Publicado en carga mental, conciliación, Crianza, empatia, Maternidad, navidad, Salud Mental

Nostalgia Navideña y Culpa Materna: Cuando la Alegría y la Tristeza se Toman de la Mano.

Después de unas semanas alejada de mi blog, precisamente por un torbellino de emociones y sobrecarga de trabajo, hoy me siento desde mi espacio de paz y tranquilidad a escribir desde la empatía y la sinceridad que me llevo a iniciar con este proyecto.

Diciembre tiene una forma extraña de sentirse como un abrazo y una despedida al mismo tiempo. Hay luces, posadas, planes y risas; y de pronto, sin razón clara, aparece un nudo en la garganta.

A mis 46 casi 47 años, y con una hija de 7 que ilumina mi vida, la salud de mi mamá en recuperación, podría pensarse que tengo la Navidad «resuelta». Veo la magia en sus ojos y siento un agradecimiento profundo, genuino. Pero, al mismo tiempo, siento el peso del tiempo y la nostalgia de cada año agudizada de las sillas vacías en la mesa, para mi siempre serán Navidad mi abuelito Pepe y mi tia Lory, ellos me enseñaron a disfrutar estas fechas y ahora estoy aprendiendo a darle un nuevo significado con Mayte.

Si te pasa esto, si sientes que estás en una montaña rusa donde pasas de la euforia a la melancolía, quiero que sepas algo fundamental: no estás sola y no estás «mal».

Como pediatra y como paciente de psicología, lo veo y lo demuestro en consulta. Como madre, lo vivo en mi propia piel. Hoy quiero decirte con claridad: es normal sentir nostalgia y alegría a la vez.

¿Por qué nos sentimos así? La ciencia detrás del nudo en la garganta

No eres tú «siendo dramática», es tu cerebro procesando el cierre de un ciclo. Diciembre no es un mes neutro.

  1. Balance de vida: Tu mente revisa inconscientemente el año: lo que lograste, lo que faltó, lo que cambió y lo que dolió.
  2. Memoria emocional activada: Los olores, las canciones y las tradiciones despiertan recuerdos. Y los recuerdos no vienen editados «solo con lo bonito»; vienen con la historia completa, incluyendo a quienes ya no están.
  3. Sobrecarga sensorial: Rutinas rotas, ruido, luces y visitas. Para muchos cerebros (y para los niños), esto se siente como una sobrecarga del sistema nervioso

La trampa de la «Navidad Perfecta» y la Culpa Materna

A este cóctel emocional se le suma la presión. Las redes sociales nos venden cenas de revista, decoraciones impecables y madres con energía inagotable y looks modernos. Pero mi realidad (y quizás la tuya) incluye gestionar el dolor físico, el cansancio y las emociones complejas mientras intentamos hacer que el dinero rinda y crear magia para nuestros hijos.

Y entonces aparece la vieja amiga, la culpa materna con sus famosos «debería»:

  • «Debería estar feliz todo el tiempo».
  • «No debería sentirme cansada».
  • «Debería disfrutar cada segundo».
  • «Debería agradecer por todo lo que tengo».

Aquí es donde necesitamos romper el mito: Agradecer no borra el cansancio. Agradecer no elimina el duelo. Puedes estar profundamente agradecida por la infancia de tus hijos y, al mismo tiempo, estar triste por tu propia historia o agotada por la logística. Ambas verdades caben en ti.

Cuando los niños también sienten el torbellino

Como pediatra, debo recordarte que tus hijos son también sienten esta intensidad. En ellos, la nostalgia o la sobrecarga rara vez se expresan con palabras elegantes como «estoy melancólico». Además se les suma la expectativa de ser un «niño bueno» para recibir los regalos que han esperado todo el año. Visitar y convivir con parientes que rara vez ven y comer alimentos a los que ellos no están acostumbrados. Por eso se ven como cambios en su conducta:

  • Berrinches más frecuentes («no sé qué me pasa»).
  • Apego intenso o necesidad de contacto físico.
  • Irritabilidad y llanto fácil.

No se están portando mal; al igual que tú, su sistema emocional está lleno.

Herramientas para sobrevivir (y disfrutar) la Navidad Real

No te voy a pedir que «pienses positivo» o que dejes de extrañar. Te voy a dar herramientas de regulación que tal vez puedan ayudar a familias reales:

1. Ponle nombre corto a la emoción.

No necesitas un discurso. Di: «Hoy traigo mezcla: alegría con nostalgia» o «Hoy estoy agradecida, pero me pesa el cuerpo». Nombrar la emoción la ordena, y cuando la ordenas, deja de asustar.

2. El ritual de los 3 minutos.

Cuando sientas el nudo en la garganta o la ansiedad subir:

  • Pon una mano en el pecho y otra en el abdomen.
  • Inhala lento en 4 tiempos.
  • Exhala más lento en 6 tiempos.
  • Repite 5 veces y di: «Puedo sentir esto y seguir».

3. Una expectativa menos.

Elige conscientemente un «no haré». «No haré la cena perfecta», «No iré a ese compromiso que me drena», «No fingiré que no estoy cansada». No tienes que ir en tacones y con un peinado de salón a la cena de Navidad. Puedes elegir ser feliz, estar comoda y soltar una expectativa te regala más paz que diez propósitos nuevos.

La belleza de la contradicción

Si este diciembre te sientes en un torbellino, tu cuerpo no está fallando: está sintiendo, y sentir es profundamente humano.

Honra la alegría de tus hijos y honra la silla vacía. La gratitud madura entiende que la vida es mezcla de emociones.

Cuéntame en los comentarios:

¿Qué emoción te visita más este diciembre: la nostalgia, la alegría o el cansancio?

Sígueme para más contenido y herramientas emocionales en:

Publicado en comunicacion, empatia, Maternidad, paternidad, relacion medico paciente

Hablemos con el corazón: cómo comunicarnos con los niños y adolescentes enfermos

Un niño enfermo no solo se enfrenta al malestar de la enfermedad, inyecciones, personas desconocidas y la toma de medicamentos de sabor desagradable. Está entrando en un mundo que muchas veces no entiende: batas blancas, agujas, luces constantes, sonidos y ruidos molestos, palabras extrañas. Y ahí es donde nosotros, como adultos responsables de su cuidado —padres y personal de salud— tenemos la tarea más importante: acompañar con respeto, empatía y palabras que sanen.

Cuando un niño se enferma, a menudo los adultos subestimamos sus emociones. La enfermedad no solo trae síntomas físicos, sino que también genera una cascada de emociones complejas: confusión sobre lo que está pasando en su cuerpo, miedo a lo desconocido, ansiedad por la separación de sus rutinas familiares, e incluso una sensación de culpa o responsabilidad por estar enfermo.

Como pediatras, enfrentamos diariamente una de las responsabilidades más delicadas de nuestra profesión: comunicarnos con pequeños seres humanos aun en formación, cuya comprensión del mundo está en construcción, mientras sus padres luchan con sus propios miedos, ansiedades y la sensación de impotencia que surge cuando nuestros hijos están enfermos.

La comunicación en pediatría no es simplemente transmitir información médica. Es un acto de amor, de respeto y una oportunidad única de sembrar confianza durante toda una vida. Sin embargo, también es uno de los aspectos menos enseñados en nuestras facultades de medicina, donde el enfoque técnico a menudo eclipsa la dimensión humana de nuestra práctica.

Esta entrada nace de la necesidad de abordar una realidad que vemos todos los días en nuestra practica clínica: niños aterrorizados por «ir al médico» y amenazados además que se les picara si no dejan de llorar, padres angustiados que no saben cómo explicar a sus hijos lo que está pasando, y profesionales de la salud que, a pesar de sus mejores intenciones, a veces perpetúan dinámicas de miedo y desconfianza por falta de herramientas comunicativas adecuadas. Es crucial entender que para un niño, estar en un hospital o clínica no es solo un inconveniente temporal, sino una experiencia que puede moldear su relación con la medicina y los profesionales de la salud durante toda su vida. Cada interacción que tenemos con ellos es una oportunidad de construir confianza o, lamentablemente, de sembrar miedos que pueden durar décadas.

Los estudios revelan que una buena comunicación clínica se asocia con mejores resultados en salud, mayor satisfacción del paciente y sus familias, mayor adherencia terapéutica, y significativamente, menor posibilidad de demandas legales. Pero más allá de estas métricas, existe algo mucho más profundo: el impacto emocional y psicológico que nuestras palabras y actitudes tienen en el desarrollo emocional de los niños y en la salud mental de las familias.

Principios clave

● Decir la verdad con lenguaje simple: nunca mentir; simplificar y graduar la información.
● Personalizar por edad y neurodesarrollo; tratar de confirmar que la información fue comprendida por el paciente y los familiares.
● Validar emociones y transmitir calma: nombrar miedo/dolor y ofrecer opciones si es posible.
● Tomar decisiones en conjunto con la familia: centradas en el bienestar del paciente.
● Anticipar procedimientos explicando por pasos, sensaciones y cómo ayudaremos.
● Reducir dolor y ansiedad.

Preparación y acompañamiento en procedimientos

Antes: explicar el porqué, los pasos y cuánto durará.
Durante: Ofrecer opciones de confort como lactancia, contención gentil por el cuidador, posición cómoda, música, mantener al acompañante o distracciones. Usar técnicas de relajación como respiración guiada o conteo
Después: reforzar logros, evaluar dolor/ansiedad, ofrecer cuidados como la colocación de vendajes, frío local o calor.

● Evitar prometer ‘no dolerá’; en su lugar: ‘hará cosquillas, un pellizquito o ardorcito y pasará rápido; yo te acompaño’.

Consentimiento, permiso y asentimiento

● En pediatría, se busca permiso de padres/madres/tutores y asentimiento del menor cuando tiene capacidad para comprender.
● Respetar el derecho del adolescente a confidencialidad en temas sensibles; promover decisiones compartidas y documentadas.
● Si la familia pide ‘no decirle’, explorar motivos, evaluar capacidad de comprensión del menor y daños potenciales de ocultar; buscar acuerdos que protejan su bienestar y dignidad.


La Realidad Emocional del Niño Enfermo: Comprendiendo su Mundo Interior

Para comunicarnos efectivamente con un niño enfermo, primero debemos comprender la complejidad de su experiencia emocional. Los niños no son adultos pequeños; por lo que su forma de procesar la información, entender la enfermedad y manejar el miedo tiene características únicas que debemos respetar y considerar en cada interacción con ellos.

El desarrollo cognitivo y la comprensión de la enfermedad

La forma en que un niño entiende la enfermedad está relacionada con su etapa de desarrollo cognitivo. Los niños preescolares, por ejemplo, pueden creer que se enfermaron porque «fueron malos» o porque «no se portaron bien», reflejando su pensamiento mágico característico de esta edad. Los escolares pueden tener una comprensión más concreta de causa y efecto, pero aún pueden malinterpretar información médica compleja.

Esta comprensión evolutiva de la enfermedad nos obliga como profesionales a adaptar nuestro lenguaje, nuestras explicaciones y nuestras expectativas a cada etapa del desarrollo. No podemos esperar que un niño de cuatro años comprenda una explicación que sería apropiada para un adolescente.

🌱 Preescolares (3-6 años): pequeños con grandes miedos

A esta edad, el pensamiento es mágico y literal: creen que todo lo que les sucede puede ser consecuencia de algo que hicieron o pensaron. Por eso, es fácil que se sientan culpables o asustados.

👩‍⚕️ Como personal de salud:
  • Usa palabras simples y concretas: “Voy a escuchar tu corazón” en lugar de “auscultación”.
  • Permite que tengan a mamá o papá cerca durante los procedimientos.
  • No prometas lo que no se cumplirá (“no va a doler”) → mejor: “Va a doler poquito, pero pasará rápido.”
  • Refuerza con frases positivas: “¡Lo hiciste muy bien! Eres valiente.”
👨‍👩‍👧 Como papás o cuidadores:
  • Prepáralos con anticipación: “Hoy iremos al doctor para que nos ayude a que te sientas mejor.”
  • Usa juegos o muñecos para explicar lo que pasará.
  • Valida emociones: “Está bien llorar, yo estaré contigo.”
  • Refuerza la seguridad: “Nada de lo que hiciste causó que te enfermaras, no es tu culpa.”

📘 Escolares (6-12 años): en búsqueda de explicaciones claras

A esta edad, los niños ya entienden la lógica y necesitan saber el “por qué”. Si no reciben respuestas claras, las inventan.

👩‍⚕️ Como personal de salud:
  • Explica qué harás y por qué: “Esta medicina ayuda a tu garganta a mejorar.”
  • Hazlos partícipes: “¿Quieres escuchar también tu corazón con el estetoscopio?”
  • Sé honesto con el dolor: “Va a doler un poco, pero la medicina hará que mejores pronto.”
  • Usa ejemplos prácticos que entiendan (superhéroes o princesas, pequeños bichos o gérmenes, defensas del cuerpo).
👨‍👩‍👧 Como papás o cuidadores:
  • Involúcralos en su cuidado: que pregunten, que opinen si quieren agua o pastilla.
  • Refuerza su autoestima: “Confío en ti, sé que lo harás muy bien.”
  • Usa cuentos o comparaciones para explicar: “Tu cuerpo es como un escudo que necesita energía para recuperarse.”
  • No uses frases que minimicen: evita el “ya estás grande, no llores.”

🧑‍🦱 Adolescentes (12-18 años): adultos en construcción

Aquí buscan autonomía, privacidad y respeto. Tomarles en serio y hablarles de manera directa y clara.

👩‍⚕️ Como personal de salud:
  • Háblales a ellos por su nombre, no solo a los padres: “¿Cómo te has sentido tú?”
  • Respeta su intimidad: ofrecer unos minutos a solas puede marcar la diferencia.
  • Explica directo y sin adornos: odian sentir que los tratan como niños.
  • Involúcralos en decisiones: “Tenemos dos opciones de tratamiento, ¿Cuál prefieres probar primero?”
  • Usa un lenguaje que les haga sentir confianza, no juicio.
👨‍👩‍👧 Como papás o cuidadores:
  • Escúchalos sin interrumpir, aunque no digan mucho.
  • Respeta sus silencios y emociones: el enojo o la apatía muchas veces son formas de procesar la vulnerabilidad.
  • Ofréceles información clara: “El doctor recomienda esto, ¿quieres que lo revisemos juntos?”
  • Hazlos parte activa de su cuidado: horarios de medicinas, acompañamiento en decisiones.
  • Refuerza siempre que su cuerpo y sus emociones merecen respeto.

🌟 La clave común en todas las etapas

Ya sea preescolar, escolar o adolescente, todos los niños necesitan lo mismo en esencia:

💙 verdad, empatía y respeto.

Con los más pequeños, la ternura es el camino.
Con los escolares, la claridad es la clave.
Con los adolescentes, el respeto es el puente.


La Cascada Emocional de los Padres

El momento en que un padre o madre se entera de que su hijo está enfermo desencadena una cascada emocional compleja que incluye múltiples sentimientos simultáneos y a menudo contradictorios. Primero surge el miedo: miedo a lo desconocido, miedo al dolor de su hijo, miedo a las posibles complicaciones, miedo a no saber cómo ayudar. Este miedo inicial puede ser tan intenso que paralice la capacidad de los padres para procesar información o tomar decisiones racionales.

Junto al miedo aparece la culpa, esa voz interna que susurra preguntas tortuosas: «¿Podría haberlo evitado?», «¿Noté los síntomas lo suficientemente pronto?», «¿Soy un buen padre/madre?». Esta culpa, aunque generalmente infundada, puede ser devastadora para la autoestima parental y afectar su capacidad de brindar el apoyo emocional que su hijo necesita.

La sensación de impotencia es otro componente central de la experiencia parental durante la enfermedad infantil. Los padres, acostumbrados a ser los protectores y solucionadores de problemas de sus hijos, se enfrentan súbitamente a una situación donde no pueden «arreglar» el problema con un abrazo, un «sana sana colita de rana» o una curita. Esta pérdida de control puede generar una ansiedad profunda que se manifiesta en hipervigilancia, dificultades para dormir, problemas de concentración y, en algunos casos, síntomas físicos como dolores de cabeza o problemas gastrointestinales.

El Impacto en la Dinámica Familiar

La enfermedad de un niño no afecta solo al paciente y a los padres; tiene un impacto sistémico en toda la familia. Los hermanos pueden sentirse desplazados, confundidos o incluso celosos de la atención que recibe el hermano enfermo. Los padres, centrados comprensiblemente en el hijo enfermo, pueden descuidar involuntariamente las necesidades emocionales de los otros hijos, creando un desequilibrio familiar que puede tener consecuencias duraderas.

La relación de pareja también se ve sometida a una presión extraordinaria. Diferentes estilos de afrontamiento, desacuerdos sobre decisiones médicas, agotamiento físico y emocional, y la falta de tiempo para la intimidad y la comunicación pueden crear tensiones significativas. Algunos estudios indican que las parejas que enfrentan la enfermedad crónica de un hijo tienen tasas más altas de separación y divorcio, aunque también es cierto que muchas parejas reportan que la experiencia las fortaleció y las unió más.


El Fenómeno de la Sobreprotección

Una respuesta natural y comprensible de los padres ante la enfermedad de su hijo es la sobreprotección. Este instinto protector, aunque bien intencionado, puede tener consecuencias no deseadas tanto para el niño como para la dinámica familiar.

La sobreprotección puede manifestarse de múltiples maneras: evitar que el niño participe en actividades normales para su edad, hacer todo por él para evitarle cualquier esfuerzo o molestia, o mantenerlo en una «burbuja» protectora que lo aísla de experiencias normales de la infancia. Aunque estos comportamientos nacen del amor y el deseo de proteger, pueden inadvertidamente transmitir al niño el mensaje de que es frágil, incapaz o diferente, afectando su autoestima y su desarrollo de independencia.

Los padres también pueden desarrollar una hipervigilancia hacia los síntomas, interpretando cada pequeña molestia o cambio como una señal de alarma. Esta ansiedad parental puede ser contagiosa, transmitiendo al niño la sensación de que su cuerpo es frágil, peligroso o impredecible, lo que puede aumentar su propia ansiedad sobre su salud.

Manejo de Situaciones Difíciles

Cuando los Niños se Niegan a Cooperar

Es completamente normal que los niños, especialmente aquellos que han tenido experiencias médicas previas negativas, se muestren resistentes o no cooperativos durante las consultas. Esta resistencia no es «mal comportamiento»; es una respuesta natural de autoprotección ante una situación que perciben como amenazante.

Cuando enfrentamos resistencia, nuestro primer instinto puede ser usar autoridad o presión para lograr la cooperación. Sin embargo, este enfoque generalmente es contraproducente y puede aumentar el miedo y la resistencia del niño. En su lugar, debemos tomarnos el tiempo para entender la fuente de la resistencia y abordarla empáticamente.

Validar los sentimientos del niño es el primer paso: «Veo que estás asustado. Es normal sentirse así cuando no sabemos qué esperar». Luego, podemos ofrecer información apropiada para la edad sobre lo que va a suceder, dar opciones cuando sea posible, y permitir que el niño tenga cierto control sobre la situación.

Comunicando Malas Noticias

Una de las tareas más difíciles en pediatría es comunicar diagnósticos serios o pronósticos inciertos. La forma en que manejamos estas conversaciones puede tener un impacto duradero en cómo la familia procesa y se adapta a la información.

La comunicación de malas noticias debe ser un proceso gradual, no un evento único. Debemos comenzar evaluando qué sabe ya la familia y qué quiere saber. Algunos padres pueden querer todos los detalles inmediatamente, mientras que otros pueden necesitar tiempo para procesar la información básica antes de estar listos para más detalles.

Es crucial proporcionar información honesta pero esperanzadora, enfocándose en lo que se puede hacer en lugar de solo en lo que no se puede hacer. «Sabemos que esto es muy difícil de escuchar, y queremos que sepan que vamos a trabajar juntos para asegurarnos de que su hijo reciba el mejor cuidado posible» puede proporcionar esperanza sin crear falsas expectativas.

Trabajando con Padres Ansiosos

Los padres ansiosos pueden transmitir inadvertidamente su ansiedad a sus hijos, creando un ciclo de estrés que puede complicar el cuidado médico. Sin embargo, es importante recordar que la ansiedad parental es una respuesta natural y comprensible ante la enfermedad de un hijo.

En lugar de minimizar o ignorar la ansiedad parental, debemos reconocerla y abordarla directamente. «Puedo ver que están muy preocupados por su niño. Es completamente comprensible sentirse así cuando nuestro hijo está enfermo» valida sus sentimientos y abre la puerta para una comunicación más efectiva.

Proporcionar información clara y completa puede ayudar a reducir la ansiedad parental. Los padres a menudo imaginan escenarios peores que la realidad cuando no tienen información suficiente. Explicar qué esperar, cuáles son los próximos pasos, y cómo pueden ayudar puede darles una sensación de control y propósito.

✨ Mi reflexión como pediatra y mamá

He aprendido que los tratamientos curan, pero las palabras también sanan.
Un niño que se siente escuchado y respetado enfrenta mejor la enfermedad.
Un adolescente que siente confianza coopera más en su recuperación.

Al final, la medicina cura el cuerpo, pero la empatía sana el corazón.

Si este artículo te ha resultado útil, compártelo con otros profesionales de la salud y padres de familia. Juntos podemos crear un sistema de salud más empático y efectivo para nuestros niños.

#PediatriaEmpática #ComunicaciónMédica #SaludMentalInfantil #MedicinaHumana #PediatraDeEmociones

Publicado en Adolescencia, carga mental, Crianza, Depresion, Salud Mental, Suicidio

🧠💔 ¿Por qué un adolescente podría querer morir?

Comprendiendo lo que nuestros adolescentes no se atreven a decirnos.

✍🏻 Por Dra. Skarlett Ruelas – Pediatra, mamá, maestra y aprendiz del mundo emocional de niños y adolescentes.

Pensar en por qué sucede y atreverme a escribir esto es difícil sin sentir un nudo en la garganta. Sin pensar en las caritas de los niños que llegaron a la atención en urgencias por crisis de ansiedad, intoxicación con medicamentos, intento de asfixia o autolesiones. Niños y no tan niños desde los 11 a los 17 años, con familias de todo tipo, estratos socioeconómicos, grados escolares, pero todos en común padres consternados por no haberse dado cuenta de que algo estaba mal con su hijo.

Como pediatra he escuchado todo tipo de historias, durante las hospitalizaciones prolongadas, de esos adolescentes que tienen una mirada que poco a poco me he enseñado a distinguir. Adolescentes que físicamente parecen casi adultos, pero al sentarme a escucharlos y preguntarles desde el corazón ¿Cómo estás? Y decirles estoy aquí para escucharte, se transforman en niños frágiles y vulnerables, muchachos de 1.80mt de estatura que al final de una conversación te dan un abrazo, niñas que te cuentan lo que a nadie se han atrevido a decirles, al solo darles unos minutos de escucha activa, atención y confianza. Estas historias y los niños que están detrás de ellas me han hecho llegar hasta donde estoy hoy, una pediatra que lucha por la empatía y la sensibilidad de mis residentes hacia esos niños, aprender a no juzgarlos, escucharlos y acompañarlos, perder el miedo a los adolescentes y ver que ellos necesitan la misma o más atención que el neonato prematuro o el niño con cardiopatía compleja. He realizado un esfuerzo extra en mis horas libres, mis noches y he empezado a estudiar un poco sobre ellos, para brindarles lo mejor de mí. Estos últimos meses les he transmitido un poquito de lo que he aprendido a los residentes sobre temas de psicología infantil, psiquiatría, puericultura y el desarrollo del cerebro del adolescente, esperando haber logrado mi objetivo y sembrar en ellos una semillita de curiosidad y empatía hacia los adolescentes.

Como mamá, hay días en los que llego a casa y lo primero que hago es abrazar fuerte a mi hija para que me llene de energía y transmitirle que siempre estaré para ella, llamar a mi sobrino que es mi adoración, pensando en todos los chicos que no tuvieron un abrazo a tiempo y que no se sentían acompañados en esos momentos difíciles, incluso pensando en mí misma cuando era adolescente, agradeciendo la presencia de mi mamá en todas las etapas más grises de mi vida, y pienso en como yo podría haber sido una de esas niñas con cutting de no ser porque ella siempre estuvo conmigo y detecto los focos rojos a tiempo.

Como profesora, he visto a mis residentes enfrentarse con impotencia al dolor emocional, al no saber cómo acercarse a esos niños que sufren y les duele pero que no hay analgésico que cure su malestar.

📊 ¿Qué está pasando con nuestros adolescentes?

Según la OMS, el suicidio es la cuarta causa de muerte en adolescentes de 15 a 19 años.

En México, el INEGI muestra un aumento de más del 40% en la última década, siendo el grupo de 10 a 14 años el que más preocupa por el crecimiento acelerado de los casos.

Detrás de cada número hay una historia no contada: un niño que dejó de jugar, una adolescente que se rindió en silencio, una familia buscando respuestas en el vacío.

🧠 Adolescencia: una tormenta cerebral

El sistema límbico (emociones) va a 180 km/h, mientras la corteza prefrontal (razón, juicio) apenas se está construyendo. Eso explica su impulsividad, sensibilidad extrema al rechazo y dificultad para pedir ayuda. Y si a esa tormenta interna le sumamos otros factores que pueden estar viviendo: violencia familiar, ausencia emocional, bullying o redes sociales tóxicas el riesgo se multiplica.

🔍 ¿Por qué están tan tristes los adolescentes?

Un artículo publicado en The Atlantic por el periodista Derek Thompson, titulado “Why American Teens Are So Sad”, analiza cuatro factores que, desde la evidencia científica, explican el incremento en los trastornos mentales adolescentes. Lo revisamos aquí desde la perspectiva médica, emocional y social:

1️⃣ Redes sociales y los teléfonos inteligentes: espejo distorsionado

«Para muchos adolescentes, el algoritmo los entiende más que su familia.»

Pero ese algoritmo también:

  • Normaliza el dolor como parte inevitable de la adolescencia.
  • Promueve la autolesión o el suicidio como una salida.
  • Distorsiona la realidad, mostrando vidas perfectas.
  • Exacerba la comparación social y el aislamiento.
  • Los expone a bullying silencioso y comparación constante

Estudios (Twenge et al., 2018; Montag et al., 2021) confirman que el uso excesivo de redes sociales afecta la autoestima, el sueño y la salud mental, correlacionándose con el aumento de la ansiedad, la comparación social, el acoso en línea y la disminución del sueño en adolescentes, particularmente en adolescentes mujeres.

  • La evidencia clínica y neuropsicológica coincide con el artículo: la hiperconectividad digital estimula el sistema dopaminérgico de forma adictiva.
  • El uso prolongado se asocia a alteraciones en el sueño, TDAH funcional, ansiedad social y disminución de la autoestima.
  • La American Academy of Pediatrics recomienda limitar tiempo de pantalla, promover el uso supervisado y educar sobre el contenido.

2️⃣ Aislamiento social: solos entre todos

Cada vez pasan menos tiempo con amigos, en actividades presenciales, al aire libre, en la vida. La conexión virtual ha reemplazado la interacción cara a cara y los vínculos reales. Y eso se paga caro:

  • Mayor soledad.
  • Dificultades para pedir ayuda.
  • Menor tolerancia a la frustración.
  • Reducción de la calidad del vínculo humano y la práctica de habilidades socioemocionales.

La pandemia agravó esta desconexión (Loades et al., 2020), y hoy tenemos una generación que se siente profundamente sola en compañía.

3️⃣ Cultura de fragilidad emocional

Se ha confundido cuidar con sobreproteger. Muchos adolescentes crecieron escuchando que todo lo incómodo es dañino. Pero evitar el malestar no enseña a vivir, solo a temer.

Muchos crecieron escuchando: “no llores”, “no exageres”, “no te enojes”. Resultado: no saben qué hacer con lo que sienten. Y el miedo a sentirse mal, los deja sin herramientas para levantarse.

Estudios como los de Haidt & Lukianoff (2018) señalan cómo la hipersensibilidad emocional y la cancelación del conflicto impiden construir resiliencia.

Educar emocionalmente también es enseñar a tolerar lo incómodo sin huir.

Se ha normalizado que cualquier dificultad emocional sea vista como trauma, debilitando el umbral de tolerancia a la frustración.

4️⃣ Un mundo aterrador

Violencia escolar, guerras, cambio climático, pandemias, pobreza, bullying, abuso…
Las noticias llegan directo al celular, sin filtro, sin pausa.

Ese bombardeo permanente hace que muchos adolescentes pierdan la esperanza.
Sienten que el futuro es incierto, peligroso o directamente inviable. Y el cuerpo reacciona:

  • Trastornos del sueño.
  • Ansiedad generalizada.
  • Estrés tóxico crónico.
  • Conductas de riesgo.

Sin embargo, la mirada clínica requiere ir más allá. La salud mental adolescente no se resuelve con diagnósticos rápidos ni culpabilizando redes sociales. Requiere una intervención ecológica: hogares conectados, escuelas humanas, redes digitales éticas, y pediatras conscientes del nuevo paradigma emocional.

🩺 El pediatra: la primera línea (y a veces, la única)

Cuando un adolescente llega al hospital por una crisis emocional, no siempre ve primero a un psiquiatra o psicólogo. Nos ve a nosotros, los pediatras. Somos el primer oído que escucha, los primeros ojos que ven. Y eso nos convierte en una posibilidad real de cambiar el destino.

👩‍⚕️ ¿Cómo debe ser nuestro abordaje?

Con cercanía, respeto y sin miedo. No basta con ser médicos del cuerpo. Hoy más que nunca, también debemos cuidar el alma.

✔️ Escuchar sin juicio: no minimizar, no etiquetar.

✔️ Preguntar con honestidad: ¿Has pensado en hacerte daño? ¿Te sientes triste todo el tiempo?

✔️ Conversar con ellos a solas y en privado: muchas veces, lejos de papá y mamá, pueden por fin hablar.

✔️ Explicar límites de confidencialidad: “Todo lo que digas aquí es privado, salvo que crea que tu vida corre peligro. Entonces, te ayudo a buscar apoyo.”

✔️ Observar los focos rojos: autolesiones, aislamiento, insomnio, bajo rendimiento escolar, frases como “ya no quiero estar aquí”.

👨‍👩‍⚕️ Como pediatras, también educamos y acompañamos familias

Nuestra responsabilidad no termina con una receta, y va más allá de esos 15 minutos de consulta. Toca hablar con papás que no saben por dónde empezar o no entienden que está pasando. Y hay que hacerlo con firmeza, empatía y sin rodeos:  Esto no es flojera. No es inmadurez. No es solo una etapa. Brindar recursos reales: líneas de ayuda, psicólogos, psiquiatras, grupos de apoyo. Reforzar la presencia parental emocional, no solo física.

⚠️ ¿Cuándo sospechar depresión severa o riesgo suicida?

  • Dolor abdominal o de cabeza recurrentes sin causa médica clara
  • Conductas retadoras, impulsivas o agresivas
  • Consumo de alcohol o sustancias
  • Disminución en el rendimiento escolar
  • Desinterés en las cosas que antes les apasionaban

🧩 Factores psicosociales que debemos tener en el radar:

  • Bullying (digital o presencial)
  • Duelos no resueltos
  • Abuso físico, emocional o sexual
  • Enfermedades crónicas o discapacidades
  • Rechazo por identidad sexual o género
  • Falta de límites o vínculos con adultos
  • Expectativas familiares inalcanzables o nulas

👨‍👩‍👧‍👦 El papel irremplazable de papás, maestros y amigos

Ningún adolescente debería atravesar la tormenta solo. Los adolescentes requieren:

🔹 Padres presentes, disponibles emocionalmente, que escuchen sin interrumpir, sin juzgar. Así mismo es necesario acompañar a los hermanos porque ellos también sienten, necesitan contención, información, y amor.

🔹 Maestros atentos al lenguaje no verbal, a las señales, pendientes más allá de una calificación.

🔹 Amigos valientes, que pregunten: ¿Estás bien?

Los padres cargan con la culpa. Los hermanos, con el miedo. Los amigos, con el vacío. Es indispensable que también ellos reciban atención emocional especializada, para evitar una segunda tragedia.

📌 Reflexiones clave para pediatras, padres y maestros

  • No basta con evitar lo negativo, hay que construir lo positivo: relaciones humanas, propósito, límites saludables y sentido de pertenencia.
  • El adolescente necesita adultos emocionalmente disponibles, no sobreprotectores ni desconectados.
  • Educar en emociones es urgente, tanto como vacunar o enseñar a leer.
  • La salud mental no es moda ni privilegio: es una necesidad estructural para el desarrollo.

🩺 ¿Qué hacemos como pediatras, maestros, papás?

✔️ No minimices: su tristeza no es drama, es dolor real.
✔️ Pregunta con el corazón y escucha con el alma.
✔️ Observa señales: aislamiento, autolesión, cambios de conducta.
✔️ Sé un refugio, no un juez.
✔️ Y si no sabes cómo ayudar, acompaña hasta que alguien más pueda.

Como pediatras, educadores y madres/padres, tenemos una responsabilidad colectiva: acompañar, comprender y guiar, no solo medicar o regañar. La tristeza adolescente es un síntoma. El trabajo real está en el fondo.

🛠️ Recomendaciones académicas y clínicas

ÁreaAcción concreta
Consulta pediátricaIncluir tamizaje emocional en pacientes que nos den datos clínicos de depresión, ansiedad, conductas de riesgo o conducta suicida
Intervención educativaCapacitar a docentes en salud mental y educación emocional; reducir factores escolares de estrés.
CrianzaPromover autorregulación emocional, autonomía progresiva y límites con afecto.
Política públicaCampañas masivas de prevención en salud mental; regulación de algoritmos digitales nocivos.

🌱 ¿Qué podemos hacer hoy?

  • Hablar del tema. Sin miedo, sin tabú.
  • Validar el dolor, aunque no lo entendamos.
  • Observar sin juzgar.
  • Educar emocionalmente desde casa y escuela.
  • Preguntar con el corazón: “¿Qué necesitas hoy?”
  • Pedir ayuda profesional sin vergüenza.
  • Recordar que prevenir no es exagerar… es salvar vidas.

❤️ Tú puedes ser ese adulto

Ese pediatra, maestro, amigo o papá que ve lo que nadie más quiere ver.

El que sostiene cuando todos sueltan.

El que pregunta cuando otros evitan.

El que escucha sin miedo lo que duele.

Y si tú, que estás leyendo esto, también estás cansado… también puedes pedir ayuda.

Porque cuidar a otros también agota.

Y porque la salud emocional también empieza contigo.

Porque lo que no se ve… también duele.

Pero lo que se acompaña, puede sanar.

Publicado en carga mental, conciliación, Crianza, Maternidad, paternidad, Salud Mental

La carga mental de ser mamá: entre la culpa, la corresponsabilidad y ese miedo de perderme en el camino.

Carga Mental en Madres Profesionales: Cómo Gestionarla

Ahora que recientemente ha pasado el día de la madre, y que festejamos a esos seres maravillosos que nos dieron la vida y nos mantienen en pie, hablemos de la Salud Mental Materna, reflexionemos las múltiples capas que componen la experiencia de ser madre. Ser madre es mucho más que criar: es gestionar, sostener, planear, contener y dentro de todo no olvidarse de nosotras mismas.

El día de hoy, quiero hablarte a ti: madre profesionista, mamá que también eres doctora, enfermera, maestra, psicóloga, abogada, emprendedora. Las que andamos corriendo todo el día para tratar de llegar a todo, estar a tiempo en la escuela, en el consultorio, llegar arreglada a la junta, a la clase de ballet, prepararnos para la guardia y avanzar en la lista de los pendientes que nunca terminan.

Ser mamá es una montaña rusa de emociones.  Los días se llenan de momentos llenos de ternura y que nos recuerdan lo felices que somos con ser mamás, pero el lado gris de ser madre es el cansancio, ese que no se quita ni al dormir y cuando tenemos vacaciones nunca nos son suficientes, porque siempre estamos pensando, si acabamos de lavar hay que doblar y guardar, o si terminamos de cocinar ahora hay q ver que sucedió en la sala mientras estábamos preparando la cena y después de esto lavar trastes.

Ser mamá, profesionista, esposa, hija, emprendedora… es como llevar muchos sombreros al mismo tiempo, intentando que ninguno se caiga y que todos combinen entre sí. Y aunque desde fuera demos la apariencia de que lo estamos logrando, adentro hay un torbellino constante: la carga mental.

La carga mental materna es esa lista enorme y silenciosa que tenemos muchas madres: pensar en el super, que hay para cocinar, preparar el uniforme, agendar vacunas, llevar a las actividades extraescolares, recordar citas médicas, organizar cumpleaños, atender berrinches y aún así dar lo mejor en el trabajo, sin dejar de ser esposas. Es la logística del hogar y de la crianza que, en la mayoría de los casos, recae en una sola persona: la madre.

Esta carga se intensifica en madres que, además, quieren ejercer su profesión con pasión y responsabilidad. Madres que aman su trabajo, pero sienten que siempre le deben algo a alguien: al hijo, al jefe, a la pareja, a sí mismas.

Lo que nadie ve y no lo decimos, pero sí sentimos.

La culpa y la carga mental: dos grandes enemigas invisibles de la crianza.

La carga mental no tiene horario ni vacaciones. Es ese trabajo y esfuerzo invisible que hacemos por recordar cada detalle del día a día, todas esas pequeñas cosas que parecieran insignificantes y que nadie ve. Y que cuando por fin estas descansando, de pilón te culpas porque tienes muchas cosas que hacer y todavía te preguntas, pero porque estoy tan cansada si hoy no hice nada.  Es pensar en todo y acompañar a nuestros hijos en sus miedos, sus necesidades, intentar validar sus emociones y abrazarlos, incluso cuando tal vez seamos nosotros las que mas necesitamos ese abrazo. Todo eso lo hacemos, mientras trabajamos, atendemos pendientes, emprendemos, soñamos.

Y eso es solo la superficie. Porque siempre está ahí la autoexigencia, la mugrosa culpa que se cuela en cada rincón, preguntándote: «¿Soy suficiente?» “¿Lo estaré haciendo bien?”, la culpa por perder la paciencia, por disfrutar mi trabajo, por querer entrar al baño con la puerta cerrada sin compañía, por seguir colechando, porque he engordado, porque no he salido a cenar con mi esposo hace meses, si hoy no me peine ni me maquille…  Esa que se culpa que siempre encuentra por donde colarse incluso cuando hacemos lo mejor que podemos:

  • Culpa por no estar siempre.
  • Culpa por trabajar y disfrutarlo.
  • Culpa por necesitar tiempo a solas.
  • Culpa por no ser la “mamá perfecta” que imaginamos.
  • Por no tener la casa de Pinterest.
  • Por no ser la familia de Instagram.

Pero aquí va una verdad necesaria: no podemos con todo, y eso está bien.

Tenemos que elegir que sombrero ponernos en cada momento y no querer cargar con todos al mismo tiempo, elegir nuestras batallas y realmente preocuparnos por lo que realmente importa.


Ser mamá y profesionista no debería ser una contradicción.

Trabajo porque me gusta, porque me mantiene activa, por mi crecimiento personal y profesional, porque necesito seguir estudiando y aprendiendo, porque me encanta lo que hago, porque también es parte de quien soy y de lo que era antes de ser mamá. Y ser mamá no queda en pausa mientras trabajo. Sigo siendo mamá cuando doy clase, cuando armo pedidos, cuando acompaño a mis pacientes… incluso cuando me siento al límite.

Por que ser mamá no entra en pausa cuando checo entrada al hospital. *No soy una mamá ausente por cumplir mis sueños*, ni tampoco soy una profesional mediocre por priorizar a mi hija, quitar mi consultorio y decir que no a ser la workaholic que algún día fui. Soy ambas, incluso cuando me parto en mil pedazos para no desaparecer en el intento. 

Algo que no quiero es perderme en la maternidad. Porque si me olvido de mí, ¿Cómo le enseño a mi hija a no olvidarse de sí misma? Porque estoy segura de que, si yo soy capaz de hacerlo, ella lo hará mil veces mejor, porque en su momento yo tuve el mejor ejemplo mi mamá, y ahora mis amigas y mis hermanas son un ejemplo de que se puede ser mama y profesionista al mismo tiempo.

Nuestros hijos no necesitan mamás perfectas. Necesitan mamás reales, humanas, que se cuidan, que se escuchan, que saben poner límites. Que también se ríen, descansan, sueñan, que piden perdón, que se equivocan y lo vuelven a intentar y se permiten no poder con todo y saben pedir ayuda.

A ti, mamá que trabaja y cría…

Tú que das el 100% en todo, aunque te sientas partida en pedacitos.

Tú que lloraste en el carro antes de llegar al trabajo y entraste con una sonrisa.

Tú que sueñas con un momento en silencio, pero piensas en tus hijos todo el tiempo.

Tú que estás cansada… pero sigues.

Te veo. Te entiendo. Estoy contigo.

Y quiero recordarte esto: decidiste ser mamá y también decidiste seguir siendo tú. No estás fallando, estás creciendo, estas evolucionado y en camino estas aprendiendo. Estás criando y construyendo tu vida al mismo tiempo. Y eso ya es muchísimo.

Conciliación: entre lo laboral y lo emocional

La conciliación entre maternidad y vida profesional sigue siendo un reto para muchas mujeres. Jornadas laborales que no son compatibles con la lactancia, con los horarios escolares, trabajos poco flexibles, ausencia de redes de apoyo y la presión de “ser buenas madres” generan un terreno fértil para el agotamiento emocional, divorcios, ansiedad, irritabilidad, insomnio o incluso depresión.

Es tiempo de hablar sin culpa de que necesitamos pausas, espacios propios, tiempos muertos y redes de apoyo reales. De que estar bien nosotras es parte esencial del bienestar de nuestros hijos.

¿Qué impacto tiene esto en la salud mental de las madres?

Cuando la culpa y la carga mental se cronifican, no solo generan agotamiento emocional y físico o Burn out, sino que también interfieren con el vínculo sano con nuestros hijos. Aparecen síntomas que requieren ayuda profesional, depresión, ansiedad, frustración y una constante sensación de “no estar haciendo lo suficiente”.

Y eso es peligroso, porque sabemos que una madre emocionalmente disponible es la suficientemente regulada para acompañar a su hijo con empatía y consistencia. Y para eso, necesitamos madres cuidadas, sostenidas, no sobrecargadas.

Como pediatra, y mamá me he dado cuenta por que ya he estado ahí:

  • Tu bienestar es tan importante como el de tu hijo.
  • Criar con culpa constante no mejora el apego, lo daña.
  • Estar presente no significa estar disponible las 24/7 sin descanso.
  • Delegar, pedir ayuda y poner límites no es egoísmo. Es salud mental preventiva.

Corresponsabilidad: no es ayuda, es justicia

Yo no sé en qué momento se consideró que la responsabilidad es de la mujer, y que nosotras podemos ser multitasking y tener 20 ventanas abiertas al mismo tiempo. La maternidad no fue diseñada para vivirse sola. Antes las mujeres vivían en tribus o comunidades donde se escuchaban y apoyaban entre ellas, ahora el ritmo de vida, la carga laboral y escolar, las distancias que nos separan de nuestras amigas, hacen que estemos siempre solas con nuestros hijos. Necesitamos hablar, y poder decirlo sin miedo, estamos cansadas y necesitamos ayuda, poder hablar de corresponsabilidad real. No se trata de que papá «ayude», sino de que comparta la carga física, emocional y mental de criar. De no tener que “pedir ayuda”, ni tener que dejar hechas listas de pendientes, o de poner recordatorios en las alexas. Se trata de que tú como papá te sepas que talla de zapatos son tus hijos, su historial clínico sin que estés llamando a mamá durante la consulta, acuérdate del nombre de sus profesores y de la mejor amiga de tu niña, ve una película con tu familia y deja el celular y el trabajo de lado.

Porque criar también es un trabajo, uno agotador, extremadamente bello, pero muy muy exigente… que no debería recaer solo en una persona.

Corresponsabilidad es:

  • Que ambos padres estén al tanto de lo que necesitan sus hijos.
  • Que papá también gestione emociones, tiempos, pendientes.
  • Que haya acuerdos, no favores.
  • Que seamos un equipo, no una jerarquía.
  • Que no se minimicen las labores domesticas y a la mujer que se queda en casa y no «trabaja».
  • Que se nos valore el doble esfuerzo que hacemos las que trabajamos.
  • Que no se nos juzgue por no estar al 100 en todo.

Porque cuando el peso se comparte, el amor fluye más liviano. Y la paciencia, ¡ahí sí alcanza para todos! 

Querido papá: esto es para ti.

Sé que amas a tus hijos. Que trabajas duro por ellos. Pero criar no es solo estar presente físicamente, económicamente y el preguntar en que ayudas. Criar también es pensar, planear, anticiparse, sostener emocionalmente a toda la familia.

Cuando tú te involucras de verdad, no solo aligeras la carga materna: te conviertes en figura de amor, de contención, de equilibrio.

Copaternar es criar juntos, no desde la ayuda, sin juzgar si decidimos trabajar y ser mamás, sin hacernos sentir culpables cuando decimos estoy cansada o cuando ese día pesado del trabajo decidimos soltar y pedir una pizza para cenar aun cuando sabemos que no es lo más saludable, cuando no nos fue posible lavar los trastes de la cena porque ya no podíamos mas. Es ver desde el amor que no pesa más de un lado que del otro.

Y no, no eres un mandilón por hacerlo. Eres un papá presente. Un compañero justo. Un hombre que educa con su ejemplo. Porque nos tocó otra generación, en la que, así como los gastos se comparten, las responsabilidades y las labores de casa también.

Y dentro de todo algo muy importante es no perdernos a nosotros 2 como la pareja de enamorados que algún día fuimos, esos que sentían mariposas en el estómago al verse, sé que nuestro amor ha madurado y que estamos en otra fase y que el enamoramiento quedo atrás hace muchos años, pero la realidad es que decidimos estar juntos y formar una familia, y algún día los hijos se irán y solo quedaremos tú y yo y lo que hallamos construido en el camino, y quien sabe algún día estaremos jubilados, viajando, descansando y muy emocionados esperando a que vengan a casa los nietos este fin de semana.


Mamá, no te olvides de ti, de quien eras y de quien quieres seguir siendo.

Así que hoy empiezo desde mí, porque yo me declaro culpable de haberme perdido en la maternidad y estoy en el proceso de volver a ser yo. Hoy haz un espacio para ti. Para reír, para respirar, para equivocarte y volver a empezar. ¡Recuerda lo que te gustaba hacer antes de ser mamá, leer, ir a la estética sin pensar en que tienes una pila de ropa por doblar, desvélate haciendo scrolling en tu celular o viendo esa serie que quieres maratonear desde hace meses, pero que no has podido por ver las series infantiles, llámales a tus amigas por teléfono y echa chisme sin interrupciones, planea un día de shopping tu sola y cómprate esos zapatos, tomate ese café y ve que sigues siendo tú!

Porque una mamá que mantiene su esencia y su personalidad lucha por sus metas y aplaude sus logros, es la mejor guía emocional y profesional que un hijo puede tener.

Y tú mereces todo eso que das: amor, respeto, cuidado y que seas tu misma la que no se olvide de consentirte a ti y que en la lista de prioridades y pendientes tu estas primero.

Hoy, te invito a: 

– *Respirar*. Aunque sea un minuto. 

– *Pedir ayuda*. Sin culpa. 

– *Celebrar* que estás criando y creciendo a la vez. 

Papá: Estás a tiempo de criar distinto. De compartir no solo los abrazos, sino también la carga, la mochila es más ligera si se comparte el peso. Porque la crianza no es una carrera en solitario, sino un camino que se hace más ligero cuando caminamos juntos y de la mano.

¿Qué podemos hacer para cuidar la salud mental materna?

  • Hablar de esto sin vergüenza.
  • Nombrar la carga mental y pedir corresponsabilidad.
  • Escuchar a la mamá cuando dice estoy cansada, necesito 5 min de silencio en mi espacio, si por que nosotras también necesitamos tener un rincón de la calma
  • Buscar redes de apoyo (reales o virtuales).
  • Delegar y soltar.
  • Validar nuestras emociones, sin juicios.
  • Poner límites sanos en el trabajo y en casa.
  • Buscar ayuda profesional si la tristeza, el cansancio o la ansiedad no se van.

Publicado en Adolescencia, Salud Mental

Entendiendo a los adolescentes y su cerebro para acompañarlos y comprenderlos mejor.


Los adolescentes a los ojos de los adultos, nos parecen rebeldes e impulsivos. Pero te has puesto a pensar como es que tu niño ahora se comporta así, vamos a hacer una revisión de como funciona el cerebro del adolescente desde el punto de vista de la neuropsicología y la pediatría, y con esto intentaremos darnos una idea de como podemos acompañarlos, comprenderlos en casa, la escuela y en nuestro consultorio.

El cerebro adolescente… está en remodelación y construcción

Probablemente te has preguntando, por que reacciona con tanta intensidad por que cambia de humor en minutos y es tan impulsivo. Considerándolos rebeldes, cuando realmente es parte de un proceso de maduración fascinante del cerebro del adolescente.

Recuerdas a tu niño de 3 años, aquel chiquito que dejo de ser bebé para convertirse en niño, que hacia rabietas por todo y que lloraba porque quería el vaso azul y no el rojo. Al igual que ellos los adolescentes están en el proceso de aprender a razonar sus actos y sus consecuencias, están pasando por cambios emocionales, físicos y hormonales para convertirse en adultos.

Desde la neurociencia, la neuropsicología y la pediatría, hoy sabemos que el cerebro adolescente está pasando por una de las etapas de mayor transformación desde la infancia. Entender esto es clave para acompañarlos con empatía, respeto y firmeza.


🔍 Pero…¿Qué está pasando en su cerebro?


A grandes rasgos el cerebro del adolescente pasa por varios cambios entre ellos:

  • Poda sináptica: Elimina las conexiones poco usadas para fortalecer las mas eficientes
  • Alta plasticidad: Tienen una capacidad de aprendizaje y adaptación altísima, y vulnerabilidad emocional.
  • Desfase de maduración: Al no tener aun la corteza prefontal bien desarrollada, por lo que las emociones (sistema límbico) mandan antes que la lógica (corteza prefrontal/razón y control de impulsos)


Resultado: reaccionan desde la emoción, no desde la lógica. Esto no significa que sean irracionales, sino que su capacidad para anticipar consecuencias o regularse aún está en proceso.

🧠 Esto explica por qué sus decisiones no siempre son racionales, aunque lo parezcan desde su perspectiva.

Al revisar bibliografía sobre el desarrollo socioemocional del adolescente podemos ver que los niños y adolescentes pasan por varias fases de maduración cerebral, ahora que tenemos a la mano redes sociales, audiolibros, libros digitales, conferencias que dan psicólogos y pediatras al otro lado del mundo, o incluso en nuestra misma ciudad, podemos consultar a neuropsicólogos y psicólogos especialistas en adolescentes solo a través de Zoom y leer sus publicaciones al día. La gran mayoría de los que nos dedicamos a la salud de los niños estamos preocupados y tratamos de mantenernos al tanto sobre la salud mental de los adolescentes, tenemos como fin común ayudar a los adolescentes, esta etapa de la infancia olvidada, rechazada y tan compleja.

Los adolescentes cuando son bien acompañados desde la infancia con amor y respeto pueden pasar por esta etapa de una manera mas amigable para ellos y para los que cuidamos de ellos y no tienen por que ser como aquellos de las series de televisión o lo que menos quisiéramos como los adolescentes de las noticias.

Elige bien a quien escuchas sobre las opiniones de tu crianza.


Mis influencers favoritos tienen miles de followers, y no no hacen reels que son tendencia, ojalá asi fueran y mis adolescentes de consulta tendrian una mejor comprensión de sus padres y sus pares. Mis españoles favoritos son muchos!, pero en este ambito a los que mas sigo son Alvaro Bilbao y Rafael Guerrero ambos neuropsicólogos españoles a los cuales se suman Lucía Galán mi pediatra mi sensei en la que me he inspirado para cambiar mi forma de ser pediatra desde que soy mamá, David Bueno un biólogo y genetista español, especializado en el desarrollo del cerebro de las especies, y a ellos se agrega el Dr Daniel Siegel medico psiquiatra estadounidense apasionado por el cerebro del niño y del adolescente. Todos tienen paginas en instagram, libros y publicaciones de fácil acceso en caso de que quieras profundizar mas en el tema. Yo confieso qué cada día me hago más adicta en escucharlos en podcast y encargar sus libros desde el otro lado del charco.

Integrando sus reportes:

  • Rafael Guerrero: tiene libros para padres e hijos en los que nos habla de 4 niveles del cerebro (Reptiliano, Límbico, Neocórtex, Prefrontal). En sus libros nos habla desde lo mas sencillo para que los pequeños puedan comprender sus emociones y sentimientos, a lo mas científico, pero siempre con un lenguaje muy accesible
  • Álvaro Bilbao: Experto en crianza y neurodesarrollo, neuropsicólogo el cual tiene un libro en el que trata de explicarnos el cerebro del niño a los padres, dando un enfoque en el cerebro rojo (emociones), verde (razón) y azul (autocontrol).
  • David Bueno: Biólogo genetista tiene una perspectiva neuroeducativa y del desarrollo cerebral mas compleja y científica.
  • Daniel Siegel: padre de la descripción del cerebro “de la palma de la mano”, en el cual nos explica que el cerebro tiene una integración vertical y horizontal, ventana de tolerancia. Así mismo nos habla de las neuronas espejo y de como nuestros instintos e impulsos se descubren cuando nos sentimos en peligro o amenazados.

Y pues si no es secreto que mis favoritos son españoles!!!

El cerebro del adolescente

Y bueno entonces como funciona el cerebro del adolescente, de manera simplista y sin entrar en detalles anatómicos, el cerebro del adolescente tiene 4 partes principales

1. El cerebro reptiliano menos dominante encargado de las funciones básicas y el instinto de supervivencia, reacciona ante amenazas o estrés.

2. Límbico hiperreactivo, es el que les da la intensidad emocional, búsqueda de placer, conexión social , es muy sensible al rechazo.

3. Neocórtex más activo, encargado de toma de decisiones y razonamiento lógico, pero aun inmaduro por lo que necesita a su padres para apoyo

4. Corteza Prefrontal en construcción hasta los 25 años o incluso mas. La parte mas inmadura aún, se encarga de procesos como autocontrol, planificación, conciencia de consecuencias, aún están en desarrollo. Es a lo que Alvaro Bilbao le llama el Cerebro azul intentando activarse.


No es rebeldía: es búsqueda de identidad


Los adolescentes tienen una gran conexión con sus pares, en el camino de la búsqueda a su identidad, están explorando quiénes son, necesitan validación, autonomía y saber que se pueden equivocar sin perder tu amor.

El adolescente está construyendo su sentido de sí mismo. Necesita:

  • Sentirse visto y validado.
  • Explorar sin ser juzgado.
  • Conocer sus límites, pero con amor.
  • Saber que puede equivocarse y seguir siendo valioso.

Cuando respondemos con gritos, castigos o indiferencia, solo reforzamos la desconexión emocional. En cambio, si los acompañamos desde la comprensión, su cerebro se moldea con más salud emocional. Al adolescente no le gusta sentirse prisionero, ni interrogado, ni hostigado o asfixiado, a veces solo con tu presencia y escucha activa es suficiente, saber que estas ahí para el. Volvemos a ese niño pequeño de 3 a 6 años que solo te gritaba mamá desde otro cuarto para saber que aun estabas ahí. Aunque te escuchara lavando trastes o supiera que estabas en una llamada telefónica. Así tus adolescentes solo necesitan saber que estas ahí.

Padres y maestros: aliados, no enemigos


  • Algunas claves para una crianza y educación más empática:
    – Escucha sin juicio, se que en este momento, te parece que tu adolescente llora por tonterías, que se preocupa por cosas que no tienen importancia, pero para el son sus mayores motivos de ansiedad o de preocupación. A la mejor te parece que exagera al emocionarse tanto por un artista o por un torneo escolar, pero es que es así. Necesita un adulto que lo acompañe en sus fiestas y sus tristezas, que lo escuche sin sermones ni juicios. Lo que para ti es “exagerado”, para ellos puede ser inmenso.
  • Requiere de un adulto que valide sus emociones sin minimizarlas. 💡 Lo que no se nombra, se actúa. Ayúdales a identificar lo que sienten. “Entiendo que estés enojado” te abrira más puertas que un “¡Ya cálmate!”.
  • Pon límites con sentido: No se trata de permitir todo, sino de explicar el porqué de las reglas. Recuerda que aun no tienen bien claras las consecuencias y los adolescentes requieren límites y estructura.
    – Sé un modelo de regulación emocional, como quieres que tu hijo no explote si tu siempre gritas, como quieres que te platique si siempre le dices luego me cuentas, o estas pegado a tu celular. Piensa y ve en un espejo como actuas tu con el y como te gustaría que el actuara contigo. La manera en la que tu te comportas en tu día a día, impacta más que lo que dices.


El rol del pediatra en la adolescencia


Como pediatras, tenemos la oportunidad de ser un puente entre el adolescente, su familia y la escuela. Desde la consulta, la hospitalización o incluso una urgencia psiquiátrica, podemos:

  • Escucharlo directamente: Darle voz sin intermediarios. Dirigete a ellos, voltealos a ver mientras tecleas el interrogatorio en la computadora, sonrieles, llamales por su nombre y preguntales como se sienten.
  • Detecta señales de malestar emocional: autolesiones, irritabilidad persistente, aislamiento, migrañas, cambios en el peso, bajo rendimiento escolar, mala higiene y cuidado personal, observa más allá de lo que los padres te dicen.
  • Educar a los padres: Muchas conductas tienen una base neurobiológica, no son actos de desafío. Respeta la autoridad de los padres pero también dales una orientación sobre cómo acercarse a su adolescente y trata de guiarlos como mejorar la comunicación y la crianza. Si otra vez…. Acuérdate cuando te llevaban al niño de 6 meses y le enseñaste como iniciar la ablactacion a esa mamá primeriza, como orientaste a la mamá del niño con trastorno del lenguaje y como explicaste a ese papá perdido en el mar de preguntas que llevaba anotados en un papelito, así como les explicaste a ellos punto por punto y a detalle. Ese papá está perdido en como afrontar la adolescencia y como sobrellevar el duelo de que su niño ha crecido.
  • Acompañar con empatía: En urgencias, contener en lugar de juzgar; en hospitalización, respetar su autonomía.

Acompañar, no controlar

Recordemos: el adolescente no necesita un adulto perfecto, sino un adulto disponible. Que sepa, sostenerlo sin invadir, y guiarlo sin quebrarlo, le marque un límite claro y lo mire sin miedo ni rechazo.


Porque los adolescentes no son un problema que resolver, sino un potencial que acompañar.


📲 Síguenos en Instagram @pediatradetusemociones

Publicado en Maternidad

MATERNIDAD REAL O MATERNIDAD PERFECTA

✨ Ser mamá no es fácil, pero ¿sabes qué? lo estás haciendo increíble. ✨
A diario nos exigimos ser perfectas, cumplir con todo y siempre tener la respuesta correcta. Pero lo único que tus hijos necesitan es a ti, tal y como eres 💕

🌟 La carga mental de buscar la perfección puede ser agotadora. Planear, organizar, preocuparte por cada detalle y buscar siempre «hacerlo mejor» puede hacerte sentir abrumada. Trabajo, casa, maternidad, relación de pareja, aspecto físico. Es momento de liberar esa presión y recordar que, incluso con tus errores, eres una madre maravillosa. Tus hijos no buscan perfección, buscan conexión. 💖

🌸 Una mamá real es suficiente. Con sus risas, aprendizajes y hasta con sus momentos de duda. Ser auténtica y conectarte con tus hijos es el mayor regalo que puedes darles.

📌 Recuerda: Tu imperfección te hace única y especial. Hoy, date permiso de amarte tal y como eres. ❤️

💬 ¿Qué piensas sobre la presión de ser la mamá «perfecta»? ¡Cuéntame en los comentarios! 👇

#MaternidadConAmor #CrianzaRespetuosa #PediatraDeTusEmociones #MaternidadReal #ValidandoEmociones