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Nostalgia Navideña y Culpa Materna: Cuando la Alegría y la Tristeza se Toman de la Mano.

Después de unas semanas alejada de mi blog, precisamente por un torbellino de emociones y sobrecarga de trabajo, hoy me siento desde mi espacio de paz y tranquilidad a escribir desde la empatía y la sinceridad que me llevo a iniciar con este proyecto.

Diciembre tiene una forma extraña de sentirse como un abrazo y una despedida al mismo tiempo. Hay luces, posadas, planes y risas; y de pronto, sin razón clara, aparece un nudo en la garganta.

A mis 46 casi 47 años, y con una hija de 7 que ilumina mi vida, la salud de mi mamá en recuperación, podría pensarse que tengo la Navidad «resuelta». Veo la magia en sus ojos y siento un agradecimiento profundo, genuino. Pero, al mismo tiempo, siento el peso del tiempo y la nostalgia de cada año agudizada de las sillas vacías en la mesa, para mi siempre serán Navidad mi abuelito Pepe y mi tia Lory, ellos me enseñaron a disfrutar estas fechas y ahora estoy aprendiendo a darle un nuevo significado con Mayte.

Si te pasa esto, si sientes que estás en una montaña rusa donde pasas de la euforia a la melancolía, quiero que sepas algo fundamental: no estás sola y no estás «mal».

Como pediatra y como paciente de psicología, lo veo y lo demuestro en consulta. Como madre, lo vivo en mi propia piel. Hoy quiero decirte con claridad: es normal sentir nostalgia y alegría a la vez.

¿Por qué nos sentimos así? La ciencia detrás del nudo en la garganta

No eres tú «siendo dramática», es tu cerebro procesando el cierre de un ciclo. Diciembre no es un mes neutro.

  1. Balance de vida: Tu mente revisa inconscientemente el año: lo que lograste, lo que faltó, lo que cambió y lo que dolió.
  2. Memoria emocional activada: Los olores, las canciones y las tradiciones despiertan recuerdos. Y los recuerdos no vienen editados «solo con lo bonito»; vienen con la historia completa, incluyendo a quienes ya no están.
  3. Sobrecarga sensorial: Rutinas rotas, ruido, luces y visitas. Para muchos cerebros (y para los niños), esto se siente como una sobrecarga del sistema nervioso

La trampa de la «Navidad Perfecta» y la Culpa Materna

A este cóctel emocional se le suma la presión. Las redes sociales nos venden cenas de revista, decoraciones impecables y madres con energía inagotable y looks modernos. Pero mi realidad (y quizás la tuya) incluye gestionar el dolor físico, el cansancio y las emociones complejas mientras intentamos hacer que el dinero rinda y crear magia para nuestros hijos.

Y entonces aparece la vieja amiga, la culpa materna con sus famosos «debería»:

  • «Debería estar feliz todo el tiempo».
  • «No debería sentirme cansada».
  • «Debería disfrutar cada segundo».
  • «Debería agradecer por todo lo que tengo».

Aquí es donde necesitamos romper el mito: Agradecer no borra el cansancio. Agradecer no elimina el duelo. Puedes estar profundamente agradecida por la infancia de tus hijos y, al mismo tiempo, estar triste por tu propia historia o agotada por la logística. Ambas verdades caben en ti.

Cuando los niños también sienten el torbellino

Como pediatra, debo recordarte que tus hijos son también sienten esta intensidad. En ellos, la nostalgia o la sobrecarga rara vez se expresan con palabras elegantes como «estoy melancólico». Además se les suma la expectativa de ser un «niño bueno» para recibir los regalos que han esperado todo el año. Visitar y convivir con parientes que rara vez ven y comer alimentos a los que ellos no están acostumbrados. Por eso se ven como cambios en su conducta:

  • Berrinches más frecuentes («no sé qué me pasa»).
  • Apego intenso o necesidad de contacto físico.
  • Irritabilidad y llanto fácil.

No se están portando mal; al igual que tú, su sistema emocional está lleno.

Herramientas para sobrevivir (y disfrutar) la Navidad Real

No te voy a pedir que «pienses positivo» o que dejes de extrañar. Te voy a dar herramientas de regulación que tal vez puedan ayudar a familias reales:

1. Ponle nombre corto a la emoción.

No necesitas un discurso. Di: «Hoy traigo mezcla: alegría con nostalgia» o «Hoy estoy agradecida, pero me pesa el cuerpo». Nombrar la emoción la ordena, y cuando la ordenas, deja de asustar.

2. El ritual de los 3 minutos.

Cuando sientas el nudo en la garganta o la ansiedad subir:

  • Pon una mano en el pecho y otra en el abdomen.
  • Inhala lento en 4 tiempos.
  • Exhala más lento en 6 tiempos.
  • Repite 5 veces y di: «Puedo sentir esto y seguir».

3. Una expectativa menos.

Elige conscientemente un «no haré». «No haré la cena perfecta», «No iré a ese compromiso que me drena», «No fingiré que no estoy cansada». No tienes que ir en tacones y con un peinado de salón a la cena de Navidad. Puedes elegir ser feliz, estar comoda y soltar una expectativa te regala más paz que diez propósitos nuevos.

La belleza de la contradicción

Si este diciembre te sientes en un torbellino, tu cuerpo no está fallando: está sintiendo, y sentir es profundamente humano.

Honra la alegría de tus hijos y honra la silla vacía. La gratitud madura entiende que la vida es mezcla de emociones.

Cuéntame en los comentarios:

¿Qué emoción te visita más este diciembre: la nostalgia, la alegría o el cansancio?

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Ir a terapia no te hace débil: Mi viaje, de la adolescencia a la maternidad

Un acto de valentía, No de fragilidad: Desmontando el estigma

Durante años, la conversación sobre la salud mental ha estado atrapada en un estigma injusto. Como pediatra, lo he escuchado en la consulta, y como paciente, lo he sentido en carne propia. Frases como «y para que vas con el psicologo, si tu estas bien», “yo no estoy loco”, “solo los débiles van al psicólogo”, o “no necesito terapia, puedo solo» «si tomas medicamentos te vas a hacer adicto» han sido el muro que nos impide buscar ayuda. Pero la realidad es otra, y es hora de decirlo en voz alta: ir a terapia es un acto de autocuidado, madurez y amor propio.

Es tan fundamental como llevar a nuestros hijos al pediatra, ir al dentista para una revisión o acudir al nutriólogo. Solo que, en este caso, el órgano que cuidamos es el más complejo y vital de todos: nuestra mente. La terapia psiquiátrica o psicológica no es una herramienta exclusiva para «casos graves» o diagnósticos psiquiátricos; es un espacio de crecimiento para cualquiera que desee conocerse mejor, mejorar sus relaciones, poner límites sanos o, simplemente, aprender a gestionar las emociones que nos hacen humanos: la ansiedad, la tristeza, la culpa o el enojo. Estas emociones no son debilidades; son la brújula de nuestra vida interior.

  • Mi Propio Camino: De la Adolescencia Silenciosa a la Sobrecarga de la Maternidad

Mi primer contacto con la terapia no fue dramático, sino silencioso. Yo era de esas niñas que pasaban desapercibidas, que no daban conflictos, siempre con buenas calificaciones, pero que por dentro cargaban un peso enorme. En la secundaria, mi mamá, con esa intuición que solo tienen las madres, notó mi conducta. No había un diagnóstico formal, pero sí una dificultad real para adaptarme a la adolescencia y, sobre todo, para transitar el divorcio de mis padres. Aquella psicóloga amiga de la familia fue mi primer salvavidas, recibi terapia persona y grupal, enseñándome que pedir ayuda no solo estaba permitido, sino que era la única forma de avanzar.

La vida me llevó a la universidad, y con ella, a la residencia médica. Fue ahí donde la sobrecarga, la competencia, los turnos interminables y la exposición constante a la enfermedad y la muerte hicieron que mis síntomas volvieran con una fuerza abrumadora. Fue mi primera vez tomando medicación, un paso que, aunque necesario, me hizo sentir frágil y con miedo a ser señalada. Sin embargo, ese proceso me enseñó una lección crucial: la salud mental debe ser tomada de manera formal y seria.

Luego, como muchos, la he dejado y retomado en repetidas ocasiones, creyendo que estaba mejor y envuelta en la rutina del trabajo y las actividades diarias. La vida me ha llevado a entender que la terapia no es un lujo o una solución temporal, sino una necesidad constante.

La pandemia, con su miedo a la muerte y la brutal sobrecarga laboral, fue un recordatorio de que, incluso como médicos, somos humanos y necesitamos apoyo.

Hoy, como pediatra y madre, entiendo que el acompañamiento terapéutico es doblemente fundamental:

  1. Para los profesionales de la salud: Nuestro trabajo diario nos expone a situaciones límite. Requerimos acompañamiento regular para procesar el dolor, la frustración y el burnout que son inherentes a nuestra profesión.
  2. Para las madres: Es vital para manejar la carga mental que implica ser la madre, esposa y profesionista. La terapia me ha ayudado a desmantelar la culpa materna y el prejuicio de querer ser perfecta, permitiéndome criar desde un lugar de mayor paz y empatía.
  • La Terapia en la Infancia: Una Brújula para la Crianza

Desde mi consultorio, veo a diario cómo el sufrimiento emocional se manifiesta en el cuerpo de los más pequeños: dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, insomnio, irritabilidad. El cuerpo de un niño grita lo que su mente aún no puede nombrar. Por eso, el acompañamiento psicológico en la infancia y adolescencia es una inversión temprana que puede transformar su trayectoria emocional.

Es nuestro deber, como padres y profesionales, desmantelar los mitos que nos impiden buscar ayuda para ellos:

EtapaMito FrecuenteLa Perspectiva Real y Profesional
Infancia«Es muy pequeño, se le pasará solo.»Falso. Los niños sienten antes de entender. Los síntomas son señales de alerta que requieren validación y acompañamiento. Lo que no se atiende, se agrava.
 «No quiero que lo etiqueten.»El diagnóstico es una brújula. Nos da un mapa para entender mejor a nuestro hijo y acompañarlo con las herramientas adecuadas. No es una condena, es una guía.
Adolescencia«Mi hijo no quiere hablar, el tiempo lo arreglará.»El tiempo no cura lo que se silencia; solo lo entierra. La adolescencia es un caos interno de cambios cerebrales y sociales. La terapia ofrece un espacio neutral y sin juicio para poner orden.
 «Debería confiar en mí, no en un extraño.»El terapeuta no reemplaza la figura parental, la fortalece. El adolescente necesita un espacio donde pueda hablar sin miedo a las expectativas o al juicio familiar.
Adultez«Ya estoy grande para cambiar.»Nunca es tarde. La neuroplasticidad cerebral permite el aprendizaje y la sanación a cualquier edad. La terapia es el motor de ese cambio.
 «Solo necesito fuerza de voluntad.»La fuerza de voluntad no es suficiente contra el trauma no resuelto o el agotamiento emocional. La terapia nos enseña a usar nuestra fuerza con inteligencia emocional.
  • Encontrar a Tu Compañero de Viaje: La Importancia del Rapport

Mi paso por diferentes terapeutas me dejó una enseñanza invaluable que comparto con mis pacientes: no todos los terapeutas son para ti, y eso está bien.

He aprendido que cada profesional tiene su estilo, su corriente y su escuela, y no siempre se acomodan a la situación que estás viviendo en cada momento. Es como un par de zapatos: tienes que buscar con cuál te sientes más cómodo, con cuál tienes más rapport (esa conexión de confianza y empatía) y cuál tiene la experiencia específica para tus necesidades. No te rindas si el primero no funciona; la clave es encontrar a ese compañero de viaje que te haga sentir seguro para mirar hacia adentro.

  • Romper el Ciclo: Sanar para que No Duela Más

La terapia no es una varita mágica, pero sí es una brújula poderosa. No borra el pasado, pero te enseña a caminar con él sin que te arrastre. En terapia, no se trata de buscar culpables, sino de darle voz a lo que no la tuvo.

Cuando tú, como madre o padre, decides sanar, rompes cadenas invisibles. Sanan tus hijos, aunque no entiendan por qué. Porque empiezas a hablar, a validar sus emociones, a mirar diferente. Porque eliges conscientemente no repetir lo que te dolió en tu propia infancia.

Ir a terapia no es rendirse, es liberarse. Es hacer las paces con tu historia para transformar tu presente y el futuro de quienes vienen después. Es la mayor muestra de amor que puedes darle a tu familia.

¡Tu Historia de Valentía Comienza Hoy!

¿Estás dudando si ir o no? Este es tu recordatorio: hazlo!!. Es el acto de amor propio más valiente que puedes regalarte.

Sigamos Juntos en Este Camino de Crianza y Autocuidado

Gracias por acompañarme en este viaje personal. Abrir mi corazón sobre parte de mi experiencia con la terapia, esperando que tú también te permitas la valentía de cuidarte.

Si este artículo resonó contigo, te invito a compartirlo con esa persona que sabes que lo necesita. Juntos podemos seguir rompiendo el estigma sobre la salud mental.

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🧠💔 ¿Por qué un adolescente podría querer morir?

Comprendiendo lo que nuestros adolescentes no se atreven a decirnos.

✍🏻 Por Dra. Skarlett Ruelas – Pediatra, mamá, maestra y aprendiz del mundo emocional de niños y adolescentes.

Pensar en por qué sucede y atreverme a escribir esto es difícil sin sentir un nudo en la garganta. Sin pensar en las caritas de los niños que llegaron a la atención en urgencias por crisis de ansiedad, intoxicación con medicamentos, intento de asfixia o autolesiones. Niños y no tan niños desde los 11 a los 17 años, con familias de todo tipo, estratos socioeconómicos, grados escolares, pero todos en común padres consternados por no haberse dado cuenta de que algo estaba mal con su hijo.

Como pediatra he escuchado todo tipo de historias, durante las hospitalizaciones prolongadas, de esos adolescentes que tienen una mirada que poco a poco me he enseñado a distinguir. Adolescentes que físicamente parecen casi adultos, pero al sentarme a escucharlos y preguntarles desde el corazón ¿Cómo estás? Y decirles estoy aquí para escucharte, se transforman en niños frágiles y vulnerables, muchachos de 1.80mt de estatura que al final de una conversación te dan un abrazo, niñas que te cuentan lo que a nadie se han atrevido a decirles, al solo darles unos minutos de escucha activa, atención y confianza. Estas historias y los niños que están detrás de ellas me han hecho llegar hasta donde estoy hoy, una pediatra que lucha por la empatía y la sensibilidad de mis residentes hacia esos niños, aprender a no juzgarlos, escucharlos y acompañarlos, perder el miedo a los adolescentes y ver que ellos necesitan la misma o más atención que el neonato prematuro o el niño con cardiopatía compleja. He realizado un esfuerzo extra en mis horas libres, mis noches y he empezado a estudiar un poco sobre ellos, para brindarles lo mejor de mí. Estos últimos meses les he transmitido un poquito de lo que he aprendido a los residentes sobre temas de psicología infantil, psiquiatría, puericultura y el desarrollo del cerebro del adolescente, esperando haber logrado mi objetivo y sembrar en ellos una semillita de curiosidad y empatía hacia los adolescentes.

Como mamá, hay días en los que llego a casa y lo primero que hago es abrazar fuerte a mi hija para que me llene de energía y transmitirle que siempre estaré para ella, llamar a mi sobrino que es mi adoración, pensando en todos los chicos que no tuvieron un abrazo a tiempo y que no se sentían acompañados en esos momentos difíciles, incluso pensando en mí misma cuando era adolescente, agradeciendo la presencia de mi mamá en todas las etapas más grises de mi vida, y pienso en como yo podría haber sido una de esas niñas con cutting de no ser porque ella siempre estuvo conmigo y detecto los focos rojos a tiempo.

Como profesora, he visto a mis residentes enfrentarse con impotencia al dolor emocional, al no saber cómo acercarse a esos niños que sufren y les duele pero que no hay analgésico que cure su malestar.

📊 ¿Qué está pasando con nuestros adolescentes?

Según la OMS, el suicidio es la cuarta causa de muerte en adolescentes de 15 a 19 años.

En México, el INEGI muestra un aumento de más del 40% en la última década, siendo el grupo de 10 a 14 años el que más preocupa por el crecimiento acelerado de los casos.

Detrás de cada número hay una historia no contada: un niño que dejó de jugar, una adolescente que se rindió en silencio, una familia buscando respuestas en el vacío.

🧠 Adolescencia: una tormenta cerebral

El sistema límbico (emociones) va a 180 km/h, mientras la corteza prefrontal (razón, juicio) apenas se está construyendo. Eso explica su impulsividad, sensibilidad extrema al rechazo y dificultad para pedir ayuda. Y si a esa tormenta interna le sumamos otros factores que pueden estar viviendo: violencia familiar, ausencia emocional, bullying o redes sociales tóxicas el riesgo se multiplica.

🔍 ¿Por qué están tan tristes los adolescentes?

Un artículo publicado en The Atlantic por el periodista Derek Thompson, titulado “Why American Teens Are So Sad”, analiza cuatro factores que, desde la evidencia científica, explican el incremento en los trastornos mentales adolescentes. Lo revisamos aquí desde la perspectiva médica, emocional y social:

1️⃣ Redes sociales y los teléfonos inteligentes: espejo distorsionado

«Para muchos adolescentes, el algoritmo los entiende más que su familia.»

Pero ese algoritmo también:

  • Normaliza el dolor como parte inevitable de la adolescencia.
  • Promueve la autolesión o el suicidio como una salida.
  • Distorsiona la realidad, mostrando vidas perfectas.
  • Exacerba la comparación social y el aislamiento.
  • Los expone a bullying silencioso y comparación constante

Estudios (Twenge et al., 2018; Montag et al., 2021) confirman que el uso excesivo de redes sociales afecta la autoestima, el sueño y la salud mental, correlacionándose con el aumento de la ansiedad, la comparación social, el acoso en línea y la disminución del sueño en adolescentes, particularmente en adolescentes mujeres.

  • La evidencia clínica y neuropsicológica coincide con el artículo: la hiperconectividad digital estimula el sistema dopaminérgico de forma adictiva.
  • El uso prolongado se asocia a alteraciones en el sueño, TDAH funcional, ansiedad social y disminución de la autoestima.
  • La American Academy of Pediatrics recomienda limitar tiempo de pantalla, promover el uso supervisado y educar sobre el contenido.

2️⃣ Aislamiento social: solos entre todos

Cada vez pasan menos tiempo con amigos, en actividades presenciales, al aire libre, en la vida. La conexión virtual ha reemplazado la interacción cara a cara y los vínculos reales. Y eso se paga caro:

  • Mayor soledad.
  • Dificultades para pedir ayuda.
  • Menor tolerancia a la frustración.
  • Reducción de la calidad del vínculo humano y la práctica de habilidades socioemocionales.

La pandemia agravó esta desconexión (Loades et al., 2020), y hoy tenemos una generación que se siente profundamente sola en compañía.

3️⃣ Cultura de fragilidad emocional

Se ha confundido cuidar con sobreproteger. Muchos adolescentes crecieron escuchando que todo lo incómodo es dañino. Pero evitar el malestar no enseña a vivir, solo a temer.

Muchos crecieron escuchando: “no llores”, “no exageres”, “no te enojes”. Resultado: no saben qué hacer con lo que sienten. Y el miedo a sentirse mal, los deja sin herramientas para levantarse.

Estudios como los de Haidt & Lukianoff (2018) señalan cómo la hipersensibilidad emocional y la cancelación del conflicto impiden construir resiliencia.

Educar emocionalmente también es enseñar a tolerar lo incómodo sin huir.

Se ha normalizado que cualquier dificultad emocional sea vista como trauma, debilitando el umbral de tolerancia a la frustración.

4️⃣ Un mundo aterrador

Violencia escolar, guerras, cambio climático, pandemias, pobreza, bullying, abuso…
Las noticias llegan directo al celular, sin filtro, sin pausa.

Ese bombardeo permanente hace que muchos adolescentes pierdan la esperanza.
Sienten que el futuro es incierto, peligroso o directamente inviable. Y el cuerpo reacciona:

  • Trastornos del sueño.
  • Ansiedad generalizada.
  • Estrés tóxico crónico.
  • Conductas de riesgo.

Sin embargo, la mirada clínica requiere ir más allá. La salud mental adolescente no se resuelve con diagnósticos rápidos ni culpabilizando redes sociales. Requiere una intervención ecológica: hogares conectados, escuelas humanas, redes digitales éticas, y pediatras conscientes del nuevo paradigma emocional.

🩺 El pediatra: la primera línea (y a veces, la única)

Cuando un adolescente llega al hospital por una crisis emocional, no siempre ve primero a un psiquiatra o psicólogo. Nos ve a nosotros, los pediatras. Somos el primer oído que escucha, los primeros ojos que ven. Y eso nos convierte en una posibilidad real de cambiar el destino.

👩‍⚕️ ¿Cómo debe ser nuestro abordaje?

Con cercanía, respeto y sin miedo. No basta con ser médicos del cuerpo. Hoy más que nunca, también debemos cuidar el alma.

✔️ Escuchar sin juicio: no minimizar, no etiquetar.

✔️ Preguntar con honestidad: ¿Has pensado en hacerte daño? ¿Te sientes triste todo el tiempo?

✔️ Conversar con ellos a solas y en privado: muchas veces, lejos de papá y mamá, pueden por fin hablar.

✔️ Explicar límites de confidencialidad: “Todo lo que digas aquí es privado, salvo que crea que tu vida corre peligro. Entonces, te ayudo a buscar apoyo.”

✔️ Observar los focos rojos: autolesiones, aislamiento, insomnio, bajo rendimiento escolar, frases como “ya no quiero estar aquí”.

👨‍👩‍⚕️ Como pediatras, también educamos y acompañamos familias

Nuestra responsabilidad no termina con una receta, y va más allá de esos 15 minutos de consulta. Toca hablar con papás que no saben por dónde empezar o no entienden que está pasando. Y hay que hacerlo con firmeza, empatía y sin rodeos:  Esto no es flojera. No es inmadurez. No es solo una etapa. Brindar recursos reales: líneas de ayuda, psicólogos, psiquiatras, grupos de apoyo. Reforzar la presencia parental emocional, no solo física.

⚠️ ¿Cuándo sospechar depresión severa o riesgo suicida?

  • Dolor abdominal o de cabeza recurrentes sin causa médica clara
  • Conductas retadoras, impulsivas o agresivas
  • Consumo de alcohol o sustancias
  • Disminución en el rendimiento escolar
  • Desinterés en las cosas que antes les apasionaban

🧩 Factores psicosociales que debemos tener en el radar:

  • Bullying (digital o presencial)
  • Duelos no resueltos
  • Abuso físico, emocional o sexual
  • Enfermedades crónicas o discapacidades
  • Rechazo por identidad sexual o género
  • Falta de límites o vínculos con adultos
  • Expectativas familiares inalcanzables o nulas

👨‍👩‍👧‍👦 El papel irremplazable de papás, maestros y amigos

Ningún adolescente debería atravesar la tormenta solo. Los adolescentes requieren:

🔹 Padres presentes, disponibles emocionalmente, que escuchen sin interrumpir, sin juzgar. Así mismo es necesario acompañar a los hermanos porque ellos también sienten, necesitan contención, información, y amor.

🔹 Maestros atentos al lenguaje no verbal, a las señales, pendientes más allá de una calificación.

🔹 Amigos valientes, que pregunten: ¿Estás bien?

Los padres cargan con la culpa. Los hermanos, con el miedo. Los amigos, con el vacío. Es indispensable que también ellos reciban atención emocional especializada, para evitar una segunda tragedia.

📌 Reflexiones clave para pediatras, padres y maestros

  • No basta con evitar lo negativo, hay que construir lo positivo: relaciones humanas, propósito, límites saludables y sentido de pertenencia.
  • El adolescente necesita adultos emocionalmente disponibles, no sobreprotectores ni desconectados.
  • Educar en emociones es urgente, tanto como vacunar o enseñar a leer.
  • La salud mental no es moda ni privilegio: es una necesidad estructural para el desarrollo.

🩺 ¿Qué hacemos como pediatras, maestros, papás?

✔️ No minimices: su tristeza no es drama, es dolor real.
✔️ Pregunta con el corazón y escucha con el alma.
✔️ Observa señales: aislamiento, autolesión, cambios de conducta.
✔️ Sé un refugio, no un juez.
✔️ Y si no sabes cómo ayudar, acompaña hasta que alguien más pueda.

Como pediatras, educadores y madres/padres, tenemos una responsabilidad colectiva: acompañar, comprender y guiar, no solo medicar o regañar. La tristeza adolescente es un síntoma. El trabajo real está en el fondo.

🛠️ Recomendaciones académicas y clínicas

ÁreaAcción concreta
Consulta pediátricaIncluir tamizaje emocional en pacientes que nos den datos clínicos de depresión, ansiedad, conductas de riesgo o conducta suicida
Intervención educativaCapacitar a docentes en salud mental y educación emocional; reducir factores escolares de estrés.
CrianzaPromover autorregulación emocional, autonomía progresiva y límites con afecto.
Política públicaCampañas masivas de prevención en salud mental; regulación de algoritmos digitales nocivos.

🌱 ¿Qué podemos hacer hoy?

  • Hablar del tema. Sin miedo, sin tabú.
  • Validar el dolor, aunque no lo entendamos.
  • Observar sin juzgar.
  • Educar emocionalmente desde casa y escuela.
  • Preguntar con el corazón: “¿Qué necesitas hoy?”
  • Pedir ayuda profesional sin vergüenza.
  • Recordar que prevenir no es exagerar… es salvar vidas.

❤️ Tú puedes ser ese adulto

Ese pediatra, maestro, amigo o papá que ve lo que nadie más quiere ver.

El que sostiene cuando todos sueltan.

El que pregunta cuando otros evitan.

El que escucha sin miedo lo que duele.

Y si tú, que estás leyendo esto, también estás cansado… también puedes pedir ayuda.

Porque cuidar a otros también agota.

Y porque la salud emocional también empieza contigo.

Porque lo que no se ve… también duele.

Pero lo que se acompaña, puede sanar.

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La carga mental de ser mamá: entre la culpa, la corresponsabilidad y ese miedo de perderme en el camino.

Carga Mental en Madres Profesionales: Cómo Gestionarla

Ahora que recientemente ha pasado el día de la madre, y que festejamos a esos seres maravillosos que nos dieron la vida y nos mantienen en pie, hablemos de la Salud Mental Materna, reflexionemos las múltiples capas que componen la experiencia de ser madre. Ser madre es mucho más que criar: es gestionar, sostener, planear, contener y dentro de todo no olvidarse de nosotras mismas.

El día de hoy, quiero hablarte a ti: madre profesionista, mamá que también eres doctora, enfermera, maestra, psicóloga, abogada, emprendedora. Las que andamos corriendo todo el día para tratar de llegar a todo, estar a tiempo en la escuela, en el consultorio, llegar arreglada a la junta, a la clase de ballet, prepararnos para la guardia y avanzar en la lista de los pendientes que nunca terminan.

Ser mamá es una montaña rusa de emociones.  Los días se llenan de momentos llenos de ternura y que nos recuerdan lo felices que somos con ser mamás, pero el lado gris de ser madre es el cansancio, ese que no se quita ni al dormir y cuando tenemos vacaciones nunca nos son suficientes, porque siempre estamos pensando, si acabamos de lavar hay que doblar y guardar, o si terminamos de cocinar ahora hay q ver que sucedió en la sala mientras estábamos preparando la cena y después de esto lavar trastes.

Ser mamá, profesionista, esposa, hija, emprendedora… es como llevar muchos sombreros al mismo tiempo, intentando que ninguno se caiga y que todos combinen entre sí. Y aunque desde fuera demos la apariencia de que lo estamos logrando, adentro hay un torbellino constante: la carga mental.

La carga mental materna es esa lista enorme y silenciosa que tenemos muchas madres: pensar en el super, que hay para cocinar, preparar el uniforme, agendar vacunas, llevar a las actividades extraescolares, recordar citas médicas, organizar cumpleaños, atender berrinches y aún así dar lo mejor en el trabajo, sin dejar de ser esposas. Es la logística del hogar y de la crianza que, en la mayoría de los casos, recae en una sola persona: la madre.

Esta carga se intensifica en madres que, además, quieren ejercer su profesión con pasión y responsabilidad. Madres que aman su trabajo, pero sienten que siempre le deben algo a alguien: al hijo, al jefe, a la pareja, a sí mismas.

Lo que nadie ve y no lo decimos, pero sí sentimos.

La culpa y la carga mental: dos grandes enemigas invisibles de la crianza.

La carga mental no tiene horario ni vacaciones. Es ese trabajo y esfuerzo invisible que hacemos por recordar cada detalle del día a día, todas esas pequeñas cosas que parecieran insignificantes y que nadie ve. Y que cuando por fin estas descansando, de pilón te culpas porque tienes muchas cosas que hacer y todavía te preguntas, pero porque estoy tan cansada si hoy no hice nada.  Es pensar en todo y acompañar a nuestros hijos en sus miedos, sus necesidades, intentar validar sus emociones y abrazarlos, incluso cuando tal vez seamos nosotros las que mas necesitamos ese abrazo. Todo eso lo hacemos, mientras trabajamos, atendemos pendientes, emprendemos, soñamos.

Y eso es solo la superficie. Porque siempre está ahí la autoexigencia, la mugrosa culpa que se cuela en cada rincón, preguntándote: «¿Soy suficiente?» “¿Lo estaré haciendo bien?”, la culpa por perder la paciencia, por disfrutar mi trabajo, por querer entrar al baño con la puerta cerrada sin compañía, por seguir colechando, porque he engordado, porque no he salido a cenar con mi esposo hace meses, si hoy no me peine ni me maquille…  Esa que se culpa que siempre encuentra por donde colarse incluso cuando hacemos lo mejor que podemos:

  • Culpa por no estar siempre.
  • Culpa por trabajar y disfrutarlo.
  • Culpa por necesitar tiempo a solas.
  • Culpa por no ser la “mamá perfecta” que imaginamos.
  • Por no tener la casa de Pinterest.
  • Por no ser la familia de Instagram.

Pero aquí va una verdad necesaria: no podemos con todo, y eso está bien.

Tenemos que elegir que sombrero ponernos en cada momento y no querer cargar con todos al mismo tiempo, elegir nuestras batallas y realmente preocuparnos por lo que realmente importa.


Ser mamá y profesionista no debería ser una contradicción.

Trabajo porque me gusta, porque me mantiene activa, por mi crecimiento personal y profesional, porque necesito seguir estudiando y aprendiendo, porque me encanta lo que hago, porque también es parte de quien soy y de lo que era antes de ser mamá. Y ser mamá no queda en pausa mientras trabajo. Sigo siendo mamá cuando doy clase, cuando armo pedidos, cuando acompaño a mis pacientes… incluso cuando me siento al límite.

Por que ser mamá no entra en pausa cuando checo entrada al hospital. *No soy una mamá ausente por cumplir mis sueños*, ni tampoco soy una profesional mediocre por priorizar a mi hija, quitar mi consultorio y decir que no a ser la workaholic que algún día fui. Soy ambas, incluso cuando me parto en mil pedazos para no desaparecer en el intento. 

Algo que no quiero es perderme en la maternidad. Porque si me olvido de mí, ¿Cómo le enseño a mi hija a no olvidarse de sí misma? Porque estoy segura de que, si yo soy capaz de hacerlo, ella lo hará mil veces mejor, porque en su momento yo tuve el mejor ejemplo mi mamá, y ahora mis amigas y mis hermanas son un ejemplo de que se puede ser mama y profesionista al mismo tiempo.

Nuestros hijos no necesitan mamás perfectas. Necesitan mamás reales, humanas, que se cuidan, que se escuchan, que saben poner límites. Que también se ríen, descansan, sueñan, que piden perdón, que se equivocan y lo vuelven a intentar y se permiten no poder con todo y saben pedir ayuda.

A ti, mamá que trabaja y cría…

Tú que das el 100% en todo, aunque te sientas partida en pedacitos.

Tú que lloraste en el carro antes de llegar al trabajo y entraste con una sonrisa.

Tú que sueñas con un momento en silencio, pero piensas en tus hijos todo el tiempo.

Tú que estás cansada… pero sigues.

Te veo. Te entiendo. Estoy contigo.

Y quiero recordarte esto: decidiste ser mamá y también decidiste seguir siendo tú. No estás fallando, estás creciendo, estas evolucionado y en camino estas aprendiendo. Estás criando y construyendo tu vida al mismo tiempo. Y eso ya es muchísimo.

Conciliación: entre lo laboral y lo emocional

La conciliación entre maternidad y vida profesional sigue siendo un reto para muchas mujeres. Jornadas laborales que no son compatibles con la lactancia, con los horarios escolares, trabajos poco flexibles, ausencia de redes de apoyo y la presión de “ser buenas madres” generan un terreno fértil para el agotamiento emocional, divorcios, ansiedad, irritabilidad, insomnio o incluso depresión.

Es tiempo de hablar sin culpa de que necesitamos pausas, espacios propios, tiempos muertos y redes de apoyo reales. De que estar bien nosotras es parte esencial del bienestar de nuestros hijos.

¿Qué impacto tiene esto en la salud mental de las madres?

Cuando la culpa y la carga mental se cronifican, no solo generan agotamiento emocional y físico o Burn out, sino que también interfieren con el vínculo sano con nuestros hijos. Aparecen síntomas que requieren ayuda profesional, depresión, ansiedad, frustración y una constante sensación de “no estar haciendo lo suficiente”.

Y eso es peligroso, porque sabemos que una madre emocionalmente disponible es la suficientemente regulada para acompañar a su hijo con empatía y consistencia. Y para eso, necesitamos madres cuidadas, sostenidas, no sobrecargadas.

Como pediatra, y mamá me he dado cuenta por que ya he estado ahí:

  • Tu bienestar es tan importante como el de tu hijo.
  • Criar con culpa constante no mejora el apego, lo daña.
  • Estar presente no significa estar disponible las 24/7 sin descanso.
  • Delegar, pedir ayuda y poner límites no es egoísmo. Es salud mental preventiva.

Corresponsabilidad: no es ayuda, es justicia

Yo no sé en qué momento se consideró que la responsabilidad es de la mujer, y que nosotras podemos ser multitasking y tener 20 ventanas abiertas al mismo tiempo. La maternidad no fue diseñada para vivirse sola. Antes las mujeres vivían en tribus o comunidades donde se escuchaban y apoyaban entre ellas, ahora el ritmo de vida, la carga laboral y escolar, las distancias que nos separan de nuestras amigas, hacen que estemos siempre solas con nuestros hijos. Necesitamos hablar, y poder decirlo sin miedo, estamos cansadas y necesitamos ayuda, poder hablar de corresponsabilidad real. No se trata de que papá «ayude», sino de que comparta la carga física, emocional y mental de criar. De no tener que “pedir ayuda”, ni tener que dejar hechas listas de pendientes, o de poner recordatorios en las alexas. Se trata de que tú como papá te sepas que talla de zapatos son tus hijos, su historial clínico sin que estés llamando a mamá durante la consulta, acuérdate del nombre de sus profesores y de la mejor amiga de tu niña, ve una película con tu familia y deja el celular y el trabajo de lado.

Porque criar también es un trabajo, uno agotador, extremadamente bello, pero muy muy exigente… que no debería recaer solo en una persona.

Corresponsabilidad es:

  • Que ambos padres estén al tanto de lo que necesitan sus hijos.
  • Que papá también gestione emociones, tiempos, pendientes.
  • Que haya acuerdos, no favores.
  • Que seamos un equipo, no una jerarquía.
  • Que no se minimicen las labores domesticas y a la mujer que se queda en casa y no «trabaja».
  • Que se nos valore el doble esfuerzo que hacemos las que trabajamos.
  • Que no se nos juzgue por no estar al 100 en todo.

Porque cuando el peso se comparte, el amor fluye más liviano. Y la paciencia, ¡ahí sí alcanza para todos! 

Querido papá: esto es para ti.

Sé que amas a tus hijos. Que trabajas duro por ellos. Pero criar no es solo estar presente físicamente, económicamente y el preguntar en que ayudas. Criar también es pensar, planear, anticiparse, sostener emocionalmente a toda la familia.

Cuando tú te involucras de verdad, no solo aligeras la carga materna: te conviertes en figura de amor, de contención, de equilibrio.

Copaternar es criar juntos, no desde la ayuda, sin juzgar si decidimos trabajar y ser mamás, sin hacernos sentir culpables cuando decimos estoy cansada o cuando ese día pesado del trabajo decidimos soltar y pedir una pizza para cenar aun cuando sabemos que no es lo más saludable, cuando no nos fue posible lavar los trastes de la cena porque ya no podíamos mas. Es ver desde el amor que no pesa más de un lado que del otro.

Y no, no eres un mandilón por hacerlo. Eres un papá presente. Un compañero justo. Un hombre que educa con su ejemplo. Porque nos tocó otra generación, en la que, así como los gastos se comparten, las responsabilidades y las labores de casa también.

Y dentro de todo algo muy importante es no perdernos a nosotros 2 como la pareja de enamorados que algún día fuimos, esos que sentían mariposas en el estómago al verse, sé que nuestro amor ha madurado y que estamos en otra fase y que el enamoramiento quedo atrás hace muchos años, pero la realidad es que decidimos estar juntos y formar una familia, y algún día los hijos se irán y solo quedaremos tú y yo y lo que hallamos construido en el camino, y quien sabe algún día estaremos jubilados, viajando, descansando y muy emocionados esperando a que vengan a casa los nietos este fin de semana.


Mamá, no te olvides de ti, de quien eras y de quien quieres seguir siendo.

Así que hoy empiezo desde mí, porque yo me declaro culpable de haberme perdido en la maternidad y estoy en el proceso de volver a ser yo. Hoy haz un espacio para ti. Para reír, para respirar, para equivocarte y volver a empezar. ¡Recuerda lo que te gustaba hacer antes de ser mamá, leer, ir a la estética sin pensar en que tienes una pila de ropa por doblar, desvélate haciendo scrolling en tu celular o viendo esa serie que quieres maratonear desde hace meses, pero que no has podido por ver las series infantiles, llámales a tus amigas por teléfono y echa chisme sin interrupciones, planea un día de shopping tu sola y cómprate esos zapatos, tomate ese café y ve que sigues siendo tú!

Porque una mamá que mantiene su esencia y su personalidad lucha por sus metas y aplaude sus logros, es la mejor guía emocional y profesional que un hijo puede tener.

Y tú mereces todo eso que das: amor, respeto, cuidado y que seas tu misma la que no se olvide de consentirte a ti y que en la lista de prioridades y pendientes tu estas primero.

Hoy, te invito a: 

– *Respirar*. Aunque sea un minuto. 

– *Pedir ayuda*. Sin culpa. 

– *Celebrar* que estás criando y creciendo a la vez. 

Papá: Estás a tiempo de criar distinto. De compartir no solo los abrazos, sino también la carga, la mochila es más ligera si se comparte el peso. Porque la crianza no es una carrera en solitario, sino un camino que se hace más ligero cuando caminamos juntos y de la mano.

¿Qué podemos hacer para cuidar la salud mental materna?

  • Hablar de esto sin vergüenza.
  • Nombrar la carga mental y pedir corresponsabilidad.
  • Escuchar a la mamá cuando dice estoy cansada, necesito 5 min de silencio en mi espacio, si por que nosotras también necesitamos tener un rincón de la calma
  • Buscar redes de apoyo (reales o virtuales).
  • Delegar y soltar.
  • Validar nuestras emociones, sin juicios.
  • Poner límites sanos en el trabajo y en casa.
  • Buscar ayuda profesional si la tristeza, el cansancio o la ansiedad no se van.

Publicado en Crianza, neurodesarrollo, neurodivergencias, Salud Mental

Neurodivergencias y trastornos del neurodesarrollo. Más alla de las etiquetas.

El diagnóstico de un trastorno del neurodesarrollo o la identificación de una neurodivergencia puede generar muchas preguntas y emociones en los padres. Más allá de comprender qué significa y qué apoyos existen, es importante derribar mitos, eliminar el estigma y acompañar el proceso de aceptación y adaptación, tanto del niño como de su familia.

Desde los primeros meses de nuestra preparación como pediatras los primeros temas que se nos dan para estudiar son el crecimiento y desarrollo en las diferentes etapas. Nos enseñan a identificar los hitos del desarrollo de acuerdo a cada edad, qué es lo que está dentro de la normalidad y cuales son los focos rojos para detectar si un niño lleva un rezago en su desarrollo y enviarlo oportunamente a los especialistas necesarios, psiquiatra, audiólogo, neurólogo pediatra, medicina fisica y rehabilitacion y realizar estudios de extensión para identificar la causa. Pero poco se nos habla de las alteraciones sensoriales, en el desarrollo de la personalidad e interacción social, habilidades escolares, desarrollo del lenguaje y la comunicación. 

En los últimos años se ha ampliado la investigación de los trastornos del neurodesarrollo y la relación con las emociones de los pacientes que presentan estos padecimientos y se ha ampliado el paraguas de la neurodiversidad y cada vez se identifican nuevas condiciones que se agregan a la lista. 

Al buscar información y referencias bibliográficas en pediatría respecto a la neuro divergencia, se encuentra que es un término mayormente utilizado en psicologia y pedagogia infantil, casi todo se aborda desde el aspecto de trastornos del neurodesarrollo y las clasificaciones el DSM V y el CIE. 

Como pediatras, una de nuestras tareas es ayudar a los padres a entender el desarrollo de sus hijos y reconocer cuando hay diferencias que puedan requerir apoyo especializado. Es común que las familias tengan muchas dudas sobre los trastornos del neurodesarrollo y el concepto de neurodivergencia. Por lo que trataré de integrar y describir desde ambos puntos de vista psicológico y médico, los conceptos de neurodivergencia y trastorno del neurodesarrollo.

El objetivo de este post no es hacer una monografía de cada uno de ellos, si no intentar describir de una manera mas sencilla a los familiares, pacientes y maestros. 

¿Qué son los Trastornos del Neurodesarrollo?

Son condiciones en las que el desarrollo del cerebro sigue un patrón diferente al esperado, afectando habilidades como el lenguaje, la socialización, la atención, la motricidad o el aprendizaje, regulación emocional y la conducta. Suelen manifestarse en la primera infancia y pueden persistir en la vida adulta. 

Ejemplos incluyen:

  • Trastorno del Espectro Autista (TEA)
  • Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)
  • Discapacidad intelectual
  • Trastornos del aprendizaje (dislexia, disgrafía, discalculia)
  • Trastornos del lenguaje y la comunicación
  • Trastornos motores (dispraxia, tics, síndrome de Tourette)

Estos trastornos suelen tener una base genética y neurobiológica, y su impacto varía según el grado de afectación y el entorno del niño. Es importante entender que no son causados por la crianza ni por la falta de disciplina. Son diferencias en la estructura y funcionamiento del cerebro que requieren una intervención adecuada.

¿Qué significa Neurodivergente?

El concepto de neurodiversidad  reconoce que el cerebro humano no funciona igual en todas las personas. Así como hay diferentes tipos de inteligencia y personalidades, también hay diferencias en la forma en que pensamos, aprendemos y percibimos el mundo.

Neurotípico es un término que se utiliza para describir a las personas cuyos cerebros funcionan de acuerdo con lo que se considera «la norma» en la sociedad. Los individuos neurotípicos tienen una neurología típica, esto es, su procesamiento cerebral y cognitivo sigue los patrones que generalmente se esperan en términos de aprendizaje, lenguaje, comportamiento e interacciones sociales.

Una persona neurodivergente puede o no tener un diagnóstico clínico, apoyado por neurología pediátrica o por paidopsiquiatría. Algunos niños con TDAH, TEA o dislexia son neurodivergentes porque su cerebro procesa la información de manera distinta a la mayoría. Pero también hay niños sin un diagnóstico específico que pueden presentar diferencias cognitivas que no necesariamente son consideradas trastornos, como la alta sensibilidad, el pensamiento altamente lógico-creativo, hiper focalizado, formas atípicas de socialización y procesamiento sensorial.

El concepto de neurodivergencia promueve la inclusión y adaptación de los entornos educativos, laborales y sociales para aprovechar las fortalezas de cada persona en lugar de enfocarse solo en sus dificultades.

Los signos y síntomas de la neurodivergencia varían significativamente de una persona a otra, dependiendo de la naturaleza específica de su neurodivergencia. No todos los individuos neurodivergentes mostrarán todos estos signos y muchos pueden tener solo algunos de ellos. Sin embargo, estos son algunos de los signos más comunes que se pueden observar en personas neuro divergentes:

  • Dificultades con la concentración: Las personas neurodivergentes a menudo tienen dificultades para mantener la concentración en tareas, particularmente si esas tareas son aburridas o monótonas.
  • Sensibilidad sensorial: Las personas neurodivergentes a menudo tienen sensibilidades sensoriales altas, como sensibilidad a la luz, al sonido, a las texturas de los alimentos, a las texturas de la ropa, entre otros.
  • Dificultades sociales: Pueden tener dificultades con las interacciones sociales, como el contacto visual, entender el lenguaje no verbal y leer las emociones de los demás.
  • Intensa pasión por intereses específicos: Pueden tener intereses intensos y especializados en temas particulares.
  • Desafíos de organización: A menudo tienen dificultades con la organización y la gestión del tiempo.
  • Tendencia al pensamiento literal: Pueden tener problemas para entender metáforas o sarcasmo.
  • Dificultades con el sueño: A menudo tienen problemas para comenzar o mantener el sueño.
  • Desafíos en habilidades motoras: Pueden tener algunas dificultades con habilidades motoras finas y gruesas.
  • Reacciones emocionales intensas: Pueden tener reacciones emocionales intensas a situaciones u objetos específicos.
  • Índices académicos inconsistentes: A menudo tienen habilidades dispares, como brillar en unas áreas y luchar en otras.

Tipos de neurodivergencia más comunes en niños

  • Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)
  • Trastorno del espectro autista (TEA) 
  • Dislexia y otros trastornos del aprendizaje. 
  • Disgrafia
  • Discalculia
  • Dispraxia
  • Tartamudeo o tartamudez
  • Sinestesia 
  • Síndrome de Tourette
  • Trastorno obsesivo compulsivo (TOC)
  • Altas Capacidades Intelectuales.
  • Trastorno del Espectro del Procesamiento Sensorial (TEPS)
  • Trastornos del estado de ánimo y ansiedad

En resumen:

  • Los trastornos del neurodesarrollo son diagnósticos clínicos que afectan el desarrollo del cerebro y pueden generar dificultades en la vida diaria.
  • Las neurodivergencias son formas de funcionamiento cerebral diferentes a la norma, que pueden incluir trastornos del neurodesarrollo, pero también otras variaciones cognitivas.

¿Cómo apoyar a un niño con trastorno del neurodesarrollo o neurodivergente?

No hay un solo camino para apoyar a un niño con un trastorno del neurodesarrollo o una neurodivergente. Algunas familias encontrarán más beneficios en la terapia, otras en el apoyo escolar, y algunas en una combinación de estrategias, incluyendo medicación.

1. Terapias de rehabilitación

Son clave para ayudar a los niños a desarrollar habilidades en áreas específicas:

  • Terapia del lenguaje: Para mejorar la comunicación en niños con dificultades en el habla y comprensión.
  • Terapia ocupacional: Para fortalecer la motricidad fina, la coordinación y la integración sensorial. Beneficia a niños con dificultades en la escritura, el equilibrio, la planificación de movimientos o hipersensibilidad a estímulos.
  • Terapia física: Para mejorar la fuerza, el equilibrio y la coordinación en niños con trastornos motores.

2. Psicoterapia y apoyo emocional

El impacto emocional de ser neurodivergente en un mundo diseñado para la neurotipicidad puede ser significativo. Algunas opciones incluyen:

  • Terapia cognitivo-conductual (TCC): Ayuda a mejorar la regulación emocional, el control de impulsos y la resolución de problemas.
  • Psicoterapia infantil: Espacio para que los niños comprendan y manejen sus emociones.
  • Terapia familiar: Brinda herramientas a los padres para comprender y apoyar mejor a sus hijos.

La terapia psicológica es particularmente útil para niños con TDAH, ansiedad, depresión o dificultades en habilidades sociales.

3. Apoyo pedagógico y adaptaciones escolares

La escuela debe ser un espacio donde el niño se sienta apoyado en su aprendizaje. Algunas estrategias incluyen:

  • Adaptaciones en el aula: Como tiempo extra en exámenes, reducción de distractores o uso de herramientas tecnológicas.
  • Intervención psicopedagógica: Refuerzo escolar con técnicas adaptadas al estilo de aprendizaje del niño.
  • Educación especial o inclusión: Algunos niños se benefician de apoyo adicional en un entorno especializado o con adecuaciones curriculares.

El trabajo en equipo entre familia, escuela y terapeutas es fundamental para que el niño tenga éxito académico sin sentirse frustrado.

4. Medicación: ¿Cuándo es necesaria?

El uso de medicamentos depende del diagnóstico y la severidad de los síntomas. No es la única opción de tratamiento, pero puede ser una herramienta útil cuando otras estrategias no son suficientes.

  • TDAH: Se usan estimulantes  y no estimulantes para mejorar la atención e impulsividad.
  • Trastornos del estado de ánimo o ansiedad: En algunos casos, los inhibidores de la recaptura de serotonina pueden ser necesarios.
  • Autismo: No hay medicación para «curar» el autismo, pero algunos fármacos pueden ayudar con ansiedad, hiperactividad o agresividad en casos específicos.

Es importante que cualquier medicamento sea indicado y supervisado por un especialista pediatra, neuropediatra o psiquiatra infantil.

El impacto del estigma y las etiquetas

Uno de los mayores retos en los trastornos del neurodesarrollo no es la condición en sí, sino la forma en que la sociedad los percibe. El estigma puede venir de la escuela, la familia e incluso de los propios padres que, por miedo o desconocimiento, pueden evitar hablar del diagnóstico o buscar ayuda.

¿Cómo evitar las etiquetas negativas?

  • No definas a tu hijo solo por su diagnóstico. En lugar de decir «es autista» o «es TDAH», puedes decir «tiene autismo» o «tiene TDAH», destacando que es una parte de su identidad, pero no lo define por completo.
  • Resalta sus fortalezas. En lugar de enfocarte solo en las dificultades, observa en qué destaca y qué lo hace especial.
  • Educa a quienes lo rodean. Muchas veces el rechazo o la incomprensión vienen de la ignorancia. Hablar abiertamente sobre el tema ayuda a derribar prejuicios.

Consejos para hablar con tu hijo sobre su diagnóstico.

Una de las mayores preocupaciones de los padres es cómo hablar con su hijo sobre su diagnóstico sin que lo sienta como una carga o una etiqueta limitante. Lo más importante es que el niño entienda que su cerebro funciona de manera diferente, que no está solo y que hay formas de apoyarlo para que pueda desarrollar todo su potencial.

Aquí te dejo algunos ejemplos de cómo abordar la conversación según la edad 

Explicación general para cualquier neurodivergencia

  • Para niños pequeños (3-6 años):
    “Cada persona es diferente, algunos son muy buenos corriendo, otros dibujando, y otros tienen talentos en cosas que aún no han descubierto. Tu cerebro funciona de una manera especial, y eso significa que algunas cosas pueden ser más fáciles para ti y otras un poco más difíciles. Pero no estás solo, estamos aquí para ayudarte y aprender juntos.”
  • Para niños mayores (7-12 años):
    “A todos nos cuesta algo. Algunas personas tienen dificultades para ver y usan lentes, otras para escuchar y usan audífonos. Tu cerebro funciona de una manera única, y eso hace que aprendas y pienses diferente. Hay cosas que pueden ser un reto para ti, pero también tienes habilidades increíbles. Vamos a descubrir cómo podemos hacer que aprendas y te sientas mejor en la escuela y en casa.”
  • Para adolescentes:
    “Tu diagnóstico no define quién eres, pero puede ayudarnos a entender mejor cómo piensas, aprendes y sientes. Algunas personas neurodivergentes han cambiado el mundo con su creatividad y forma única de ver las cosas. Queremos asegurarnos de que tengas las herramientas que necesitas para sentirte bien contigo mismo y alcanzar tus metas.”

Escucha sus dudas y emociones. Deja que exprese lo que siente sin corregirlo o minimizarlo.
Usa un lenguaje positivo. Evita frases como “tienes un problema” o “esto es una enfermedad”. Enfócate en explicar que es una característica de su cerebro.
Dale ejemplos de personas exitosas con su mismo diagnóstico. Saber que otros han logrado grandes cosas puede ser motivador.
Refuerza su autoestima. Asegúrale que su diagnóstico no lo define y que tiene muchas cualidades valiosas.
Incluye a la familia y maestros. Es importante que el niño sienta que no está solo y que hay un equipo que lo apoya.

Mensaje final para los padres:

Entender y aceptar su diagnóstico ayudará a tu hijo a conocerse mejor, a no sentirse avergonzado y a pedir ayuda cuando la necesite. Lo más importante es que sepa que no está solo y que cuenta con amor y apoyo incondicional para enfrentar cualquier desafío.

  1. Observa y acepta: Cada niño tiene su propio ritmo. Si notas que tu hijo procesa la información de manera diferente, si tu pediatra o su profesor te comenta que hay datos que sugieren algún trastorno del neurodesarrollo busca apoyo por especialistas.
  2. Busca orientación profesional: Un diagnóstico temprano puede hacer la diferencia en el desarrollo y bienestar del niño, el abordaje inicial es complicado sobre todo en lactantes y en edad preescolar. Algunos niños muestran datos desde edades tempranas que sugieren o confirman el diagnóstico. Pero las pruebas psicométricas, estudios genéticos, estudios de laboratorio y radiológicos no siempre confirman el diagnóstico y en ocasiones es necesario repetir las pruebas después de los 6 años. Es necesario un abordaje multidisciplinario por paidopsiquiatría, neurología pediátrica, psicología y neuropsicología infantil, terapeutas infantiles, el apoyo pedagógico y de la familia. Las opciones de apoyo disponibles varían de acuerdo a las necesidades de cada niño.
  3. Infórmate con fuentes confiables. No creas todo lo que lees en redes sociales o escuchas de conocidos. Consulta con especialistas, prepárate, busca libros que te orienten sobre la crianza, únete a grupos de apoyo e inscríbete a cursos dirigidos a padres. Pide apoyo también para ti como papá, a veces es bueno pedir ayuda y que alguien te escuche. 
  4. Adapta el entorno: Ajusta la forma en que te comunicas y organizas las actividades para facilitar su aprendizaje y bienestar emocional.
  5. Refuerza sus fortalezas: Muchos niños neurodivergentes tienen talentos únicos, ayúdalos a descubrir en qué destacan y dales oportunidades para crecer en esas áreas.
  6. TEN PACIENCIA: Como mamá pediatra, te puedo asegurar que este punto es el más complicado, todo mundo quiere opinar sobre los métodos de crianza, juzgan si lo haces bien o si lo haces mal, si exageras en el abordaje o si lo tomas muy a la ligera. Lo que te puedo asegurar es que lo harás bien! siempre que sigas a tu corazón y tus instintos, el dar demasiado amor a un niño no esta de más, los niños con neurodivergencias pasarán por procesos complicados de adaptación con sus pares, en este momento tu eres todo lo que ellos tienen. 

Si sospechas que tu hijo tiene un trastorno del neurodesarrollo o simplemente notas que su forma de aprender, jugar o socializar es distinta, acércate a un pediatra o especialista en desarrollo infantil. El apoyo temprano y la comprensión familiar son claves para que los niños neurodivergentes crezcan con confianza y alcancen su máximo potencial.Cada niño es diferente, y el tratamiento debe adaptarse a sus necesidades individuales.

Confía en el proceso, busca apoyo y celebra cada avance, por pequeño que sea.

Publicado en Adolescencia, Crianza

Tratando de entender a tu hijo adolescente, desde una perspectiva de empatía, amor y respeto.

Tu hijo al llegar a la adolescencia inicia un viaje de cambios a muchos niveles, hormonales, corporales, emocionales y cerebrales. Es importante que durante este camino ellos tengan nuestra compañía, guía y respeto, dándoles su espacio para aprender de sus errores, crecer con ellos y como padres iniciar el proceso de aceptar que nuestro bebé ya no es un niño y necesita su espacio e independencia. Como padres el comprender que es lo que sucede a nivel físico y que es lo que ellos sienten nos ayudara un poquito a hacer más llevadera esta etapa.

Recuerda tu adolescencia

Yo también viví una adolescencia y aunque ahora todo te parezca un mundo acabará pasando.

Trata de recordar como fue tu adolescencia, regresa a los días en que tuviste tu primera menstruación, los cambios que presentaba tu cuerpo, las relaciones con tus compañeros de escuela, la presión social de los estándares de belleza, tener tu primer novio y el tomar decisiones que marcaran tu vida futura como elegir una carrera. La lucha constante con la autoridad y las reglas que te imponían los adultos que estaban a tu cargo. El cómo querías ser independiente y como te sentías presionado y observado por los adultos. Los días en que sentías que no eras un niño, pero tampoco un adulto, cuando en las reuniones familiares no encontrabas tu lugar en la mesa. Recuerda esos días en los que estabas tan enojado que no querías ver a nadie o los días en que solo deseabas estar encerrado en tu cuarto sin hablar con nadie o los días en que llorabas sin saber por qué. También los días en que te sentías solo y que nadie te entendía. La adolescencia no fue una etapa fácil tampoco para nosotros, y aunque muchos tratamos de borrar esas paginas grises o intentamos recordar solo los momentos alegres, a otros nos dejaron cicatrices que aun de adultos tratamos de seguir sanando.

La mayoría de nosotros en nuestra adolescencia no tuvimos redes sociales, ni este bombardeo de información y puntos de comparación constante, nuestro circulo se mantenía en compañeros de escuela, primos, vecinos y amigos de la familia, hoy los adolescentes tienen día a día en la palma de su mano el acceso a imágenes e información de adolescentes de todo el mundo, interactúan con gente que no conocen e incluso corren el riesgo de tener contacto con adultos que se aprovechen de su inocencia. Los estándares de belleza, moda, estilo de vida, relaciones personales tienen un nivel más alto en comparación al que nos enfrentábamos nosotros, Pinterest, Instagram, Tik Tok, video juegos, apps de citas, hacen que el adolescente tenga una influencia constante de que es lo que debe hacer, comer, como vestirse o relacionarse con sus pares.


El adolescente pasa por un proceso de cambios que lleva varios años, e incluso aun cuando es considerado adulto después de los 18 años de manera legal, aun no ha concluido el camino hacia la madurez

Cambios Hormonales y Corporales

Durante la pubertad, las glándulas endocrinas liberan hormonas que desencadenan cambios físicos notables. Estos cambios también pueden generar incomodidad o inseguridades en los adolescentes, ya que su cuerpo cambia rápidamente. Como padres, validar sus emociones y ofrecer información clara sobre el desarrollo normal puede ayudarles a sentirse apoyados.  Estar alerta ante datos de alarma de trastornos de alimentación como anorexia o bulimia, depresión, ansiedad o vigorexia. Enseñarles a respetar su cuerpo y respetar el cuerpo de los demás. Iniciar educación sexual y quitarnos los prejuicios que nos fueron inculcados a nosotros respecto al celibato, creencias religiosas y de preferencias sexuales. Como padres ellos deben sentir que nosotros somos su espacio seguro y siempre estemos ahí para acompañarlos.

Cambios en el Cerebro

El cerebro adolescente es tema tan fascinante como extenso y del cual hablaremos de manera más profunda en otras publicaciones. De manera general su cerebro pasa por un proceso de constante remodelación. Durante esta etapa:

  • La amígdala, encargada de las emociones, tiene una actividad intensa, lo que puede llevar a respuestas emocionales más fuertes e incluso reacciones desproporcionadas.
  • El lóbulo frontal, responsable de la toma de decisiones, el razonamiento y el control de impulsos, está en pleno desarrollo y no madura completamente hasta los 25 años. Por eso, muchas de sus decisiones pueden parecer impulsivas o basadas en la emoción del momento.

Este desequilibrio en el cerebro puede explicar por qué los adolescentes tienden a buscar recompensas inmediatas, reaccionan de manera más emocional y, en ocasiones, subestiman los riesgos.

Cambios emocionales.

En esta etapa, los adolescentes viven una montaña rusa emocional:

  • Autoestima variable: Los cambios físicos y sociales pueden afectar cómo se perciben a sí mismos. Pueden sentirse inseguros un día y confiados al siguiente.
  • Búsqueda de independencia: Quieren tomar sus propias decisiones, lo que puede llevar a desacuerdos con los padres.
  • Exploración de su identidad: Los adolescentes buscan entender quiénes son y cómo encajan en el mundo, probando nuevos roles y desafiando normas.
  • Mayor sensibilidad emocional: Las pequeñas cosas pueden parecerles enormes, y sus reacciones a menudo reflejan esta intensidad.

Es importante reconocer que sus reacciones no siempre son un «ataque» a los padres, sino una forma de procesar este torbellino interno. Una respuesta empática puede ser tan simple como decir: «Sé que esto es difícil para ti. Estoy aquí para escucharte». El solo estar presentes y que ellos sepan que estamos ahí, al adolescente no le gusta sentirse agobiado con la presencia de los adultos y los interrogatorios constantes, pero les reconforta el saber que tienen un adulto que los cuida y mantiene seguros.


Los Retos Diarios de los Adolescentes

Los adolescentes enfrentan presiones constantes:

  • Académicas: Expectativas escolares y decisiones sobre su futuro.
  • Sociales: Deseo de pertenecer a un grupo, manejar sus primeras relaciones y decepciones amorosas, mantener los lazos de amistad y enfrentar posibles casos de exclusión o bullying.
  • Digitales: La constante comparación en redes sociales puede afectar su autoestima, así como la presión por estar siempre «conectados».

Conocer estos retos permite que como padres seamos más comprensivos y estemos preparados para ofrecer apoyo cuando lo necesiten.


Manteniendo la Conexión desde el Amor y el Respeto

La conexión con un adolescente y como relacionarnos con ellos es uno de los mayores retos como padres y una fase a la que la mayoría tenemos miedo de llegar, todos los padres tratamos de hacer lo mejor, pero no siempre tenemos los mejores métodos y herramientas, pero hay estrategias que nos pueden ayudar a fortalecer el vínculo, algunas de ellas son:

  • Escucha activa: Dedica tiempo a escuchar sus inquietudes y emociones sin interrumpir o intentar resolver todo por ellos, muestra interés genuino en lo que les preocupa, dedícales tiempo de calidad y haz un espacio en tus ocupaciones para estar cerca cuando ellos te solicitan.  
  • Comunícate con claridad:  Evita los sermones largos, trata de ser breve y claro.
  • Valida sus emociones: Desde la empatía y el respeto, comprende como se siente el adolescente ante algunas situaciones, hazles saber entiendes lo que están pasando y que lo que sienten es válido. Frases como «Entiendo por qué te sientes así» ayudan a crear confianza.
  • Ofrece apoyo sin imponer: Permíteles tomar decisiones siempre que sea seguro, guiándolos para que aprendan de las consecuencias.
  • Dedica tiempo de calidad: Busca actividades que disfruten juntos, desde preparar una comida hasta ver una serie. Estos momentos fortalecen el lazo emocional.
  • Establece límites claros y flexibles: Las reglas son importantes, pero también lo es adaptarse a sus necesidades cambiantes.
  • Da ejemplo: Muestra comportamientos responsables y cómo manejar las emociones de manera saludable.

Ser padre de un adolescente es un aprendizaje constante que requiere paciencia, empatía y flexibilidad. Reconoce que esta etapa también es una oportunidad para que como familia crezcan juntos. Con amor, respeto y una comunicación abierta, puedes ayudar a tu hijo a navegar este desafiante pero maravilloso camino hacia la adultez.

¿Cuál ha sido tu mayor reto como padre de un adolescente, y qué estrategias han funcionado para ti?

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DESAFIOS DE LA CRIANZA RESPETUOSA Y DISCIPLINA POSITIVA EN LA ACTUALIDAD

Antes que nada, un abrazo a todas las mamás que están leyendo esto, y una felicitación a los papás que están rompiendo paradigmas, involucrándose en temas de crianza y haciendo coparentalidad con su pareja.

Para iniciar, vamos a dar un poquito de introducción sobre los cambios que hemos tenido en la crianza y definiciones.

Crianza Respetuosa y Disciplina Positiva: Un nuevo paradigma en familia

La crianza ha cambiado y evolucionado en los últimos años, intentando ser un modelo más respetuoso, validando las emociones, así mismo involucrando a los padres a una corresponsabilidad.

Intentar adaptarnos a las nuevas perspectivas y modelos no es algo fácil; se logra luchando día a día con nuestras costumbres, los juicios de generaciones pasadas y la forma en la que nosotros mismos fuimos educados.

La forma en que criamos a nuestros hijos tiene un impacto profundo en su desarrollo emocional y social. Cada día escuchamos más conceptos como crianza respetuosa y disciplina positiva que han revolucionado nuestra forma de entender la paternidad, alejándonos de modelos tradicionales y autoritarios hacia un enfoque más consciente y afectivo.

¿Pero qué es la Crianza Respetuosa?


La crianza respetuosa se basa en tratar a los niños como individuos con derechos, necesidades y emociones válidas. Busca fomentar una relación basada en la empatía, la comunicación y el respeto mutuo, donde los niños no solo sean escuchados, sino también comprendidos y valorados.

¿Y la Disciplina Positiva?


Es una metodología que sustituye el castigo por herramientas que enseñan habilidades de vida. No se trata de ser permisivo, sino de establecer límites claros con amabilidad y firmeza. Este enfoque ayuda a los niños a desarrollar autocontrol, responsabilidad y confianza, mientras se fortalecen los lazos familiares.

Los Modelos de Crianza


Existen diversos estilos de crianza, cada uno con características que influyen en la relación entre padres e hijos:

  1. Autoritario: Rígido y controlador, basado en el castigo y la obediencia. Los niños suelen sentirse inseguros o con miedo a equivocarse.
  2. Permisivo: Sin límites claros ni estructura, lo que puede llevar a falta de autocontrol y dificultades en la toma de decisiones.
  3. Negligente: Carencia de afecto y estructura. Los niños en este modelo pueden experimentar abandono emocional.
  4. Democrático: Equilibrado, combina límites firmes con amor y respeto. Promueve la autonomía y el desarrollo emocional.

La crianza respetuosa y la disciplina positiva se enmarcan dentro del modelo democrático, que busca un equilibrio entre las necesidades del niño y las de los padres. Este modelo fomenta no solo una relación saludable entre padres e hijos, sino también un entorno donde toda la familia puede prosperar.

Rompiendo con el pasado: Desafiar costumbres y juicios

Es común escuchar frases como: «A mí me criaron así y no me pasó nada» o «Los niños necesitan mano dura», «Es que ese niño está muy consentido», «No le des opciones, porque le preguntas; se hace lo que los papás dicen y punto». Estas ideas reflejan un enfoque autoritario y, en muchos casos, una desconexión emocional entre padres e hijos.

La crianza respetuosa y la disciplina positiva, en cambio, priorizan el entendimiento de las necesidades emocionales del niño, fomentando su desarrollo desde el amor y el respeto, no desde el miedo. Este enfoque no solo fortalece el vínculo afectivo, sino que también permite que los niños crezcan como individuos empáticos, resilientes y con una autoestima sólida.

Desafiar las creencias de los abuelos o de la sociedad no significa rechazarlas completamente. Muchas veces, se trata de adaptarlas al presente, integrando prácticas que nos permitan criar con mayor conciencia y sensibilidad hacia los sentimientos y derechos de los niños.

La Evolución de la Crianza en los Últimos Años

Hoy entendemos que criar no es simplemente disciplinar, sino acompañar.

Además, la conexión emocional se valora más que nunca. Abrazar esta evolución no significa que nuestros padres o abuelos hicieron todo mal, sino que tenemos acceso a herramientas que ellos no tenían. Y todo padre intenta hacer lo mejor desde sus posibilidades y su conocimiento.

Un Llamado a Crear un Futuro Diferente

Criar respetuosamente no es fácil, especialmente cuando las opiniones externas y la presión social nos invaden. Pero cada paso que damos hacia una paternidad consciente es un regalo para nuestros hijos y un desafío necesario para cambiar la narrativa familiar.

La Coparentalidad: Un Equipo con el Mismo Propósito

Uno de los aspectos clave de esta nueva visión es la coparentalidad, que significa que ambos padres comparten de manera equitativa las responsabilidades de la crianza. Esto incluye tomar decisiones y participar en las actividades diarias de los hijos.

Involucrarse significa trabajar en equipo, ayudar a aliviar la carga mental de la madre y mostrar a los hijos que el hogar y la familia son una responsabilidad compartida.

Padres, ¡involúcrense! Escuchen, compartan y asuman su papel con orgullo. Madres, recuerden que no están solas, y que su bienestar también importa. Juntos, podemos construir familias más equilibradas, amorosas y resilientes.

¿Qué piensas sobre la crianza respetuosa? ¿Cómo manejas los desafíos de los juicios externos? ¡Cuéntame en los comentarios! 🌟