Salud emocional infantil y adolescente con humanidad y ciencia. Acompaño a tu hijo y también a ti como mamá o papá. Berrinches, ansiedad, regulación emocional, culpa parental, altas capacidades y burnout.
✨ Ser mamá no es fácil, pero ¿sabes qué? lo estás haciendo increíble. ✨ A diario nos exigimos ser perfectas, cumplir con todo y siempre tener la respuesta correcta. Pero lo único que tus hijos necesitan es a ti, tal y como eres 💕
🌟 La carga mental de buscar la perfección puede ser agotadora. Planear, organizar, preocuparte por cada detalle y buscar siempre «hacerlo mejor» puede hacerte sentir abrumada. Trabajo, casa, maternidad, relación de pareja, aspecto físico. Es momento de liberar esa presión y recordar que, incluso con tus errores, eres una madre maravillosa. Tus hijos no buscan perfección, buscan conexión. 💖
🌸 Una mamá real es suficiente. Con sus risas, aprendizajes y hasta con sus momentos de duda. Ser auténtica y conectarte con tus hijos es el mayor regalo que puedes darles.
📌 Recuerda: Tu imperfección te hace única y especial. Hoy, date permiso de amarte tal y como eres. ❤️
💬 ¿Qué piensas sobre la presión de ser la mamá «perfecta»? ¡Cuéntame en los comentarios! 👇
Como papás pensamos en el pediatra y solemos imaginar al profesional que mide, pesa y vacuna a los niños, al que cuida al niño con fiebre, diarrea o tos. Sin embargo, nuestro rol va mucho más allá de la atención física. Cuando somos el pediatra de cabecera de la familia, nos convertimos en los “tíos postizos”, en el amigo de confianza para los papás y en alguien cercano a la familia, y también poco a poco nos ganamos la confianza de ese pequeño bebé convertido en adolescente, nos encariñamos con nuestros pacientes y nos emociona verlos crecer y festejar sus logros, pero también los acompañamos en sus luchas internas, en los procesos de transición y adaptación por cada etapa.
Hoy más que nunca, la salud mental infantil y adolescente ocupa un lugar central en nuestras consultas. Trastornos como la ansiedad, la depresión o los problemas de conducta y trastornos alimentarios están en aumento, muchas veces manifestándose de forma sutil, a través de cambios en el sueño, el rendimiento escolar o incluso problemas físicos recurrentes sin una causa aparente. Y es ahí donde nuestra responsabilidad como pediatras nos coloca en una posición privilegiada: ser los primeros en detectar y guiar a las familias hacia un cuidado emocional integral. Sin embargo, esta área de la salud a menudo se encuentra estigmatizada, incomprendida y subatendida.
¿Por qué es tan importante cuidar la salud mental de niños y adolescentes?
La salud mental es como la base de una casa: si está fuerte, todo lo demás puede construirse mejor.
En la niñez y la adolescencia, es especialmente importante porque es cuando los chicos aprenden a manejar sus emociones, convivir con otros y a pensar de forma más compleja.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 10 % y el 20 % de los adolescentes lidian con problemas de salud mental, y muchos de ellos comienzan antes de los 14 años. Pero, lamentablemente, muchas veces no reciben la ayuda que necesitan por culpa del estigma, la falta de servicios adecuados o poco apoyo en su entorno.
¿Qué está pasando con la salud mental en jóvenes?
Datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) y UNICEF muestran algo preocupante: cada vez más adolescentes sufren ansiedad, depresión o incluso piensan en el suicidio. La pandemia de COVID-19 agravó las condiciones de salud mental de niños y adolescentes, provocando un aumento en la incidencia de depresión, ansiedad, trastornos del sueño y alimentarios, así como ideación e intentos suicidas. Estadísticas recientes muestran un incremento preocupante en los intentos de suicidio, especialmente entre mujeres adolescentes, y señalan un acceso limitado a servicios especializados como una barrera crítica para la atención.
Atención Temprana: Una Oportunidad Única
La detección precoz es pilar para la salud mental infantil, debemos observar indicios de alarma incluso antes de que los padres lo noten, nuestra función va más allá de solo identificar el problema, si no también convertirnos en guías y aliados para la familia. En el momento que tenemos una sospecha diagnostica acompañar a los padres en el proceso, brindarles herramientas, ofrecerles un espacio seguro para expresar sus dudas y emociones. La afectación en la salud mental de un niño o adolescente es un proceso complicado para todo el entorno familiar, siempre hay sentimientos de culpa, incertidumbre, negación y rechazo al diagnóstico e incluso aun cuando el paciente ha sido valorado por múltiples especialistas y se han realizado pruebas o evaluaciones los pacientes se sienten invadidos en su espacio personal, los padres se muestran renuentes a iniciar el manejo con medicamentos o incluso a la necesidad de hospitalización de ese pequeño. Y es aquí donde nuevamente expresar nuestra empatía y dar información clara se vuelve indispensable.
Institucionalmente nos vemos rebasados en el numero de consultas de salud mental, el tiempo asignado para cada consulta es mínimo para brindarle una atención adecuada, el sistema de salud publica no ha sido actualizado a los nuevos motivos de consulta, considerando 15 min por paciente, cuando ese paciente requiere de toda nuestra atención y comprensión, y tal vez sea la única vez que lo veamos en el consultorio, porque la próxima valoración puede ser en urgencias por un intento suicida o por un desequilibrio metabólico o una sobredosis.
Los procesos administrativos y el incremento en el número de pacientes sin modificaciones en la plantilla de médicos especialistas, el no contar con los suficientes hospitales psiquiátricos infantiles en el país, hacen que las valoraciones por especialistas y subespecialistas sean muy diferidas en tiempo, incluso con citas 1 vez cada 6 meses o rechazos en el sistema por trámites burocráticos, firmas, sellos y autorizaciones, haciéndolo aún más complicado para los padres y los pacientes que se encuentran en el camino de la aceptación, llevándolos a rendirse y no continuar con el manejo terapéutico en muchas ocasiones. Aunado a todo esto hay un rango de edad en el que el adolescente pierde derechohabiencia si no continua sus estudios y no labora y queda desprotegido.
Al menos en hospitales de segundo nivel no contamos con una adecuada atención psicológica, no tenemos psicólogos infantiles, neuropsicólogos y ni hablar de paidopsiquiatras. Los pacientes pediátricos son atendidos por especialistas de adultos, mientras esperan la autorización o la cita subsecuente en paidopsiquiatría. Por lo que es de suma importancia que como pediatras nos involucremos mas en el tema de atención a la salud mental, nos preparemos de manera continua y también sepamos manejar nuestras propias emociones.
Personalmente en más de alguna ocasión me he visto afectada por la situación de algún paciente en particular, llorando al llegar a casa después de terminar la consulta, sintiendo la necesidad de abrazar a ese paciente que se siente solo o dándole la mano a esa madre a la que nadie le ha preguntado ¿y usted como esta?
También nosotros requerimos el apoyo y la atención de colegas para el manejo de nuestras propias emociones, al sentir la impotencia de no poder hacer mas de lo que quisiéramos por ese niño, saber las condiciones de pobreza, maltrato infantil, abuso o abandono y ver como ese niño pide ayuda y saber las limitaciones del sistema y ver que hay cosas que están fuera de nuestras manos.
Empatía y Rapport: Construyendo Puentes de Confianza
Cada niño que llega a consulta trae más que un síntoma físico; trae su mundo emocional, sus miedos y sus inquietudes. Desde la primera consulta es importante establecer una relación basada en la confianza y el respeto.
El rapport, ese puente emocional entre médico y paciente, el pediatra debe no solo limitarse a hablar con los padres como portavoces, sino también conectar con los niños, convertirnos en alguien en quien ellos confíen y que ellos sepan que estaremos ahí para escuchar, cuidar y curarlos. Un pediatra no debe ser alguien que inspire miedo o que cuando el niño o adolescente vaya a consulta se sienta juzgado o regañado por otro adulto más.
Escuchar sus palabras, validar sus emociones y hablarles en un lenguaje que puedan comprender no solo refuerza su autoestima, sino que les enseña que sus sentimientos importan. Esto, en muchas ocasiones, abre la puerta para identificar y abordar problemáticas emocionales que podrían pasar desapercibidas.
Escucha Activa: Más que Oír, Comprender
La escucha activa implica más que prestar atención a las palabras de los niños o sus cuidadores. Es un compromiso de comprensión profunda. Al observar gestos, actitudes y respuestas no verbales, podemos captar mucho de lo que no se dice. A menudo, un niño no encontrará las palabras para expresar lo que siente, pero lo hará a través de su comportamiento o sus interacciones.
Como pediatras, al escuchar activamente y fomentar un espacio libre de juicio, creamos una base sólida para explorar las emociones y las necesidades del niño. Además, esto fortalece la confianza de los padres y fomenta un trabajo en equipo para apoyar al menor.
Manejo Interdisciplinario: Una Red de Apoyo Integral
La salud mental rara vez puede abordarse de manera aislada. Requiere la colaboración de un equipo interdisciplinario compuesto por psicólogos, psiquiatras, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, maestros, y, por supuesto, la familia.
En este contexto, el pediatra desempeña un papel fundamental como el punto de enlace entre el niño, su familia y los demás especialistas. Al coordinar esfuerzos, aseguramos que cada pequeño reciba una atención integral que abarque todas las áreas de su vida: física, emocional y social.
¿Qué podemos hacer?
Aquí algunas ideas para marcar la diferencia:
Detectar a tiempo y brindar atención accesible: Incluir evaluaciones sencillas durante las consultas pediátricas ayuda a identificar signos de alerta, como problemas para dormir, cambios de ánimo o bajo rendimiento escolar.
Crear redes de apoyo comunitarias: Los esfuerzos no deben quedarse solo en el consultorio. Hay que trabajar junto con escuelas, familias y grupos sociales para que los niños y adolescentes tengan entornos que los hagan sentir seguros y apoyados.
Enseñar habilidades emocionales: Los pediatras pueden ser aliados para enseñarles a los niños y a sus familias cómo manejar sus emociones, fortalecer su resiliencia y construir relaciones sanas.
Hablar abiertamente sobre la salud mental: Romper con el estigma es clave. Es hora de dejar de ver la salud mental como un tabú. Hablar de esto de forma natural ayuda a reducir el estigma y abre puertas para que más personas busquen ayuda sin miedo.
Una Huella para Toda la Vida
La intervención temprana en la salud mental de los niños no solo impacta su presente, sino que define su futuro. Un niño que recibe el apoyo adecuado en sus primeros años tiene más probabilidades de convertirse en un adulto resiliente, con habilidades emocionales sólidas y una mejor calidad de vida.
Ser pediatra es mucho más que diagnosticar y prescribir. Es ser testigo de las risas, los miedos y las dudas de quienes están en una etapa llena de cambios. Nuestra empatía no solo genera confianza; da el mensaje de que nadie está solo en esto.
Al final del día, cuando un niño o adolescente siente que hay un adulto que los comprende, un papá que recibe orientación en lugar de juicio, o una familia que entiende la importancia de cuidar la salud mental, estamos sembrando la semilla de un bienestar que trasciende generaciones.
Como pediatras, somos aliados en cada paso de ese camino y debemos entender que curar no solo se trata de sanar un cuerpo, sino también de acompañarlos en sus emociones.
Si queremos un futuro lleno de adultos saludables, cuidar la mente desde la infancia no es solo una opción, es un derecho y una responsabilidad que compartimos todos.
Mami, el día de hoy quiero honrarte en vida, y darte las gracias de la manera más publica que puedo. Si por mi fuera te haría un homenaje Señora Maricela en algún auditorio y seguramente se llenaría de todos los vecinos, alumnos, amigos, sobrinos y todas esas personas en las que has dejado una huella.
Quiero escribirte para expresar todo lo que mi corazón siente por ti y agradecerte profundamente por ser la mujer tan admirable que eres.
¡¡¡Seguramente esta carta estará llena de la misma palabra GRACIAS!!! Gracias por estar siempre ahí, por cuidarme, por levantarme cada vez que me caí, curarme mis heridas, por acompañarme en cada paso, en cada risa, por celebrar mis logros, ¡Y seguirme impulsando siempre a ser más! Se que muchas veces fuiste la mama exigente, a la que un numero de evaluación no le era suficiente, pero también sé que conocías nuestras capacidades y habilidades y por eso nos pedias más porque sabias que éramos capaces de lograrlo. Por esas noches de desvelo estudiando las ramas de los nervios faciales conmigo, por las tareas y artículos que me ayudaste a traducir, por recogerme cuando estaba de postguardia y no podía mas con mi cuerpo, Por ir a llevarme comida al pueblo de mi servicio social, llevarme ropa limpia al otro lado del mundo, mientras era invierno en México y verano en Chile, por acompañarme en mis viajes y locuras, hoy soy la doctora Skarlett gracias a ese ser detrás de mí.
Sé que llevaste una carga mental enorme, pero jamás dejaste que lo notáramos. Hoy que también soy madre, comprendo lo difícil que fue para ti, ser una madre trabajadora, criar a 3 niñas y llevar una casa a flote con las limitaciones de tiempo y dinero, nunca nos hizo falta nada, pero sobre todo nunca nos faltó tu presencia y tu cariño. Gracias por ser un ejemplo de resiliencia y valentía. Superaste el divorcio en una época donde eso era un tabú, y lo hiciste con una fuerza que aún me deja asombrada. Nunca te rendiste, nunca permitiste que las dificultades y los prejuicios definieran tu camino. Te mantuviste firme, luchando siempre por salir adelante, por brindarnos un futuro mejor.
Tu amor trasciende generaciones, mamá. Lo veo en la manera en que amas profundamente a tus nietos, en cómo te entregas a ellos con ese mismo cariño, ternura y alegría que nos diste a nosotras, convirtiéndote en su abuelita amorosa, guía y claro como una buena abuela consentidora y cómplice. Ellos no tienen limites en tu extenso menú, siempre les preparas lo que ellos pidan, los acompañas a jugar, les sigues cantando y jajaja que tal los chifliditos de cariñito tan característicos tuyos.
Y bueno… tu profesión, tu vocación, y tu mejor habilidad ser maestra, si hablo de ser maestra de preescolar son mas de 40 años, pero si le sumamos los años que fuiste profesora de ingles en la secundaria femenil, entonces eres maestra desde los 17 años y ahí si no queremos sacarle cuentas jajaja para no delatar tu edad. El cariño que brindas día a día a tus niños, tu paciencia infinita y la pasión con la que enseñas son simplemente admirables, la forma en que te has convertido también en su abuelita e incluso en una mamá postiza de los papas de tus alumnitos, siempre tienes una palabra amable, empatía y cariñitos para ellos, que importa lo cansada que te sientas ya, ¡¡¡y hablemos de los esfuerzos que has hecho!!! comprar un terreno, construir, hacer todas las modificaciones para estar siempre en regla y a pesar de las dificultades económicas y la pandemia lograr que la escuela siga aun a flote. Has transformado tantas vidas con tu sabiduría y amor, y eso es un legado del que estoy y siempre estaré increíblemente orgullosa.
Y qué decir de tus ganas incansables de aprender y crecer. Aunque la vida no siempre fue fácil, tú jamás te detuviste. Estudiaste y te preparaste para hacer traducciones profesionales, estudiabas las manualidades que estaban de moda para tener un ingreso extra y siempre poder vender algo más y seguiste estudiando, formándote, para tener una licenciatura en educación preescolar cuando ya eras una señora demostrando que los sueños no tienen fecha de caducidad y que siempre hay algo nuevo por conquistar.
Mamá, eres nuestra más grande enseñanza de vida. Nos has mostrado con tu ejemplo que el amor, el esfuerzo y la perseverancia son los pilares para construir una vida plena y llena de sentido.
Tus abrazos, tus sonrisas, tus canciones, tu deliciosa comida, tus consejos y tu amor son un tesoro que llevo conmigo cada día. Gracias por ser no solo la mejor madre, sino también la mejor abuelita, la maestra amorosa y en ese metro y medio de estatura cabe ese un corazón enorme y el más increíble y grande ser humano.
Por todo tu amor por tu familia y dedicación a tu profesión hoy quiero decirte: gracias, gracias, gracias.
Antes que nada, un abrazo a todas las mamás que están leyendo esto, y una felicitación a los papás que están rompiendo paradigmas, involucrándose en temas de crianza y haciendo coparentalidad con su pareja.
Para iniciar, vamos a dar un poquito de introducción sobre los cambios que hemos tenido en la crianza y definiciones.
Crianza Respetuosa y Disciplina Positiva: Un nuevo paradigma en familia
La crianza ha cambiado y evolucionado en los últimos años, intentando ser un modelo más respetuoso, validando las emociones, así mismo involucrando a los padres a una corresponsabilidad.
Intentar adaptarnos a las nuevas perspectivas y modelos no es algo fácil; se logra luchando día a día con nuestras costumbres, los juicios de generaciones pasadas y la forma en la que nosotros mismos fuimos educados.
La forma en que criamos a nuestros hijos tiene un impacto profundo en su desarrollo emocional y social. Cada día escuchamos más conceptos como crianza respetuosa y disciplina positiva que han revolucionado nuestra forma de entender la paternidad, alejándonos de modelos tradicionales y autoritarios hacia un enfoque más consciente y afectivo.
¿Pero qué es la Crianza Respetuosa?
La crianza respetuosa se basa en tratar a los niños como individuos con derechos, necesidades y emociones válidas. Busca fomentar una relación basada en la empatía, la comunicación y el respeto mutuo, donde los niños no solo sean escuchados, sino también comprendidos y valorados.
¿Y la Disciplina Positiva?
Es una metodología que sustituye el castigo por herramientas que enseñan habilidades de vida. No se trata de ser permisivo, sino de establecer límites claros con amabilidad y firmeza. Este enfoque ayuda a los niños a desarrollar autocontrol, responsabilidad y confianza, mientras se fortalecen los lazos familiares.
Los Modelos de Crianza
Existen diversos estilos de crianza, cada uno con características que influyen en la relación entre padres e hijos:
Autoritario: Rígido y controlador, basado en el castigo y la obediencia. Los niños suelen sentirse inseguros o con miedo a equivocarse.
Permisivo: Sin límites claros ni estructura, lo que puede llevar a falta de autocontrol y dificultades en la toma de decisiones.
Negligente: Carencia de afecto y estructura. Los niños en este modelo pueden experimentar abandono emocional.
Democrático: Equilibrado, combina límites firmes con amor y respeto. Promueve la autonomía y el desarrollo emocional.
La crianza respetuosa y la disciplina positiva se enmarcan dentro del modelo democrático, que busca un equilibrio entre las necesidades del niño y las de los padres. Este modelo fomenta no solo una relación saludable entre padres e hijos, sino también un entorno donde toda la familia puede prosperar.
Rompiendo con el pasado: Desafiar costumbres y juicios
Es común escuchar frases como: «A mí me criaron así y no me pasó nada» o «Los niños necesitan mano dura», «Es que ese niño está muy consentido», «No le des opciones, porque le preguntas; se hace lo que los papás dicen y punto». Estas ideas reflejan un enfoque autoritario y, en muchos casos, una desconexión emocional entre padres e hijos.
La crianza respetuosa y la disciplina positiva, en cambio, priorizan el entendimiento de las necesidades emocionales del niño, fomentando su desarrollo desde el amor y el respeto, no desde el miedo. Este enfoque no solo fortalece el vínculo afectivo, sino que también permite que los niños crezcan como individuos empáticos, resilientes y con una autoestima sólida.
Desafiar las creencias de los abuelos o de la sociedad no significa rechazarlas completamente. Muchas veces, se trata de adaptarlas al presente, integrando prácticas que nos permitan criar con mayor conciencia y sensibilidad hacia los sentimientos y derechos de los niños.
La Evolución de la Crianza en los Últimos Años
Hoy entendemos que criar no es simplemente disciplinar, sino acompañar.
Además, la conexión emocional se valora más que nunca. Abrazar esta evolución no significa que nuestros padres o abuelos hicieron todo mal, sino que tenemos acceso a herramientas que ellos no tenían. Y todo padre intenta hacer lo mejor desde sus posibilidades y su conocimiento.
Un Llamado a Crear un Futuro Diferente
Criar respetuosamente no es fácil, especialmente cuando las opiniones externas y la presión social nos invaden. Pero cada paso que damos hacia una paternidad consciente es un regalo para nuestros hijos y un desafío necesario para cambiar la narrativa familiar.
La Coparentalidad: Un Equipo con el Mismo Propósito
Uno de los aspectos clave de esta nueva visión es la coparentalidad, que significa que ambos padres comparten de manera equitativa las responsabilidades de la crianza. Esto incluye tomar decisiones y participar en las actividades diarias de los hijos.
Involucrarse significa trabajar en equipo, ayudar a aliviar la carga mental de la madre y mostrar a los hijos que el hogar y la familia son una responsabilidad compartida.
Padres, ¡involúcrense! Escuchen, compartan y asuman su papel con orgullo. Madres, recuerden que no están solas, y que su bienestar también importa. Juntos, podemos construir familias más equilibradas, amorosas y resilientes.
¿Qué piensas sobre la crianza respetuosa? ¿Cómo manejas los desafíos de los juicios externos? ¡Cuéntame en los comentarios! 🌟
La Residencia de Pediatría: Un Viaje que Nos Cambia para Siempre.
Estando próximos a iniciar el nuevo ciclo de residencias médicas, despedimos a nuestros R1 que cambian a hospital de tercer nivel y recibimos a los nuevos residentes.
Cada año pienso si la preparación que están recibiendo es adecuada en temas médicos, en práctica clínica, en resiliencia, empatía y trato a los pacientes, pero me preocupa que tanto estamos tomando en cuenta a la persona que está detrás de ese R1 y cuidando su salud mental.
Analizando hacía donde vamos y como lo hemos hecho antes, pero sobre todo hacia donde estamos guiando a nuestros becarios, me di a la tarea de hacer una introspección y regresar a mis días de residente y recordar a las generaciones de becarios con los que he coincidido en su formación.
A más de 20 años de antigüedad y 12 años en esta unidad, he estado en contacto con varias generaciones de residentes, y me enfoco en ellos porque son con los que más tiempo compartimos. ¡¡¡¡Y no es porque la salud mental de los preinternos e internos no cuente o valga menos, vale igual o más!!! Si cuidamos a los pequeños desde “semestreros” llegarán con una mejor actitud y una visión más realista de la residencia médica. Pero los residentes han pasado por un proceso de selección nada fácil para llegar a donde están y la gran mayoría pasan por momentos de madurez acelerada que durante la carrera de medicina se habían postergado.
La formación de los especialistas en pediatría ha evolucionado significativamente, pero uno de los desafíos más persistentes a nivel mundial es el bienestar emocional de los médicos residentes. Esta etapa es crucial, no solo por la intensa carga académica y práctica, sino también por el impacto que tiene en la salud mental y la calidad de vida de quienes dedican sus vidas al cuidado infantil.
Ser residente es una de las etapas más transformadoras, pero también más duras en la vida de cualquier médico.
El Entorno Emocional del Residente de Pediatría
Desde el primer día, los residentes enfrentan una realidad compleja: largas jornadas laborales, alimentación deficiente, sueño insuficiente y una constante sensación de infravaloración. Estas condiciones, lamentablemente, se han normalizado en los hospitales, perpetuando un ciclo de agotamiento físico y emocional que, lejos de fortalecer al residente, lo erosiona, llevándolo a una confusión constante al preguntarse ¿qué hago aquí?, ¿estuvo bien la decisión que tomé? en algunas ocasiones con tristeza, frustración obtienen sus respuestas y ven que es algo transitorio y superan esa mala racha pero en otras ocasiones los llevan a la renuncia de un sueño.
Los residentes deben aprender a gestionar el deterioro clínico de los pacientes crónicos, el maltrato infantil, los problemas socioemocionales de los pacientes y en algunos casos, la muerte de sus primeros pacientes, un momento devastador que pone a prueba su estabilidad emocional y que a menudo enfrentan sin el apoyo adecuado.
Cuando miro atrás, recuerdo esos días en los que parecía que todo se derrumbaba, el cansancio extremo, las noches sin dormir, el peso de las primeras muertes de pacientes… pero lo que más duele, y lo que casi nadie ve, es esa tristeza silenciosa que se va acumulando. Durante mi residencia, había días en los que el agotamiento emocional nos sobrepasaba. Sin embargo, nadie hablaba de eso y era normal. La depresión estaba ahí, pero nos acostumbramos a ocultarla detrás de sonrisas cansadas y chistes para sobrevivir la guardia, definitivamente yo no lo hubiera logrado sin mis compañeros de guardia, pero sobre todo sin mi Paty, Heleodoro y Martin.
Llorar en silencio en el baño era casi parte de la rutina, pero ¿cómo decirle a alguien que te sientes así sin temor a que te juzguen? Recuerdo que en aquel momento yo quería irme a la Ciudad de México a hacer una subespecialidad y mi mamá sin saber tanto de salud mental, pero conociéndome como solo ella lo hace, me dijo no quiero que te vayas, si te vas te voy a perder, te vas a deprimir más y no vale la pena tu salud mental por unos pesos o un diploma.
No se trata solo de aprender a diagnosticar o a manejar un caso complicado. A esto se suma el proceso emocional de adaptarse a nuevas ciudades, la presión de estar solteros o enfrentar problemas de pareja, porque la residencia no nos deja tiempo para nada más. Es aprender a manejar tu propia vida mientras das todo por los demás. Los cual aunado a la presión de sentirnos siempre evaluados, agravan la sensación de soledad. Es fácil sentirse perdido en medio de todo eso.
Hoy, como médica tratante y profesora, veo a mis residentes luchando contra esa misma sombra. La diferencia es que ahora trato de ser la voz que les diga: “Está bien no estar bien. Aquí estoy para escucharte y abrazarte.” Pero sé que no siempre es suficiente. Hay un miedo constante a mostrar vulnerabilidad, como si aceptar que estamos tristes o agotados fuera un signo de debilidad. Pero también soy juzgada por que en la formación de residentes no hay mucha diferencia con la crianza respetuosa, la educación humanista y personalizada, el cuidar a los chicos, enseñarles sin maltratos y comprender que ellos también tienen derechos y obligaciones, así como nosotros las tenemos hacia ellos, es visto por muchos como ser sobreprotectora o ser la profesora barco, la que no les dice nada y les da chance de hacer lo que ellos quieran.
El Choque Generacional: Un Desafío Adicional
Un aspecto profundamente relevante, es la brecha generacional entre los médicos tratantes y las nuevas generaciones. Cuando tuve mi primera plaza como médico de base tenía menos de 30 años, con lo que la edad entre los becarios y yo era mínima, incluso algunos eran de mi edad o más grandes, el día de hoy los residentes en su gran mayoría podrían ser mis hijos sin temor a exagerar. Y hoy soy del grupo de los adscritosaurios jajaja o los médicos de la vieja escuela… termino que no me gusta utilizar porque aunque soy una cuarentona y salí de la residencia hace más de 20 años, la vieja escuela es vieja si dejas de leer y estudiar y si te dejas oxidar y no te actualizas, pero para que esta la tecnología en la palma de la mano, computadoras y tablets.
Los métodos de enseñanza tradicionales son a menudo rígidos y los médicos nos caracterizamos por ser extremadamente jerárquicos, lo cual choca con la necesidad de una educación más humanizada y colaborativa que buscan los residentes actuales. Este choque genera tensiones que, lejos de enriquecer el aprendizaje, incrementan el estrés y el maltrato cotidiano. Y seguimos perpetuando que estos residentes sigan aplicando los mismos métodos a sus R menos o a sus nuevos becarios cuando ellos sean médicos tratantes.
Algo que me tocó vivir por desgracia fue esa relación distante y a veces dura con los médicos tratantes, pero en su mayoría con los que fueron mis R2 y R3. La enseñanza solía ser autoritaria, y pocas veces se reconocía el lado humano de quienes estamos aprendiendo. Muchos médicos mayores creen que el único camino es el que ellos recorrieron, y eso puede ser una carga emocional para quienes están empezando. Siempre existe la frase trillada de cuando yo era residente, en mis tiempos, cuando yo estaba en tal o cual hospital las cosas se hacían así, como si fuera un orgullo haber recibido malos tratos, estar a cargo de un piso completo de pacientes sin un médico tratante y tener que hacer 40 notas e indicaciones en máquina de escribir, ahora ellos tienen la facilidad de tener computadoras, expedientes electrónicos y el poder tener información al instante transformando la residencia, aunque también ha traído problemas como el abuso del copy-paste y menor agilidad mental al sacar cálculos.
Ser Tratado Como Adolescente.
Es común que, a pesar de ser adultos de más de 25 años, los residentes sean tratados como adolescentes dentro del sistema hospitalario. Las decisiones sobre sus horarios, descansos y hasta su bienestar personal son tomadas por otros, lo que refuerza una sensación de falta de autonomía y reconocimiento. Y los pacientes y familiares los siguen tratando como el practicante o el ayudante o el estudiante, sin reconocer el esfuerzo que ha llevado el llegar al R1 y todo es circunstancial, en este momento yo soy tratante, pero en algunos años ese R1 puede ser jefe de servicio o el medico que trate a mi hija.
Cuidar a Quienes Cuidan: La Humanización es Urgente
El cambio empieza por humanizar la enseñanza médica. Necesitamos hablar de emociones, de la depresión, del agotamiento. Como médicos tratantes, debemos ser mentores que acompañen, no solo supervisores que exijan. Dar espacio para expresar lo que sienten, ofrecer apoyo psicológico, y fomentar el autocuidado.
Atender la salud mental de los médicos en formación es una inversión en el futuro de la medicina. Un residente emocionalmente sano será un pediatra más empático, consciente y comprometido con sus pacientes. No solo necesitamos especialistas que sepan mucho, sino médicos que también sepan cuidarse a sí mismos para poder cuidar a los demás. La enseñanza médica debe evolucionar hacia un modelo donde la salud emocional sea tan importante como el conocimiento técnico.
Porque finalmente estamos tratando a lo más valioso, a los hijos de alguien más, y siempre tenemos que enseñarles empatía, resiliencia, compasión y el no ver al paciente como un número, como una estadística o como una obligación. Y como vamos a enseñarles a que sean humanos con los pacientes si no somos amables entre nosotros mismos.
Porque Ser Médico No Debería Significar Sufrir
La medicina no tiene que ser un camino de sacrificio constante. Es hora de romper el silencio sobre la depresión en la residencia, de validar lo que sienten nuestros residentes y de ofrecerles el apoyo que necesitan. Solo así podremos formar un sistema de salud más humano, donde todos —desde los médicos hasta los pacientes— puedan sentirse realmente cuidados. Es crucial implementar programas de apoyo emocional, acceso a recursos psicológicos y fomentar una cultura de respeto, validación y autocuidado.
Como pediatra, hablaba de lactancia, alimentación complementaria, rabietas, cólicos, fiebre, crianza respetuosa y disciplina positiva como si fuera fácil… hasta que la práctica me puso en mi lugar.
Ser mamá es como lanzarte a una montaña rusa ciega. Crees que sabes algo… y luego ¡zas!, no tienes idea. Yo comparo la maternidad con los primeros 2 años de la residencia, en el R1 estas super emocionado por empezar pero te das cuenta que aun no sabes nada y que te queda muchísimo por aprender y cuando ya por fin aprendiste algo, todo cambia y sale una nueva guía o un nuevo protocolo actualizado, el R2 fue mi año de mayor cansancio, desgaste emocional y físico pero es cuando realmente me convertí en pediatra. Así es la maternidad cada día trae una lección nueva, y muchas veces, lo único que puedes hacer es respirar (profundo), dar gracias y seguir avanzando.
Nadie te prepara realmente para ser mamá, ¿verdad? Puedes leer todos los libros, ir a todas las clases, congresos, escuchar podcast y recordar todos los consejos que te dieron en el Baby shower, pero cuando llega ese pequeño ser, todo se vuelve un aprendizaje constante. Cada etapa, cada reto, y cada mini triunfo cambian todo.
El embarazo cambió todo: cuerpo, emociones y hasta la relación de pareja. Pero luego llega el puerperio y… ¡boom! Que cosa tan mas complicada, es que es increíble como pasas de la risa al llanto, Las hormonas están de fiesta, el cansancio es brutal y los bajones emocionales te sorprenden sin aviso. Y tu cuerpo, que es eso? hay salida de líquidos, sangrado, leche, todo te duele, no puedes ni estornudar y no te reconoces a ti misma en el espejo, y que paso con el pelazo y el cutis increíble que tenias en el embarazo a donde se fue?.. Hay días en los que lloras porque el bebé llora, porque no sabes si lo estás haciendo bien… o simplemente porque sí.
La lactancia parecía tan natural, ¿no? Hasta que descubres que no siempre es fácil. El agarre, las grietas, los cólicos… ¡y tú ahí, tratando de no rendirte! Porque sabes que como pediatra lo mejor es la lactancia materna, pero ¿y si tiene alergia a las proteínas de la leche? Lo estaré llenando si comí algo que le cayó mal, y cuánto tiempo le voy a dar pecho, si cumplo 1 mes es mi primer nivel, cumplo 6 que es lo mínimo necesario, bueno, ya estás aquí, sigue hasta el año. Demonios, llegó la pandemia y el confinamiento, tienes miedo y solo están ustedes 3 encerrados en casa. Vamos, dale un poco más de leche que a través de ella le pasas anticuerpos y la proteges contra el COVID. Bueno, no quieres que sea alérgica como tú, y vamos, que el neurodesarrollo es mejor en niños con lactancia materna. Hasta que, cuando menos piensas, han pasado casi 4 años y ella sigue pegada a ti. ¿Y ahora qué? Y el destete respetuoso, los brotes de crecimiento, la agitación por amamantamiento, que difícil. Fue tan difícil terminar la lactancia como fue iniciarla, pero aquí estamos ahora presumiendo que tuve lactancia materna prolongada y que, a pesar de que sí tiene rinitis alérgica y dermatitis como yo, solo se ha enfermado una sola vez de otitis, pero con crisis convulsivas febriles, ¿por qué no?
Como si no fuera suficiente, vienen las opiniones: “¿Por qué duerme contigo?”, “¿Por que no le dices algo, regáñala, dale una nalgada?”, “Déjala llorar, se va a malcriar”. Y tú solo piensas: ¿Podrían guardarse su manual no solicitado y darme un abrazo en su lugar?
Ser pediatra me ha enseñado a cuidar la salud de muchos niños, pero ser mamá… ¡eso es otro nivel! He aprendido que no necesitas tener todas las respuestas para ser la mamá que tu hijo necesita. Cada día, mi hija me enseña algo nuevo, y aunque a veces me equivoque (y créeme, lo hago), esos errores se han convertido en lecciones para crecer junto a ella.
Los días están llenos de amor, pero también de incertidumbre. Hay momentos en los que el cansancio parece ganarle al entusiasmo. Mi cuerpo ha cambiado, mis hormonas están locas, y hay días en los que solo quiero una pausa. Pero miro a mi hija, y todo cobra sentido.
Para mi esposo, también fue un aprendizaje. Pasó de ser mi novio ese que era todo metódico y preparado el que siempre tenia la respuesta y solución a todo, cuando de repente se convirtió en un papá completamente entregado, leyendo, cambiando pañales, arrullando en la madrugada y hasta porteando, día a día fue ajustando su rutina, lidiando con sus propias emociones, y entendiendo las mías. Juntos, entre noches sin dormir, sorpresas, travesuras, besitos y berrinches, estamos aprendiendo. No somos perfectos, pero, ¿Quién lo es? Aprendemos, tropezamos, nos levantamos y seguimos. Porque el amor verdadero se construye en los pequeños momentos, en aceptar los cambios, y en no rendirse.
Ser mamá también cambió mi visión como pediatra. Un día una doctora me dijo serás mejor pediatra ahora que eres mamá y se que no se refería al conocimiento que tenia previamente, si no a la empatía que desarrollas con los papás. Ahora entiendo mucho mejor esas emociones, preocupaciones y dudas que traen los papás al consultorio. Antes hablaba de la disciplina positiva desde la teoría; ahora sé que en la práctica nada nada es tan simple. Hay días en los que todo se desborda, y no siempre tengo la respuesta ideal, ni actuó como lo leí en los libros y veo que ese consejo que alguna vez di, lo di sin verlo desde la otra perspectiva y que era imposible de aplicar a ese pequeño niño que vi en consulta.
Criar es un reto constante. Gestionar nuestras propias emociones mientras ayudamos a nuestros hijos a validar y manejar las suyas, no es fácil. Pero sé que acompañar a mi hija en sus altibajos emocionales nos hace crecer juntas y que enseñarle a reconocer lo que siente y a valorarse es el mejor regalo que le puedo dar. Validar sus emociones y enseñarle que está bien sentirse triste, enojada o frustrada, y acompañarla en esos momentos, nos hace más fuertes a ambas.
Y sí, la culpa a veces pesa. Es imposible ser la mejor doctora esa que siempre traía el articulo mas reciente subrayado, que tenia 2 consultorios y daba clases en la universidad, la mujer que tenia su casa en orden, que viajo por medio mundo y que sabia de cine, música y algo mas, se que no soy una mamá presente al 100% , pero trato de estar y dar tiempo de calidad, que ya no soy la pediatra que alguna vez fui dedicada al mil a su carrera pero no cambiaria nada por estar aquí con ella.
Así que, si hoy sientes que no tienes todas las respuestas, está bien. Nadie las tiene. Lo importante es escuchar, aprender, y seguir creciendo junto a ellos. Porque en el fondo, la crianza es eso: aprender juntos. Y eso es lo que la hace tan real, tan desafiante y tan hermosa.
Moraleja: no necesitas ser perfecto para ser un buen papá o mamá. Escucha, aprende, pide ayuda cuando la necesites y ríete de lo absurdo. Date chance, no te juzgues por ser 2 tallas más, o por pedir pizza para cenar el viernes o darle la tablet mientras preparas una clase. Porque sí, criar es duro, pero también es increíblemente hermoso.