad para anticipar consecuencias o regularse aún está en proceso.

🧠 Esto explica por qué sus decisiones no siempre son racionales, aunque lo parezcan desde su perspectiva.

Al revisar bibliografía sobre el desarrollo socioemocional del adolescente podemos ver que los niños y adolescentes pasan por varias fases de maduración cerebral, ahora que tenemos a la mano redes sociales, audiolibros, libros digitales, conferencias que dan psicólogos y pediatras al otro lado del mundo, o incluso en nuestra misma ciudad, podemos consultar a neuropsicólogos y psicólogos especialistas en adolescentes solo a través de Zoom y leer sus publicaciones al día. La gran mayoría de los que nos dedicamos a la salud de los niños estamos preocupados y tratamos de mantenernos al tanto sobre la salud mental de los adolescentes, tenemos como fin común ayudar a los adolescentes, esta etapa de la infancia olvidada, rechazada y tan compleja.

Los adolescentes cuando son bien acompañados desde la infancia con amor y respeto pueden pasar por esta etapa de una manera mas amigable para ellos y para los que cuidamos de ellos y no tienen por que ser como aquellos de las series de televisión o lo que menos quisiéramos como los adolescentes de las noticias.

Elige bien a quien escuchas sobre las opiniones de tu crianza.


Mis influencers favoritos tienen miles de followers, y no no hacen reels que son tendencia, ojalá asi fueran y mis adolescentes de consulta tendrian una mejor comprensión de sus padres y sus pares. Mis españoles favoritos son muchos!, pero en este ambito a los que mas sigo son Alvaro Bilbao y Rafael Guerrero ambos neuropsicólogos españoles a los cuales se suman Lucía Galán mi pediatra mi sensei en la que me he inspirado para cambiar mi forma de ser pediatra desde que soy mamá, David Bueno un biólogo y genetista español, especializado en el desarrollo del cerebro de las especies, y a ellos se agrega el Dr Daniel Siegel medico psiquiatra estadounidense apasionado por el cerebro del niño y del adolescente. Todos tienen paginas en instagram, libros y publicaciones de fácil acceso en caso de que quieras profundizar mas en el tema. Yo confieso qué cada día me hago más adicta en escucharlos en podcast y encargar sus libros desde el otro lado del charco.

Integrando sus reportes:

  • Rafael Guerrero: tiene libros para padres e hijos en los que nos habla de 4 niveles del cerebro (Reptiliano, Límbico, Neocórtex, Prefrontal). En sus libros nos habla desde lo mas sencillo para que los pequeños puedan comprender sus emociones y sentimientos, a lo mas científico, pero siempre con un lenguaje muy accesible
  • Álvaro Bilbao: Experto en crianza y neurodesarrollo, neuropsicólogo el cual tiene un libro en el que trata de explicarnos el cerebro del niño a los padres, dando un enfoque en el cerebro rojo (emociones), verde (razón) y azul (autocontrol).
  • David Bueno: Biólogo genetista tiene una perspectiva neuroeducativa y del desarrollo cerebral mas compleja y científica.
  • Daniel Siegel: padre de la descripción del cerebro “de la palma de la mano”, en el cual nos explica que el cerebro tiene una integración vertical y horizontal, ventana de tolerancia. Así mismo nos habla de las neuronas espejo y de como nuestros instintos e impulsos se descubren cuando nos sentimos en peligro o amenazados.

Y pues si no es secreto que mis favoritos son españoles!!!

El cerebro del adolescente

Y bueno entonces como funciona el cerebro del adolescente, de manera simplista y sin entrar en detalles anatómicos, el cerebro del adolescente tiene 4 partes principales

1. El cerebro reptiliano menos dominante encargado de las funciones básicas y el instinto de supervivencia, reacciona ante amenazas o estrés.

2. Límbico hiperreactivo, es el que les da la intensidad emocional, búsqueda de placer, conexión social , es muy sensible al rechazo.

3. Neocórtex más activo, encargado de toma de decisiones y razonamiento lógico, pero aun inmaduro por lo que necesita a su padres para apoyo

4. Corteza Prefrontal en construcción hasta los 25 años o incluso mas. La parte mas inmadura aún, se encarga de procesos como autocontrol, planificación, conciencia de consecuencias, aún están en desarrollo. Es a lo que Alvaro Bilbao le llama el Cerebro azul intentando activarse.


No es rebeldía: es búsqueda de identidad


Los adolescentes tienen una gran conexión con sus pares, en el camino de la búsqueda a su identidad, están explorando quiénes son, necesitan validación, autonomía y saber que se pueden equivocar sin perder tu amor.

El adolescente está construyendo su sentido de sí mismo. Necesita:

  • Sentirse visto y validado.
  • Explorar sin ser juzgado.
  • Conocer sus límites, pero con amor.
  • Saber que puede equivocarse y seguir siendo valioso.

Cuando respondemos con gritos, castigos o indiferencia, solo reforzamos la desconexión emocional. En cambio, si los acompañamos desde la comprensión, su cerebro se moldea con más salud emocional. Al adolescente no le gusta sentirse prisionero, ni interrogado, ni hostigado o asfixiado, a veces solo con tu presencia y escucha activa es suficiente, saber que estas ahí para el. Volvemos a ese niño pequeño de 3 a 6 años que solo te gritaba mamá desde otro cuarto para saber que aun estabas ahí. Aunque te escuchara lavando trastes o supiera que estabas en una llamada telefónica. Así tus adolescentes solo necesitan saber que estas ahí.

Padres y maestros: aliados, no enemigos


  • Algunas claves para una crianza y educación más empática:
    – Escucha sin juicio, se que en este momento, te parece que tu adolescente llora por tonterías, que se preocupa por cosas que no tienen importancia, pero para el son sus mayores motivos de ansiedad o de preocupación. A la mejor te parece que exagera al emocionarse tanto por un artista o por un torneo escolar, pero es que es así. Necesita un adulto que lo acompañe en sus fiestas y sus tristezas, que lo escuche sin sermones ni juicios. Lo que para ti es “exagerado”, para ellos puede ser inmenso.
  • Requiere de un adulto que valide sus emociones sin minimizarlas. 💡 Lo que no se nombra, se actúa. Ayúdales a identificar lo que sienten. “Entiendo que estés enojado” te abrira más puertas que un “¡Ya cálmate!”.
  • Pon límites con sentido: No se trata de permitir todo, sino de explicar el porqué de las reglas. Recuerda que aun no tienen bien claras las consecuencias y los adolescentes requieren límites y estructura.
    – Sé un modelo de regulación emocional, como quieres que tu hijo no explote si tu siempre gritas, como quieres que te platique si siempre le dices luego me cuentas, o estas pegado a tu celular. Piensa y ve en un espejo como actuas tu con el y como te gustaría que el actuara contigo. La manera en la que tu te comportas en tu día a día, impacta más que lo que dices.


El rol del pediatra en la adolescencia


Como pediatras, tenemos la oportunidad de ser un puente entre el adolescente, su familia y la escuela. Desde la consulta, la hospitalización o incluso una urgencia psiquiátrica, podemos:

  • Escucharlo directamente: Darle voz sin intermediarios. Dirigete a ellos, voltealos a ver mientras tecleas el interrogatorio en la computadora, sonrieles, llamales por su nombre y preguntales como se sienten.
  • Detecta señales de malestar emocional: autolesiones, irritabilidad persistente, aislamiento, migrañas, cambios en el peso, bajo rendimiento escolar, mala higiene y cuidado personal, observa más allá de lo que los padres te dicen.
  • Educar a los padres: Muchas conductas tienen una base neurobiológica, no son actos de desafío. Respeta la autoridad de los padres pero también dales una orientación sobre cómo acercarse a su adolescente y trata de guiarlos como mejorar la comunicación y la crianza. Si otra vez…. Acuérdate cuando te llevaban al niño de 6 meses y le enseñaste como iniciar la ablactacion a esa mamá primeriza, como orientaste a la mamá del niño con trastorno del lenguaje y como explicaste a ese papá perdido en el mar de preguntas que llevaba anotados en un papelito, así como les explicaste a ellos punto por punto y a detalle. Ese papá está perdido en como afrontar la adolescencia y como sobrellevar el duelo de que su niño ha crecido.
  • Acompañar con empatía: En urgencias, contener en lugar de juzgar; en hospitalización, respetar su autonomía.

Acompañar, no controlar

Recordemos: el adolescente no necesita un adulto perfecto, sino un adulto disponible. Que sepa, sostenerlo sin invadir, y guiarlo sin quebrarlo, le marque un límite claro y lo mire sin miedo ni rechazo.


Porque los adolescentes no son un problema que resolver, sino un potencial que acompañar.


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Publicado en Adolescencia, Salud Mental

A mi yo adolescente: ¡¡¡Lo logramos!!!

Hola Skarlett, te escribo desde los 46 años que tienes hoy. Te escribo para contarte que a pesar de que hoy te sientes confundida entre emociones, tu cuerpo, la escuela, las situaciones familiares, me gustaría que supieras que todo eso que hoy te pesa no será para siempre.

Superando el Bullying: Un Mensaje de Esperanza

Sé que ahora todo te parece complicado, las emociones te abruman y el mundo se siente como un lugar hostil. Te entiendo, porque lo viví contigo. Creces en un cuerpo que aún no terminas de aceptar, rodeada de comentarios que duelen y compañeros que te ponen apodos y te molestan. Pero quiero que te detengas un momento y escuches esto: nada de lo que te digan otras personas define quién eres o quién vas a ser.

Esos compañeros que hoy te molestan, te hacen sentir menos y te cuestionan, desaparecerán con el tiempo. Han pasado más de 20 años y no he vuelto a verlos. ¿Sabes quién sí sigue aquí? Tú, con tu fuerza, tu perseverancia y resiliencia y todo lo lograste gracias a ser como eres. Lograste tus sueños, te convertiste en una mujer con una carrera, una familia y una vida que, aunque llena de altibajos, sigue adelante con determinación y esperanza. No cambies por encajar, porque un día te darás cuenta de que ser diferente es lo que te llevó lejos.

Sé que muchas veces sientes que eres rara y diferente, que te faltan amigos y que, por más que quisieras, el amor no parece llegar. Piensas que no tener novio o esa conexión con alguien especial significa que algo está mal contigo. Pero déjame decirte algo muy importante: no hay nada mal contigo. Lo que hoy ves como ausencias, mañana serán elecciones conscientes. Llegará el amor en el momento justo.

Es verdad que no tienes muchos amigos, pero los que tienes son reales, de esos que te acompañan de corazón, aunque no sean muchos. Aprende a valorar eso, porque más adelante entenderás que la calidad siempre será más importante que la cantidad. Además, ¿sabes quiénes han sido tus mayores aliadas sin que a veces te des cuenta? Tus hermanas. Esas compañeras de juegos, peleas y risas. Son tu refugio y siempre lo serán, incluso cuando la vida las lleve por caminos diferentes. Esas tardes jugando con ellas y los secretos compartidos serán recuerdos que atesorarás siempre.

Tu cuerpo… ah, cómo te cuesta aceptarlo, ¿verdad? Hoy te ves flaca y te da inseguridad. Pues déjame contarte que ese cuerpo, con el tiempo, cambió. Ganaste unos kilos, y sí, ahora te quejas de la lonjita, la panza que asoma, pero aprendiste a ver más allá. Tu cuerpo te ha llevado a lugares que nunca pensaste conocer, y lo que siempre soñaste!!! te permitió la oportunidad de ser mamá, te dio a tu hija. Agradece cada marca, cada estría, cada cicatriz, cada transformación, porque eres más fuerte gracias a él. Esos brazos que hoy te parecen débiles, se volvieron el refugio de tu hija. Aprende a amar y cuidar ese cuerpo porque, aunque no lo creas ahora, será tu aliado.

El divorcio de nuestros papás dolió, lo sé. Pero, con el tiempo, aprenderás a encontrar estabilidad dentro de ti. De esa etapa surgirán dos cosas importantes: tu fortaleza y el lazo con mamá. Mamá siempre estuvo ahí, aun cuando parecía que nadie más podía entenderte. Con amor y paciencia, te llevó a terapia en un tiempo donde la salud mental no era tema común. Rompió tabúes y te apoyó incondicionalmente, incluso cuando tú no sabías cómo seguir adelante. Gracias a ella estás aquí, convertida en una mujer resiliente, plena y con el corazón lleno de gratitud. Mamá es y será siempre nuestro faro en la tormenta. Y tu papá no se irá, el siempre estará ahí, te seguirá llevando día con día a la preparatoria, a la universidad y hoy compartes momentos con el como un gran abuelo al lado de tu niña.

Y claro, no puedo dejar de mencionar a tu tía Lory. Su cariño y su presencia dejaron una huella enorme y fueron un pilar en nuestra vida. La extraño, pero cada recuerdo que nos dejó es un tesoro.  Su amor, su presencia y los momentos compartidos que nos dejó serán siempre un refugio en los días grises.

Y hablando de grandes figuras en tu vida, ¿Cómo no pensar en Pepe? Tu abuelito, ese hombre tan inteligente, que tiene respuestas para todo, siempre con una palabra sabia y acertada. Pero lo que más te impacta de él no es sólo su mente brillante, sino la ternura con la que te mira, el cariño con el que te escucha, la forma en que sabe hacerte sentir especial con pequeños gestos. Cada momento con él es un regalo, y aunque no estará físicamente por siempre, su presencia y su ejemplo vivirán en ti toda la vida.

Así que respira profundo, porque, aunque hoy todo parezca un caos, lo mejor está por venir. Vas a batallar, tampoco voy a mentirte, la vida de adulto no es fácil, y hay cosas más complicadas por vivir, sufrirás y al final llegaras a conocer el amor, a construir una familia, a cumplir sueños que ni siquiera te has imaginado. Tus amigos serán pocos, pero valdrán oro. Tus hermanas seguirán siendo tus compañeras de vida. Y tus estrellas en el cielo y tu mamá siempre estarán contigo, de una forma u otra, acompañándote en cada paso que des.

Sé que ahora te sientes pequeña, sola y confundida, pero quiero que sepas algo: lo lograste. No sólo sobreviviste al bullying, los complejos y el caos familiar, sino que floreciste. Lograste convertirte en mamá, esposa, en doctora y emprendedora, y aunque el camino sea difícil, estarás orgullosa de lo que has logrado. Cada herida sanada y cada lágrima derramada fueron necesarias para construir la persona que soy hoy: tú, más fuerte, más plena y agradecida con la vida.

Confía en ti, confía en los que te aman, respira y sigue adelante. Lo mejor aun está por venir y aun aquí a los 46 años se que siguen procesos complicados que superar, muchos países por conocer, experiencias por vivir. No te exijas tanto, date la oportunidad de equivocarte y de aprender de los errores.


Con todo mi amor.
Tu yo del futuro

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El Papel del Pediatra en el Desarrollo Emocional Infantil: Más Allá del Cuidado Físico

Como papás pensamos en el pediatra y solemos imaginar al profesional que mide, pesa y vacuna a los niños, al que cuida al niño con fiebre, diarrea o tos. Sin embargo, nuestro rol va mucho más allá de la atención física. Cuando somos el pediatra de cabecera de la familia, nos convertimos en los “tíos postizos”, en el amigo de confianza para los papás y en alguien cercano a la familia, y también poco a poco nos ganamos la confianza de ese pequeño bebé convertido en adolescente, nos encariñamos con nuestros pacientes y nos emociona verlos crecer y festejar sus logros, pero también los acompañamos en sus luchas internas, en los procesos de transición y adaptación por cada etapa.

Hoy más que nunca, la salud mental infantil y adolescente ocupa un lugar central en nuestras consultas. Trastornos como la ansiedad, la depresión o los problemas de conducta y trastornos alimentarios están en aumento, muchas veces manifestándose de forma sutil, a través de cambios en el sueño, el rendimiento escolar o incluso problemas físicos recurrentes sin una causa aparente. Y es ahí donde nuestra responsabilidad como pediatras nos coloca en una posición privilegiada: ser los primeros en detectar y guiar a las familias hacia un cuidado emocional integral. Sin embargo, esta área de la salud a menudo se encuentra estigmatizada, incomprendida y subatendida.

¿Por qué es tan importante cuidar la salud mental de niños y adolescentes?

La salud mental es como la base de una casa: si está fuerte, todo lo demás puede construirse mejor.

En la niñez y la adolescencia, es especialmente importante porque es cuando los chicos aprenden a manejar sus emociones, convivir con otros y a pensar de forma más compleja.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 10 % y el 20 % de los adolescentes lidian con problemas de salud mental, y muchos de ellos comienzan antes de los 14 años. Pero, lamentablemente, muchas veces no reciben la ayuda que necesitan por culpa del estigma, la falta de servicios adecuados o poco apoyo en su entorno.

¿Qué está pasando con la salud mental en jóvenes?

Datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) y UNICEF muestran algo preocupante: cada vez más adolescentes sufren ansiedad, depresión o incluso piensan en el suicidio. La pandemia de COVID-19 agravó las condiciones de salud mental de niños y adolescentes, provocando un aumento en la incidencia de depresión, ansiedad, trastornos del sueño y alimentarios, así como ideación e intentos suicidas. Estadísticas recientes muestran un incremento preocupante en los intentos de suicidio, especialmente entre mujeres adolescentes, y señalan un acceso limitado a servicios especializados como una barrera crítica para la atención.

Atención Temprana: Una Oportunidad Única

La detección precoz es pilar para la salud mental infantil, debemos observar indicios de alarma incluso antes de que los padres lo noten, nuestra función va más allá de solo identificar el problema, si no también convertirnos en guías y aliados para la familia. En el momento que tenemos una sospecha diagnostica acompañar a los padres en el proceso, brindarles herramientas, ofrecerles un espacio seguro para expresar sus dudas y emociones. La afectación en la salud mental de un niño o adolescente es un proceso complicado para todo el entorno familiar, siempre hay sentimientos de culpa, incertidumbre, negación y rechazo al diagnóstico e incluso aun cuando el paciente ha sido valorado por múltiples especialistas y se han realizado pruebas o evaluaciones los pacientes se sienten invadidos en su espacio personal, los padres se muestran renuentes a iniciar el manejo con medicamentos o incluso a la necesidad de hospitalización de ese pequeño. Y es aquí donde nuevamente expresar nuestra empatía y dar información clara se vuelve indispensable.

Institucionalmente nos vemos rebasados en el numero de consultas de salud mental, el tiempo asignado para cada consulta es mínimo para brindarle una atención adecuada, el sistema de salud publica no ha sido actualizado a los nuevos motivos de consulta, considerando 15 min por paciente, cuando ese paciente requiere de toda nuestra atención y comprensión, y tal vez sea la única vez que lo veamos en el consultorio, porque la próxima valoración puede ser en urgencias por un intento suicida o por un desequilibrio metabólico o una sobredosis.

Los procesos administrativos y el incremento en el número de pacientes sin modificaciones en la plantilla de médicos especialistas, el no contar con los suficientes hospitales psiquiátricos infantiles en el país,  hacen que las valoraciones por especialistas y subespecialistas  sean muy diferidas en tiempo, incluso con citas 1 vez cada 6 meses o rechazos en el sistema por trámites burocráticos, firmas, sellos y autorizaciones, haciéndolo aún más complicado para  los padres y los pacientes que se encuentran en el camino de la aceptación, llevándolos a rendirse  y no continuar con el manejo terapéutico en muchas ocasiones. Aunado a todo esto hay un rango de edad en el que el adolescente pierde derechohabiencia si no continua sus estudios y no labora y queda desprotegido.

Al menos en hospitales de segundo nivel no contamos con una adecuada atención psicológica, no tenemos psicólogos infantiles, neuropsicólogos y ni hablar de paidopsiquiatras. Los pacientes pediátricos son atendidos por especialistas de adultos, mientras esperan la autorización o la cita subsecuente en paidopsiquiatría. Por lo que es de suma importancia que como pediatras nos involucremos mas en el tema de atención a la salud mental, nos preparemos de manera continua y también sepamos manejar nuestras propias emociones.

Personalmente en más de alguna ocasión me he visto afectada por la situación de algún paciente en particular, llorando al llegar a casa después de terminar la consulta, sintiendo la necesidad de abrazar a ese paciente que se siente solo o dándole la mano a esa madre a la que nadie le ha preguntado ¿y usted como esta?

También nosotros requerimos el apoyo y la atención de colegas para el manejo de nuestras propias emociones, al sentir la impotencia de no poder hacer mas de lo que quisiéramos por ese niño, saber las condiciones de pobreza, maltrato infantil, abuso o abandono y ver como ese niño pide ayuda y saber las limitaciones del sistema y ver que hay cosas que están fuera de nuestras manos.

Empatía y Rapport: Construyendo Puentes de Confianza

Cada niño que llega a consulta trae más que un síntoma físico; trae su mundo emocional, sus miedos y sus inquietudes. Desde la primera consulta es importante establecer una relación basada en la confianza y el respeto.

El rapport, ese puente emocional entre médico y paciente, el pediatra debe no solo limitarse a hablar con los padres como portavoces, sino también conectar con los niños, convertirnos en alguien en quien ellos confíen y que ellos sepan que estaremos ahí para escuchar, cuidar y curarlos. Un pediatra no debe ser alguien que inspire miedo o que cuando el niño o adolescente vaya a consulta se sienta juzgado o regañado por otro adulto más.

Escuchar sus palabras, validar sus emociones y hablarles en un lenguaje que puedan comprender no solo refuerza su autoestima, sino que les enseña que sus sentimientos importan. Esto, en muchas ocasiones, abre la puerta para identificar y abordar problemáticas emocionales que podrían pasar desapercibidas.

Escucha Activa: Más que Oír, Comprender

La escucha activa implica más que prestar atención a las palabras de los niños o sus cuidadores. Es un compromiso de comprensión profunda. Al observar gestos, actitudes y respuestas no verbales, podemos captar mucho de lo que no se dice. A menudo, un niño no encontrará las palabras para expresar lo que siente, pero lo hará a través de su comportamiento o sus interacciones.

Como pediatras, al escuchar activamente y fomentar un espacio libre de juicio, creamos una base sólida para explorar las emociones y las necesidades del niño. Además, esto fortalece la confianza de los padres y fomenta un trabajo en equipo para apoyar al menor.

Manejo Interdisciplinario: Una Red de Apoyo Integral

La salud mental rara vez puede abordarse de manera aislada. Requiere la colaboración de un equipo interdisciplinario compuesto por psicólogos, psiquiatras, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, maestros, y, por supuesto, la familia.

En este contexto, el pediatra desempeña un papel fundamental como el punto de enlace entre el niño, su familia y los demás especialistas. Al coordinar esfuerzos, aseguramos que cada pequeño reciba una atención integral que abarque todas las áreas de su vida: física, emocional y social.

¿Qué podemos hacer?

Aquí algunas ideas para marcar la diferencia:

  1. Detectar a tiempo y brindar atención accesible: Incluir evaluaciones sencillas durante las consultas pediátricas ayuda a identificar signos de alerta, como problemas para dormir, cambios de ánimo o bajo rendimiento escolar.
  2. Crear redes de apoyo comunitarias: Los esfuerzos no deben quedarse solo en el consultorio. Hay que trabajar junto con escuelas, familias y grupos sociales para que los niños y adolescentes tengan entornos que los hagan sentir seguros y apoyados.
  3. Enseñar habilidades emocionales: Los pediatras pueden ser aliados para enseñarles a los niños y a sus familias cómo manejar sus emociones, fortalecer su resiliencia y construir relaciones sanas.
  4. Hablar abiertamente sobre la salud mental: Romper con el estigma es clave. Es hora de dejar de ver la salud mental como un tabú. Hablar de esto de forma natural ayuda a reducir el estigma y abre puertas para que más personas busquen ayuda sin miedo.

Una Huella para Toda la Vida

La intervención temprana en la salud mental de los niños no solo impacta su presente, sino que define su futuro. Un niño que recibe el apoyo adecuado en sus primeros años tiene más probabilidades de convertirse en un adulto resiliente, con habilidades emocionales sólidas y una mejor calidad de vida.

Ser pediatra es mucho más que diagnosticar y prescribir. Es ser testigo de las risas, los miedos y las dudas de quienes están en una etapa llena de cambios. Nuestra empatía no solo genera confianza; da el mensaje de que nadie está solo en esto.

Al final del día, cuando un niño o adolescente siente que hay un adulto que los comprende, un papá que recibe orientación en lugar de juicio, o una familia que entiende la importancia de cuidar la salud mental, estamos sembrando la semilla de un bienestar que trasciende generaciones.

Como pediatras, somos aliados en cada paso de ese camino y debemos entender que curar no solo se trata de sanar un cuerpo, sino también de acompañarlos en sus emociones.

Si queremos un futuro lleno de adultos saludables, cuidar la mente desde la infancia no es solo una opción, es un derecho y una responsabilidad que compartimos todos.