Cómo se presenta la salud mental infantil en consulta, urgencias y hospitalización, y qué señales no conviene dejar pasar.
¿Cuándo entendí que escuchar el corazón también era parte de revisar a un niño?
Durante casi 20 años como pediatra, pensaba que cuidar la salud infantil era vigilar el crecimiento, prevenir enfermedades, revisar síntomas, indicar tratamientos y acompañar cada etapa del desarrollo. Y sí. Todo eso sigue siendo parte esencial de mi trabajo como pediatra.
Pero la consulta se fue transformando. Los motivos de atención en urgencias y las estancias prolongadas en piso me fueron enseñando algo más.
Detrás de muchos dolores de cabeza.
De molestias abdominales persistentes, aun con tomografías y estudios paraclínicos normales.
De niños con patrones de sueño alterados.
De «no se concentra».
De «se porta mal en la escuela».
También había emociones, experiencias, formas distintas de aprender y necesidades que no siempre podían explicarse únicamente desde el cuerpo.
Comprendí que un niño no llega solo al consultorio. Llega con su historia, su temperamento, su desarrollo, su manera de sentir, su contexto familiar, sus vínculos, sus miedos y sus fortalezas. Algunas veces también llega con un potencial que todavía nadie ha sabido reconocer.
Por eso comencé a formarme en desarrollo socioemocional en la adolescencia, altas capacidades, neurodesarrollo, psicología infantil y crianza. Quería comprender mejor a esos niños que parecían distraídos, intensos, sensibles, inquietos o «demasiado» para su entorno, pero que necesitaban ser mirados desde una perspectiva más amplia.
También me estoy acercando a la tanatología y al estudio del trauma, porque la infancia no está aislada de las pérdidas, las separaciones, las enfermedades ni de los cambios inesperados que dejan huella en el cuerpo, en las emociones y en la manera de relacionarse con el mundo.
Aprender sobre estos temas no me alejó de la pediatría. Me ayudó a comprenderla de una manera más completa.
Porque el desarrollo no es solamente alcanzar hitos.
La conducta no es solamente obedecer.
La crianza no es solamente poner límites.
Y la salud no es solamente la ausencia de enfermedad.
La salud también incluye sentirse seguro, comprendido, acompañado y aceptado.
Por eso nació —y sigue creciendo— Pediatra de tus Emociones™.
Cuidar las emociones no es un complemento del cuidado de la salud; es parte de cuidar la salud.

Lo que muestran los datos
En México todavía no existe un registro nacional único que reúna, con el mismo nivel de detalle, todos los motivos de atención psicológica y psiquiátrica en menores de 18 años en consulta externa, urgencias y hospitalización. Las instituciones atienden poblaciones distintas y no siempre reportan sus datos de la misma manera.
Aunque contamos con sistemas de clasificación diagnóstica como la CIE-10/CIE-11 y el DSM-5, la forma de registrar los problemas de salud mental no siempre es homogénea. Además, en la práctica clínica puede existir reticencia a establecer ciertos diagnósticos en el expediente por temor a etiquetar prematuramente al niño o adolescente, equivocarse o generar estigma antes de una valoración especializada. Por ejemplo, pueden utilizarse diagnósticos generales como trastorno mixto de la conducta, registrarse una intoxicación por medicamentos sin especificar con claridad el contexto autolesivo o suicida, o emplearse categorías amplias de ansiedad y depresión. Esto dificulta comparar de manera directa los motivos reales de atención entre instituciones.
Aun con esas limitaciones, las fuentes disponibles muestran una señal clara: la salud mental infantil ya forma parte de la atención pediátrica.
En los servicios de psicología y paidopsiquiatría de hospitales regionales del ISSSTE, la depresión infantil y juvenil representa entre 35 y 40 % de los motivos de consulta. Es un dato institucional y no debe extrapolarse a toda la población mexicana, pero muestra el peso que la depresión tiene dentro de esos servicios especializados.
Desde mi experiencia clínica, aunque no cuento con cifras institucionales precisas para cuantificar este cambio, en mi centro de trabajo he observado un aumento de la atención en urgencias y de las hospitalizaciones relacionadas con crisis de ansiedad, ideación suicida e intentos de suicidio. En consulta, además de la atención habitual de TDAH y TEA, cada vez encuentro con mayor frecuencia familias que identifican señales de alarma de manera temprana y solicitan valoración por pediatría, psicología o psiquiatría infantil. Algunas incluso llegan con evaluaciones neuropsicológicas previas.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022 estimó que 7.6 % de los adolescentes había pensado alguna vez en suicidarse, 6.5 % reportó un intento alguna vez en la vida y 3.1 % un intento durante los 12 meses previos. Estas cifras son estimaciones nacionales y no describen por sí solas lo que ocurre en cada hospital o comunidad.
En urgencias pediátricas, una serie del Instituto Nacional de Pediatría revisó 296 expedientes de intentos de suicidio atendidos entre 2018 y 2023. El 74 % correspondió a mujeres y el número de casos atendidos aumentó durante el periodo pandémico. Los desencadenantes y factores asociados más frecuentes incluyeron conflictos interpersonales, estrés social, agudización de un problema de salud mental previo, intentos anteriores y exposición a distintas formas de violencia.
No comparto estos números para generar miedo, sino para resaltar algo que ya vemos en la práctica: los problemas de salud mental infantil están presentes en la consulta, en urgencias y en las camas de hospitalización. La pregunta no es si vamos a atenderlos, sino qué podemos hacer para reconocerlos a tiempo y, sobre todo, prevenir.

Lo que vemos en el consultorio
La consulta externa permite escuchar la historia, valorar el desarrollo, descartar causas médicas, integrar lo que ocurre en casa y en la escuela, y construir un plan de seguimiento.
- Neurodesarrollo y dificultades escolares. TDAH, sospecha o seguimiento de autismo, trastornos específicos del aprendizaje, retrasos del lenguaje, dificultades en funciones ejecutivas —la capacidad para planear, organizarse, inhibir impulsos y sostener la atención— y problemas de adaptación escolar.
- Ansiedad. Ansiedad de separación, ansiedad generalizada, ansiedad social y rechazo escolar. En niños pequeños no siempre se expresa como miedo. También puede aparecer como dolor abdominal, cefalea, insomnio, irritabilidad, necesidad intensa de evitar ciertas situaciones o crisis que parecen desproporcionadas.
- Depresión y otros problemas del estado de ánimo. En la infancia y la adolescencia la depresión no siempre se parece a la tristeza de un adulto. Puede presentarse como irritabilidad persistente, aislamiento, pérdida de interés, caída del rendimiento escolar o cambios en el sueño y el apetito.
- Problemas de conducta y regulación emocional. Oposición, agresividad, impulsividad o crisis intensas. Estas conductas pueden relacionarse con necesidades emocionales, dificultades del neurodesarrollo, problemas de aprendizaje, estrés familiar o experiencias adversas que merecen explorarse.
- Adaptación, duelo y contexto familiar. Separación de los padres, migración, enfermedad o muerte de una persona cercana, acoso escolar, violencia, cambios familiares o dificultades para adaptarse a una nueva etapa.

Cómo llega a urgencias
En urgencias la lógica cambia. Ya no manda la frecuencia: manda el riesgo.
Aquí se valoran situaciones que no pueden esperar una cita o que no pueden manejarse con seguridad en casa:
- Ideación suicida activa, planificación o intento suicida.
- Autolesiones, con o sin intención suicida.
- Crisis de ansiedad intensa, ataques de pánico o hiperventilación.
- Agitación o descontrol conductual que pone en riesgo al niño, al adolescente o a otras personas.
- Síntomas psicóticos o un posible episodio maníaco, después de descartar causas médicas, neurológicas o relacionadas con sustancias.
- Intoxicaciones o problemas agudos relacionados con consumo de sustancias.
- Trastornos de la conducta alimentaria con descompensación médica o rechazo importante de alimentos y líquidos.
- Situaciones agudas de violencia, abuso o maltrato.
Ideación suicida, autolesión e intento suicida no son términos equivalentes. Las autolesiones pueden ocurrir sin intención de morir; un intento suicida implica intención de muerte, y la ideación se refiere a pensamientos relacionados con morir o quitarse la vida. Todas requieren escucha y valoración, pero el nivel de urgencia depende del riesgo, la intención, el plan, los medios disponibles, los antecedentes y la posibilidad de mantener la seguridad.
En urgencias, lo primero no es asignar una etiqueta. Es atender cualquier necesidad médica, contener, valorar el riesgo y decidir cuál es el nivel de atención más seguro. Y hacerlo sin juicio: para muchas familias, llegar al hospital por una crisis emocional viene acompañado de miedo, culpa o vergüenza.

Cuándo se considera la hospitalización
La hospitalización no se decide solamente por el diagnóstico. Se considera la combinación de riesgo, gravedad, funcionamiento, necesidades médicas y posibilidad real de mantener la seguridad fuera del hospital.
- Riesgo importante para sí mismo o para otras personas.
- Necesidad de vigilancia continua o estabilización médica.
- Imposibilidad de mantener la seguridad en casa.
- Deterioro grave del funcionamiento o descompensación aguda.
- Necesidad de evaluación diagnóstica o ajuste intensivo del tratamiento.
- Falta de respuesta al manejo ambulatorio cuando el riesgo continúa aumentando.
Cuando una familia comprende el objetivo, la hospitalización deja de sentirse como un castigo o un fracaso. Hospitalizar puede ser una forma temporal de proteger, estabilizar, observar y construir un plan seguro con la familia y el equipo. A esto se suma la limitada disponibilidad de camas para pacientes que requieren atención de psiquiatría infantil, la falta de especialistas y, quizá uno de los retos más importantes, la necesidad de continuar sensibilizando al personal de primer contacto.

Cuando el motivo de ingreso es otro
En un hospital general de segundo nivel, muchos niños y adolescentes no ingresan por un diagnóstico de salud mental. Ingresan por una enfermedad, una lesión, una intoxicación o una complicación de una condición crónica, y durante su estancia podemos observar datos de comorbilidad psiquiátrica. En esos casos puede solicitarse una interconsulta: la valoración de un equipo especializado durante la hospitalización.
Un adolescente con diabetes que dejó de aplicarse la insulina. Una niña con una enfermedad crónica que ya no quiere recibir tratamiento. Un paciente con síntomas físicos que requieren una evaluación integral. Un duelo que nadie ha nombrado. Un dolor crónico acompañado de angustia.

Señales de alarma
No son para diagnosticar en casa. Son para reconocer cuándo necesitamos preguntar, observar con mayor atención o pedir ayuda.
| Señal | Por qué importa |
|---|---|
| Aislamiento brusco | Un cambio repentino en la convivencia puede acompañar depresión, ansiedad, acoso, violencia u otras dificultades. |
| Ideas de muerte, desesperanza o de no querer vivir | Requieren valoración el mismo día; no conviene esperar a la siguiente cita. |
| Autolesiones | Indican un nivel de malestar que necesita valoración, aun cuando la persona diga que no quería morir. |
| Negativa persistente a comer o beber | Puede producir consecuencias médicas en poco tiempo. |
| Crisis emocionales intensas o frecuentes | Importan especialmente si son nuevas, aumentan o cambian de patrón. |
| Cambios marcados en el sueño | Dormir mucho más, mucho menos o invertir el ritmo habitual puede acompañar distintos problemas médicos o emocionales. |
| Caída del rendimiento escolar o rechazo escolar | No conviene atribuirlo automáticamente a flojera; hay que explorar factores emocionales, escolares, familiares, médicos y del neurodesarrollo. |
| Quejas físicas repetidas | No conviene pasarlas por alto ni asumir de entrada que se trata de somatización o que el dolor no es real. La valoración médica es esencial; cuando la exploración clínica y los estudios paraclínicos no ofrecen una explicación suficiente, conviene explorar también el estrés, las emociones y el contexto. |
Una sola señal aislada no define un diagnóstico. Lo que orienta es el cambio: algo que antes no pasaba y ahora sí, que se sostiene en el tiempo, aumenta o afecta la vida diaria.
¿Consulta o urgencias?
Solicita una consulta cuando observes cambios persistentes en el ánimo, el sueño, la alimentación, la conducta, el aprendizaje, la convivencia o el funcionamiento cotidiano.
Acude a urgencias cuando existe riesgo inmediato, un intento suicida, autolesiones recientes con riesgo médico, intoxicación, agitación grave, pérdida importante del control, rechazo de alimentos o líquidos con deterioro físico, o cuando la familia no puede mantener la seguridad en casa.

Qué puedes hacer en casa
1. Pregunta directamente. Preguntar con calma por el malestar emocional o por ideas de muerte no introduce esas ideas. Puede abrir un espacio para que el niño o adolescente diga algo que todavía no había logrado expresar. «Te he notado diferente. ¿Cómo has estado?» puede ser un buen inicio.
2. Escucha antes de corregir. El impulso natural es tranquilizar rápido: «no es para tanto» o «ya se te va a pasar». Antes de ofrecer soluciones, intenta validar: «gracias por contármelo», «quiero entender» o «tiene sentido que esto te esté costando».
3. Observa el cambio, no solamente el síntoma. Anota qué cambió, desde cuándo, con qué frecuencia y en qué áreas: casa, escuela, amistades, sueño, apetito, energía y actividades que antes disfrutaba.
4. Revisa la seguridad del entorno. Guarda bajo llave medicamentos, sustancias tóxicas y otros medios potencialmente peligrosos. Esta medida no sustituye la valoración profesional, pero puede reducir riesgos mientras llega la ayuda.
5. Habla con la escuela. Lo que ves en casa puede adquirir otro sentido cuando escuchas lo que ocurre en el aula, con sus pares y durante las transiciones escolares.
6. Pide ayuda sin esperar a tener todas las respuestas. No necesitas saber exactamente qué ocurre para solicitar una valoración. Comprenderlo es parte del trabajo del equipo de salud.

Acompañar en red
Ningún niño se acompaña desde un solo lugar. Pediatría, psicología, psiquiatría, enfermería, trabajo social, escuela y familia pueden sumar miradas para construir un cuidado más completo. Lo que observamos en un espacio cobra sentido cuando escuchamos también lo que ocurre en los otros.
Para recordar
El motivo de consulta no siempre cuenta toda la historia.
Un niño no llega solo al consultorio: llega con su historia, su desarrollo, su contexto y su forma de sentir.
Preguntar por las emociones no las provoca. Ayuda a hacerlas visibles.
Ver a tiempo puede cambiar una historia.
Porque cuidar las emociones no es un complemento del cuidado de la salud. Cuidar las emociones también es cuidar la salud.
Esta entrada es el inicio de una nueva serie de Pediatra de tus Emociones™. En los próximos contenidos hablaremos de ansiedad, depresión, autolesiones, conducta suicida, neurodesarrollo, dificultades del aprendizaje, trastornos de la conducta alimentaria, trauma, abuso y maltrato infantil. En cada tema revisaremos qué puede observarse en casa, cuáles son las señales de alarma y cuándo es recomendable solicitar consulta o acudir a urgencias.
¿En qué momento descubriste que algo que ocurría en el cuerpo también necesitaba ser escuchado desde las emociones?

Si necesitas ayuda ahora
Si un niño, un adolescente o cualquier integrante de la familia está en riesgo inmediato, ha realizado un intento suicida, presenta autolesiones recientes o no es posible mantener su seguridad, acudan al servicio de urgencias más cercano o llamen al 911.
- Línea de la Vida: 800 911 2000. Servicio nacional, gratuito, disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.
- Jalisco — Servicio de Intervención en Crisis: marcación rápida 075, Zona Metropolitana 33 38 33 38 38 o interior del estado 800 227 4747. Servicio gratuito, disponible las 24 horas.
Estas líneas ofrecen orientación y canalización. No sustituyen la valoración presencial de urgencias cuando existe peligro inmediato.
Referencias
- Valdez-Santiago R, Villalobos Hernández A, Arenas-Monreal L, Benjet C, Vázquez García A. Conducta suicida en México: análisis comparativo entre población adolescente y adulta. Salud Pública de México. 2023;65(Supl 1):S110-S116. DOI: 10.21149/14815.
- Casas Muñoz A, Obregón Mondragón MC, Rodríguez Caballero A, et al. Intentos de suicidio atendidos en un servicio de urgencias pediátrico, antes y durante la pandemia de COVID-19. Acta Pediátrica de México. 2024;45(1S):S3-S15. DOI: 10.18233/apm.v45i1S.2837.
- Casas Muñoz A, Rodríguez-Caballero A, Velasco-Rojano AE, et al. Diagnóstico institucional para la atención integral del intento de suicidio en un hospital pediátrico. Acta Pediátrica de México. 2024;45(1S):S16-S28. DOI: 10.18233/apm.v45i1S.2858.
Fuentes institucionales y recursos
- ISSSTE. Depresión infantil y juvenil, ocupa 35 a 40 % de consultas en salud mental.
- Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones. Línea de la Vida.
- Instituto Jalisciense de Salud Mental y Adicciones. Servicio de Intervención en Crisis.
Este contenido es educativo y no sustituye una valoración médica, psicológica o psiquiátrica individual.
Dra. Skarlett Ruelas · Pediatra · Pediatra de tus Emociones™
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