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Nostalgia Navideña y Culpa Materna: Cuando la Alegría y la Tristeza se Toman de la Mano.

Después de unas semanas alejada de mi blog, precisamente por un torbellino de emociones y sobrecarga de trabajo, hoy me siento desde mi espacio de paz y tranquilidad a escribir desde la empatía y la sinceridad que me llevo a iniciar con este proyecto.

Diciembre tiene una forma extraña de sentirse como un abrazo y una despedida al mismo tiempo. Hay luces, posadas, planes y risas; y de pronto, sin razón clara, aparece un nudo en la garganta.

A mis 46 casi 47 años, y con una hija de 7 que ilumina mi vida, la salud de mi mamá en recuperación, podría pensarse que tengo la Navidad «resuelta». Veo la magia en sus ojos y siento un agradecimiento profundo, genuino. Pero, al mismo tiempo, siento el peso del tiempo y la nostalgia de cada año agudizada de las sillas vacías en la mesa, para mi siempre serán Navidad mi abuelito Pepe y mi tia Lory, ellos me enseñaron a disfrutar estas fechas y ahora estoy aprendiendo a darle un nuevo significado con Mayte.

Si te pasa esto, si sientes que estás en una montaña rusa donde pasas de la euforia a la melancolía, quiero que sepas algo fundamental: no estás sola y no estás «mal».

Como pediatra y como paciente de psicología, lo veo y lo demuestro en consulta. Como madre, lo vivo en mi propia piel. Hoy quiero decirte con claridad: es normal sentir nostalgia y alegría a la vez.

¿Por qué nos sentimos así? La ciencia detrás del nudo en la garganta

No eres tú «siendo dramática», es tu cerebro procesando el cierre de un ciclo. Diciembre no es un mes neutro.

  1. Balance de vida: Tu mente revisa inconscientemente el año: lo que lograste, lo que faltó, lo que cambió y lo que dolió.
  2. Memoria emocional activada: Los olores, las canciones y las tradiciones despiertan recuerdos. Y los recuerdos no vienen editados «solo con lo bonito»; vienen con la historia completa, incluyendo a quienes ya no están.
  3. Sobrecarga sensorial: Rutinas rotas, ruido, luces y visitas. Para muchos cerebros (y para los niños), esto se siente como una sobrecarga del sistema nervioso

La trampa de la «Navidad Perfecta» y la Culpa Materna

A este cóctel emocional se le suma la presión. Las redes sociales nos venden cenas de revista, decoraciones impecables y madres con energía inagotable y looks modernos. Pero mi realidad (y quizás la tuya) incluye gestionar el dolor físico, el cansancio y las emociones complejas mientras intentamos hacer que el dinero rinda y crear magia para nuestros hijos.

Y entonces aparece la vieja amiga, la culpa materna con sus famosos «debería»:

  • «Debería estar feliz todo el tiempo».
  • «No debería sentirme cansada».
  • «Debería disfrutar cada segundo».
  • «Debería agradecer por todo lo que tengo».

Aquí es donde necesitamos romper el mito: Agradecer no borra el cansancio. Agradecer no elimina el duelo. Puedes estar profundamente agradecida por la infancia de tus hijos y, al mismo tiempo, estar triste por tu propia historia o agotada por la logística. Ambas verdades caben en ti.

Cuando los niños también sienten el torbellino

Como pediatra, debo recordarte que tus hijos son también sienten esta intensidad. En ellos, la nostalgia o la sobrecarga rara vez se expresan con palabras elegantes como «estoy melancólico». Además se les suma la expectativa de ser un «niño bueno» para recibir los regalos que han esperado todo el año. Visitar y convivir con parientes que rara vez ven y comer alimentos a los que ellos no están acostumbrados. Por eso se ven como cambios en su conducta:

  • Berrinches más frecuentes («no sé qué me pasa»).
  • Apego intenso o necesidad de contacto físico.
  • Irritabilidad y llanto fácil.

No se están portando mal; al igual que tú, su sistema emocional está lleno.

Herramientas para sobrevivir (y disfrutar) la Navidad Real

No te voy a pedir que «pienses positivo» o que dejes de extrañar. Te voy a dar herramientas de regulación que tal vez puedan ayudar a familias reales:

1. Ponle nombre corto a la emoción.

No necesitas un discurso. Di: «Hoy traigo mezcla: alegría con nostalgia» o «Hoy estoy agradecida, pero me pesa el cuerpo». Nombrar la emoción la ordena, y cuando la ordenas, deja de asustar.

2. El ritual de los 3 minutos.

Cuando sientas el nudo en la garganta o la ansiedad subir:

  • Pon una mano en el pecho y otra en el abdomen.
  • Inhala lento en 4 tiempos.
  • Exhala más lento en 6 tiempos.
  • Repite 5 veces y di: «Puedo sentir esto y seguir».

3. Una expectativa menos.

Elige conscientemente un «no haré». «No haré la cena perfecta», «No iré a ese compromiso que me drena», «No fingiré que no estoy cansada». No tienes que ir en tacones y con un peinado de salón a la cena de Navidad. Puedes elegir ser feliz, estar comoda y soltar una expectativa te regala más paz que diez propósitos nuevos.

La belleza de la contradicción

Si este diciembre te sientes en un torbellino, tu cuerpo no está fallando: está sintiendo, y sentir es profundamente humano.

Honra la alegría de tus hijos y honra la silla vacía. La gratitud madura entiende que la vida es mezcla de emociones.

Cuéntame en los comentarios:

¿Qué emoción te visita más este diciembre: la nostalgia, la alegría o el cansancio?

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Autor:

Soy Skarlett Ruelas. Pediatra multitasking, siempre en búsqueda de explorar nuevas experiencias y conocimientos, viajera, foodie, chef, profesora, esposa, amiga y ahora una mamá con ganas de brindarle lo mejor a mi hija.

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