Salud emocional infantil y adolescente con humanidad y ciencia. Acompaño a tu hijo y también a ti como mamá o papá. Berrinches, ansiedad, regulación emocional, culpa parental, altas capacidades y burnout.
Después de unas semanas alejada de mi blog, precisamente por un torbellino de emociones y sobrecarga de trabajo, hoy me siento desde mi espacio de paz y tranquilidad a escribir desde la empatía y la sinceridad que me llevo a iniciar con este proyecto.
Diciembre tiene una forma extraña de sentirse como un abrazo y una despedida al mismo tiempo. Hay luces, posadas, planes y risas; y de pronto, sin razón clara, aparece un nudo en la garganta.
A mis 46 casi 47 años, y con una hija de 7 que ilumina mi vida, la salud de mi mamá en recuperación, podría pensarse que tengo la Navidad «resuelta». Veo la magia en sus ojos y siento un agradecimiento profundo, genuino. Pero, al mismo tiempo, siento el peso del tiempo y la nostalgia de cada año agudizada de las sillas vacías en la mesa, para mi siempre serán Navidad mi abuelito Pepe y mi tia Lory, ellos me enseñaron a disfrutar estas fechas y ahora estoy aprendiendo a darle un nuevo significado con Mayte.
Si te pasa esto, si sientes que estás en una montaña rusa donde pasas de la euforia a la melancolía, quiero que sepas algo fundamental: no estás sola y no estás «mal».
Como pediatra y como paciente de psicología, lo veo y lo demuestro en consulta. Como madre, lo vivo en mi propia piel. Hoy quiero decirte con claridad: es normal sentir nostalgia y alegría a la vez.
¿Por qué nos sentimos así? La ciencia detrás del nudo en la garganta
No eres tú «siendo dramática», es tu cerebro procesando el cierre de un ciclo. Diciembre no es un mes neutro.
Balance de vida: Tu mente revisa inconscientemente el año: lo que lograste, lo que faltó, lo que cambió y lo que dolió.
Memoria emocional activada: Los olores, las canciones y las tradiciones despiertan recuerdos. Y los recuerdos no vienen editados «solo con lo bonito»; vienen con la historia completa, incluyendo a quienes ya no están.
Sobrecarga sensorial: Rutinas rotas, ruido, luces y visitas. Para muchos cerebros (y para los niños), esto se siente como una sobrecarga del sistema nervioso
La trampa de la «Navidad Perfecta» y la Culpa Materna
A este cóctel emocional se le suma la presión. Las redes sociales nos venden cenas de revista, decoraciones impecables y madres con energía inagotable y looks modernos. Pero mi realidad (y quizás la tuya) incluye gestionar el dolor físico, el cansancio y las emociones complejas mientras intentamos hacer que el dinero rinda y crear magia para nuestros hijos.
Y entonces aparece la vieja amiga, la culpa materna con sus famosos «debería»:
«Debería estar feliz todo el tiempo».
«No debería sentirme cansada».
«Debería disfrutar cada segundo».
«Debería agradecer por todo lo que tengo».
Aquí es donde necesitamos romper el mito: Agradecer no borra el cansancio. Agradecer no elimina el duelo. Puedes estar profundamente agradecida por la infancia de tus hijos y, al mismo tiempo, estar triste por tu propia historia o agotada por la logística. Ambas verdades caben en ti.
Cuando los niños también sienten el torbellino
Como pediatra, debo recordarte que tus hijos son también sienten esta intensidad. En ellos, la nostalgia o la sobrecarga rara vez se expresan con palabras elegantes como «estoy melancólico». Además se les suma la expectativa de ser un «niño bueno» para recibir los regalos que han esperado todo el año. Visitar y convivir con parientes que rara vez ven y comer alimentos a los que ellos no están acostumbrados. Por eso se ven como cambios en su conducta:
Berrinches más frecuentes («no sé qué me pasa»).
Apego intenso o necesidad de contacto físico.
Irritabilidad y llanto fácil.
No se están portando mal; al igual que tú, su sistema emocional está lleno.
Herramientas para sobrevivir (y disfrutar) la Navidad Real
No te voy a pedir que «pienses positivo» o que dejes de extrañar. Te voy a dar herramientas de regulación que tal vez puedan ayudar a familias reales:
1. Ponle nombre corto a la emoción.
No necesitas un discurso. Di: «Hoy traigo mezcla: alegría con nostalgia» o «Hoy estoy agradecida, pero me pesa el cuerpo». Nombrar la emoción la ordena, y cuando la ordenas, deja de asustar.
2. El ritual de los 3 minutos.
Cuando sientas el nudo en la garganta o la ansiedad subir:
Pon una mano en el pecho y otra en el abdomen.
Inhala lento en 4 tiempos.
Exhala más lento en 6 tiempos.
Repite 5 veces y di: «Puedo sentir esto y seguir».
3. Una expectativa menos.
Elige conscientemente un «no haré». «No haré la cena perfecta», «No iré a ese compromiso que me drena», «No fingiré que no estoy cansada». No tienes que ir en tacones y con un peinado de salón a la cena de Navidad. Puedes elegir ser feliz, estar comoda y soltar una expectativa te regala más paz que diez propósitos nuevos.
La belleza de la contradicción
Si este diciembre te sientes en un torbellino, tu cuerpo no está fallando: está sintiendo, y sentir es profundamente humano.
Honra la alegría de tus hijos y honra la silla vacía. La gratitud madura entiende que la vida es mezcla de emociones.
Cuéntame en los comentarios:
¿Qué emoción te visita más este diciembre: la nostalgia, la alegría o el cansancio?
Sígueme para más contenido y herramientas emocionales en:
Un acto de valentía, No de fragilidad: Desmontando el estigma
Durante años, la conversación sobre la salud mental ha estado atrapada en un estigma injusto. Como pediatra, lo he escuchado en la consulta, y como paciente, lo he sentido en carne propia. Frases como «y para que vas con el psicologo, si tu estas bien», “yo no estoy loco”, “solo los débiles van al psicólogo”, o “no necesito terapia, puedo solo» «si tomas medicamentos te vas a hacer adicto» han sido el muro que nos impide buscar ayuda. Pero la realidad es otra, y es hora de decirlo en voz alta: ir a terapia es un acto de autocuidado, madurez y amor propio.
Es tan fundamental como llevar a nuestros hijos al pediatra, ir al dentista para una revisión o acudir al nutriólogo. Solo que, en este caso, el órgano que cuidamos es el más complejo y vital de todos: nuestra mente. La terapia psiquiátrica o psicológica no es una herramienta exclusiva para «casos graves» o diagnósticos psiquiátricos; es un espacio de crecimiento para cualquiera que desee conocerse mejor, mejorar sus relaciones, poner límites sanos o, simplemente, aprender a gestionar las emociones que nos hacen humanos: la ansiedad, la tristeza, la culpa o el enojo. Estas emociones no son debilidades; son la brújula de nuestra vida interior.
Mi Propio Camino: De la Adolescencia Silenciosa a la Sobrecarga de la Maternidad
Mi primer contacto con la terapia no fue dramático, sino silencioso. Yo era de esas niñas que pasaban desapercibidas, que no daban conflictos, siempre con buenas calificaciones, pero que por dentro cargaban un peso enorme. En la secundaria, mi mamá, con esa intuición que solo tienen las madres, notó mi conducta. No había un diagnóstico formal, pero sí una dificultad real para adaptarme a la adolescencia y, sobre todo, para transitar el divorcio de mis padres. Aquella psicóloga amiga de la familia fue mi primer salvavidas, recibi terapia persona y grupal, enseñándome que pedir ayuda no solo estaba permitido, sino que era la única forma de avanzar.
La vida me llevó a la universidad, y con ella, a la residencia médica. Fue ahí donde la sobrecarga, la competencia, los turnos interminables y la exposición constante a la enfermedad y la muerte hicieron que mis síntomas volvieran con una fuerza abrumadora. Fue mi primera vez tomando medicación, un paso que, aunque necesario, me hizo sentir frágil y con miedo a ser señalada. Sin embargo, ese proceso me enseñó una lección crucial: la salud mental debe ser tomada de manera formal y seria.
Luego, como muchos, la he dejado y retomado en repetidas ocasiones, creyendo que estaba mejor y envuelta en la rutina del trabajo y las actividades diarias. La vida me ha llevado a entender que la terapia no es un lujo o una solución temporal, sino una necesidad constante.
La pandemia, con su miedo a la muerte y la brutal sobrecarga laboral, fue un recordatorio de que, incluso como médicos, somos humanos y necesitamos apoyo.
Hoy, como pediatra y madre, entiendo que el acompañamiento terapéutico es doblemente fundamental:
Para los profesionales de la salud: Nuestro trabajo diario nos expone a situaciones límite. Requerimos acompañamiento regular para procesar el dolor, la frustración y el burnout que son inherentes a nuestra profesión.
Para las madres: Es vital para manejar la carga mental que implica ser la madre, esposa y profesionista. La terapia me ha ayudado a desmantelar la culpa materna y el prejuicio de querer ser perfecta, permitiéndome criar desde un lugar de mayor paz y empatía.
La Terapia en la Infancia: Una Brújula para la Crianza
Desde mi consultorio, veo a diario cómo el sufrimiento emocional se manifiesta en el cuerpo de los más pequeños: dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, insomnio, irritabilidad. El cuerpo de un niño grita lo que su mente aún no puede nombrar. Por eso, el acompañamiento psicológico en la infancia y adolescencia es una inversión temprana que puede transformar su trayectoria emocional.
Es nuestro deber, como padres y profesionales, desmantelar los mitos que nos impiden buscar ayuda para ellos:
Etapa
Mito Frecuente
La Perspectiva Real y Profesional
Infancia
«Es muy pequeño, se le pasará solo.»
Falso. Los niños sienten antes de entender. Los síntomas son señales de alerta que requieren validación y acompañamiento. Lo que no se atiende, se agrava.
«No quiero que lo etiqueten.»
El diagnóstico es una brújula. Nos da un mapa para entender mejor a nuestro hijo y acompañarlo con las herramientas adecuadas. No es una condena, es una guía.
Adolescencia
«Mi hijo no quiere hablar, el tiempo lo arreglará.»
El tiempo no cura lo que se silencia; solo lo entierra. La adolescencia es un caos interno de cambios cerebrales y sociales. La terapia ofrece un espacio neutral y sin juicio para poner orden.
«Debería confiar en mí, no en un extraño.»
El terapeuta no reemplaza la figura parental, la fortalece. El adolescente necesita un espacio donde pueda hablar sin miedo a las expectativas o al juicio familiar.
Adultez
«Ya estoy grande para cambiar.»
Nunca es tarde. La neuroplasticidad cerebral permite el aprendizaje y la sanación a cualquier edad. La terapia es el motor de ese cambio.
«Solo necesito fuerza de voluntad.»
La fuerza de voluntad no es suficiente contra el trauma no resuelto o el agotamiento emocional. La terapia nos enseña a usar nuestra fuerza con inteligencia emocional.
Encontrar a Tu Compañero de Viaje: La Importancia del Rapport
Mi paso por diferentes terapeutas me dejó una enseñanza invaluable que comparto con mis pacientes: no todos los terapeutas son para ti, y eso está bien.
He aprendido que cada profesional tiene su estilo, su corriente y su escuela, y no siempre se acomodan a la situación que estás viviendo en cada momento. Es como un par de zapatos: tienes que buscar con cuál te sientes más cómodo, con cuál tienes más rapport (esa conexión de confianza y empatía) y cuál tiene la experiencia específica para tus necesidades. No te rindas si el primero no funciona; la clave es encontrar a ese compañero de viaje que te haga sentir seguro para mirar hacia adentro.
Romper el Ciclo: Sanar para que No Duela Más
La terapia no es una varita mágica, pero sí es una brújula poderosa. No borra el pasado, pero te enseña a caminar con él sin que te arrastre. En terapia, no se trata de buscar culpables, sino de darle voz a lo que no la tuvo.
Cuando tú, como madre o padre, decides sanar, rompes cadenas invisibles. Sanan tus hijos, aunque no entiendan por qué. Porque empiezas a hablar, a validar sus emociones, a mirar diferente. Porque eliges conscientemente no repetir lo que te dolió en tu propia infancia.
Ir a terapia no es rendirse, es liberarse. Es hacer las paces con tu historia para transformar tu presente y el futuro de quienes vienen después. Es la mayor muestra de amor que puedes darle a tu familia.
¡Tu Historia de Valentía Comienza Hoy!
¿Estás dudando si ir o no? Este es tu recordatorio: hazlo!!. Es el acto de amor propio más valiente que puedes regalarte.
Sigamos Juntos en Este Camino de Crianza y Autocuidado
Gracias por acompañarme en este viaje personal. Abrir mi corazón sobre parte de mi experiencia con la terapia, esperando que tú también te permitas la valentía de cuidarte.
Si este artículo resonó contigo, te invito a compartirlo con esa persona que sabes que lo necesita. Juntos podemos seguir rompiendo el estigma sobre la salud mental.
Además, para no perderte ninguna reflexión sobre maternidad, crianza, pediatría y salud mental, te invito a:
Suscribirte a mi Newsletter: Recibirás contenido y recursos de autocuidado directamente en tu correo. Prometo no llenarte de Spam.
Explorar las Entradas Previas del Blog: Encuentra más herramientas y perspectivas para acompañar a tus hijos y para cuidarte a ti misma, asi como otros topicos de pediatria.
Una reflexión sobre la humanización de la enseñanza médica y la urgente necesidad de transformar la formación de residentes.
Por: Dra. Skarlett Ruelas Pediatra, mamá, emprendedora, esposa y profesora [@pediatriadetusemociones]
Después de unas semanas de descanso, familia, mudanza, desconexion hospitalaria y nuevos planes futuros, retomo el blog, realmente aunque no había escrito, no estaba en el olvido, estoy trabajando en un proyecto de salud mental en niños y adolescentes y el motivo de esta entrada del blog, tratar de mejorar la enseñanza y la relación profesor alumno con los residentes.
Hoy quiero compartir contigo algo que me tiene dando vueltas en mi cabeza desde hace unos meses, como apoyar emocionalmente a los residentes y como enseñarles. Antes de ser pediatra, profesora o mamá, fui esa residente aparentemente tranquila que no causaba mayores conflictos en mi R1 creo que fui una buena residente, pero al llegar al R2 lloraba en silencio en los pasillos del hospital, fui esa joven médica que sentía que no podía más, con el estómago vacío y el corazón agotado, pero que se levantaba pensando una guardia mas es una guardia menos, con el compromiso de terminar lo que había iniciado y no dejarme aplastar por mis R mas o por mis adscritos. Que incluso renuncie a mi sueño de ser neuropediatra por no exponerme al maltrato en Ciudad de Mexico, al ser la residente de Provincia. Hoy, desde la otra orilla, como la «doctora-maestra» que a veces corrige con firmeza, que no deja su TOC al pedir que pongan colores, se disfracen, decoren con globos los pasillos o que tengan los expedientes ordenados, poco a poco al ir madurando me he ido convirtiendo en la tia de los residentes, la que guarda galletas en la bata, la que les manda piolines en el whatsapp jajaja no todavia no es para tanto pero si les comparto memes y articulos y ellos saben que siempre tendre un abrazo disponible, porque veo mis propias batallas reflejadas en los ojos de mis residentes. Y mi corazón me dice que tenemos que hablar de esto.
Esta no es una entrada académica más. Es una conversación de corazón a corazón, desde mi esperanza hasta la tuya. Porque formar médicos no debería doler.
La Crisis Silenciosa que Debemos Enfrentar
Las cifras son alarmantes pero las historias humanas que hay detrás nos conmueven aún más. En México, estudios recientes revelan que:
Entre el 40-60% de los médicos residentes sufren ansiedad
Más del 30% padecen depresión
El burnout afecta al 24.5% de los residentes, llegando hasta el 55% en algunas especialidades
La presencia de depresión incrementa hasta seis veces el riesgo de deserción académica
Fuente: Análisis de 7 estudios principales con más de 600 residentes médicos [1-8]
Más allá de estos números están las historias reales: la residente de primer año humillada públicamente, el compañero que busca en el alcohol un escape, el joven médico que al límite de su resistencia contempla renunciar a todo.
El Sistema que Heredamos: Cuando la Tradición se Vuelve Tóxica
Hemos heredado un sistema rígido que confunde la exigencia con la humillación. Creemos que «la letra con sangre entra», pero la neurociencia nos ha demostrado algo fundamental: el miedo bloquea el aprendizaje. Un cerebro bajo amenaza no razona con claridad, simplemente sobrevive.
El miedo bloquea el aprendizaje. Un cerebro bajo amenaza no razona con claridad, simplemente sobrevive. Cuando algo nos produce miedo, el cuerpo libera cortisol, una hormona del estrés que afecta negativamente el hipocampo y la amígdala, áreas fundamentales para la memoria y el aprendizaje.
La neurociencia nos enseña que:
Las emociones positivas potencian el aprendizaje al activar la dopamina y fortalecer las conexiones sinápticas
El estrés tóxico deteriora las funciones cognitivas superiores y afecta la capacidad de procesamiento de información
Un ambiente emocionalmente seguro favorece la exploración y el aprendizaje significativo
Como profesora y como alguien que ha vivido ese miedo o que he dudado de mi capacidad y mi vocación medica, he visto cómo las prácticas formativas hostiles no solo dañan a nuestros residentes, sino que perpetúan un ciclo tóxico. Los datos son claros: la depresión incrementa el riesgo de deserción hasta seis veces más (OR=6.5, IC 95% 2.9-14.6, p=0.000) [7]. El burnout duplica este riesgo (OR=2.2, IC 95% 1.07-4.52, p=0.001) [7].
Fuente: Camarillo-Nava et al., 2024 [7]
¿Sabías que en Guatemala, el 85% de los residentes trabajan más de 80 horas semanales? [5] Esto no es formación, es agotamiento sistemático. Nosotros los Mexicanos no nos quedamos tan atrás, se han hecho modificaciones en los reglamentos, contratos y en la norma oficial Mexicana y hoy las guardias son ABCD, lo que significa que se incremento el tiempo entre guardias que antes eran ABC o incluso AB, pero la carga laboral continua los residentes tienen una entrada a las 6am y hora de salida mínimo entre 3 y 4pm, aproximadamente 2 guardias por semana, pero también tienen que hacer tareas, presentaciones, exámenes, y además intentar llevar una vida personal en las pocas horas que les quedan con la mínima energía, es como querer llegar a tu destino con solo la reserva de tu tanque de gasolina. Los residentes en su gran mayoría son jóvenes de 25 a 30 años aproximadamente, viendo que sus amigos están planeando su boda, comprándose el primer carro o incluso teniendo hijos, mientras que ellos siguen viviendo una adolescencia forzada, dependiendo en parte de sus papás, estirando la beca para que alcance para sus tenis, trajes, uniformes, comer fuera de casa o preparar sus snacks y lonche, y pagar la renta en caso de ser foráneos.
La Revolución Silenciosa: Formar sin Romper
Formar sin romper no es bajar la exigencia, es elevar el nivel de humanidad en nuestras aulas y hospitales. Es reconocer que podemos ser exigentes sin ser crueles, rigurosos sin ser despiadados.
Los Pilares de la Transformación:
1. Crear Ambientes Seguros de Aprendizaje
Fomentar espacios donde el error sea una oportunidad de crecimiento, no una fuente de humillación. Esto significa:
Implementar políticas de tolerancia cero contra el maltrato
Establecer límites claros en las horas de trabajo
Crear sistemas de retroalimentación constructiva
Promover la colaboración sobre la competencia tóxica
2. Primeros Auxilios Psicológicos: Una Herramienta Esencial
Como médicos, sabemos dar primeros auxilios físicos, pero ¿Qué pasa con los primeros auxilios emocionales? Aprender a reconocer las señales de alarma en un colega, ofrecer una escucha activa y saber cuándo es momento de buscar ayuda profesional.
Los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) son técnicas de intervención temprana que todo profesional de la salud debería conocer. Estos se basan en el protocolo:
Paso
Acción
Objetivo
Ver
Evaluar la situación y identificar necesidades inmediatas
Reconocer signos de agotamiento o crisis
Escuchar
Establecer contacto empático y brindar contención
Ofrecer apoyo emocional sin juzgar
Vincular
Conectar con recursos de apoyo profesional
Facilitar acceso a ayuda especializada
El Método CALMA para Crisis Emocionales:
Conecta: Establece contacto empático
Acepta: Valida las emociones sin juzgar
Limita: Ayuda a enfocar en el presente
Moviliza: Activa recursos de apoyo
Acompaña: Mantén el seguimiento
3. Detección Temprana: Las Señales que No Podemos Ignorar
Uno como medico adscrito también debe de cuidar de ellos, y muchos se pueden escudar diciendo que su obligación es con los pacientes, pero es algo que esta en nuestro contrato y que también esta escrito de manera moral, les debemos a los jóvenes que vienen detrás de nosotros dar una enseñanza por la enseñanza que nos brindaron los doctores que fueron nuestros maestros cuando éramos residentes. En México, los profesores adjuntos o titulares de las sedes y subsedes, no reciben remuneración económica y seguimos realizando nuestras labores como operativos y con la sobrecarga laboral cada vez mayor a veces es complicado hacer escoleta y dedicar una o dos horas para enseñanza diaria, pero se aprende con cada paciente.
Y como podemos saber que el residente esta en una crisis emocional y que debemos hacer
Algoritmo de Detección de Crisis Emocional en Residentes:
¿El residente presenta?
├── Cambios en rendimiento académico → SÍ → Evaluación inmediata
├── Aislamiento social progresivo → SÍ → Intervención temprana
├── Cambios en apariencia/higiene → SÍ → Apoyo especializado
├── Expresiones de desesperanza → SÍ → Referencia urgente
└── Ausentismo frecuente → SÍ → Seguimiento estructurado
La Era Digital: Cuando la Tecnología Nos Desafía a Ser Más Humanos
En este mundo que avanza acelerado, la inteligencia artificial y la tecnología han irrumpido para suplir algunos aspectos de la medicina, incluso amenazan con hacer desaparecer ciertas especialidades. Sin embargo, nunca podrán sustituir la empatía, el sentimiento y el juicio clínico que solo un ser humano puede ofrecer.
Los residentes de hoy tienen acceso a información más actualizada y constante que nosotros, sus maestros, a través de redes, cursos en línea, journals y libros médicos digitales. Nuestra palabra como médicos tratantes ya no siempre será la más actualizada ni la más correcta, y eso está bien, porque también podemos aprender de ellos, de su frescura, de su capacidad tecnológica y de su necesidad de estar siempre al día. Y aunque a muchos les pegue en su ego, que es uno de los grandes defectos de ser médico, tener el ego bien inflado, ya no somos tan importantes ni tan necesarios para los residentes y si decimos algo que los pone a dudar ellos buscaran la informacion mas actualizada y aunque no se atrevan a corregirte, ellos saben que hay algo nuevo que tu aun no has aprendido aun.
Esto nos desafía a ser mejores mentores, no mejores enciclopedias. Y aceptar que nuestra palabra no siempre será la verdad, ni la mas exacta ni la mas actualizada.
Herramientas Prácticas para el Desborde Emocional
Que puedes hacer si tu como residente sientes que ya no puedes mas, que estas al borde del colapso y de una crisis de ansiedad, que mientras estas de guardia o en el pase de visita quieres llorar y sientes esa opresión en el pecho y tienes que continuar. Pide ayuda! Aun dentro del ambiente mas hostil, siempre hay una enfermera que te conoce por tu nombre, un interno que te admira y te ve como su hermano mayor, o un adscrito que te puede escuchar. Tu eres importante y como un dia Mayte me dijo, mamá esa es solo una opinión y no es la verdad. Si ese medico ascrito te hace sentir que eres un inútil, o que no eres un buen pediatra, recuerda que es solo su opinión, estas en un proceso de aprendizaje y puedes corregir aun los errores y seguir estudiando para ser mejor y demostrarte a ti mismo que puedes hacerlo.
Kit de Supervivencia Emocional para Residentes:
Técnicas de Autorregulación Emocional
Respiración 4-7-8
Esta técnica, popularizada por el Dr. Andrew Weil, es especialmente útil para el manejo del estrés agudo:
Inhala por la nariz contando hasta 4
Mantén la respiración contando hasta 7
Exhala por la boca contando hasta 8
Repite el ciclo 3-4 veces
Esta técnica activa el sistema nervioso parasimpático, reduciendo el cortisol y promoviendo la calma.
Movimiento Consciente
Incorporar movimiento mínimo durante las jornadas extensas ayuda a:
Reducir la tensión muscular acumulada
Mejorar la circulación y oxigenación cerebral
Activar endorfinas naturales que mejoran el estado de ánimo
Técnica de Grounding 5-4-3-2-1:
5 cosas que puedes ver
4 cosas que puedes tocar
3 cosas que puedes escuchar
2 cosas que puedes oler
1 cosa que puedes saborear
Protocolo de Autocuidado Diario:
Mañana: 5 minutos de mindfulness
Durante el turno: Pausas de 2 minutos cada 2 horas
Noche: Registro emocional de 3 minutos
Semanal: Actividad placentera no médica
Ser los Mentores que Hubiéramos Querido Tener
Cada vez que estemos frente a un residente, recordemos que también fuimos esa persona insegura que buscaba orientación. Usemos la empatía como nuestra principal herramienta pedagógica.
Preguntas que Transforman:
«¿Cómo te sientes con este caso?»
«¿Qué necesitas para sentirte más seguro?»
«¿En qué puedo apoyarte hoy?»
«¿Qué has aprendido de esta experiencia?»
Tabla Comparativa: «Métodos de Enseñanza Tradicional vs Humanizada»
Aspecto
Método Tradicional
Método Humanizado
Filosofía
«La letra con sangre entra»
«Formar sin romper»
Manejo del error
Humillación pública
Oportunidad de aprendizaje
Comunicación
Vertical, autoritaria
Horizontal, empática
Evaluación
Punitiva
Formativa
Apoyo emocional
«Aguanta o vete»
Acompañamiento activo
Horas de trabajo
Sin límites
Establecer un limite máximo.
Resultado
Médicos «duros»
Médicos resilientes
La Evidencia Científica que Respalda el Cambio
Los estudios son contundentes. En el análisis de factores de riesgo para deserción académica [7]:
La depresión es el predictor más fuerte de abandono de estudios
Las especialidades de mayor riesgo son anestesiología, medicina interna y gineco-obstetricia
El primer año de residencia es el período de mayor vulnerabilidad
Los factores institucionales (horas de trabajo, ambiente laboral) son modificables
Mi Compromiso Personal (Y mi invitación para ti)
Yo también he sido esa mujer que intenta llegar a todo y siente que no alcanza. Como mamá, esposa, emprendedora y profesora, entiendo la presión de múltiples roles. Pero estoy convencida de que este cambio es posible.
Comienza con una pausa, con una palabra de aliento, con la decisión consciente de ser esa voz que alienta en lugar de la que destruye.
Mi compromiso es:
Mantener galletas, dulces o algo en mi bata, darte chance que vayas por unos tacos y una coca, que te tomes tu cafecito y siempre tener abrazos disponibles y darme tiempo para escucharte.
Corregir con firmeza pero sin humillar
Reconocer cuando no sé algo y aprender junto a mis residentes
Crear espacios seguros para el error y el aprendizaje
Ser la mentora que hubiera querido tener
Pero tambien es necesario tu compromiso como residente:
Conocer a tus pacientes
Estudiar
Autocuidado
Apoyo entre pares
Respeto bilateral
Buen trato a los estudiantes o medicos residentes que vienen detras de ti.
Resiliencia
Aprovechar cada oportunidad de aprendizaje
Recordar por que estas aqui
«El cambio comienza contigo, pero no termina contigo»
Cada residente que se compromete con este movimiento se convierte en una semilla de transformación. No se trata de ser perfecto, sino de ser consciente y comprometido con el cambio.
La medicina necesita profesionales técnicamente excelentes Y emocionalmente saludables. No es una elección entre una cosa u otra; es la única forma sostenible de ejercer esta noble profesión.
Tu compromiso hoy determinará la medicina del mañana.
El Llamado a la Acción
Este es un llamado a la acción. A ti, colega, profesor, residente o estudiante. Te invito a reflexionar: ¿qué legado quieres dejar?
Tu como residente como te estas portando con tus internos y tus preinternos, estas repitiendo la historia de maltrato y humillación y ganando el respeto con miedo?
Tu que eres un medico joven y recién egresado, que tienes el conocimiento fresco y estas a unos años de diferencia de ellos, que aun te confunden con estudiante o residente, como demuestras que eres capaz y que eres el responsable, como separas la amistad de lo laboral, como te ganas el respeto y admiración de los jóvenes estudiantes.
El futuro de la medicina, una más compasiva y humana, está en nuestras manos.
Cómo Puedes Sumarte a Esta Revolución Silenciosa:
Comparte tu historia – Rompe el silencio sobre tu experiencia
Practica la empatía activa – Escucha sin juzgar
Implementa pequeños cambios – Una palabra amable puede cambiar un día
Busca ayuda cuando la necesites – No es debilidad, es sabiduría
Sé el cambio – Modela el comportamiento que quieres ver
Recursos de Apoyo Inmediato
Si Eres Residente y Necesitas Ayuda:
Líneas de Crisis 24/7:
Línea de la Vida: 800 911 2000
Aplicaciones de Apoyo:
Headspace (meditación)
Calm (relajación)
MindShift (manejo de ansiedad)
Señales de Alarma para Buscar Ayuda Profesional:
Pensamientos de autolesión
Uso de sustancias para afrontar el estrés
Aislamiento social extremo
Pérdida significativa de peso o apetito
Insomnio persistente
Reflexión Final: Porque cuidar de nuestras emociones No es opcional
Como pediatra, he aprendido que los niños no necesitan padres perfectos; necesitan padres dispuestos a crecer junto con ellos. De la misma manera, nuestros residentes necesitan mentores dispuestos a evolucionar, a reconocer cuando se han equivocado y a comprometerse con hacer las cosas mejor.
Estamos en el umbral de una revolución que no se hace con pancartas, sino con:
Pequeños actos de bondad en cada interacción diaria
Palabras de aliento que reemplacen la crítica destructiva
La decisión consciente de romper cadenas generacionales de maltrato
Espacios seguros donde el error sea oportunidad de aprendizaje
Modelos de mentoría basados en evidencia neurocientífica
Si tú también crees que podemos formar sin romper, que un sistema que humaniza la enseñanza es posible, acompáñame en esta revolución silenciosa. Porque cuidar de nuestras emociones no es un lujo, es una necesidad para quienes cuidarán de otros.
En un mundo donde la inteligencia artificial avanza, la empatía y el juicio clínico humano son insustituibles. Formemos médicos competentes, pero también compasivos. Exijamos excelencia, pero también ofrezcamos humanidad.
Una última reflexión personal…
Mientras escribo estas líneas, mi hija de 6 años me pregunta por qué trabajo tanto, si estoy de vacaciones. Le explico que ayudo a otros doctores a sentirse mejor para que puedan ayudar a más niños como ella. Me dice: «Entonces eres como una doctora de doctores, mami.» Aun no mi niña, pero lo intentaré.
Y sí, eso es exactamente lo que quiero ser. Una doctora de doctores. Alguien que cuida de quienes cuidan. Alguien que entiende que detrás de cada bata blanca hay un corazón que también necesita ser cuidado.
Si esta entrada tocó tu corazón, si te sentiste identificado/a, si crees que podemos hacer la diferencia, no te quedes callado/a. Comparte tu historia, extiende tu mano, sé la voz que alienta.
Porque al final del día, no seremos recordados por los diagnósticos que hicimos, sino por las vidas que tocamos y los corazones que sanamos. Y eso incluye los nuestros.
Con todo mi cariño y la firme convicción de que el cambio es posible,
Skarlett 💙 Tu pediatra de emociones
P.D.: Si eres residente y estás leyendo esto, quiero que sepas algo: eres más fuerte de lo que crees, más capaz de lo que imaginas, y mereces todo el apoyo del mundo. No estás solo/a en esta batalla. Estamos contigo. 🤗
¿Te gustó esta entrada? ¡Ayúdame a llegar a más personas!
👍 Dale LIKE si te identificaste 🔄 COMPARTE para que llegue a quien lo necesita 💬 COMENTA tu experiencia o reflexión 👥 ETIQUETA a ese colega que necesita leer esto 📱 SÍGUEME en @pediatriadetusemociones para más contenido
Juntos podemos transformar la medicina, un corazón a la vez. 💙
Referencias Científicas
[1] Ocampo Valencia, D.B.P., et al. (2022). Prevalencia de depresión, ansiedad y burnout en médicos residentes de nuevo ingreso en Hospitales Angeles del área metropolitana. Acta Médica Grupo Angeles, 20(4), 302-306.
[2] Aguilera, M.L., et al. (2015). Niveles de ansiedad de médicos residentes. Revista Guatemalteca de Cirugía, 21, 22-28.
[3] Carmona Montiel, A.K. (2022). Prevalencia de depresión y ansiedad en los médicos residentes de primer año del Instituto Mexicano del Seguro Social de la Representación Querétaro [Tesis de especialidad]. Universidad Autónoma de Querétaro.
[4] Camarillo-Nava, V.M., et al. (2024). Depresión, ansiedad y burnout, y su asociación con ideación de deserción académica en médicos residentes. Atención Familiar, 25(2), 92-101.
[5] Nava Ríos, S.E., et al. (2025). Niveles de ansiedad y depresión en médicos residentes de un hospital infantil. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 6(3), 584-607.
[6] World Health Organization. (2022). International Classification of Diseases, 11th Revision (ICD-11). Geneva: WHO.
[7] Quek, T.T., et al. (2019). The Global Prevalence of Anxiety Among Medical Students: A Meta-Analysis. International Journal of Environmental Research and Public Health, 16(15), 2735.
[8] Mao, Y., et al. (2019). A systematic review of depression and anxiety in medical students in China. BMC Medical Education, 19, 327.
Comprendiendo lo que nuestros adolescentes no se atreven a decirnos.
✍🏻 Por Dra. Skarlett Ruelas – Pediatra, mamá, maestra y aprendiz del mundo emocional de niños y adolescentes.
Pensar en por qué sucede y atreverme a escribir esto es difícil sin sentir un nudo en la garganta. Sin pensar en las caritas de los niños que llegaron a la atención en urgencias por crisis de ansiedad, intoxicación con medicamentos, intento de asfixia o autolesiones. Niños y no tan niños desde los 11 a los 17 años, con familias de todo tipo, estratos socioeconómicos, grados escolares, pero todos en común padres consternados por no haberse dado cuenta de que algo estaba mal con su hijo.
Como pediatra he escuchado todo tipo de historias, durante las hospitalizaciones prolongadas, de esos adolescentes que tienen una mirada que poco a poco me he enseñado a distinguir. Adolescentes que físicamente parecen casi adultos, pero al sentarme a escucharlos y preguntarles desde el corazón ¿Cómo estás? Y decirles estoy aquí para escucharte, se transforman en niños frágiles y vulnerables, muchachos de 1.80mt de estatura que al final de una conversación te dan un abrazo, niñas que te cuentan lo que a nadie se han atrevido a decirles, al solo darles unos minutos de escucha activa, atención y confianza. Estas historias y los niños que están detrás de ellas me han hecho llegar hasta donde estoy hoy, una pediatra que lucha por la empatía y la sensibilidad de mis residentes hacia esos niños, aprender a no juzgarlos, escucharlos y acompañarlos, perder el miedo a los adolescentes y ver que ellos necesitan la misma o más atención que el neonato prematuro o el niño con cardiopatía compleja. He realizado un esfuerzo extra en mis horas libres, mis noches y he empezado a estudiar un poco sobre ellos, para brindarles lo mejor de mí. Estos últimos meses les he transmitido un poquito de lo que he aprendido a los residentes sobre temas de psicología infantil, psiquiatría, puericultura y el desarrollo del cerebro del adolescente, esperando haber logrado mi objetivo y sembrar en ellos una semillita de curiosidad y empatía hacia los adolescentes.
Como mamá, hay días en los que llego a casa y lo primero que hago es abrazar fuerte a mi hija para que me llene de energía y transmitirle que siempre estaré para ella, llamar a mi sobrino que es mi adoración, pensando en todos los chicos que no tuvieron un abrazo a tiempo y que no se sentían acompañados en esos momentos difíciles, incluso pensando en mí misma cuando era adolescente, agradeciendo la presencia de mi mamá en todas las etapas más grises de mi vida, y pienso en como yo podría haber sido una de esas niñas con cutting de no ser porque ella siempre estuvo conmigo y detecto los focos rojos a tiempo.
Como profesora, he visto a mis residentes enfrentarse con impotencia al dolor emocional, al no saber cómo acercarse a esos niños que sufren y les duele pero que no hay analgésico que cure su malestar.
📊 ¿Qué está pasando con nuestros adolescentes?
Según la OMS, el suicidio es la cuarta causa de muerte en adolescentes de 15 a 19 años.
En México, el INEGI muestra un aumento de más del 40% en la última década, siendo el grupo de 10 a 14 años el que más preocupa por el crecimiento acelerado de los casos.
Detrás de cada número hay una historia no contada: un niño que dejó de jugar, una adolescente que se rindió en silencio, una familia buscando respuestas en el vacío.
🧠 Adolescencia: una tormenta cerebral
El sistema límbico (emociones) va a 180 km/h, mientras la corteza prefrontal (razón, juicio) apenas se está construyendo. Eso explica su impulsividad, sensibilidad extrema al rechazo y dificultad para pedir ayuda. Y si a esa tormenta interna le sumamos otros factores que pueden estar viviendo: violencia familiar, ausencia emocional, bullying o redes sociales tóxicas el riesgo se multiplica.
🔍 ¿Por qué están tan tristes los adolescentes?
Un artículo publicado en The Atlantic por el periodista Derek Thompson, titulado “Why American Teens Are So Sad”, analiza cuatro factores que, desde la evidencia científica, explican el incremento en los trastornos mentales adolescentes. Lo revisamos aquí desde la perspectiva médica, emocional y social:
1️⃣ Redes sociales y los teléfonos inteligentes: espejo distorsionado
«Para muchos adolescentes, el algoritmo los entiende más que su familia.»
Pero ese algoritmo también:
Normaliza el dolor como parte inevitable de la adolescencia.
Promueve la autolesión o el suicidio como una salida.
Distorsiona la realidad, mostrando vidas perfectas.
Exacerba la comparación social y el aislamiento.
Los expone a bullying silencioso y comparación constante
Estudios (Twenge et al., 2018; Montag et al., 2021) confirman que el uso excesivo de redes sociales afecta la autoestima, el sueño y la salud mental, correlacionándose con el aumento de la ansiedad, la comparación social, el acoso en línea y la disminución del sueño en adolescentes, particularmente en adolescentes mujeres.
La evidencia clínica y neuropsicológica coincide con el artículo: la hiperconectividad digital estimula el sistema dopaminérgico de forma adictiva.
El uso prolongado se asocia a alteraciones en el sueño, TDAH funcional, ansiedad social y disminución de la autoestima.
La American Academy of Pediatrics recomienda limitar tiempo de pantalla, promover el uso supervisado y educar sobre el contenido.
2️⃣ Aislamiento social: solos entre todos
Cada vez pasan menos tiempo con amigos, en actividades presenciales, al aire libre, en la vida. La conexión virtual ha reemplazado la interacción cara a cara y los vínculos reales. Y eso se paga caro:
Mayor soledad.
Dificultades para pedir ayuda.
Menor tolerancia a la frustración.
Reducción de la calidad del vínculo humano y la práctica de habilidades socioemocionales.
La pandemia agravó esta desconexión (Loades et al., 2020), y hoy tenemos una generación que se siente profundamente sola en compañía.
3️⃣ Cultura de fragilidad emocional
Se ha confundido cuidar con sobreproteger. Muchos adolescentes crecieron escuchando que todo lo incómodo es dañino. Pero evitar el malestar no enseña a vivir, solo a temer.
Muchos crecieron escuchando: “no llores”, “no exageres”, “no te enojes”. Resultado: no saben qué hacer con lo que sienten. Y el miedo a sentirse mal, los deja sin herramientas para levantarse.
Estudios como los de Haidt & Lukianoff (2018) señalan cómo la hipersensibilidad emocional y la cancelación del conflicto impiden construir resiliencia.
Educar emocionalmente también es enseñar a tolerar lo incómodo sin huir.
Se ha normalizado que cualquier dificultad emocional sea vista como trauma, debilitando el umbral de tolerancia a la frustración.
4️⃣ Un mundo aterrador
Violencia escolar, guerras, cambio climático, pandemias, pobreza, bullying, abuso… Las noticias llegan directo al celular, sin filtro, sin pausa.
Ese bombardeo permanente hace que muchos adolescentes pierdan la esperanza. Sienten que el futuro es incierto, peligroso o directamente inviable. Y el cuerpo reacciona:
Trastornos del sueño.
Ansiedad generalizada.
Estrés tóxico crónico.
Conductas de riesgo.
Sin embargo, la mirada clínica requiere ir más allá. La salud mental adolescente no se resuelve con diagnósticos rápidos ni culpabilizando redes sociales. Requiere una intervención ecológica: hogares conectados, escuelas humanas, redes digitales éticas, y pediatras conscientes del nuevo paradigma emocional.
🩺 El pediatra: la primera línea (y a veces, la única)
Cuando un adolescente llega al hospital por una crisis emocional, no siempre ve primero a un psiquiatra o psicólogo. Nos ve a nosotros, los pediatras. Somos el primer oído que escucha, los primeros ojos que ven. Y eso nos convierte en una posibilidad real de cambiar el destino.
👩⚕️ ¿Cómo debe ser nuestro abordaje?
Con cercanía, respeto y sin miedo. No basta con ser médicos del cuerpo. Hoy más que nunca, también debemos cuidar el alma.
✔️ Escuchar sin juicio: no minimizar, no etiquetar.
✔️ Preguntar con honestidad: ¿Has pensado en hacerte daño? ¿Te sientes triste todo el tiempo?
✔️ Conversar con ellos a solas y en privado: muchas veces, lejos de papá y mamá, pueden por fin hablar.
✔️ Explicar límites de confidencialidad: “Todo lo que digas aquí es privado, salvo que crea que tu vida corre peligro. Entonces, te ayudo a buscar apoyo.”
✔️ Observar los focos rojos: autolesiones, aislamiento, insomnio, bajo rendimiento escolar, frases como “ya no quiero estar aquí”.
👨👩⚕️ Como pediatras, también educamos y acompañamos familias
Nuestra responsabilidad no termina con una receta, y va más allá de esos 15 minutos de consulta. Toca hablar con papás que no saben por dónde empezar o no entienden que está pasando. Y hay que hacerlo con firmeza, empatía y sin rodeos: Esto no es flojera. No es inmadurez. No es solo una etapa. Brindar recursos reales: líneas de ayuda, psicólogos, psiquiatras, grupos de apoyo. Reforzar la presencia parental emocional, no solo física.
⚠️ ¿Cuándo sospechar depresión severa o riesgo suicida?
Dolor abdominal o de cabeza recurrentes sin causa médica clara
Conductas retadoras, impulsivas o agresivas
Consumo de alcohol o sustancias
Disminución en el rendimiento escolar
Desinterés en las cosas que antes les apasionaban
🧩 Factores psicosociales que debemos tener en el radar:
Bullying (digital o presencial)
Duelos no resueltos
Abuso físico, emocional o sexual
Enfermedades crónicas o discapacidades
Rechazo por identidad sexual o género
Falta de límites o vínculos con adultos
Expectativas familiares inalcanzables o nulas
👨👩👧👦 El papel irremplazable de papás, maestros y amigos
Ningún adolescente debería atravesar la tormenta solo. Los adolescentes requieren:
🔹 Padres presentes, disponibles emocionalmente, que escuchen sin interrumpir, sin juzgar. Así mismo es necesario acompañar a los hermanos porque ellos también sienten, necesitan contención, información, y amor.
🔹 Maestros atentos al lenguaje no verbal, a las señales, pendientes más allá de una calificación.
🔹 Amigos valientes, que pregunten: ¿Estás bien?
Los padres cargan con la culpa. Los hermanos, con el miedo. Los amigos, con el vacío. Es indispensable que también ellos reciban atención emocional especializada, para evitar una segunda tragedia.
📌 Reflexiones clave para pediatras, padres y maestros
No basta con evitar lo negativo, hay que construir lo positivo: relaciones humanas, propósito, límites saludables y sentido de pertenencia.
El adolescente necesita adultos emocionalmente disponibles, no sobreprotectores ni desconectados.
Educar en emociones es urgente, tanto como vacunar o enseñar a leer.
La salud mental no es moda ni privilegio: es una necesidad estructural para el desarrollo.
🩺 ¿Qué hacemos como pediatras, maestros, papás?
✔️ No minimices: su tristeza no es drama, es dolor real. ✔️ Pregunta con el corazón y escucha con el alma. ✔️ Observa señales: aislamiento, autolesión, cambios de conducta. ✔️ Sé un refugio, no un juez. ✔️ Y si no sabes cómo ayudar, acompaña hasta que alguien más pueda.
Como pediatras, educadores y madres/padres, tenemos una responsabilidad colectiva: acompañar, comprender y guiar, no solo medicar o regañar. La tristeza adolescente es un síntoma. El trabajo real está en el fondo.
🛠️ Recomendaciones académicas y clínicas
Área
Acción concreta
Consulta pediátrica
Incluir tamizaje emocional en pacientes que nos den datos clínicos de depresión, ansiedad, conductas de riesgo o conducta suicida
Intervención educativa
Capacitar a docentes en salud mental y educación emocional; reducir factores escolares de estrés.
Crianza
Promover autorregulación emocional, autonomía progresiva y límites con afecto.
Política pública
Campañas masivas de prevención en salud mental; regulación de algoritmos digitales nocivos.
🌱 ¿Qué podemos hacer hoy?
Hablar del tema. Sin miedo, sin tabú.
Validar el dolor, aunque no lo entendamos.
Observar sin juzgar.
Educar emocionalmente desde casa y escuela.
Preguntar con el corazón: “¿Qué necesitas hoy?”
Pedir ayuda profesional sin vergüenza.
Recordar que prevenir no es exagerar… es salvar vidas.
❤️ Tú puedes ser ese adulto
Ese pediatra, maestro, amigo o papá que ve lo que nadie más quiere ver.
El que sostiene cuando todos sueltan.
El que pregunta cuando otros evitan.
El que escucha sin miedo lo que duele.
Y si tú, que estás leyendo esto, también estás cansado… también puedes pedir ayuda.
Porque cuidar a otros también agota.
Y porque la salud emocional también empieza contigo.
Carga Mental en Madres Profesionales: Cómo Gestionarla
Ahora que recientemente ha pasado el día de la madre, y que festejamos a esos seres maravillosos que nos dieron la vida y nos mantienen en pie, hablemos de la Salud Mental Materna, reflexionemos las múltiples capas que componen la experiencia de ser madre. Ser madre es mucho más que criar: es gestionar, sostener, planear, contener y dentro de todo no olvidarse de nosotras mismas.
El día de hoy, quiero hablarte a ti: madre profesionista, mamá que también eres doctora, enfermera, maestra, psicóloga, abogada, emprendedora. Las que andamos corriendo todo el día para tratar de llegar a todo, estar a tiempo en la escuela, en el consultorio, llegar arreglada a la junta, a la clase de ballet, prepararnos para la guardia y avanzar en la lista de los pendientes que nunca terminan.
Ser mamá es una montaña rusa de emociones. Los días se llenan de momentos llenos de ternura y que nos recuerdan lo felices que somos con ser mamás, pero el lado gris de ser madre es el cansancio, ese que no se quita ni al dormir y cuando tenemos vacaciones nunca nos son suficientes, porque siempre estamos pensando, si acabamos de lavar hay que doblar y guardar, o si terminamos de cocinar ahora hay q ver que sucedió en la sala mientras estábamos preparando la cena y después de esto lavar trastes.
Ser mamá, profesionista, esposa, hija, emprendedora… es como llevar muchos sombreros al mismo tiempo, intentando que ninguno se caiga y que todos combinen entre sí. Y aunque desde fuera demos la apariencia de que lo estamos logrando, adentro hay un torbellino constante: la carga mental.
La carga mental materna es esa lista enorme y silenciosa que tenemos muchas madres: pensar en el super, que hay para cocinar, preparar el uniforme, agendar vacunas, llevar a las actividades extraescolares, recordar citas médicas, organizar cumpleaños, atender berrinches y aún así dar lo mejor en el trabajo, sin dejar de ser esposas. Es la logística del hogar y de la crianza que, en la mayoría de los casos, recae en una sola persona: la madre.
Esta carga se intensifica en madres que, además, quieren ejercer su profesión con pasión y responsabilidad. Madres que aman su trabajo, pero sienten que siempre le deben algo a alguien: al hijo, al jefe, a la pareja, a sí mismas.
Lo que nadie ve y no lo decimos, pero sí sentimos.
La culpa y la carga mental: dos grandes enemigas invisibles de la crianza.
La carga mental no tiene horario ni vacaciones. Es ese trabajo y esfuerzo invisible que hacemos por recordar cada detalle del día a día, todas esas pequeñas cosas que parecieran insignificantes y que nadie ve. Y que cuando por fin estas descansando, de pilón te culpas porque tienes muchas cosas que hacer y todavía te preguntas, pero porque estoy tan cansada si hoy no hice nada. Es pensar en todo y acompañar a nuestros hijos en sus miedos, sus necesidades, intentar validar sus emociones y abrazarlos, incluso cuando tal vez seamos nosotros las que mas necesitamos ese abrazo. Todo eso lo hacemos, mientras trabajamos, atendemos pendientes, emprendemos, soñamos.
Y eso es solo la superficie. Porque siempre está ahí la autoexigencia, la mugrosa culpa que se cuela en cada rincón, preguntándote: «¿Soy suficiente?» “¿Lo estaré haciendo bien?”, la culpa por perder la paciencia, por disfrutar mi trabajo, por querer entrar al baño con la puerta cerrada sin compañía, por seguir colechando, porque he engordado, porque no he salido a cenar con mi esposo hace meses, si hoy no me peine ni me maquille… Esa que se culpa que siempre encuentra por donde colarse incluso cuando hacemos lo mejor que podemos:
Culpa por no estar siempre.
Culpa por trabajar y disfrutarlo.
Culpa por necesitar tiempo a solas.
Culpa por no ser la “mamá perfecta” que imaginamos.
Por no tener la casa de Pinterest.
Por no ser la familia de Instagram.
Pero aquí va una verdad necesaria: no podemos con todo, y eso está bien.
Tenemos que elegir que sombrero ponernos en cada momento y no querer cargar con todos al mismo tiempo, elegir nuestras batallas y realmente preocuparnos por lo que realmente importa.
Ser mamá y profesionista no debería ser una contradicción.
Trabajo porque me gusta, porque me mantiene activa, por mi crecimiento personal y profesional, porque necesito seguir estudiando y aprendiendo, porque me encanta lo que hago, porque también es parte de quien soy y de lo que era antes de ser mamá. Y ser mamá no queda en pausa mientras trabajo. Sigo siendo mamá cuando doy clase, cuando armo pedidos, cuando acompaño a mis pacientes… incluso cuando me siento al límite.
Por que ser mamá no entra en pausa cuando checo entrada al hospital. *No soy una mamá ausente por cumplir mis sueños*, ni tampoco soy una profesional mediocre por priorizar a mi hija, quitar mi consultorio y decir que no a ser la workaholic que algún día fui. Soy ambas, incluso cuando me parto en mil pedazos para no desaparecer en el intento.
Algo que no quiero es perderme en la maternidad. Porque si me olvido de mí, ¿Cómo le enseño a mi hija a no olvidarse de sí misma? Porque estoy segura de que, si yo soy capaz de hacerlo, ella lo hará mil veces mejor, porque en su momento yo tuve el mejor ejemplo mi mamá, y ahora mis amigas y mis hermanas son un ejemplo de que se puede ser mama y profesionista al mismo tiempo.
Nuestros hijos no necesitan mamás perfectas. Necesitan mamás reales, humanas, que se cuidan, que se escuchan, que saben poner límites. Que también se ríen, descansan, sueñan, que piden perdón, que se equivocan y lo vuelven a intentar y se permiten no poder con todo y saben pedir ayuda.
A ti, mamá que trabaja y cría…
Tú que das el 100% en todo, aunque te sientas partida en pedacitos.
Tú que lloraste en el carro antes de llegar al trabajo y entraste con una sonrisa.
Tú que sueñas con un momento en silencio, pero piensas en tus hijos todo el tiempo.
Tú que estás cansada… pero sigues.
Te veo. Te entiendo. Estoy contigo.
Y quiero recordarte esto: decidiste ser mamá y también decidiste seguir siendo tú. No estás fallando, estás creciendo, estas evolucionado y en camino estas aprendiendo. Estás criando y construyendo tu vida al mismo tiempo. Y eso ya es muchísimo.
Conciliación: entre lo laboral y lo emocional
La conciliación entre maternidad y vida profesional sigue siendo un reto para muchas mujeres. Jornadas laborales que no son compatibles con la lactancia, con los horarios escolares, trabajos poco flexibles, ausencia de redes de apoyo y la presión de “ser buenas madres” generan un terreno fértil para el agotamiento emocional, divorcios, ansiedad, irritabilidad, insomnio o incluso depresión.
Es tiempo de hablar sin culpa de que necesitamos pausas, espacios propios, tiempos muertos y redes de apoyo reales. De que estar bien nosotras es parte esencial del bienestar de nuestros hijos.
¿Qué impacto tiene esto en la salud mental de las madres?
Cuando la culpa y la carga mental se cronifican, no solo generan agotamiento emocional y físico o Burn out, sino que también interfieren con el vínculo sano con nuestros hijos. Aparecen síntomas que requieren ayuda profesional, depresión, ansiedad, frustración y una constante sensación de “no estar haciendo lo suficiente”.
Y eso es peligroso, porque sabemos que una madre emocionalmente disponible es la suficientemente regulada para acompañar a su hijo con empatía y consistencia. Y para eso, necesitamos madres cuidadas, sostenidas, no sobrecargadas.
Como pediatra, y mamá me he dado cuenta por que ya he estado ahí:
Tu bienestar es tan importante como el de tu hijo.
Criar con culpa constante no mejora el apego, lo daña.
Estar presente no significa estar disponible las 24/7 sin descanso.
Delegar, pedir ayuda y poner límites no es egoísmo. Es salud mental preventiva.
Corresponsabilidad: no es ayuda, es justicia
Yo no sé en qué momento se consideró que la responsabilidad es de la mujer, y que nosotras podemos ser multitasking y tener 20 ventanas abiertas al mismo tiempo. La maternidad no fue diseñada para vivirse sola. Antes las mujeres vivían en tribus o comunidades donde se escuchaban y apoyaban entre ellas, ahora el ritmo de vida, la carga laboral y escolar, las distancias que nos separan de nuestras amigas, hacen que estemos siempre solas con nuestros hijos. Necesitamos hablar, y poder decirlo sin miedo, estamos cansadas y necesitamos ayuda, poder hablar de corresponsabilidad real. No se trata de que papá «ayude», sino de que comparta la carga física, emocional y mental de criar. De no tener que “pedir ayuda”, ni tener que dejar hechas listas de pendientes, o de poner recordatorios en las alexas. Se trata de que tú como papá te sepas que talla de zapatos son tus hijos, su historial clínico sin que estés llamando a mamá durante la consulta, acuérdate del nombre de sus profesores y de la mejor amiga de tu niña, ve una película con tu familia y deja el celular y el trabajo de lado.
Porque criar también es un trabajo, uno agotador, extremadamente bello, pero muy muy exigente… que no debería recaer solo en una persona.
Corresponsabilidad es:
Que ambos padres estén al tanto de lo que necesitan sus hijos.
Que papá también gestione emociones, tiempos, pendientes.
Que haya acuerdos, no favores.
Que seamos un equipo, no una jerarquía.
Que no se minimicen las labores domesticas y a la mujer que se queda en casa y no «trabaja».
Que se nos valore el doble esfuerzo que hacemos las que trabajamos.
Que no se nos juzgue por no estar al 100 en todo.
Porque cuando el peso se comparte, el amor fluye más liviano. Y la paciencia, ¡ahí sí alcanza para todos!
Querido papá: esto es para ti.
Sé que amas a tus hijos. Que trabajas duro por ellos. Pero criar no es solo estar presente físicamente, económicamente y el preguntar en que ayudas. Criar también es pensar, planear, anticiparse, sostener emocionalmente a toda la familia.
Cuando tú te involucras de verdad, no solo aligeras la carga materna: te conviertes en figura de amor, de contención, de equilibrio.
Copaternar es criar juntos, no desde la ayuda, sin juzgar si decidimos trabajar y ser mamás, sin hacernos sentir culpables cuando decimos estoy cansada o cuando ese día pesado del trabajo decidimos soltar y pedir una pizza para cenar aun cuando sabemos que no es lo más saludable, cuando no nos fue posible lavar los trastes de la cena porque ya no podíamos mas. Es ver desde el amor que no pesa más de un lado que del otro.
Y no, no eres un mandilón por hacerlo. Eres un papá presente. Un compañero justo. Un hombre que educa con su ejemplo. Porque nos tocó otra generación, en la que, así como los gastos se comparten, las responsabilidades y las labores de casa también.
Y dentro de todo algo muy importante es no perdernos a nosotros 2 como la pareja de enamorados que algún día fuimos, esos que sentían mariposas en el estómago al verse, sé que nuestro amor ha madurado y que estamos en otra fase y que el enamoramiento quedo atrás hace muchos años, pero la realidad es que decidimos estar juntos y formar una familia, y algún día los hijos se irán y solo quedaremos tú y yo y lo que hallamos construido en el camino, y quien sabe algún día estaremos jubilados, viajando, descansando y muy emocionados esperando a que vengan a casa los nietos este fin de semana.
Mamá, no te olvides de ti, de quien eras y de quien quieres seguir siendo.
Así que hoy empiezo desde mí, porque yo me declaro culpable de haberme perdido en la maternidad y estoy en el proceso de volver a ser yo. Hoy haz un espacio para ti. Para reír, para respirar, para equivocarte y volver a empezar. ¡Recuerda lo que te gustaba hacer antes de ser mamá, leer, ir a la estética sin pensar en que tienes una pila de ropa por doblar, desvélate haciendo scrolling en tu celular o viendo esa serie que quieres maratonear desde hace meses, pero que no has podido por ver las series infantiles, llámales a tus amigas por teléfono y echa chisme sin interrupciones, planea un día de shopping tu sola y cómprate esos zapatos, tomate ese café y ve que sigues siendo tú!
Porque una mamá que mantiene su esencia y su personalidad lucha por sus metas y aplaude sus logros, es la mejor guía emocional y profesional que un hijo puede tener.
Y tú mereces todo eso que das: amor, respeto, cuidado y que seas tu misma la que no se olvide de consentirte a ti y que en la lista de prioridades y pendientes tu estas primero.
Hoy, te invito a:
– *Respirar*. Aunque sea un minuto.
– *Pedir ayuda*. Sin culpa.
– *Celebrar* que estás criando y creciendo a la vez.
Papá: Estás a tiempo de criar distinto. De compartir no solo los abrazos, sino también la carga, la mochila es más ligera si se comparte el peso. Porque la crianza no es una carrera en solitario, sino un camino que se hace más ligero cuando caminamos juntos y de la mano.
¿Qué podemos hacer para cuidar la salud mental materna?
Hablar de esto sin vergüenza.
Nombrar la carga mental y pedir corresponsabilidad.
Escuchar a la mamá cuando dice estoy cansada, necesito 5 min de silencio en mi espacio, si por que nosotras también necesitamos tener un rincón de la calma
Buscar redes de apoyo (reales o virtuales).
Delegar y soltar.
Validar nuestras emociones, sin juicios.
Poner límites sanos en el trabajo y en casa.
Buscar ayuda profesional si la tristeza, el cansancio o la ansiedad no se van.
✨ Ser mamá no es fácil, pero ¿sabes qué? lo estás haciendo increíble. ✨ A diario nos exigimos ser perfectas, cumplir con todo y siempre tener la respuesta correcta. Pero lo único que tus hijos necesitan es a ti, tal y como eres 💕
🌟 La carga mental de buscar la perfección puede ser agotadora. Planear, organizar, preocuparte por cada detalle y buscar siempre «hacerlo mejor» puede hacerte sentir abrumada. Trabajo, casa, maternidad, relación de pareja, aspecto físico. Es momento de liberar esa presión y recordar que, incluso con tus errores, eres una madre maravillosa. Tus hijos no buscan perfección, buscan conexión. 💖
🌸 Una mamá real es suficiente. Con sus risas, aprendizajes y hasta con sus momentos de duda. Ser auténtica y conectarte con tus hijos es el mayor regalo que puedes darles.
📌 Recuerda: Tu imperfección te hace única y especial. Hoy, date permiso de amarte tal y como eres. ❤️
💬 ¿Qué piensas sobre la presión de ser la mamá «perfecta»? ¡Cuéntame en los comentarios! 👇