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Ir a terapia no te hace débil: Mi viaje, de la adolescencia a la maternidad

Un acto de valentía, No de fragilidad: Desmontando el estigma

Durante años, la conversación sobre la salud mental ha estado atrapada en un estigma injusto. Como pediatra, lo he escuchado en la consulta, y como paciente, lo he sentido en carne propia. Frases como «y para que vas con el psicologo, si tu estas bien», “yo no estoy loco”, “solo los débiles van al psicólogo”, o “no necesito terapia, puedo solo» «si tomas medicamentos te vas a hacer adicto» han sido el muro que nos impide buscar ayuda. Pero la realidad es otra, y es hora de decirlo en voz alta: ir a terapia es un acto de autocuidado, madurez y amor propio.

Es tan fundamental como llevar a nuestros hijos al pediatra, ir al dentista para una revisión o acudir al nutriólogo. Solo que, en este caso, el órgano que cuidamos es el más complejo y vital de todos: nuestra mente. La terapia psiquiátrica o psicológica no es una herramienta exclusiva para «casos graves» o diagnósticos psiquiátricos; es un espacio de crecimiento para cualquiera que desee conocerse mejor, mejorar sus relaciones, poner límites sanos o, simplemente, aprender a gestionar las emociones que nos hacen humanos: la ansiedad, la tristeza, la culpa o el enojo. Estas emociones no son debilidades; son la brújula de nuestra vida interior.

  • Mi Propio Camino: De la Adolescencia Silenciosa a la Sobrecarga de la Maternidad

Mi primer contacto con la terapia no fue dramático, sino silencioso. Yo era de esas niñas que pasaban desapercibidas, que no daban conflictos, siempre con buenas calificaciones, pero que por dentro cargaban un peso enorme. En la secundaria, mi mamá, con esa intuición que solo tienen las madres, notó mi conducta. No había un diagnóstico formal, pero sí una dificultad real para adaptarme a la adolescencia y, sobre todo, para transitar el divorcio de mis padres. Aquella psicóloga amiga de la familia fue mi primer salvavidas, recibi terapia persona y grupal, enseñándome que pedir ayuda no solo estaba permitido, sino que era la única forma de avanzar.

La vida me llevó a la universidad, y con ella, a la residencia médica. Fue ahí donde la sobrecarga, la competencia, los turnos interminables y la exposición constante a la enfermedad y la muerte hicieron que mis síntomas volvieran con una fuerza abrumadora. Fue mi primera vez tomando medicación, un paso que, aunque necesario, me hizo sentir frágil y con miedo a ser señalada. Sin embargo, ese proceso me enseñó una lección crucial: la salud mental debe ser tomada de manera formal y seria.

Luego, como muchos, la he dejado y retomado en repetidas ocasiones, creyendo que estaba mejor y envuelta en la rutina del trabajo y las actividades diarias. La vida me ha llevado a entender que la terapia no es un lujo o una solución temporal, sino una necesidad constante.

La pandemia, con su miedo a la muerte y la brutal sobrecarga laboral, fue un recordatorio de que, incluso como médicos, somos humanos y necesitamos apoyo.

Hoy, como pediatra y madre, entiendo que el acompañamiento terapéutico es doblemente fundamental:

  1. Para los profesionales de la salud: Nuestro trabajo diario nos expone a situaciones límite. Requerimos acompañamiento regular para procesar el dolor, la frustración y el burnout que son inherentes a nuestra profesión.
  2. Para las madres: Es vital para manejar la carga mental que implica ser la madre, esposa y profesionista. La terapia me ha ayudado a desmantelar la culpa materna y el prejuicio de querer ser perfecta, permitiéndome criar desde un lugar de mayor paz y empatía.
  • La Terapia en la Infancia: Una Brújula para la Crianza

Desde mi consultorio, veo a diario cómo el sufrimiento emocional se manifiesta en el cuerpo de los más pequeños: dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, insomnio, irritabilidad. El cuerpo de un niño grita lo que su mente aún no puede nombrar. Por eso, el acompañamiento psicológico en la infancia y adolescencia es una inversión temprana que puede transformar su trayectoria emocional.

Es nuestro deber, como padres y profesionales, desmantelar los mitos que nos impiden buscar ayuda para ellos:

EtapaMito FrecuenteLa Perspectiva Real y Profesional
Infancia«Es muy pequeño, se le pasará solo.»Falso. Los niños sienten antes de entender. Los síntomas son señales de alerta que requieren validación y acompañamiento. Lo que no se atiende, se agrava.
 «No quiero que lo etiqueten.»El diagnóstico es una brújula. Nos da un mapa para entender mejor a nuestro hijo y acompañarlo con las herramientas adecuadas. No es una condena, es una guía.
Adolescencia«Mi hijo no quiere hablar, el tiempo lo arreglará.»El tiempo no cura lo que se silencia; solo lo entierra. La adolescencia es un caos interno de cambios cerebrales y sociales. La terapia ofrece un espacio neutral y sin juicio para poner orden.
 «Debería confiar en mí, no en un extraño.»El terapeuta no reemplaza la figura parental, la fortalece. El adolescente necesita un espacio donde pueda hablar sin miedo a las expectativas o al juicio familiar.
Adultez«Ya estoy grande para cambiar.»Nunca es tarde. La neuroplasticidad cerebral permite el aprendizaje y la sanación a cualquier edad. La terapia es el motor de ese cambio.
 «Solo necesito fuerza de voluntad.»La fuerza de voluntad no es suficiente contra el trauma no resuelto o el agotamiento emocional. La terapia nos enseña a usar nuestra fuerza con inteligencia emocional.
  • Encontrar a Tu Compañero de Viaje: La Importancia del Rapport

Mi paso por diferentes terapeutas me dejó una enseñanza invaluable que comparto con mis pacientes: no todos los terapeutas son para ti, y eso está bien.

He aprendido que cada profesional tiene su estilo, su corriente y su escuela, y no siempre se acomodan a la situación que estás viviendo en cada momento. Es como un par de zapatos: tienes que buscar con cuál te sientes más cómodo, con cuál tienes más rapport (esa conexión de confianza y empatía) y cuál tiene la experiencia específica para tus necesidades. No te rindas si el primero no funciona; la clave es encontrar a ese compañero de viaje que te haga sentir seguro para mirar hacia adentro.

  • Romper el Ciclo: Sanar para que No Duela Más

La terapia no es una varita mágica, pero sí es una brújula poderosa. No borra el pasado, pero te enseña a caminar con él sin que te arrastre. En terapia, no se trata de buscar culpables, sino de darle voz a lo que no la tuvo.

Cuando tú, como madre o padre, decides sanar, rompes cadenas invisibles. Sanan tus hijos, aunque no entiendan por qué. Porque empiezas a hablar, a validar sus emociones, a mirar diferente. Porque eliges conscientemente no repetir lo que te dolió en tu propia infancia.

Ir a terapia no es rendirse, es liberarse. Es hacer las paces con tu historia para transformar tu presente y el futuro de quienes vienen después. Es la mayor muestra de amor que puedes darle a tu familia.

¡Tu Historia de Valentía Comienza Hoy!

¿Estás dudando si ir o no? Este es tu recordatorio: hazlo!!. Es el acto de amor propio más valiente que puedes regalarte.

Sigamos Juntos en Este Camino de Crianza y Autocuidado

Gracias por acompañarme en este viaje personal. Abrir mi corazón sobre parte de mi experiencia con la terapia, esperando que tú también te permitas la valentía de cuidarte.

Si este artículo resonó contigo, te invito a compartirlo con esa persona que sabes que lo necesita. Juntos podemos seguir rompiendo el estigma sobre la salud mental.

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🧠💔 ¿Por qué un adolescente podría querer morir?

Comprendiendo lo que nuestros adolescentes no se atreven a decirnos.

✍🏻 Por Dra. Skarlett Ruelas – Pediatra, mamá, maestra y aprendiz del mundo emocional de niños y adolescentes.

Pensar en por qué sucede y atreverme a escribir esto es difícil sin sentir un nudo en la garganta. Sin pensar en las caritas de los niños que llegaron a la atención en urgencias por crisis de ansiedad, intoxicación con medicamentos, intento de asfixia o autolesiones. Niños y no tan niños desde los 11 a los 17 años, con familias de todo tipo, estratos socioeconómicos, grados escolares, pero todos en común padres consternados por no haberse dado cuenta de que algo estaba mal con su hijo.

Como pediatra he escuchado todo tipo de historias, durante las hospitalizaciones prolongadas, de esos adolescentes que tienen una mirada que poco a poco me he enseñado a distinguir. Adolescentes que físicamente parecen casi adultos, pero al sentarme a escucharlos y preguntarles desde el corazón ¿Cómo estás? Y decirles estoy aquí para escucharte, se transforman en niños frágiles y vulnerables, muchachos de 1.80mt de estatura que al final de una conversación te dan un abrazo, niñas que te cuentan lo que a nadie se han atrevido a decirles, al solo darles unos minutos de escucha activa, atención y confianza. Estas historias y los niños que están detrás de ellas me han hecho llegar hasta donde estoy hoy, una pediatra que lucha por la empatía y la sensibilidad de mis residentes hacia esos niños, aprender a no juzgarlos, escucharlos y acompañarlos, perder el miedo a los adolescentes y ver que ellos necesitan la misma o más atención que el neonato prematuro o el niño con cardiopatía compleja. He realizado un esfuerzo extra en mis horas libres, mis noches y he empezado a estudiar un poco sobre ellos, para brindarles lo mejor de mí. Estos últimos meses les he transmitido un poquito de lo que he aprendido a los residentes sobre temas de psicología infantil, psiquiatría, puericultura y el desarrollo del cerebro del adolescente, esperando haber logrado mi objetivo y sembrar en ellos una semillita de curiosidad y empatía hacia los adolescentes.

Como mamá, hay días en los que llego a casa y lo primero que hago es abrazar fuerte a mi hija para que me llene de energía y transmitirle que siempre estaré para ella, llamar a mi sobrino que es mi adoración, pensando en todos los chicos que no tuvieron un abrazo a tiempo y que no se sentían acompañados en esos momentos difíciles, incluso pensando en mí misma cuando era adolescente, agradeciendo la presencia de mi mamá en todas las etapas más grises de mi vida, y pienso en como yo podría haber sido una de esas niñas con cutting de no ser porque ella siempre estuvo conmigo y detecto los focos rojos a tiempo.

Como profesora, he visto a mis residentes enfrentarse con impotencia al dolor emocional, al no saber cómo acercarse a esos niños que sufren y les duele pero que no hay analgésico que cure su malestar.

📊 ¿Qué está pasando con nuestros adolescentes?

Según la OMS, el suicidio es la cuarta causa de muerte en adolescentes de 15 a 19 años.

En México, el INEGI muestra un aumento de más del 40% en la última década, siendo el grupo de 10 a 14 años el que más preocupa por el crecimiento acelerado de los casos.

Detrás de cada número hay una historia no contada: un niño que dejó de jugar, una adolescente que se rindió en silencio, una familia buscando respuestas en el vacío.

🧠 Adolescencia: una tormenta cerebral

El sistema límbico (emociones) va a 180 km/h, mientras la corteza prefrontal (razón, juicio) apenas se está construyendo. Eso explica su impulsividad, sensibilidad extrema al rechazo y dificultad para pedir ayuda. Y si a esa tormenta interna le sumamos otros factores que pueden estar viviendo: violencia familiar, ausencia emocional, bullying o redes sociales tóxicas el riesgo se multiplica.

🔍 ¿Por qué están tan tristes los adolescentes?

Un artículo publicado en The Atlantic por el periodista Derek Thompson, titulado “Why American Teens Are So Sad”, analiza cuatro factores que, desde la evidencia científica, explican el incremento en los trastornos mentales adolescentes. Lo revisamos aquí desde la perspectiva médica, emocional y social:

1️⃣ Redes sociales y los teléfonos inteligentes: espejo distorsionado

«Para muchos adolescentes, el algoritmo los entiende más que su familia.»

Pero ese algoritmo también:

  • Normaliza el dolor como parte inevitable de la adolescencia.
  • Promueve la autolesión o el suicidio como una salida.
  • Distorsiona la realidad, mostrando vidas perfectas.
  • Exacerba la comparación social y el aislamiento.
  • Los expone a bullying silencioso y comparación constante

Estudios (Twenge et al., 2018; Montag et al., 2021) confirman que el uso excesivo de redes sociales afecta la autoestima, el sueño y la salud mental, correlacionándose con el aumento de la ansiedad, la comparación social, el acoso en línea y la disminución del sueño en adolescentes, particularmente en adolescentes mujeres.

  • La evidencia clínica y neuropsicológica coincide con el artículo: la hiperconectividad digital estimula el sistema dopaminérgico de forma adictiva.
  • El uso prolongado se asocia a alteraciones en el sueño, TDAH funcional, ansiedad social y disminución de la autoestima.
  • La American Academy of Pediatrics recomienda limitar tiempo de pantalla, promover el uso supervisado y educar sobre el contenido.

2️⃣ Aislamiento social: solos entre todos

Cada vez pasan menos tiempo con amigos, en actividades presenciales, al aire libre, en la vida. La conexión virtual ha reemplazado la interacción cara a cara y los vínculos reales. Y eso se paga caro:

  • Mayor soledad.
  • Dificultades para pedir ayuda.
  • Menor tolerancia a la frustración.
  • Reducción de la calidad del vínculo humano y la práctica de habilidades socioemocionales.

La pandemia agravó esta desconexión (Loades et al., 2020), y hoy tenemos una generación que se siente profundamente sola en compañía.

3️⃣ Cultura de fragilidad emocional

Se ha confundido cuidar con sobreproteger. Muchos adolescentes crecieron escuchando que todo lo incómodo es dañino. Pero evitar el malestar no enseña a vivir, solo a temer.

Muchos crecieron escuchando: “no llores”, “no exageres”, “no te enojes”. Resultado: no saben qué hacer con lo que sienten. Y el miedo a sentirse mal, los deja sin herramientas para levantarse.

Estudios como los de Haidt & Lukianoff (2018) señalan cómo la hipersensibilidad emocional y la cancelación del conflicto impiden construir resiliencia.

Educar emocionalmente también es enseñar a tolerar lo incómodo sin huir.

Se ha normalizado que cualquier dificultad emocional sea vista como trauma, debilitando el umbral de tolerancia a la frustración.

4️⃣ Un mundo aterrador

Violencia escolar, guerras, cambio climático, pandemias, pobreza, bullying, abuso…
Las noticias llegan directo al celular, sin filtro, sin pausa.

Ese bombardeo permanente hace que muchos adolescentes pierdan la esperanza.
Sienten que el futuro es incierto, peligroso o directamente inviable. Y el cuerpo reacciona:

  • Trastornos del sueño.
  • Ansiedad generalizada.
  • Estrés tóxico crónico.
  • Conductas de riesgo.

Sin embargo, la mirada clínica requiere ir más allá. La salud mental adolescente no se resuelve con diagnósticos rápidos ni culpabilizando redes sociales. Requiere una intervención ecológica: hogares conectados, escuelas humanas, redes digitales éticas, y pediatras conscientes del nuevo paradigma emocional.

🩺 El pediatra: la primera línea (y a veces, la única)

Cuando un adolescente llega al hospital por una crisis emocional, no siempre ve primero a un psiquiatra o psicólogo. Nos ve a nosotros, los pediatras. Somos el primer oído que escucha, los primeros ojos que ven. Y eso nos convierte en una posibilidad real de cambiar el destino.

👩‍⚕️ ¿Cómo debe ser nuestro abordaje?

Con cercanía, respeto y sin miedo. No basta con ser médicos del cuerpo. Hoy más que nunca, también debemos cuidar el alma.

✔️ Escuchar sin juicio: no minimizar, no etiquetar.

✔️ Preguntar con honestidad: ¿Has pensado en hacerte daño? ¿Te sientes triste todo el tiempo?

✔️ Conversar con ellos a solas y en privado: muchas veces, lejos de papá y mamá, pueden por fin hablar.

✔️ Explicar límites de confidencialidad: “Todo lo que digas aquí es privado, salvo que crea que tu vida corre peligro. Entonces, te ayudo a buscar apoyo.”

✔️ Observar los focos rojos: autolesiones, aislamiento, insomnio, bajo rendimiento escolar, frases como “ya no quiero estar aquí”.

👨‍👩‍⚕️ Como pediatras, también educamos y acompañamos familias

Nuestra responsabilidad no termina con una receta, y va más allá de esos 15 minutos de consulta. Toca hablar con papás que no saben por dónde empezar o no entienden que está pasando. Y hay que hacerlo con firmeza, empatía y sin rodeos:  Esto no es flojera. No es inmadurez. No es solo una etapa. Brindar recursos reales: líneas de ayuda, psicólogos, psiquiatras, grupos de apoyo. Reforzar la presencia parental emocional, no solo física.

⚠️ ¿Cuándo sospechar depresión severa o riesgo suicida?

  • Dolor abdominal o de cabeza recurrentes sin causa médica clara
  • Conductas retadoras, impulsivas o agresivas
  • Consumo de alcohol o sustancias
  • Disminución en el rendimiento escolar
  • Desinterés en las cosas que antes les apasionaban

🧩 Factores psicosociales que debemos tener en el radar:

  • Bullying (digital o presencial)
  • Duelos no resueltos
  • Abuso físico, emocional o sexual
  • Enfermedades crónicas o discapacidades
  • Rechazo por identidad sexual o género
  • Falta de límites o vínculos con adultos
  • Expectativas familiares inalcanzables o nulas

👨‍👩‍👧‍👦 El papel irremplazable de papás, maestros y amigos

Ningún adolescente debería atravesar la tormenta solo. Los adolescentes requieren:

🔹 Padres presentes, disponibles emocionalmente, que escuchen sin interrumpir, sin juzgar. Así mismo es necesario acompañar a los hermanos porque ellos también sienten, necesitan contención, información, y amor.

🔹 Maestros atentos al lenguaje no verbal, a las señales, pendientes más allá de una calificación.

🔹 Amigos valientes, que pregunten: ¿Estás bien?

Los padres cargan con la culpa. Los hermanos, con el miedo. Los amigos, con el vacío. Es indispensable que también ellos reciban atención emocional especializada, para evitar una segunda tragedia.

📌 Reflexiones clave para pediatras, padres y maestros

  • No basta con evitar lo negativo, hay que construir lo positivo: relaciones humanas, propósito, límites saludables y sentido de pertenencia.
  • El adolescente necesita adultos emocionalmente disponibles, no sobreprotectores ni desconectados.
  • Educar en emociones es urgente, tanto como vacunar o enseñar a leer.
  • La salud mental no es moda ni privilegio: es una necesidad estructural para el desarrollo.

🩺 ¿Qué hacemos como pediatras, maestros, papás?

✔️ No minimices: su tristeza no es drama, es dolor real.
✔️ Pregunta con el corazón y escucha con el alma.
✔️ Observa señales: aislamiento, autolesión, cambios de conducta.
✔️ Sé un refugio, no un juez.
✔️ Y si no sabes cómo ayudar, acompaña hasta que alguien más pueda.

Como pediatras, educadores y madres/padres, tenemos una responsabilidad colectiva: acompañar, comprender y guiar, no solo medicar o regañar. La tristeza adolescente es un síntoma. El trabajo real está en el fondo.

🛠️ Recomendaciones académicas y clínicas

ÁreaAcción concreta
Consulta pediátricaIncluir tamizaje emocional en pacientes que nos den datos clínicos de depresión, ansiedad, conductas de riesgo o conducta suicida
Intervención educativaCapacitar a docentes en salud mental y educación emocional; reducir factores escolares de estrés.
CrianzaPromover autorregulación emocional, autonomía progresiva y límites con afecto.
Política públicaCampañas masivas de prevención en salud mental; regulación de algoritmos digitales nocivos.

🌱 ¿Qué podemos hacer hoy?

  • Hablar del tema. Sin miedo, sin tabú.
  • Validar el dolor, aunque no lo entendamos.
  • Observar sin juzgar.
  • Educar emocionalmente desde casa y escuela.
  • Preguntar con el corazón: “¿Qué necesitas hoy?”
  • Pedir ayuda profesional sin vergüenza.
  • Recordar que prevenir no es exagerar… es salvar vidas.

❤️ Tú puedes ser ese adulto

Ese pediatra, maestro, amigo o papá que ve lo que nadie más quiere ver.

El que sostiene cuando todos sueltan.

El que pregunta cuando otros evitan.

El que escucha sin miedo lo que duele.

Y si tú, que estás leyendo esto, también estás cansado… también puedes pedir ayuda.

Porque cuidar a otros también agota.

Y porque la salud emocional también empieza contigo.

Porque lo que no se ve… también duele.

Pero lo que se acompaña, puede sanar.

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Entendiendo a los adolescentes y su cerebro para acompañarlos y comprenderlos mejor.


Los adolescentes a los ojos de los adultos, nos parecen rebeldes e impulsivos. Pero te has puesto a pensar como es que tu niño ahora se comporta así, vamos a hacer una revisión de como funciona el cerebro del adolescente desde el punto de vista de la neuropsicología y la pediatría, y con esto intentaremos darnos una idea de como podemos acompañarlos, comprenderlos en casa, la escuela y en nuestro consultorio.

El cerebro adolescente… está en remodelación y construcción

Probablemente te has preguntando, por que reacciona con tanta intensidad por que cambia de humor en minutos y es tan impulsivo. Considerándolos rebeldes, cuando realmente es parte de un proceso de maduración fascinante del cerebro del adolescente.

Recuerdas a tu niño de 3 años, aquel chiquito que dejo de ser bebé para convertirse en niño, que hacia rabietas por todo y que lloraba porque quería el vaso azul y no el rojo. Al igual que ellos los adolescentes están en el proceso de aprender a razonar sus actos y sus consecuencias, están pasando por cambios emocionales, físicos y hormonales para convertirse en adultos.

Desde la neurociencia, la neuropsicología y la pediatría, hoy sabemos que el cerebro adolescente está pasando por una de las etapas de mayor transformación desde la infancia. Entender esto es clave para acompañarlos con empatía, respeto y firmeza.


🔍 Pero…¿Qué está pasando en su cerebro?


A grandes rasgos el cerebro del adolescente pasa por varios cambios entre ellos:

  • Poda sináptica: Elimina las conexiones poco usadas para fortalecer las mas eficientes
  • Alta plasticidad: Tienen una capacidad de aprendizaje y adaptación altísima, y vulnerabilidad emocional.
  • Desfase de maduración: Al no tener aun la corteza prefontal bien desarrollada, por lo que las emociones (sistema límbico) mandan antes que la lógica (corteza prefrontal/razón y control de impulsos)


Resultado: reaccionan desde la emoción, no desde la lógica. Esto no significa que sean irracionales, sino que su capacidad para anticipar consecuencias o regularse aún está en proceso.

🧠 Esto explica por qué sus decisiones no siempre son racionales, aunque lo parezcan desde su perspectiva.

Al revisar bibliografía sobre el desarrollo socioemocional del adolescente podemos ver que los niños y adolescentes pasan por varias fases de maduración cerebral, ahora que tenemos a la mano redes sociales, audiolibros, libros digitales, conferencias que dan psicólogos y pediatras al otro lado del mundo, o incluso en nuestra misma ciudad, podemos consultar a neuropsicólogos y psicólogos especialistas en adolescentes solo a través de Zoom y leer sus publicaciones al día. La gran mayoría de los que nos dedicamos a la salud de los niños estamos preocupados y tratamos de mantenernos al tanto sobre la salud mental de los adolescentes, tenemos como fin común ayudar a los adolescentes, esta etapa de la infancia olvidada, rechazada y tan compleja.

Los adolescentes cuando son bien acompañados desde la infancia con amor y respeto pueden pasar por esta etapa de una manera mas amigable para ellos y para los que cuidamos de ellos y no tienen por que ser como aquellos de las series de televisión o lo que menos quisiéramos como los adolescentes de las noticias.

Elige bien a quien escuchas sobre las opiniones de tu crianza.


Mis influencers favoritos tienen miles de followers, y no no hacen reels que son tendencia, ojalá asi fueran y mis adolescentes de consulta tendrian una mejor comprensión de sus padres y sus pares. Mis españoles favoritos son muchos!, pero en este ambito a los que mas sigo son Alvaro Bilbao y Rafael Guerrero ambos neuropsicólogos españoles a los cuales se suman Lucía Galán mi pediatra mi sensei en la que me he inspirado para cambiar mi forma de ser pediatra desde que soy mamá, David Bueno un biólogo y genetista español, especializado en el desarrollo del cerebro de las especies, y a ellos se agrega el Dr Daniel Siegel medico psiquiatra estadounidense apasionado por el cerebro del niño y del adolescente. Todos tienen paginas en instagram, libros y publicaciones de fácil acceso en caso de que quieras profundizar mas en el tema. Yo confieso qué cada día me hago más adicta en escucharlos en podcast y encargar sus libros desde el otro lado del charco.

Integrando sus reportes:

  • Rafael Guerrero: tiene libros para padres e hijos en los que nos habla de 4 niveles del cerebro (Reptiliano, Límbico, Neocórtex, Prefrontal). En sus libros nos habla desde lo mas sencillo para que los pequeños puedan comprender sus emociones y sentimientos, a lo mas científico, pero siempre con un lenguaje muy accesible
  • Álvaro Bilbao: Experto en crianza y neurodesarrollo, neuropsicólogo el cual tiene un libro en el que trata de explicarnos el cerebro del niño a los padres, dando un enfoque en el cerebro rojo (emociones), verde (razón) y azul (autocontrol).
  • David Bueno: Biólogo genetista tiene una perspectiva neuroeducativa y del desarrollo cerebral mas compleja y científica.
  • Daniel Siegel: padre de la descripción del cerebro “de la palma de la mano”, en el cual nos explica que el cerebro tiene una integración vertical y horizontal, ventana de tolerancia. Así mismo nos habla de las neuronas espejo y de como nuestros instintos e impulsos se descubren cuando nos sentimos en peligro o amenazados.

Y pues si no es secreto que mis favoritos son españoles!!!

El cerebro del adolescente

Y bueno entonces como funciona el cerebro del adolescente, de manera simplista y sin entrar en detalles anatómicos, el cerebro del adolescente tiene 4 partes principales

1. El cerebro reptiliano menos dominante encargado de las funciones básicas y el instinto de supervivencia, reacciona ante amenazas o estrés.

2. Límbico hiperreactivo, es el que les da la intensidad emocional, búsqueda de placer, conexión social , es muy sensible al rechazo.

3. Neocórtex más activo, encargado de toma de decisiones y razonamiento lógico, pero aun inmaduro por lo que necesita a su padres para apoyo

4. Corteza Prefrontal en construcción hasta los 25 años o incluso mas. La parte mas inmadura aún, se encarga de procesos como autocontrol, planificación, conciencia de consecuencias, aún están en desarrollo. Es a lo que Alvaro Bilbao le llama el Cerebro azul intentando activarse.


No es rebeldía: es búsqueda de identidad


Los adolescentes tienen una gran conexión con sus pares, en el camino de la búsqueda a su identidad, están explorando quiénes son, necesitan validación, autonomía y saber que se pueden equivocar sin perder tu amor.

El adolescente está construyendo su sentido de sí mismo. Necesita:

  • Sentirse visto y validado.
  • Explorar sin ser juzgado.
  • Conocer sus límites, pero con amor.
  • Saber que puede equivocarse y seguir siendo valioso.

Cuando respondemos con gritos, castigos o indiferencia, solo reforzamos la desconexión emocional. En cambio, si los acompañamos desde la comprensión, su cerebro se moldea con más salud emocional. Al adolescente no le gusta sentirse prisionero, ni interrogado, ni hostigado o asfixiado, a veces solo con tu presencia y escucha activa es suficiente, saber que estas ahí para el. Volvemos a ese niño pequeño de 3 a 6 años que solo te gritaba mamá desde otro cuarto para saber que aun estabas ahí. Aunque te escuchara lavando trastes o supiera que estabas en una llamada telefónica. Así tus adolescentes solo necesitan saber que estas ahí.

Padres y maestros: aliados, no enemigos


  • Algunas claves para una crianza y educación más empática:
    – Escucha sin juicio, se que en este momento, te parece que tu adolescente llora por tonterías, que se preocupa por cosas que no tienen importancia, pero para el son sus mayores motivos de ansiedad o de preocupación. A la mejor te parece que exagera al emocionarse tanto por un artista o por un torneo escolar, pero es que es así. Necesita un adulto que lo acompañe en sus fiestas y sus tristezas, que lo escuche sin sermones ni juicios. Lo que para ti es “exagerado”, para ellos puede ser inmenso.
  • Requiere de un adulto que valide sus emociones sin minimizarlas. 💡 Lo que no se nombra, se actúa. Ayúdales a identificar lo que sienten. “Entiendo que estés enojado” te abrira más puertas que un “¡Ya cálmate!”.
  • Pon límites con sentido: No se trata de permitir todo, sino de explicar el porqué de las reglas. Recuerda que aun no tienen bien claras las consecuencias y los adolescentes requieren límites y estructura.
    – Sé un modelo de regulación emocional, como quieres que tu hijo no explote si tu siempre gritas, como quieres que te platique si siempre le dices luego me cuentas, o estas pegado a tu celular. Piensa y ve en un espejo como actuas tu con el y como te gustaría que el actuara contigo. La manera en la que tu te comportas en tu día a día, impacta más que lo que dices.


El rol del pediatra en la adolescencia


Como pediatras, tenemos la oportunidad de ser un puente entre el adolescente, su familia y la escuela. Desde la consulta, la hospitalización o incluso una urgencia psiquiátrica, podemos:

  • Escucharlo directamente: Darle voz sin intermediarios. Dirigete a ellos, voltealos a ver mientras tecleas el interrogatorio en la computadora, sonrieles, llamales por su nombre y preguntales como se sienten.
  • Detecta señales de malestar emocional: autolesiones, irritabilidad persistente, aislamiento, migrañas, cambios en el peso, bajo rendimiento escolar, mala higiene y cuidado personal, observa más allá de lo que los padres te dicen.
  • Educar a los padres: Muchas conductas tienen una base neurobiológica, no son actos de desafío. Respeta la autoridad de los padres pero también dales una orientación sobre cómo acercarse a su adolescente y trata de guiarlos como mejorar la comunicación y la crianza. Si otra vez…. Acuérdate cuando te llevaban al niño de 6 meses y le enseñaste como iniciar la ablactacion a esa mamá primeriza, como orientaste a la mamá del niño con trastorno del lenguaje y como explicaste a ese papá perdido en el mar de preguntas que llevaba anotados en un papelito, así como les explicaste a ellos punto por punto y a detalle. Ese papá está perdido en como afrontar la adolescencia y como sobrellevar el duelo de que su niño ha crecido.
  • Acompañar con empatía: En urgencias, contener en lugar de juzgar; en hospitalización, respetar su autonomía.

Acompañar, no controlar

Recordemos: el adolescente no necesita un adulto perfecto, sino un adulto disponible. Que sepa, sostenerlo sin invadir, y guiarlo sin quebrarlo, le marque un límite claro y lo mire sin miedo ni rechazo.


Porque los adolescentes no son un problema que resolver, sino un potencial que acompañar.


📲 Síguenos en Instagram @pediatradetusemociones

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A mi yo adolescente: ¡¡¡Lo logramos!!!

Hola Skarlett, te escribo desde los 46 años que tienes hoy. Te escribo para contarte que a pesar de que hoy te sientes confundida entre emociones, tu cuerpo, la escuela, las situaciones familiares, me gustaría que supieras que todo eso que hoy te pesa no será para siempre.

Superando el Bullying: Un Mensaje de Esperanza

Sé que ahora todo te parece complicado, las emociones te abruman y el mundo se siente como un lugar hostil. Te entiendo, porque lo viví contigo. Creces en un cuerpo que aún no terminas de aceptar, rodeada de comentarios que duelen y compañeros que te ponen apodos y te molestan. Pero quiero que te detengas un momento y escuches esto: nada de lo que te digan otras personas define quién eres o quién vas a ser.

Esos compañeros que hoy te molestan, te hacen sentir menos y te cuestionan, desaparecerán con el tiempo. Han pasado más de 20 años y no he vuelto a verlos. ¿Sabes quién sí sigue aquí? Tú, con tu fuerza, tu perseverancia y resiliencia y todo lo lograste gracias a ser como eres. Lograste tus sueños, te convertiste en una mujer con una carrera, una familia y una vida que, aunque llena de altibajos, sigue adelante con determinación y esperanza. No cambies por encajar, porque un día te darás cuenta de que ser diferente es lo que te llevó lejos.

Sé que muchas veces sientes que eres rara y diferente, que te faltan amigos y que, por más que quisieras, el amor no parece llegar. Piensas que no tener novio o esa conexión con alguien especial significa que algo está mal contigo. Pero déjame decirte algo muy importante: no hay nada mal contigo. Lo que hoy ves como ausencias, mañana serán elecciones conscientes. Llegará el amor en el momento justo.

Es verdad que no tienes muchos amigos, pero los que tienes son reales, de esos que te acompañan de corazón, aunque no sean muchos. Aprende a valorar eso, porque más adelante entenderás que la calidad siempre será más importante que la cantidad. Además, ¿sabes quiénes han sido tus mayores aliadas sin que a veces te des cuenta? Tus hermanas. Esas compañeras de juegos, peleas y risas. Son tu refugio y siempre lo serán, incluso cuando la vida las lleve por caminos diferentes. Esas tardes jugando con ellas y los secretos compartidos serán recuerdos que atesorarás siempre.

Tu cuerpo… ah, cómo te cuesta aceptarlo, ¿verdad? Hoy te ves flaca y te da inseguridad. Pues déjame contarte que ese cuerpo, con el tiempo, cambió. Ganaste unos kilos, y sí, ahora te quejas de la lonjita, la panza que asoma, pero aprendiste a ver más allá. Tu cuerpo te ha llevado a lugares que nunca pensaste conocer, y lo que siempre soñaste!!! te permitió la oportunidad de ser mamá, te dio a tu hija. Agradece cada marca, cada estría, cada cicatriz, cada transformación, porque eres más fuerte gracias a él. Esos brazos que hoy te parecen débiles, se volvieron el refugio de tu hija. Aprende a amar y cuidar ese cuerpo porque, aunque no lo creas ahora, será tu aliado.

El divorcio de nuestros papás dolió, lo sé. Pero, con el tiempo, aprenderás a encontrar estabilidad dentro de ti. De esa etapa surgirán dos cosas importantes: tu fortaleza y el lazo con mamá. Mamá siempre estuvo ahí, aun cuando parecía que nadie más podía entenderte. Con amor y paciencia, te llevó a terapia en un tiempo donde la salud mental no era tema común. Rompió tabúes y te apoyó incondicionalmente, incluso cuando tú no sabías cómo seguir adelante. Gracias a ella estás aquí, convertida en una mujer resiliente, plena y con el corazón lleno de gratitud. Mamá es y será siempre nuestro faro en la tormenta. Y tu papá no se irá, el siempre estará ahí, te seguirá llevando día con día a la preparatoria, a la universidad y hoy compartes momentos con el como un gran abuelo al lado de tu niña.

Y claro, no puedo dejar de mencionar a tu tía Lory. Su cariño y su presencia dejaron una huella enorme y fueron un pilar en nuestra vida. La extraño, pero cada recuerdo que nos dejó es un tesoro.  Su amor, su presencia y los momentos compartidos que nos dejó serán siempre un refugio en los días grises.

Y hablando de grandes figuras en tu vida, ¿Cómo no pensar en Pepe? Tu abuelito, ese hombre tan inteligente, que tiene respuestas para todo, siempre con una palabra sabia y acertada. Pero lo que más te impacta de él no es sólo su mente brillante, sino la ternura con la que te mira, el cariño con el que te escucha, la forma en que sabe hacerte sentir especial con pequeños gestos. Cada momento con él es un regalo, y aunque no estará físicamente por siempre, su presencia y su ejemplo vivirán en ti toda la vida.

Así que respira profundo, porque, aunque hoy todo parezca un caos, lo mejor está por venir. Vas a batallar, tampoco voy a mentirte, la vida de adulto no es fácil, y hay cosas más complicadas por vivir, sufrirás y al final llegaras a conocer el amor, a construir una familia, a cumplir sueños que ni siquiera te has imaginado. Tus amigos serán pocos, pero valdrán oro. Tus hermanas seguirán siendo tus compañeras de vida. Y tus estrellas en el cielo y tu mamá siempre estarán contigo, de una forma u otra, acompañándote en cada paso que des.

Sé que ahora te sientes pequeña, sola y confundida, pero quiero que sepas algo: lo lograste. No sólo sobreviviste al bullying, los complejos y el caos familiar, sino que floreciste. Lograste convertirte en mamá, esposa, en doctora y emprendedora, y aunque el camino sea difícil, estarás orgullosa de lo que has logrado. Cada herida sanada y cada lágrima derramada fueron necesarias para construir la persona que soy hoy: tú, más fuerte, más plena y agradecida con la vida.

Confía en ti, confía en los que te aman, respira y sigue adelante. Lo mejor aun está por venir y aun aquí a los 46 años se que siguen procesos complicados que superar, muchos países por conocer, experiencias por vivir. No te exijas tanto, date la oportunidad de equivocarte y de aprender de los errores.


Con todo mi amor.
Tu yo del futuro

Publicado en Adolescencia, Crianza

Tratando de entender a tu hijo adolescente, desde una perspectiva de empatía, amor y respeto.

Tu hijo al llegar a la adolescencia inicia un viaje de cambios a muchos niveles, hormonales, corporales, emocionales y cerebrales. Es importante que durante este camino ellos tengan nuestra compañía, guía y respeto, dándoles su espacio para aprender de sus errores, crecer con ellos y como padres iniciar el proceso de aceptar que nuestro bebé ya no es un niño y necesita su espacio e independencia. Como padres el comprender que es lo que sucede a nivel físico y que es lo que ellos sienten nos ayudara un poquito a hacer más llevadera esta etapa.

Recuerda tu adolescencia

Yo también viví una adolescencia y aunque ahora todo te parezca un mundo acabará pasando.

Trata de recordar como fue tu adolescencia, regresa a los días en que tuviste tu primera menstruación, los cambios que presentaba tu cuerpo, las relaciones con tus compañeros de escuela, la presión social de los estándares de belleza, tener tu primer novio y el tomar decisiones que marcaran tu vida futura como elegir una carrera. La lucha constante con la autoridad y las reglas que te imponían los adultos que estaban a tu cargo. El cómo querías ser independiente y como te sentías presionado y observado por los adultos. Los días en que sentías que no eras un niño, pero tampoco un adulto, cuando en las reuniones familiares no encontrabas tu lugar en la mesa. Recuerda esos días en los que estabas tan enojado que no querías ver a nadie o los días en que solo deseabas estar encerrado en tu cuarto sin hablar con nadie o los días en que llorabas sin saber por qué. También los días en que te sentías solo y que nadie te entendía. La adolescencia no fue una etapa fácil tampoco para nosotros, y aunque muchos tratamos de borrar esas paginas grises o intentamos recordar solo los momentos alegres, a otros nos dejaron cicatrices que aun de adultos tratamos de seguir sanando.

La mayoría de nosotros en nuestra adolescencia no tuvimos redes sociales, ni este bombardeo de información y puntos de comparación constante, nuestro circulo se mantenía en compañeros de escuela, primos, vecinos y amigos de la familia, hoy los adolescentes tienen día a día en la palma de su mano el acceso a imágenes e información de adolescentes de todo el mundo, interactúan con gente que no conocen e incluso corren el riesgo de tener contacto con adultos que se aprovechen de su inocencia. Los estándares de belleza, moda, estilo de vida, relaciones personales tienen un nivel más alto en comparación al que nos enfrentábamos nosotros, Pinterest, Instagram, Tik Tok, video juegos, apps de citas, hacen que el adolescente tenga una influencia constante de que es lo que debe hacer, comer, como vestirse o relacionarse con sus pares.


El adolescente pasa por un proceso de cambios que lleva varios años, e incluso aun cuando es considerado adulto después de los 18 años de manera legal, aun no ha concluido el camino hacia la madurez

Cambios Hormonales y Corporales

Durante la pubertad, las glándulas endocrinas liberan hormonas que desencadenan cambios físicos notables. Estos cambios también pueden generar incomodidad o inseguridades en los adolescentes, ya que su cuerpo cambia rápidamente. Como padres, validar sus emociones y ofrecer información clara sobre el desarrollo normal puede ayudarles a sentirse apoyados.  Estar alerta ante datos de alarma de trastornos de alimentación como anorexia o bulimia, depresión, ansiedad o vigorexia. Enseñarles a respetar su cuerpo y respetar el cuerpo de los demás. Iniciar educación sexual y quitarnos los prejuicios que nos fueron inculcados a nosotros respecto al celibato, creencias religiosas y de preferencias sexuales. Como padres ellos deben sentir que nosotros somos su espacio seguro y siempre estemos ahí para acompañarlos.

Cambios en el Cerebro

El cerebro adolescente es tema tan fascinante como extenso y del cual hablaremos de manera más profunda en otras publicaciones. De manera general su cerebro pasa por un proceso de constante remodelación. Durante esta etapa:

  • La amígdala, encargada de las emociones, tiene una actividad intensa, lo que puede llevar a respuestas emocionales más fuertes e incluso reacciones desproporcionadas.
  • El lóbulo frontal, responsable de la toma de decisiones, el razonamiento y el control de impulsos, está en pleno desarrollo y no madura completamente hasta los 25 años. Por eso, muchas de sus decisiones pueden parecer impulsivas o basadas en la emoción del momento.

Este desequilibrio en el cerebro puede explicar por qué los adolescentes tienden a buscar recompensas inmediatas, reaccionan de manera más emocional y, en ocasiones, subestiman los riesgos.

Cambios emocionales.

En esta etapa, los adolescentes viven una montaña rusa emocional:

  • Autoestima variable: Los cambios físicos y sociales pueden afectar cómo se perciben a sí mismos. Pueden sentirse inseguros un día y confiados al siguiente.
  • Búsqueda de independencia: Quieren tomar sus propias decisiones, lo que puede llevar a desacuerdos con los padres.
  • Exploración de su identidad: Los adolescentes buscan entender quiénes son y cómo encajan en el mundo, probando nuevos roles y desafiando normas.
  • Mayor sensibilidad emocional: Las pequeñas cosas pueden parecerles enormes, y sus reacciones a menudo reflejan esta intensidad.

Es importante reconocer que sus reacciones no siempre son un «ataque» a los padres, sino una forma de procesar este torbellino interno. Una respuesta empática puede ser tan simple como decir: «Sé que esto es difícil para ti. Estoy aquí para escucharte». El solo estar presentes y que ellos sepan que estamos ahí, al adolescente no le gusta sentirse agobiado con la presencia de los adultos y los interrogatorios constantes, pero les reconforta el saber que tienen un adulto que los cuida y mantiene seguros.


Los Retos Diarios de los Adolescentes

Los adolescentes enfrentan presiones constantes:

  • Académicas: Expectativas escolares y decisiones sobre su futuro.
  • Sociales: Deseo de pertenecer a un grupo, manejar sus primeras relaciones y decepciones amorosas, mantener los lazos de amistad y enfrentar posibles casos de exclusión o bullying.
  • Digitales: La constante comparación en redes sociales puede afectar su autoestima, así como la presión por estar siempre «conectados».

Conocer estos retos permite que como padres seamos más comprensivos y estemos preparados para ofrecer apoyo cuando lo necesiten.


Manteniendo la Conexión desde el Amor y el Respeto

La conexión con un adolescente y como relacionarnos con ellos es uno de los mayores retos como padres y una fase a la que la mayoría tenemos miedo de llegar, todos los padres tratamos de hacer lo mejor, pero no siempre tenemos los mejores métodos y herramientas, pero hay estrategias que nos pueden ayudar a fortalecer el vínculo, algunas de ellas son:

  • Escucha activa: Dedica tiempo a escuchar sus inquietudes y emociones sin interrumpir o intentar resolver todo por ellos, muestra interés genuino en lo que les preocupa, dedícales tiempo de calidad y haz un espacio en tus ocupaciones para estar cerca cuando ellos te solicitan.  
  • Comunícate con claridad:  Evita los sermones largos, trata de ser breve y claro.
  • Valida sus emociones: Desde la empatía y el respeto, comprende como se siente el adolescente ante algunas situaciones, hazles saber entiendes lo que están pasando y que lo que sienten es válido. Frases como «Entiendo por qué te sientes así» ayudan a crear confianza.
  • Ofrece apoyo sin imponer: Permíteles tomar decisiones siempre que sea seguro, guiándolos para que aprendan de las consecuencias.
  • Dedica tiempo de calidad: Busca actividades que disfruten juntos, desde preparar una comida hasta ver una serie. Estos momentos fortalecen el lazo emocional.
  • Establece límites claros y flexibles: Las reglas son importantes, pero también lo es adaptarse a sus necesidades cambiantes.
  • Da ejemplo: Muestra comportamientos responsables y cómo manejar las emociones de manera saludable.

Ser padre de un adolescente es un aprendizaje constante que requiere paciencia, empatía y flexibilidad. Reconoce que esta etapa también es una oportunidad para que como familia crezcan juntos. Con amor, respeto y una comunicación abierta, puedes ayudar a tu hijo a navegar este desafiante pero maravilloso camino hacia la adultez.

¿Cuál ha sido tu mayor reto como padre de un adolescente, y qué estrategias han funcionado para ti?

Publicado en Adolescencia, Salud Mental

El Papel del Pediatra en el Desarrollo Emocional Infantil: Más Allá del Cuidado Físico

Como papás pensamos en el pediatra y solemos imaginar al profesional que mide, pesa y vacuna a los niños, al que cuida al niño con fiebre, diarrea o tos. Sin embargo, nuestro rol va mucho más allá de la atención física. Cuando somos el pediatra de cabecera de la familia, nos convertimos en los “tíos postizos”, en el amigo de confianza para los papás y en alguien cercano a la familia, y también poco a poco nos ganamos la confianza de ese pequeño bebé convertido en adolescente, nos encariñamos con nuestros pacientes y nos emociona verlos crecer y festejar sus logros, pero también los acompañamos en sus luchas internas, en los procesos de transición y adaptación por cada etapa.

Hoy más que nunca, la salud mental infantil y adolescente ocupa un lugar central en nuestras consultas. Trastornos como la ansiedad, la depresión o los problemas de conducta y trastornos alimentarios están en aumento, muchas veces manifestándose de forma sutil, a través de cambios en el sueño, el rendimiento escolar o incluso problemas físicos recurrentes sin una causa aparente. Y es ahí donde nuestra responsabilidad como pediatras nos coloca en una posición privilegiada: ser los primeros en detectar y guiar a las familias hacia un cuidado emocional integral. Sin embargo, esta área de la salud a menudo se encuentra estigmatizada, incomprendida y subatendida.

¿Por qué es tan importante cuidar la salud mental de niños y adolescentes?

La salud mental es como la base de una casa: si está fuerte, todo lo demás puede construirse mejor.

En la niñez y la adolescencia, es especialmente importante porque es cuando los chicos aprenden a manejar sus emociones, convivir con otros y a pensar de forma más compleja.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 10 % y el 20 % de los adolescentes lidian con problemas de salud mental, y muchos de ellos comienzan antes de los 14 años. Pero, lamentablemente, muchas veces no reciben la ayuda que necesitan por culpa del estigma, la falta de servicios adecuados o poco apoyo en su entorno.

¿Qué está pasando con la salud mental en jóvenes?

Datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) y UNICEF muestran algo preocupante: cada vez más adolescentes sufren ansiedad, depresión o incluso piensan en el suicidio. La pandemia de COVID-19 agravó las condiciones de salud mental de niños y adolescentes, provocando un aumento en la incidencia de depresión, ansiedad, trastornos del sueño y alimentarios, así como ideación e intentos suicidas. Estadísticas recientes muestran un incremento preocupante en los intentos de suicidio, especialmente entre mujeres adolescentes, y señalan un acceso limitado a servicios especializados como una barrera crítica para la atención.

Atención Temprana: Una Oportunidad Única

La detección precoz es pilar para la salud mental infantil, debemos observar indicios de alarma incluso antes de que los padres lo noten, nuestra función va más allá de solo identificar el problema, si no también convertirnos en guías y aliados para la familia. En el momento que tenemos una sospecha diagnostica acompañar a los padres en el proceso, brindarles herramientas, ofrecerles un espacio seguro para expresar sus dudas y emociones. La afectación en la salud mental de un niño o adolescente es un proceso complicado para todo el entorno familiar, siempre hay sentimientos de culpa, incertidumbre, negación y rechazo al diagnóstico e incluso aun cuando el paciente ha sido valorado por múltiples especialistas y se han realizado pruebas o evaluaciones los pacientes se sienten invadidos en su espacio personal, los padres se muestran renuentes a iniciar el manejo con medicamentos o incluso a la necesidad de hospitalización de ese pequeño. Y es aquí donde nuevamente expresar nuestra empatía y dar información clara se vuelve indispensable.

Institucionalmente nos vemos rebasados en el numero de consultas de salud mental, el tiempo asignado para cada consulta es mínimo para brindarle una atención adecuada, el sistema de salud publica no ha sido actualizado a los nuevos motivos de consulta, considerando 15 min por paciente, cuando ese paciente requiere de toda nuestra atención y comprensión, y tal vez sea la única vez que lo veamos en el consultorio, porque la próxima valoración puede ser en urgencias por un intento suicida o por un desequilibrio metabólico o una sobredosis.

Los procesos administrativos y el incremento en el número de pacientes sin modificaciones en la plantilla de médicos especialistas, el no contar con los suficientes hospitales psiquiátricos infantiles en el país,  hacen que las valoraciones por especialistas y subespecialistas  sean muy diferidas en tiempo, incluso con citas 1 vez cada 6 meses o rechazos en el sistema por trámites burocráticos, firmas, sellos y autorizaciones, haciéndolo aún más complicado para  los padres y los pacientes que se encuentran en el camino de la aceptación, llevándolos a rendirse  y no continuar con el manejo terapéutico en muchas ocasiones. Aunado a todo esto hay un rango de edad en el que el adolescente pierde derechohabiencia si no continua sus estudios y no labora y queda desprotegido.

Al menos en hospitales de segundo nivel no contamos con una adecuada atención psicológica, no tenemos psicólogos infantiles, neuropsicólogos y ni hablar de paidopsiquiatras. Los pacientes pediátricos son atendidos por especialistas de adultos, mientras esperan la autorización o la cita subsecuente en paidopsiquiatría. Por lo que es de suma importancia que como pediatras nos involucremos mas en el tema de atención a la salud mental, nos preparemos de manera continua y también sepamos manejar nuestras propias emociones.

Personalmente en más de alguna ocasión me he visto afectada por la situación de algún paciente en particular, llorando al llegar a casa después de terminar la consulta, sintiendo la necesidad de abrazar a ese paciente que se siente solo o dándole la mano a esa madre a la que nadie le ha preguntado ¿y usted como esta?

También nosotros requerimos el apoyo y la atención de colegas para el manejo de nuestras propias emociones, al sentir la impotencia de no poder hacer mas de lo que quisiéramos por ese niño, saber las condiciones de pobreza, maltrato infantil, abuso o abandono y ver como ese niño pide ayuda y saber las limitaciones del sistema y ver que hay cosas que están fuera de nuestras manos.

Empatía y Rapport: Construyendo Puentes de Confianza

Cada niño que llega a consulta trae más que un síntoma físico; trae su mundo emocional, sus miedos y sus inquietudes. Desde la primera consulta es importante establecer una relación basada en la confianza y el respeto.

El rapport, ese puente emocional entre médico y paciente, el pediatra debe no solo limitarse a hablar con los padres como portavoces, sino también conectar con los niños, convertirnos en alguien en quien ellos confíen y que ellos sepan que estaremos ahí para escuchar, cuidar y curarlos. Un pediatra no debe ser alguien que inspire miedo o que cuando el niño o adolescente vaya a consulta se sienta juzgado o regañado por otro adulto más.

Escuchar sus palabras, validar sus emociones y hablarles en un lenguaje que puedan comprender no solo refuerza su autoestima, sino que les enseña que sus sentimientos importan. Esto, en muchas ocasiones, abre la puerta para identificar y abordar problemáticas emocionales que podrían pasar desapercibidas.

Escucha Activa: Más que Oír, Comprender

La escucha activa implica más que prestar atención a las palabras de los niños o sus cuidadores. Es un compromiso de comprensión profunda. Al observar gestos, actitudes y respuestas no verbales, podemos captar mucho de lo que no se dice. A menudo, un niño no encontrará las palabras para expresar lo que siente, pero lo hará a través de su comportamiento o sus interacciones.

Como pediatras, al escuchar activamente y fomentar un espacio libre de juicio, creamos una base sólida para explorar las emociones y las necesidades del niño. Además, esto fortalece la confianza de los padres y fomenta un trabajo en equipo para apoyar al menor.

Manejo Interdisciplinario: Una Red de Apoyo Integral

La salud mental rara vez puede abordarse de manera aislada. Requiere la colaboración de un equipo interdisciplinario compuesto por psicólogos, psiquiatras, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, maestros, y, por supuesto, la familia.

En este contexto, el pediatra desempeña un papel fundamental como el punto de enlace entre el niño, su familia y los demás especialistas. Al coordinar esfuerzos, aseguramos que cada pequeño reciba una atención integral que abarque todas las áreas de su vida: física, emocional y social.

¿Qué podemos hacer?

Aquí algunas ideas para marcar la diferencia:

  1. Detectar a tiempo y brindar atención accesible: Incluir evaluaciones sencillas durante las consultas pediátricas ayuda a identificar signos de alerta, como problemas para dormir, cambios de ánimo o bajo rendimiento escolar.
  2. Crear redes de apoyo comunitarias: Los esfuerzos no deben quedarse solo en el consultorio. Hay que trabajar junto con escuelas, familias y grupos sociales para que los niños y adolescentes tengan entornos que los hagan sentir seguros y apoyados.
  3. Enseñar habilidades emocionales: Los pediatras pueden ser aliados para enseñarles a los niños y a sus familias cómo manejar sus emociones, fortalecer su resiliencia y construir relaciones sanas.
  4. Hablar abiertamente sobre la salud mental: Romper con el estigma es clave. Es hora de dejar de ver la salud mental como un tabú. Hablar de esto de forma natural ayuda a reducir el estigma y abre puertas para que más personas busquen ayuda sin miedo.

Una Huella para Toda la Vida

La intervención temprana en la salud mental de los niños no solo impacta su presente, sino que define su futuro. Un niño que recibe el apoyo adecuado en sus primeros años tiene más probabilidades de convertirse en un adulto resiliente, con habilidades emocionales sólidas y una mejor calidad de vida.

Ser pediatra es mucho más que diagnosticar y prescribir. Es ser testigo de las risas, los miedos y las dudas de quienes están en una etapa llena de cambios. Nuestra empatía no solo genera confianza; da el mensaje de que nadie está solo en esto.

Al final del día, cuando un niño o adolescente siente que hay un adulto que los comprende, un papá que recibe orientación en lugar de juicio, o una familia que entiende la importancia de cuidar la salud mental, estamos sembrando la semilla de un bienestar que trasciende generaciones.

Como pediatras, somos aliados en cada paso de ese camino y debemos entender que curar no solo se trata de sanar un cuerpo, sino también de acompañarlos en sus emociones.

Si queremos un futuro lleno de adultos saludables, cuidar la mente desde la infancia no es solo una opción, es un derecho y una responsabilidad que compartimos todos.