
Como pediatra, hablaba de lactancia, alimentación complementaria, rabietas, cólicos, fiebre, crianza respetuosa y disciplina positiva como si fuera fácil… hasta que la práctica me puso en mi lugar.
Ser mamá es como lanzarte a una montaña rusa ciega. Crees que sabes algo… y luego ¡zas!, no tienes idea. Yo comparo la maternidad con los primeros 2 años de la residencia, en el R1 estas super emocionado por empezar pero te das cuenta que aun no sabes nada y que te queda muchísimo por aprender y cuando ya por fin aprendiste algo, todo cambia y sale una nueva guía o un nuevo protocolo actualizado, el R2 fue mi año de mayor cansancio, desgaste emocional y físico pero es cuando realmente me convertí en pediatra. Así es la maternidad cada día trae una lección nueva, y muchas veces, lo único que puedes hacer es respirar (profundo), dar gracias y seguir avanzando.
Nadie te prepara realmente para ser mamá, ¿verdad? Puedes leer todos los libros, ir a todas las clases, congresos, escuchar podcast y recordar todos los consejos que te dieron en el Baby shower, pero cuando llega ese pequeño ser, todo se vuelve un aprendizaje constante. Cada etapa, cada reto, y cada mini triunfo cambian todo.
El embarazo cambió todo: cuerpo, emociones y hasta la relación de pareja. Pero luego llega el puerperio y… ¡boom! Que cosa tan mas complicada, es que es increíble como pasas de la risa al llanto, Las hormonas están de fiesta, el cansancio es brutal y los bajones emocionales te sorprenden sin aviso. Y tu cuerpo, que es eso? hay salida de líquidos, sangrado, leche, todo te duele, no puedes ni estornudar y no te reconoces a ti misma en el espejo, y que paso con el pelazo y el cutis increíble que tenias en el embarazo a donde se fue?.. Hay días en los que lloras porque el bebé llora, porque no sabes si lo estás haciendo bien… o simplemente porque sí.
La lactancia parecía tan natural, ¿no? Hasta que descubres que no siempre es fácil. El agarre, las grietas, los cólicos… ¡y tú ahí, tratando de no rendirte! Porque sabes que como pediatra lo mejor es la lactancia materna, pero ¿y si tiene alergia a las proteínas de la leche? Lo estaré llenando si comí algo que le cayó mal, y cuánto tiempo le voy a dar pecho, si cumplo 1 mes es mi primer nivel, cumplo 6 que es lo mínimo necesario, bueno, ya estás aquí, sigue hasta el año. Demonios, llegó la pandemia y el confinamiento, tienes miedo y solo están ustedes 3 encerrados en casa. Vamos, dale un poco más de leche que a través de ella le pasas anticuerpos y la proteges contra el COVID. Bueno, no quieres que sea alérgica como tú, y vamos, que el neurodesarrollo es mejor en niños con lactancia materna. Hasta que, cuando menos piensas, han pasado casi 4 años y ella sigue pegada a ti. ¿Y ahora qué? Y el destete respetuoso, los brotes de crecimiento, la agitación por amamantamiento, que difícil. Fue tan difícil terminar la lactancia como fue iniciarla, pero aquí estamos ahora presumiendo que tuve lactancia materna prolongada y que, a pesar de que sí tiene rinitis alérgica y dermatitis como yo, solo se ha enfermado una sola vez de otitis, pero con crisis convulsivas febriles, ¿por qué no?
Como si no fuera suficiente, vienen las opiniones: “¿Por qué duerme contigo?”, “¿Por que no le dices algo, regáñala, dale una nalgada?”, “Déjala llorar, se va a malcriar”. Y tú solo piensas: ¿Podrían guardarse su manual no solicitado y darme un abrazo en su lugar?
Ser pediatra me ha enseñado a cuidar la salud de muchos niños, pero ser mamá… ¡eso es otro nivel! He aprendido que no necesitas tener todas las respuestas para ser la mamá que tu hijo necesita. Cada día, mi hija me enseña algo nuevo, y aunque a veces me equivoque (y créeme, lo hago), esos errores se han convertido en lecciones para crecer junto a ella.
Los días están llenos de amor, pero también de incertidumbre. Hay momentos en los que el cansancio parece ganarle al entusiasmo. Mi cuerpo ha cambiado, mis hormonas están locas, y hay días en los que solo quiero una pausa. Pero miro a mi hija, y todo cobra sentido.
Para mi esposo, también fue un aprendizaje. Pasó de ser mi novio ese que era todo metódico y preparado el que siempre tenia la respuesta y solución a todo, cuando de repente se convirtió en un papá completamente entregado, leyendo, cambiando pañales, arrullando en la madrugada y hasta porteando, día a día fue ajustando su rutina, lidiando con sus propias emociones, y entendiendo las mías. Juntos, entre noches sin dormir, sorpresas, travesuras, besitos y berrinches, estamos aprendiendo. No somos perfectos, pero, ¿Quién lo es? Aprendemos, tropezamos, nos levantamos y seguimos. Porque el amor verdadero se construye en los pequeños momentos, en aceptar los cambios, y en no rendirse.
Ser mamá también cambió mi visión como pediatra. Un día una doctora me dijo serás mejor pediatra ahora que eres mamá y se que no se refería al conocimiento que tenia previamente, si no a la empatía que desarrollas con los papás. Ahora entiendo mucho mejor esas emociones, preocupaciones y dudas que traen los papás al consultorio. Antes hablaba de la disciplina positiva desde la teoría; ahora sé que en la práctica nada nada es tan simple. Hay días en los que todo se desborda, y no siempre tengo la respuesta ideal, ni actuó como lo leí en los libros y veo que ese consejo que alguna vez di, lo di sin verlo desde la otra perspectiva y que era imposible de aplicar a ese pequeño niño que vi en consulta.
Criar es un reto constante. Gestionar nuestras propias emociones mientras ayudamos a nuestros hijos a validar y manejar las suyas, no es fácil. Pero sé que acompañar a mi hija en sus altibajos emocionales nos hace crecer juntas y que enseñarle a reconocer lo que siente y a valorarse es el mejor regalo que le puedo dar. Validar sus emociones y enseñarle que está bien sentirse triste, enojada o frustrada, y acompañarla en esos momentos, nos hace más fuertes a ambas.
Y sí, la culpa a veces pesa. Es imposible ser la mejor doctora esa que siempre traía el articulo mas reciente subrayado, que tenia 2 consultorios y daba clases en la universidad, la mujer que tenia su casa en orden, que viajo por medio mundo y que sabia de cine, música y algo mas, se que no soy una mamá presente al 100% , pero trato de estar y dar tiempo de calidad, que ya no soy la pediatra que alguna vez fui dedicada al mil a su carrera pero no cambiaria nada por estar aquí con ella.
Así que, si hoy sientes que no tienes todas las respuestas, está bien. Nadie las tiene. Lo importante es escuchar, aprender, y seguir creciendo junto a ellos. Porque en el fondo, la crianza es eso: aprender juntos. Y eso es lo que la hace tan real, tan desafiante y tan hermosa.
Moraleja: no necesitas ser perfecto para ser un buen papá o mamá. Escucha, aprende, pide ayuda cuando la necesites y ríete de lo absurdo. Date chance, no te juzgues por ser 2 tallas más, o por pedir pizza para cenar el viernes o darle la tablet mientras preparas una clase. Porque sí, criar es duro, pero también es increíblemente hermoso.

Hola Skarlett…
mucha razón y sentido en tu narración. La experiencia nos hace más fuertes, más hábiles, y más sensibles a compartir el camino transcurrido. Me haces recordar tiempos de antaño. Pero también es muy cierto que sólo cuando ya se ha vivido se puede sumar la teoría y la práctica del día a día.
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Si todo es verdad 😅 … creo que es lo más difícil que he hecho , Dra sus palabras me han hecho llorar , pero también me hacen sentir acompañada y que no soy la única que está en esta experiencia tan hermosa y tan complicada jeje … muchas gracias Dra agradezco enormemente su pasión por estos temas que son tan prioritarios y de los que casi nadie habla y por compartirlos , la quiero mucho y aquí estaré esperando por nuevas publicaciones … Mucho éxito 🥰
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