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Hablemos con el corazón: cómo comunicarnos con los niños y adolescentes enfermos

Un niño enfermo no solo se enfrenta al malestar de la enfermedad, inyecciones, personas desconocidas y la toma de medicamentos de sabor desagradable. Está entrando en un mundo que muchas veces no entiende: batas blancas, agujas, luces constantes, sonidos y ruidos molestos, palabras extrañas. Y ahí es donde nosotros, como adultos responsables de su cuidado —padres y personal de salud— tenemos la tarea más importante: acompañar con respeto, empatía y palabras que sanen.

Cuando un niño se enferma, a menudo los adultos subestimamos sus emociones. La enfermedad no solo trae síntomas físicos, sino que también genera una cascada de emociones complejas: confusión sobre lo que está pasando en su cuerpo, miedo a lo desconocido, ansiedad por la separación de sus rutinas familiares, e incluso una sensación de culpa o responsabilidad por estar enfermo.

Como pediatras, enfrentamos diariamente una de las responsabilidades más delicadas de nuestra profesión: comunicarnos con pequeños seres humanos aun en formación, cuya comprensión del mundo está en construcción, mientras sus padres luchan con sus propios miedos, ansiedades y la sensación de impotencia que surge cuando nuestros hijos están enfermos.

La comunicación en pediatría no es simplemente transmitir información médica. Es un acto de amor, de respeto y una oportunidad única de sembrar confianza durante toda una vida. Sin embargo, también es uno de los aspectos menos enseñados en nuestras facultades de medicina, donde el enfoque técnico a menudo eclipsa la dimensión humana de nuestra práctica.

Esta entrada nace de la necesidad de abordar una realidad que vemos todos los días en nuestra practica clínica: niños aterrorizados por «ir al médico» y amenazados además que se les picara si no dejan de llorar, padres angustiados que no saben cómo explicar a sus hijos lo que está pasando, y profesionales de la salud que, a pesar de sus mejores intenciones, a veces perpetúan dinámicas de miedo y desconfianza por falta de herramientas comunicativas adecuadas. Es crucial entender que para un niño, estar en un hospital o clínica no es solo un inconveniente temporal, sino una experiencia que puede moldear su relación con la medicina y los profesionales de la salud durante toda su vida. Cada interacción que tenemos con ellos es una oportunidad de construir confianza o, lamentablemente, de sembrar miedos que pueden durar décadas.

Los estudios revelan que una buena comunicación clínica se asocia con mejores resultados en salud, mayor satisfacción del paciente y sus familias, mayor adherencia terapéutica, y significativamente, menor posibilidad de demandas legales. Pero más allá de estas métricas, existe algo mucho más profundo: el impacto emocional y psicológico que nuestras palabras y actitudes tienen en el desarrollo emocional de los niños y en la salud mental de las familias.

Principios clave

● Decir la verdad con lenguaje simple: nunca mentir; simplificar y graduar la información.
● Personalizar por edad y neurodesarrollo; tratar de confirmar que la información fue comprendida por el paciente y los familiares.
● Validar emociones y transmitir calma: nombrar miedo/dolor y ofrecer opciones si es posible.
● Tomar decisiones en conjunto con la familia: centradas en el bienestar del paciente.
● Anticipar procedimientos explicando por pasos, sensaciones y cómo ayudaremos.
● Reducir dolor y ansiedad.

Preparación y acompañamiento en procedimientos

Antes: explicar el porqué, los pasos y cuánto durará.
Durante: Ofrecer opciones de confort como lactancia, contención gentil por el cuidador, posición cómoda, música, mantener al acompañante o distracciones. Usar técnicas de relajación como respiración guiada o conteo
Después: reforzar logros, evaluar dolor/ansiedad, ofrecer cuidados como la colocación de vendajes, frío local o calor.

● Evitar prometer ‘no dolerá’; en su lugar: ‘hará cosquillas, un pellizquito o ardorcito y pasará rápido; yo te acompaño’.

Consentimiento, permiso y asentimiento

● En pediatría, se busca permiso de padres/madres/tutores y asentimiento del menor cuando tiene capacidad para comprender.
● Respetar el derecho del adolescente a confidencialidad en temas sensibles; promover decisiones compartidas y documentadas.
● Si la familia pide ‘no decirle’, explorar motivos, evaluar capacidad de comprensión del menor y daños potenciales de ocultar; buscar acuerdos que protejan su bienestar y dignidad.


La Realidad Emocional del Niño Enfermo: Comprendiendo su Mundo Interior

Para comunicarnos efectivamente con un niño enfermo, primero debemos comprender la complejidad de su experiencia emocional. Los niños no son adultos pequeños; por lo que su forma de procesar la información, entender la enfermedad y manejar el miedo tiene características únicas que debemos respetar y considerar en cada interacción con ellos.

El desarrollo cognitivo y la comprensión de la enfermedad

La forma en que un niño entiende la enfermedad está relacionada con su etapa de desarrollo cognitivo. Los niños preescolares, por ejemplo, pueden creer que se enfermaron porque «fueron malos» o porque «no se portaron bien», reflejando su pensamiento mágico característico de esta edad. Los escolares pueden tener una comprensión más concreta de causa y efecto, pero aún pueden malinterpretar información médica compleja.

Esta comprensión evolutiva de la enfermedad nos obliga como profesionales a adaptar nuestro lenguaje, nuestras explicaciones y nuestras expectativas a cada etapa del desarrollo. No podemos esperar que un niño de cuatro años comprenda una explicación que sería apropiada para un adolescente.

🌱 Preescolares (3-6 años): pequeños con grandes miedos

A esta edad, el pensamiento es mágico y literal: creen que todo lo que les sucede puede ser consecuencia de algo que hicieron o pensaron. Por eso, es fácil que se sientan culpables o asustados.

👩‍⚕️ Como personal de salud:
  • Usa palabras simples y concretas: “Voy a escuchar tu corazón” en lugar de “auscultación”.
  • Permite que tengan a mamá o papá cerca durante los procedimientos.
  • No prometas lo que no se cumplirá (“no va a doler”) → mejor: “Va a doler poquito, pero pasará rápido.”
  • Refuerza con frases positivas: “¡Lo hiciste muy bien! Eres valiente.”
👨‍👩‍👧 Como papás o cuidadores:
  • Prepáralos con anticipación: “Hoy iremos al doctor para que nos ayude a que te sientas mejor.”
  • Usa juegos o muñecos para explicar lo que pasará.
  • Valida emociones: “Está bien llorar, yo estaré contigo.”
  • Refuerza la seguridad: “Nada de lo que hiciste causó que te enfermaras, no es tu culpa.”

📘 Escolares (6-12 años): en búsqueda de explicaciones claras

A esta edad, los niños ya entienden la lógica y necesitan saber el “por qué”. Si no reciben respuestas claras, las inventan.

👩‍⚕️ Como personal de salud:
  • Explica qué harás y por qué: “Esta medicina ayuda a tu garganta a mejorar.”
  • Hazlos partícipes: “¿Quieres escuchar también tu corazón con el estetoscopio?”
  • Sé honesto con el dolor: “Va a doler un poco, pero la medicina hará que mejores pronto.”
  • Usa ejemplos prácticos que entiendan (superhéroes o princesas, pequeños bichos o gérmenes, defensas del cuerpo).
👨‍👩‍👧 Como papás o cuidadores:
  • Involúcralos en su cuidado: que pregunten, que opinen si quieren agua o pastilla.
  • Refuerza su autoestima: “Confío en ti, sé que lo harás muy bien.”
  • Usa cuentos o comparaciones para explicar: “Tu cuerpo es como un escudo que necesita energía para recuperarse.”
  • No uses frases que minimicen: evita el “ya estás grande, no llores.”

🧑‍🦱 Adolescentes (12-18 años): adultos en construcción

Aquí buscan autonomía, privacidad y respeto. Tomarles en serio y hablarles de manera directa y clara.

👩‍⚕️ Como personal de salud:
  • Háblales a ellos por su nombre, no solo a los padres: “¿Cómo te has sentido tú?”
  • Respeta su intimidad: ofrecer unos minutos a solas puede marcar la diferencia.
  • Explica directo y sin adornos: odian sentir que los tratan como niños.
  • Involúcralos en decisiones: “Tenemos dos opciones de tratamiento, ¿Cuál prefieres probar primero?”
  • Usa un lenguaje que les haga sentir confianza, no juicio.
👨‍👩‍👧 Como papás o cuidadores:
  • Escúchalos sin interrumpir, aunque no digan mucho.
  • Respeta sus silencios y emociones: el enojo o la apatía muchas veces son formas de procesar la vulnerabilidad.
  • Ofréceles información clara: “El doctor recomienda esto, ¿quieres que lo revisemos juntos?”
  • Hazlos parte activa de su cuidado: horarios de medicinas, acompañamiento en decisiones.
  • Refuerza siempre que su cuerpo y sus emociones merecen respeto.

🌟 La clave común en todas las etapas

Ya sea preescolar, escolar o adolescente, todos los niños necesitan lo mismo en esencia:

💙 verdad, empatía y respeto.

Con los más pequeños, la ternura es el camino.
Con los escolares, la claridad es la clave.
Con los adolescentes, el respeto es el puente.


La Cascada Emocional de los Padres

El momento en que un padre o madre se entera de que su hijo está enfermo desencadena una cascada emocional compleja que incluye múltiples sentimientos simultáneos y a menudo contradictorios. Primero surge el miedo: miedo a lo desconocido, miedo al dolor de su hijo, miedo a las posibles complicaciones, miedo a no saber cómo ayudar. Este miedo inicial puede ser tan intenso que paralice la capacidad de los padres para procesar información o tomar decisiones racionales.

Junto al miedo aparece la culpa, esa voz interna que susurra preguntas tortuosas: «¿Podría haberlo evitado?», «¿Noté los síntomas lo suficientemente pronto?», «¿Soy un buen padre/madre?». Esta culpa, aunque generalmente infundada, puede ser devastadora para la autoestima parental y afectar su capacidad de brindar el apoyo emocional que su hijo necesita.

La sensación de impotencia es otro componente central de la experiencia parental durante la enfermedad infantil. Los padres, acostumbrados a ser los protectores y solucionadores de problemas de sus hijos, se enfrentan súbitamente a una situación donde no pueden «arreglar» el problema con un abrazo, un «sana sana colita de rana» o una curita. Esta pérdida de control puede generar una ansiedad profunda que se manifiesta en hipervigilancia, dificultades para dormir, problemas de concentración y, en algunos casos, síntomas físicos como dolores de cabeza o problemas gastrointestinales.

El Impacto en la Dinámica Familiar

La enfermedad de un niño no afecta solo al paciente y a los padres; tiene un impacto sistémico en toda la familia. Los hermanos pueden sentirse desplazados, confundidos o incluso celosos de la atención que recibe el hermano enfermo. Los padres, centrados comprensiblemente en el hijo enfermo, pueden descuidar involuntariamente las necesidades emocionales de los otros hijos, creando un desequilibrio familiar que puede tener consecuencias duraderas.

La relación de pareja también se ve sometida a una presión extraordinaria. Diferentes estilos de afrontamiento, desacuerdos sobre decisiones médicas, agotamiento físico y emocional, y la falta de tiempo para la intimidad y la comunicación pueden crear tensiones significativas. Algunos estudios indican que las parejas que enfrentan la enfermedad crónica de un hijo tienen tasas más altas de separación y divorcio, aunque también es cierto que muchas parejas reportan que la experiencia las fortaleció y las unió más.


El Fenómeno de la Sobreprotección

Una respuesta natural y comprensible de los padres ante la enfermedad de su hijo es la sobreprotección. Este instinto protector, aunque bien intencionado, puede tener consecuencias no deseadas tanto para el niño como para la dinámica familiar.

La sobreprotección puede manifestarse de múltiples maneras: evitar que el niño participe en actividades normales para su edad, hacer todo por él para evitarle cualquier esfuerzo o molestia, o mantenerlo en una «burbuja» protectora que lo aísla de experiencias normales de la infancia. Aunque estos comportamientos nacen del amor y el deseo de proteger, pueden inadvertidamente transmitir al niño el mensaje de que es frágil, incapaz o diferente, afectando su autoestima y su desarrollo de independencia.

Los padres también pueden desarrollar una hipervigilancia hacia los síntomas, interpretando cada pequeña molestia o cambio como una señal de alarma. Esta ansiedad parental puede ser contagiosa, transmitiendo al niño la sensación de que su cuerpo es frágil, peligroso o impredecible, lo que puede aumentar su propia ansiedad sobre su salud.

Manejo de Situaciones Difíciles

Cuando los Niños se Niegan a Cooperar

Es completamente normal que los niños, especialmente aquellos que han tenido experiencias médicas previas negativas, se muestren resistentes o no cooperativos durante las consultas. Esta resistencia no es «mal comportamiento»; es una respuesta natural de autoprotección ante una situación que perciben como amenazante.

Cuando enfrentamos resistencia, nuestro primer instinto puede ser usar autoridad o presión para lograr la cooperación. Sin embargo, este enfoque generalmente es contraproducente y puede aumentar el miedo y la resistencia del niño. En su lugar, debemos tomarnos el tiempo para entender la fuente de la resistencia y abordarla empáticamente.

Validar los sentimientos del niño es el primer paso: «Veo que estás asustado. Es normal sentirse así cuando no sabemos qué esperar». Luego, podemos ofrecer información apropiada para la edad sobre lo que va a suceder, dar opciones cuando sea posible, y permitir que el niño tenga cierto control sobre la situación.

Comunicando Malas Noticias

Una de las tareas más difíciles en pediatría es comunicar diagnósticos serios o pronósticos inciertos. La forma en que manejamos estas conversaciones puede tener un impacto duradero en cómo la familia procesa y se adapta a la información.

La comunicación de malas noticias debe ser un proceso gradual, no un evento único. Debemos comenzar evaluando qué sabe ya la familia y qué quiere saber. Algunos padres pueden querer todos los detalles inmediatamente, mientras que otros pueden necesitar tiempo para procesar la información básica antes de estar listos para más detalles.

Es crucial proporcionar información honesta pero esperanzadora, enfocándose en lo que se puede hacer en lugar de solo en lo que no se puede hacer. «Sabemos que esto es muy difícil de escuchar, y queremos que sepan que vamos a trabajar juntos para asegurarnos de que su hijo reciba el mejor cuidado posible» puede proporcionar esperanza sin crear falsas expectativas.

Trabajando con Padres Ansiosos

Los padres ansiosos pueden transmitir inadvertidamente su ansiedad a sus hijos, creando un ciclo de estrés que puede complicar el cuidado médico. Sin embargo, es importante recordar que la ansiedad parental es una respuesta natural y comprensible ante la enfermedad de un hijo.

En lugar de minimizar o ignorar la ansiedad parental, debemos reconocerla y abordarla directamente. «Puedo ver que están muy preocupados por su niño. Es completamente comprensible sentirse así cuando nuestro hijo está enfermo» valida sus sentimientos y abre la puerta para una comunicación más efectiva.

Proporcionar información clara y completa puede ayudar a reducir la ansiedad parental. Los padres a menudo imaginan escenarios peores que la realidad cuando no tienen información suficiente. Explicar qué esperar, cuáles son los próximos pasos, y cómo pueden ayudar puede darles una sensación de control y propósito.

✨ Mi reflexión como pediatra y mamá

He aprendido que los tratamientos curan, pero las palabras también sanan.
Un niño que se siente escuchado y respetado enfrenta mejor la enfermedad.
Un adolescente que siente confianza coopera más en su recuperación.

Al final, la medicina cura el cuerpo, pero la empatía sana el corazón.

Si este artículo te ha resultado útil, compártelo con otros profesionales de la salud y padres de familia. Juntos podemos crear un sistema de salud más empático y efectivo para nuestros niños.

#PediatriaEmpática #ComunicaciónMédica #SaludMentalInfantil #MedicinaHumana #PediatraDeEmociones

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🩺 Formar sin romper: Crisis emocional en Residentes: Un llamado a la acción

Una reflexión sobre la humanización de la enseñanza médica y la urgente necesidad de transformar la formación de residentes.


Por: Dra. Skarlett Ruelas
Pediatra, mamá, emprendedora, esposa y profesora
[@pediatriadetusemociones]


Después de unas semanas de descanso, familia, mudanza, desconexion hospitalaria y nuevos planes futuros, retomo el blog, realmente aunque no había escrito, no estaba en el olvido, estoy trabajando en un proyecto de salud mental en niños y adolescentes y el motivo de esta entrada del blog, tratar de mejorar la enseñanza y la relación profesor alumno con los residentes.

Hoy quiero compartir contigo algo que me tiene dando vueltas en mi cabeza desde hace unos meses, como apoyar emocionalmente a los residentes y como enseñarles. Antes de ser pediatra, profesora o mamá, fui esa residente aparentemente tranquila que no causaba mayores conflictos en mi R1 creo que fui una buena residente, pero al llegar al R2 lloraba en silencio en los pasillos del hospital, fui esa joven médica que sentía que no podía más, con el estómago vacío y el corazón agotado, pero que se levantaba pensando una guardia mas es una guardia menos, con el compromiso de terminar lo que había iniciado y no dejarme aplastar por mis R mas o por mis adscritos. Que incluso renuncie a mi sueño de ser neuropediatra por no exponerme al maltrato en Ciudad de Mexico, al ser la residente de Provincia. Hoy, desde la otra orilla, como la «doctora-maestra» que a veces corrige con firmeza, que no deja su TOC al pedir que pongan colores, se disfracen, decoren con globos los pasillos o que tengan los expedientes ordenados, poco a poco al ir madurando me he ido convirtiendo en la tia de los residentes, la que guarda galletas en la bata, la que les manda piolines en el whatsapp jajaja no todavia no es para tanto pero si les comparto memes y articulos y ellos saben que siempre tendre un abrazo disponible, porque veo mis propias batallas reflejadas en los ojos de mis residentes. Y mi corazón me dice que tenemos que hablar de esto.

Esta no es una entrada académica más. Es una conversación de corazón a corazón, desde mi esperanza hasta la tuya. Porque formar médicos no debería doler.

La Crisis Silenciosa que Debemos Enfrentar

Las cifras son alarmantes pero las historias humanas que hay detrás nos conmueven aún más. En México, estudios recientes revelan que:

  • Entre el 40-60% de los médicos residentes sufren ansiedad
  • Más del 30% padecen depresión
  • El burnout afecta al 24.5% de los residentes, llegando hasta el 55% en algunas especialidades
  • La presencia de depresión incrementa hasta seis veces el riesgo de deserción académica

Fuente: Análisis de 7 estudios principales con más de 600 residentes médicos [1-8]

Más allá de estos números están las historias reales: la residente de primer año humillada públicamente, el compañero que busca en el alcohol un escape, el joven médico que al límite de su resistencia contempla renunciar a todo.

El Sistema que Heredamos: Cuando la Tradición se Vuelve Tóxica

Hemos heredado un sistema rígido que confunde la exigencia con la humillación. Creemos que «la letra con sangre entra», pero la neurociencia nos ha demostrado algo fundamental: el miedo bloquea el aprendizaje. Un cerebro bajo amenaza no razona con claridad, simplemente sobrevive.

El miedo bloquea el aprendizaje. Un cerebro bajo amenaza no razona con claridad, simplemente sobrevive. Cuando algo nos produce miedo, el cuerpo libera cortisol, una hormona del estrés que afecta negativamente el hipocampo y la amígdala, áreas fundamentales para la memoria y el aprendizaje.

La neurociencia nos enseña que:

  • Las emociones positivas potencian el aprendizaje al activar la dopamina y fortalecer las conexiones sinápticas
  • El estrés tóxico deteriora las funciones cognitivas superiores y afecta la capacidad de procesamiento de información
  • Un ambiente emocionalmente seguro favorece la exploración y el aprendizaje significativo

Como profesora y como alguien que ha vivido ese miedo o que he dudado de mi capacidad y mi vocación medica, he visto cómo las prácticas formativas hostiles no solo dañan a nuestros residentes, sino que perpetúan un ciclo tóxico. Los datos son claros: la depresión incrementa el riesgo de deserción hasta seis veces más (OR=6.5, IC 95% 2.9-14.6, p=0.000) [7]. El burnout duplica este riesgo (OR=2.2, IC 95% 1.07-4.52, p=0.001) [7].

Fuente: Camarillo-Nava et al., 2024 [7]

¿Sabías que en Guatemala, el 85% de los residentes trabajan más de 80 horas semanales? [5] Esto no es formación, es agotamiento sistemático. Nosotros los Mexicanos no nos quedamos tan atrás, se han hecho modificaciones en los reglamentos, contratos y en la norma oficial Mexicana y hoy las guardias son ABCD, lo que significa que se incremento el tiempo entre guardias que antes eran ABC o incluso AB, pero la carga laboral continua los residentes tienen una entrada a las 6am y hora de salida mínimo entre 3 y 4pm, aproximadamente 2 guardias por semana, pero también tienen que hacer tareas, presentaciones, exámenes, y además intentar llevar una vida personal en las pocas horas que les quedan con la mínima energía, es como querer llegar a tu destino con solo la reserva de tu tanque de gasolina. Los residentes en su gran mayoría son jóvenes de 25 a 30 años aproximadamente, viendo que sus amigos están planeando su boda, comprándose el primer carro o incluso teniendo hijos, mientras que ellos siguen viviendo una adolescencia forzada, dependiendo en parte de sus papás, estirando la beca para que alcance para sus tenis, trajes, uniformes, comer fuera de casa o preparar sus snacks y lonche, y pagar la renta en caso de ser foráneos.

La Revolución Silenciosa: Formar sin Romper

Formar sin romper no es bajar la exigencia, es elevar el nivel de humanidad en nuestras aulas y hospitales. Es reconocer que podemos ser exigentes sin ser crueles, rigurosos sin ser despiadados.

Los Pilares de la Transformación:

1. Crear Ambientes Seguros de Aprendizaje

Fomentar espacios donde el error sea una oportunidad de crecimiento, no una fuente de humillación. Esto significa:

  • Implementar políticas de tolerancia cero contra el maltrato
  • Establecer límites claros en las horas de trabajo
  • Crear sistemas de retroalimentación constructiva
  • Promover la colaboración sobre la competencia tóxica

2. Primeros Auxilios Psicológicos: Una Herramienta Esencial

Como médicos, sabemos dar primeros auxilios físicos, pero ¿Qué pasa con los primeros auxilios emocionales? Aprender a reconocer las señales de alarma en un colega, ofrecer una escucha activa y saber cuándo es momento de buscar ayuda profesional.

Los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) son técnicas de intervención temprana que todo profesional de la salud debería conocer. Estos se basan en el protocolo:

PasoAcciónObjetivo
VerEvaluar la situación y identificar necesidades inmediatasReconocer signos de agotamiento o crisis
EscucharEstablecer contacto empático y brindar contenciónOfrecer apoyo emocional sin juzgar
VincularConectar con recursos de apoyo profesionalFacilitar acceso a ayuda especializada

El Método CALMA para Crisis Emocionales:

  • Conecta: Establece contacto empático
  • Acepta: Valida las emociones sin juzgar
  • Limita: Ayuda a enfocar en el presente
  • Moviliza: Activa recursos de apoyo
  • Acompaña: Mantén el seguimiento

3. Detección Temprana: Las Señales que No Podemos Ignorar

Uno como medico adscrito también debe de cuidar de ellos, y muchos se pueden escudar diciendo que su obligación es con los pacientes, pero es algo que esta en nuestro contrato y que también esta escrito de manera moral, les debemos a los jóvenes que vienen detrás de nosotros dar una enseñanza por la enseñanza que nos brindaron los doctores que fueron nuestros maestros cuando éramos residentes. En México, los profesores adjuntos o titulares de las sedes y subsedes, no reciben remuneración económica y seguimos realizando nuestras labores como operativos y con la sobrecarga laboral cada vez mayor a veces es complicado hacer escoleta y dedicar una o dos horas para enseñanza diaria, pero se aprende con cada paciente.

Y como podemos saber que el residente esta en una crisis emocional y que debemos hacer

Algoritmo de Detección de Crisis Emocional en Residentes:

¿El residente presenta?

├── Cambios en rendimiento académico → SÍ → Evaluación inmediata

├── Aislamiento social progresivo → SÍ → Intervención temprana

├── Cambios en apariencia/higiene → SÍ → Apoyo especializado

├── Expresiones de desesperanza → SÍ → Referencia urgente

└── Ausentismo frecuente → SÍ → Seguimiento estructurado

La Era Digital: Cuando la Tecnología Nos Desafía a Ser Más Humanos

En este mundo que avanza acelerado, la inteligencia artificial y la tecnología han irrumpido para suplir algunos aspectos de la medicina, incluso amenazan con hacer desaparecer ciertas especialidades. Sin embargo, nunca podrán sustituir la empatía, el sentimiento y el juicio clínico que solo un ser humano puede ofrecer.

Los residentes de hoy tienen acceso a información más actualizada y constante que nosotros, sus maestros, a través de redes, cursos en línea, journals y libros médicos digitales. Nuestra palabra como médicos tratantes ya no siempre será la más actualizada ni la más correcta, y eso está bien, porque también podemos aprender de ellos, de su frescura, de su capacidad tecnológica y de su necesidad de estar siempre al día. Y aunque a muchos les pegue en su ego, que es uno de los grandes defectos de ser médico, tener el ego bien inflado, ya no somos tan importantes ni tan necesarios para los residentes y si decimos algo que los pone a dudar ellos buscaran la informacion mas actualizada y aunque no se atrevan a corregirte, ellos saben que hay algo nuevo que tu aun no has aprendido aun.

Esto nos desafía a ser mejores mentores, no mejores enciclopedias. Y aceptar que nuestra palabra no siempre será la verdad, ni la mas exacta ni la mas actualizada.

Herramientas Prácticas para el Desborde Emocional

Que puedes hacer si tu como residente sientes que ya no puedes mas, que estas al borde del colapso y de una crisis de ansiedad, que mientras estas de guardia o en el pase de visita quieres llorar y sientes esa opresión en el pecho y tienes que continuar. Pide ayuda! Aun dentro del ambiente mas hostil, siempre hay una enfermera que te conoce por tu nombre, un interno que te admira y te ve como su hermano mayor, o un adscrito que te puede escuchar. Tu eres importante y como un dia Mayte me dijo, mamá esa es solo una opinión y no es la verdad. Si ese medico ascrito te hace sentir que eres un inútil, o que no eres un buen pediatra, recuerda que es solo su opinión, estas en un proceso de aprendizaje y puedes corregir aun los errores y seguir estudiando para ser mejor y demostrarte a ti mismo que puedes hacerlo.

Kit de Supervivencia Emocional para Residentes:

Técnicas de Autorregulación Emocional

Respiración 4-7-8

Esta técnica, popularizada por el Dr. Andrew Weil, es especialmente útil para el manejo del estrés agudo:

  1. Inhala por la nariz contando hasta 4
  2. Mantén la respiración contando hasta 7
  3. Exhala por la boca contando hasta 8
  4. Repite el ciclo 3-4 veces

Esta técnica activa el sistema nervioso parasimpático, reduciendo el cortisol y promoviendo la calma.

Movimiento Consciente

Incorporar movimiento mínimo durante las jornadas extensas ayuda a:

  • Reducir la tensión muscular acumulada
  • Mejorar la circulación y oxigenación cerebral
  • Activar endorfinas naturales que mejoran el estado de ánimo

Técnica de Grounding 5-4-3-2-1:

  • 5 cosas que puedes ver
  • 4 cosas que puedes tocar
  • 3 cosas que puedes escuchar
  • 2 cosas que puedes oler
  • 1 cosa que puedes saborear

Protocolo de Autocuidado Diario:

  • Mañana: 5 minutos de mindfulness
  • Durante el turno: Pausas de 2 minutos cada 2 horas
  • Noche: Registro emocional de 3 minutos
  • Semanal: Actividad placentera no médica

Ser los Mentores que Hubiéramos Querido Tener

Cada vez que estemos frente a un residente, recordemos que también fuimos esa persona insegura que buscaba orientación. Usemos la empatía como nuestra principal herramienta pedagógica.

Preguntas que Transforman:

  • «¿Cómo te sientes con este caso?»
  • «¿Qué necesitas para sentirte más seguro?»
  • «¿En qué puedo apoyarte hoy?»
  • «¿Qué has aprendido de esta experiencia?»

Tabla Comparativa: «Métodos de Enseñanza Tradicional vs Humanizada»

AspectoMétodo TradicionalMétodo Humanizado
Filosofía«La letra con sangre entra»«Formar sin romper»
Manejo del errorHumillación públicaOportunidad de aprendizaje
ComunicaciónVertical, autoritariaHorizontal, empática
EvaluaciónPunitivaFormativa
Apoyo emocional«Aguanta o vete»Acompañamiento activo
Horas de trabajoSin límitesEstablecer un limite máximo.
ResultadoMédicos «duros»Médicos resilientes

La Evidencia Científica que Respalda el Cambio

Los estudios son contundentes. En el análisis de factores de riesgo para deserción académica [7]:

  • La depresión es el predictor más fuerte de abandono de estudios
  • Las especialidades de mayor riesgo son anestesiología, medicina interna y gineco-obstetricia
  • El primer año de residencia es el período de mayor vulnerabilidad
  • Los factores institucionales (horas de trabajo, ambiente laboral) son modificables

Mi Compromiso Personal (Y mi invitación para ti)

Yo también he sido esa mujer que intenta llegar a todo y siente que no alcanza. Como mamá, esposa, emprendedora y profesora, entiendo la presión de múltiples roles. Pero estoy convencida de que este cambio es posible.

Comienza con una pausa, con una palabra de aliento, con la decisión consciente de ser esa voz que alienta en lugar de la que destruye.

Mi compromiso es:

  • Mantener galletas, dulces o algo en mi bata, darte chance que vayas por unos tacos y una coca, que te tomes tu cafecito y  siempre tener abrazos disponibles y darme tiempo para escucharte.
  • Corregir con firmeza pero sin humillar
  • Reconocer cuando no sé algo y aprender junto a mis residentes
  • Crear espacios seguros para el error y el aprendizaje
  • Ser la mentora que hubiera querido tener

Pero tambien es necesario tu compromiso como residente:

  • Conocer a tus pacientes
  • Estudiar
  • Autocuidado
  • Apoyo entre pares
  • Respeto bilateral
  • Buen trato a los estudiantes o medicos residentes que vienen detras de ti.
  • Resiliencia
  • Aprovechar cada oportunidad de aprendizaje
  • Recordar por que estas aqui

«El cambio comienza contigo, pero no termina contigo»

Cada residente que se compromete con este movimiento se convierte en una semilla de transformación. No se trata de ser perfecto, sino de ser consciente y comprometido con el cambio.

La medicina necesita profesionales técnicamente excelentes Y emocionalmente saludables. No es una elección entre una cosa u otra; es la única forma sostenible de ejercer esta noble profesión.

Tu compromiso hoy determinará la medicina del mañana.

El Llamado a la Acción

Este es un llamado a la acción. A ti, colega, profesor, residente o estudiante. Te invito a reflexionar: ¿qué legado quieres dejar?

Tu como residente como te estas portando con tus internos y tus preinternos, estas repitiendo la historia de maltrato y humillación y ganando el respeto con miedo?

Tu que eres un medico joven y recién egresado, que tienes el conocimiento fresco y estas a unos años de diferencia de ellos, que aun te confunden con estudiante o residente, como demuestras que eres capaz y que eres el responsable, como separas la amistad de lo laboral, como te ganas el respeto y admiración de los jóvenes estudiantes.

El futuro de la medicina, una más compasiva y humana, está en nuestras manos.

Cómo Puedes Sumarte a Esta Revolución Silenciosa:

  1. Comparte tu historia – Rompe el silencio sobre tu experiencia
  2. Practica la empatía activa – Escucha sin juzgar
  3. Implementa pequeños cambios – Una palabra amable puede cambiar un día
  4. Busca ayuda cuando la necesites – No es debilidad, es sabiduría
  5. Sé el cambio – Modela el comportamiento que quieres ver

Recursos de Apoyo Inmediato

Si Eres Residente y Necesitas Ayuda:

Líneas de Crisis 24/7:

  • Línea de la Vida: 800 911 2000

Aplicaciones de Apoyo:

  • Headspace (meditación)
  • Calm (relajación)
  • MindShift (manejo de ansiedad)

Señales de Alarma para Buscar Ayuda Profesional:

  • Pensamientos de autolesión
  • Uso de sustancias para afrontar el estrés
  • Aislamiento social extremo
  • Pérdida significativa de peso o apetito
  • Insomnio persistente

Reflexión Final: Porque cuidar de nuestras emociones No es opcional

Como pediatra, he aprendido que los niños no necesitan padres perfectos; necesitan padres dispuestos a crecer junto con ellos. De la misma manera, nuestros residentes necesitan mentores dispuestos a evolucionar, a reconocer cuando se han equivocado y a comprometerse con hacer las cosas mejor.

Estamos en el umbral de una revolución que no se hace con pancartas, sino con:

  • Pequeños actos de bondad en cada interacción diaria
  • Palabras de aliento que reemplacen la crítica destructiva
  • La decisión consciente de romper cadenas generacionales de maltrato
  • Espacios seguros donde el error sea oportunidad de aprendizaje
  • Modelos de mentoría basados en evidencia neurocientífica

Si tú también crees que podemos formar sin romper, que un sistema que humaniza la enseñanza es posible, acompáñame en esta revolución silenciosa. Porque cuidar de nuestras emociones no es un lujo, es una necesidad para quienes cuidarán de otros.

En un mundo donde la inteligencia artificial avanza, la empatía y el juicio clínico humano son insustituibles. Formemos médicos competentes, pero también compasivos. Exijamos excelencia, pero también ofrezcamos humanidad.


Una última reflexión personal…

Mientras escribo estas líneas, mi hija de 6 años me pregunta por qué trabajo tanto, si estoy de vacaciones. Le explico que ayudo a otros doctores a sentirse mejor para que puedan ayudar a más niños como ella. Me dice: «Entonces eres como una doctora de doctores, mami.» Aun no mi niña, pero lo intentaré.

Y sí, eso es exactamente lo que quiero ser. Una doctora de doctores. Alguien que cuida de quienes cuidan. Alguien que entiende que detrás de cada bata blanca hay un corazón que también necesita ser cuidado.

Si esta entrada tocó tu corazón, si te sentiste identificado/a, si crees que podemos hacer la diferencia, no te quedes callado/a. Comparte tu historia, extiende tu mano, sé la voz que alienta.

Porque al final del día, no seremos recordados por los diagnósticos que hicimos, sino por las vidas que tocamos y los corazones que sanamos. Y eso incluye los nuestros.

Con todo mi cariño y la firme convicción de que el cambio es posible,

Skarlett 💙
Tu pediatra de emociones


P.D.: Si eres residente y estás leyendo esto, quiero que sepas algo: eres más fuerte de lo que crees, más capaz de lo que imaginas, y mereces todo el apoyo del mundo. No estás solo/a en esta batalla. Estamos contigo. 🤗


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Referencias Científicas

[1] Ocampo Valencia, D.B.P., et al. (2022). Prevalencia de depresión, ansiedad y burnout en médicos residentes de nuevo ingreso en Hospitales Angeles del área metropolitana. Acta Médica Grupo Angeles, 20(4), 302-306.

[2] Aguilera, M.L., et al. (2015). Niveles de ansiedad de médicos residentes. Revista Guatemalteca de Cirugía, 21, 22-28.

[3] Carmona Montiel, A.K. (2022). Prevalencia de depresión y ansiedad en los médicos residentes de primer año del Instituto Mexicano del Seguro Social de la Representación Querétaro [Tesis de especialidad]. Universidad Autónoma de Querétaro.

[4] Camarillo-Nava, V.M., et al. (2024). Depresión, ansiedad y burnout, y su asociación con ideación de deserción académica en médicos residentes. Atención Familiar, 25(2), 92-101.

[5] Nava Ríos, S.E., et al. (2025). Niveles de ansiedad y depresión en médicos residentes de un hospital infantil. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 6(3), 584-607.

[6] World Health Organization. (2022). International Classification of Diseases, 11th Revision (ICD-11). Geneva: WHO.

[7] Quek, T.T., et al. (2019). The Global Prevalence of Anxiety Among Medical Students: A Meta-Analysis. International Journal of Environmental Research and Public Health, 16(15), 2735.

[8] Mao, Y., et al. (2019). A systematic review of depression and anxiety in medical students in China. BMC Medical Education, 19, 327.

Publicado en Adolescencia, Salud Mental

Entendiendo a los adolescentes y su cerebro para acompañarlos y comprenderlos mejor.


Los adolescentes a los ojos de los adultos, nos parecen rebeldes e impulsivos. Pero te has puesto a pensar como es que tu niño ahora se comporta así, vamos a hacer una revisión de como funciona el cerebro del adolescente desde el punto de vista de la neuropsicología y la pediatría, y con esto intentaremos darnos una idea de como podemos acompañarlos, comprenderlos en casa, la escuela y en nuestro consultorio.

El cerebro adolescente… está en remodelación y construcción

Probablemente te has preguntando, por que reacciona con tanta intensidad por que cambia de humor en minutos y es tan impulsivo. Considerándolos rebeldes, cuando realmente es parte de un proceso de maduración fascinante del cerebro del adolescente.

Recuerdas a tu niño de 3 años, aquel chiquito que dejo de ser bebé para convertirse en niño, que hacia rabietas por todo y que lloraba porque quería el vaso azul y no el rojo. Al igual que ellos los adolescentes están en el proceso de aprender a razonar sus actos y sus consecuencias, están pasando por cambios emocionales, físicos y hormonales para convertirse en adultos.

Desde la neurociencia, la neuropsicología y la pediatría, hoy sabemos que el cerebro adolescente está pasando por una de las etapas de mayor transformación desde la infancia. Entender esto es clave para acompañarlos con empatía, respeto y firmeza.


🔍 Pero…¿Qué está pasando en su cerebro?


A grandes rasgos el cerebro del adolescente pasa por varios cambios entre ellos:

  • Poda sináptica: Elimina las conexiones poco usadas para fortalecer las mas eficientes
  • Alta plasticidad: Tienen una capacidad de aprendizaje y adaptación altísima, y vulnerabilidad emocional.
  • Desfase de maduración: Al no tener aun la corteza prefontal bien desarrollada, por lo que las emociones (sistema límbico) mandan antes que la lógica (corteza prefrontal/razón y control de impulsos)


Resultado: reaccionan desde la emoción, no desde la lógica. Esto no significa que sean irracionales, sino que su capacidad para anticipar consecuencias o regularse aún está en proceso.

🧠 Esto explica por qué sus decisiones no siempre son racionales, aunque lo parezcan desde su perspectiva.

Al revisar bibliografía sobre el desarrollo socioemocional del adolescente podemos ver que los niños y adolescentes pasan por varias fases de maduración cerebral, ahora que tenemos a la mano redes sociales, audiolibros, libros digitales, conferencias que dan psicólogos y pediatras al otro lado del mundo, o incluso en nuestra misma ciudad, podemos consultar a neuropsicólogos y psicólogos especialistas en adolescentes solo a través de Zoom y leer sus publicaciones al día. La gran mayoría de los que nos dedicamos a la salud de los niños estamos preocupados y tratamos de mantenernos al tanto sobre la salud mental de los adolescentes, tenemos como fin común ayudar a los adolescentes, esta etapa de la infancia olvidada, rechazada y tan compleja.

Los adolescentes cuando son bien acompañados desde la infancia con amor y respeto pueden pasar por esta etapa de una manera mas amigable para ellos y para los que cuidamos de ellos y no tienen por que ser como aquellos de las series de televisión o lo que menos quisiéramos como los adolescentes de las noticias.

Elige bien a quien escuchas sobre las opiniones de tu crianza.


Mis influencers favoritos tienen miles de followers, y no no hacen reels que son tendencia, ojalá asi fueran y mis adolescentes de consulta tendrian una mejor comprensión de sus padres y sus pares. Mis españoles favoritos son muchos!, pero en este ambito a los que mas sigo son Alvaro Bilbao y Rafael Guerrero ambos neuropsicólogos españoles a los cuales se suman Lucía Galán mi pediatra mi sensei en la que me he inspirado para cambiar mi forma de ser pediatra desde que soy mamá, David Bueno un biólogo y genetista español, especializado en el desarrollo del cerebro de las especies, y a ellos se agrega el Dr Daniel Siegel medico psiquiatra estadounidense apasionado por el cerebro del niño y del adolescente. Todos tienen paginas en instagram, libros y publicaciones de fácil acceso en caso de que quieras profundizar mas en el tema. Yo confieso qué cada día me hago más adicta en escucharlos en podcast y encargar sus libros desde el otro lado del charco.

Integrando sus reportes:

  • Rafael Guerrero: tiene libros para padres e hijos en los que nos habla de 4 niveles del cerebro (Reptiliano, Límbico, Neocórtex, Prefrontal). En sus libros nos habla desde lo mas sencillo para que los pequeños puedan comprender sus emociones y sentimientos, a lo mas científico, pero siempre con un lenguaje muy accesible
  • Álvaro Bilbao: Experto en crianza y neurodesarrollo, neuropsicólogo el cual tiene un libro en el que trata de explicarnos el cerebro del niño a los padres, dando un enfoque en el cerebro rojo (emociones), verde (razón) y azul (autocontrol).
  • David Bueno: Biólogo genetista tiene una perspectiva neuroeducativa y del desarrollo cerebral mas compleja y científica.
  • Daniel Siegel: padre de la descripción del cerebro “de la palma de la mano”, en el cual nos explica que el cerebro tiene una integración vertical y horizontal, ventana de tolerancia. Así mismo nos habla de las neuronas espejo y de como nuestros instintos e impulsos se descubren cuando nos sentimos en peligro o amenazados.

Y pues si no es secreto que mis favoritos son españoles!!!

El cerebro del adolescente

Y bueno entonces como funciona el cerebro del adolescente, de manera simplista y sin entrar en detalles anatómicos, el cerebro del adolescente tiene 4 partes principales

1. El cerebro reptiliano menos dominante encargado de las funciones básicas y el instinto de supervivencia, reacciona ante amenazas o estrés.

2. Límbico hiperreactivo, es el que les da la intensidad emocional, búsqueda de placer, conexión social , es muy sensible al rechazo.

3. Neocórtex más activo, encargado de toma de decisiones y razonamiento lógico, pero aun inmaduro por lo que necesita a su padres para apoyo

4. Corteza Prefrontal en construcción hasta los 25 años o incluso mas. La parte mas inmadura aún, se encarga de procesos como autocontrol, planificación, conciencia de consecuencias, aún están en desarrollo. Es a lo que Alvaro Bilbao le llama el Cerebro azul intentando activarse.


No es rebeldía: es búsqueda de identidad


Los adolescentes tienen una gran conexión con sus pares, en el camino de la búsqueda a su identidad, están explorando quiénes son, necesitan validación, autonomía y saber que se pueden equivocar sin perder tu amor.

El adolescente está construyendo su sentido de sí mismo. Necesita:

  • Sentirse visto y validado.
  • Explorar sin ser juzgado.
  • Conocer sus límites, pero con amor.
  • Saber que puede equivocarse y seguir siendo valioso.

Cuando respondemos con gritos, castigos o indiferencia, solo reforzamos la desconexión emocional. En cambio, si los acompañamos desde la comprensión, su cerebro se moldea con más salud emocional. Al adolescente no le gusta sentirse prisionero, ni interrogado, ni hostigado o asfixiado, a veces solo con tu presencia y escucha activa es suficiente, saber que estas ahí para el. Volvemos a ese niño pequeño de 3 a 6 años que solo te gritaba mamá desde otro cuarto para saber que aun estabas ahí. Aunque te escuchara lavando trastes o supiera que estabas en una llamada telefónica. Así tus adolescentes solo necesitan saber que estas ahí.

Padres y maestros: aliados, no enemigos


  • Algunas claves para una crianza y educación más empática:
    – Escucha sin juicio, se que en este momento, te parece que tu adolescente llora por tonterías, que se preocupa por cosas que no tienen importancia, pero para el son sus mayores motivos de ansiedad o de preocupación. A la mejor te parece que exagera al emocionarse tanto por un artista o por un torneo escolar, pero es que es así. Necesita un adulto que lo acompañe en sus fiestas y sus tristezas, que lo escuche sin sermones ni juicios. Lo que para ti es “exagerado”, para ellos puede ser inmenso.
  • Requiere de un adulto que valide sus emociones sin minimizarlas. 💡 Lo que no se nombra, se actúa. Ayúdales a identificar lo que sienten. “Entiendo que estés enojado” te abrira más puertas que un “¡Ya cálmate!”.
  • Pon límites con sentido: No se trata de permitir todo, sino de explicar el porqué de las reglas. Recuerda que aun no tienen bien claras las consecuencias y los adolescentes requieren límites y estructura.
    – Sé un modelo de regulación emocional, como quieres que tu hijo no explote si tu siempre gritas, como quieres que te platique si siempre le dices luego me cuentas, o estas pegado a tu celular. Piensa y ve en un espejo como actuas tu con el y como te gustaría que el actuara contigo. La manera en la que tu te comportas en tu día a día, impacta más que lo que dices.


El rol del pediatra en la adolescencia


Como pediatras, tenemos la oportunidad de ser un puente entre el adolescente, su familia y la escuela. Desde la consulta, la hospitalización o incluso una urgencia psiquiátrica, podemos:

  • Escucharlo directamente: Darle voz sin intermediarios. Dirigete a ellos, voltealos a ver mientras tecleas el interrogatorio en la computadora, sonrieles, llamales por su nombre y preguntales como se sienten.
  • Detecta señales de malestar emocional: autolesiones, irritabilidad persistente, aislamiento, migrañas, cambios en el peso, bajo rendimiento escolar, mala higiene y cuidado personal, observa más allá de lo que los padres te dicen.
  • Educar a los padres: Muchas conductas tienen una base neurobiológica, no son actos de desafío. Respeta la autoridad de los padres pero también dales una orientación sobre cómo acercarse a su adolescente y trata de guiarlos como mejorar la comunicación y la crianza. Si otra vez…. Acuérdate cuando te llevaban al niño de 6 meses y le enseñaste como iniciar la ablactacion a esa mamá primeriza, como orientaste a la mamá del niño con trastorno del lenguaje y como explicaste a ese papá perdido en el mar de preguntas que llevaba anotados en un papelito, así como les explicaste a ellos punto por punto y a detalle. Ese papá está perdido en como afrontar la adolescencia y como sobrellevar el duelo de que su niño ha crecido.
  • Acompañar con empatía: En urgencias, contener en lugar de juzgar; en hospitalización, respetar su autonomía.

Acompañar, no controlar

Recordemos: el adolescente no necesita un adulto perfecto, sino un adulto disponible. Que sepa, sostenerlo sin invadir, y guiarlo sin quebrarlo, le marque un límite claro y lo mire sin miedo ni rechazo.


Porque los adolescentes no son un problema que resolver, sino un potencial que acompañar.


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Publicado en Adolescencia, Salud Mental

El Papel del Pediatra en el Desarrollo Emocional Infantil: Más Allá del Cuidado Físico

Como papás pensamos en el pediatra y solemos imaginar al profesional que mide, pesa y vacuna a los niños, al que cuida al niño con fiebre, diarrea o tos. Sin embargo, nuestro rol va mucho más allá de la atención física. Cuando somos el pediatra de cabecera de la familia, nos convertimos en los “tíos postizos”, en el amigo de confianza para los papás y en alguien cercano a la familia, y también poco a poco nos ganamos la confianza de ese pequeño bebé convertido en adolescente, nos encariñamos con nuestros pacientes y nos emociona verlos crecer y festejar sus logros, pero también los acompañamos en sus luchas internas, en los procesos de transición y adaptación por cada etapa.

Hoy más que nunca, la salud mental infantil y adolescente ocupa un lugar central en nuestras consultas. Trastornos como la ansiedad, la depresión o los problemas de conducta y trastornos alimentarios están en aumento, muchas veces manifestándose de forma sutil, a través de cambios en el sueño, el rendimiento escolar o incluso problemas físicos recurrentes sin una causa aparente. Y es ahí donde nuestra responsabilidad como pediatras nos coloca en una posición privilegiada: ser los primeros en detectar y guiar a las familias hacia un cuidado emocional integral. Sin embargo, esta área de la salud a menudo se encuentra estigmatizada, incomprendida y subatendida.

¿Por qué es tan importante cuidar la salud mental de niños y adolescentes?

La salud mental es como la base de una casa: si está fuerte, todo lo demás puede construirse mejor.

En la niñez y la adolescencia, es especialmente importante porque es cuando los chicos aprenden a manejar sus emociones, convivir con otros y a pensar de forma más compleja.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 10 % y el 20 % de los adolescentes lidian con problemas de salud mental, y muchos de ellos comienzan antes de los 14 años. Pero, lamentablemente, muchas veces no reciben la ayuda que necesitan por culpa del estigma, la falta de servicios adecuados o poco apoyo en su entorno.

¿Qué está pasando con la salud mental en jóvenes?

Datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) y UNICEF muestran algo preocupante: cada vez más adolescentes sufren ansiedad, depresión o incluso piensan en el suicidio. La pandemia de COVID-19 agravó las condiciones de salud mental de niños y adolescentes, provocando un aumento en la incidencia de depresión, ansiedad, trastornos del sueño y alimentarios, así como ideación e intentos suicidas. Estadísticas recientes muestran un incremento preocupante en los intentos de suicidio, especialmente entre mujeres adolescentes, y señalan un acceso limitado a servicios especializados como una barrera crítica para la atención.

Atención Temprana: Una Oportunidad Única

La detección precoz es pilar para la salud mental infantil, debemos observar indicios de alarma incluso antes de que los padres lo noten, nuestra función va más allá de solo identificar el problema, si no también convertirnos en guías y aliados para la familia. En el momento que tenemos una sospecha diagnostica acompañar a los padres en el proceso, brindarles herramientas, ofrecerles un espacio seguro para expresar sus dudas y emociones. La afectación en la salud mental de un niño o adolescente es un proceso complicado para todo el entorno familiar, siempre hay sentimientos de culpa, incertidumbre, negación y rechazo al diagnóstico e incluso aun cuando el paciente ha sido valorado por múltiples especialistas y se han realizado pruebas o evaluaciones los pacientes se sienten invadidos en su espacio personal, los padres se muestran renuentes a iniciar el manejo con medicamentos o incluso a la necesidad de hospitalización de ese pequeño. Y es aquí donde nuevamente expresar nuestra empatía y dar información clara se vuelve indispensable.

Institucionalmente nos vemos rebasados en el numero de consultas de salud mental, el tiempo asignado para cada consulta es mínimo para brindarle una atención adecuada, el sistema de salud publica no ha sido actualizado a los nuevos motivos de consulta, considerando 15 min por paciente, cuando ese paciente requiere de toda nuestra atención y comprensión, y tal vez sea la única vez que lo veamos en el consultorio, porque la próxima valoración puede ser en urgencias por un intento suicida o por un desequilibrio metabólico o una sobredosis.

Los procesos administrativos y el incremento en el número de pacientes sin modificaciones en la plantilla de médicos especialistas, el no contar con los suficientes hospitales psiquiátricos infantiles en el país,  hacen que las valoraciones por especialistas y subespecialistas  sean muy diferidas en tiempo, incluso con citas 1 vez cada 6 meses o rechazos en el sistema por trámites burocráticos, firmas, sellos y autorizaciones, haciéndolo aún más complicado para  los padres y los pacientes que se encuentran en el camino de la aceptación, llevándolos a rendirse  y no continuar con el manejo terapéutico en muchas ocasiones. Aunado a todo esto hay un rango de edad en el que el adolescente pierde derechohabiencia si no continua sus estudios y no labora y queda desprotegido.

Al menos en hospitales de segundo nivel no contamos con una adecuada atención psicológica, no tenemos psicólogos infantiles, neuropsicólogos y ni hablar de paidopsiquiatras. Los pacientes pediátricos son atendidos por especialistas de adultos, mientras esperan la autorización o la cita subsecuente en paidopsiquiatría. Por lo que es de suma importancia que como pediatras nos involucremos mas en el tema de atención a la salud mental, nos preparemos de manera continua y también sepamos manejar nuestras propias emociones.

Personalmente en más de alguna ocasión me he visto afectada por la situación de algún paciente en particular, llorando al llegar a casa después de terminar la consulta, sintiendo la necesidad de abrazar a ese paciente que se siente solo o dándole la mano a esa madre a la que nadie le ha preguntado ¿y usted como esta?

También nosotros requerimos el apoyo y la atención de colegas para el manejo de nuestras propias emociones, al sentir la impotencia de no poder hacer mas de lo que quisiéramos por ese niño, saber las condiciones de pobreza, maltrato infantil, abuso o abandono y ver como ese niño pide ayuda y saber las limitaciones del sistema y ver que hay cosas que están fuera de nuestras manos.

Empatía y Rapport: Construyendo Puentes de Confianza

Cada niño que llega a consulta trae más que un síntoma físico; trae su mundo emocional, sus miedos y sus inquietudes. Desde la primera consulta es importante establecer una relación basada en la confianza y el respeto.

El rapport, ese puente emocional entre médico y paciente, el pediatra debe no solo limitarse a hablar con los padres como portavoces, sino también conectar con los niños, convertirnos en alguien en quien ellos confíen y que ellos sepan que estaremos ahí para escuchar, cuidar y curarlos. Un pediatra no debe ser alguien que inspire miedo o que cuando el niño o adolescente vaya a consulta se sienta juzgado o regañado por otro adulto más.

Escuchar sus palabras, validar sus emociones y hablarles en un lenguaje que puedan comprender no solo refuerza su autoestima, sino que les enseña que sus sentimientos importan. Esto, en muchas ocasiones, abre la puerta para identificar y abordar problemáticas emocionales que podrían pasar desapercibidas.

Escucha Activa: Más que Oír, Comprender

La escucha activa implica más que prestar atención a las palabras de los niños o sus cuidadores. Es un compromiso de comprensión profunda. Al observar gestos, actitudes y respuestas no verbales, podemos captar mucho de lo que no se dice. A menudo, un niño no encontrará las palabras para expresar lo que siente, pero lo hará a través de su comportamiento o sus interacciones.

Como pediatras, al escuchar activamente y fomentar un espacio libre de juicio, creamos una base sólida para explorar las emociones y las necesidades del niño. Además, esto fortalece la confianza de los padres y fomenta un trabajo en equipo para apoyar al menor.

Manejo Interdisciplinario: Una Red de Apoyo Integral

La salud mental rara vez puede abordarse de manera aislada. Requiere la colaboración de un equipo interdisciplinario compuesto por psicólogos, psiquiatras, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, maestros, y, por supuesto, la familia.

En este contexto, el pediatra desempeña un papel fundamental como el punto de enlace entre el niño, su familia y los demás especialistas. Al coordinar esfuerzos, aseguramos que cada pequeño reciba una atención integral que abarque todas las áreas de su vida: física, emocional y social.

¿Qué podemos hacer?

Aquí algunas ideas para marcar la diferencia:

  1. Detectar a tiempo y brindar atención accesible: Incluir evaluaciones sencillas durante las consultas pediátricas ayuda a identificar signos de alerta, como problemas para dormir, cambios de ánimo o bajo rendimiento escolar.
  2. Crear redes de apoyo comunitarias: Los esfuerzos no deben quedarse solo en el consultorio. Hay que trabajar junto con escuelas, familias y grupos sociales para que los niños y adolescentes tengan entornos que los hagan sentir seguros y apoyados.
  3. Enseñar habilidades emocionales: Los pediatras pueden ser aliados para enseñarles a los niños y a sus familias cómo manejar sus emociones, fortalecer su resiliencia y construir relaciones sanas.
  4. Hablar abiertamente sobre la salud mental: Romper con el estigma es clave. Es hora de dejar de ver la salud mental como un tabú. Hablar de esto de forma natural ayuda a reducir el estigma y abre puertas para que más personas busquen ayuda sin miedo.

Una Huella para Toda la Vida

La intervención temprana en la salud mental de los niños no solo impacta su presente, sino que define su futuro. Un niño que recibe el apoyo adecuado en sus primeros años tiene más probabilidades de convertirse en un adulto resiliente, con habilidades emocionales sólidas y una mejor calidad de vida.

Ser pediatra es mucho más que diagnosticar y prescribir. Es ser testigo de las risas, los miedos y las dudas de quienes están en una etapa llena de cambios. Nuestra empatía no solo genera confianza; da el mensaje de que nadie está solo en esto.

Al final del día, cuando un niño o adolescente siente que hay un adulto que los comprende, un papá que recibe orientación en lugar de juicio, o una familia que entiende la importancia de cuidar la salud mental, estamos sembrando la semilla de un bienestar que trasciende generaciones.

Como pediatras, somos aliados en cada paso de ese camino y debemos entender que curar no solo se trata de sanar un cuerpo, sino también de acompañarlos en sus emociones.

Si queremos un futuro lleno de adultos saludables, cuidar la mente desde la infancia no es solo una opción, es un derecho y una responsabilidad que compartimos todos.