Comprendiendo lo que nuestros adolescentes no se atreven a decirnos.
✍🏻 Por Dra. Skarlett Ruelas – Pediatra, mamá, maestra y aprendiz del mundo emocional de niños y adolescentes.

Pensar en por qué sucede y atreverme a escribir esto es difícil sin sentir un nudo en la garganta. Sin pensar en las caritas de los niños que llegaron a la atención en urgencias por crisis de ansiedad, intoxicación con medicamentos, intento de asfixia o autolesiones. Niños y no tan niños desde los 11 a los 17 años, con familias de todo tipo, estratos socioeconómicos, grados escolares, pero todos en común padres consternados por no haberse dado cuenta de que algo estaba mal con su hijo.
Como pediatra he escuchado todo tipo de historias, durante las hospitalizaciones prolongadas, de esos adolescentes que tienen una mirada que poco a poco me he enseñado a distinguir. Adolescentes que físicamente parecen casi adultos, pero al sentarme a escucharlos y preguntarles desde el corazón ¿Cómo estás? Y decirles estoy aquí para escucharte, se transforman en niños frágiles y vulnerables, muchachos de 1.80mt de estatura que al final de una conversación te dan un abrazo, niñas que te cuentan lo que a nadie se han atrevido a decirles, al solo darles unos minutos de escucha activa, atención y confianza. Estas historias y los niños que están detrás de ellas me han hecho llegar hasta donde estoy hoy, una pediatra que lucha por la empatía y la sensibilidad de mis residentes hacia esos niños, aprender a no juzgarlos, escucharlos y acompañarlos, perder el miedo a los adolescentes y ver que ellos necesitan la misma o más atención que el neonato prematuro o el niño con cardiopatía compleja. He realizado un esfuerzo extra en mis horas libres, mis noches y he empezado a estudiar un poco sobre ellos, para brindarles lo mejor de mí. Estos últimos meses les he transmitido un poquito de lo que he aprendido a los residentes sobre temas de psicología infantil, psiquiatría, puericultura y el desarrollo del cerebro del adolescente, esperando haber logrado mi objetivo y sembrar en ellos una semillita de curiosidad y empatía hacia los adolescentes.
Como mamá, hay días en los que llego a casa y lo primero que hago es abrazar fuerte a mi hija para que me llene de energía y transmitirle que siempre estaré para ella, llamar a mi sobrino que es mi adoración, pensando en todos los chicos que no tuvieron un abrazo a tiempo y que no se sentían acompañados en esos momentos difíciles, incluso pensando en mí misma cuando era adolescente, agradeciendo la presencia de mi mamá en todas las etapas más grises de mi vida, y pienso en como yo podría haber sido una de esas niñas con cutting de no ser porque ella siempre estuvo conmigo y detecto los focos rojos a tiempo.
Como profesora, he visto a mis residentes enfrentarse con impotencia al dolor emocional, al no saber cómo acercarse a esos niños que sufren y les duele pero que no hay analgésico que cure su malestar.
📊 ¿Qué está pasando con nuestros adolescentes?
Según la OMS, el suicidio es la cuarta causa de muerte en adolescentes de 15 a 19 años.
En México, el INEGI muestra un aumento de más del 40% en la última década, siendo el grupo de 10 a 14 años el que más preocupa por el crecimiento acelerado de los casos.
Detrás de cada número hay una historia no contada: un niño que dejó de jugar, una adolescente que se rindió en silencio, una familia buscando respuestas en el vacío.
🧠 Adolescencia: una tormenta cerebral

El sistema límbico (emociones) va a 180 km/h, mientras la corteza prefrontal (razón, juicio) apenas se está construyendo. Eso explica su impulsividad, sensibilidad extrema al rechazo y dificultad para pedir ayuda. Y si a esa tormenta interna le sumamos otros factores que pueden estar viviendo: violencia familiar, ausencia emocional, bullying o redes sociales tóxicas el riesgo se multiplica.
🔍 ¿Por qué están tan tristes los adolescentes?
Un artículo publicado en The Atlantic por el periodista Derek Thompson, titulado “Why American Teens Are So Sad”, analiza cuatro factores que, desde la evidencia científica, explican el incremento en los trastornos mentales adolescentes. Lo revisamos aquí desde la perspectiva médica, emocional y social:
1️⃣ Redes sociales y los teléfonos inteligentes: espejo distorsionado

«Para muchos adolescentes, el algoritmo los entiende más que su familia.»
Pero ese algoritmo también:
- Normaliza el dolor como parte inevitable de la adolescencia.
- Promueve la autolesión o el suicidio como una salida.
- Distorsiona la realidad, mostrando vidas perfectas.
- Exacerba la comparación social y el aislamiento.
- Los expone a bullying silencioso y comparación constante
Estudios (Twenge et al., 2018; Montag et al., 2021) confirman que el uso excesivo de redes sociales afecta la autoestima, el sueño y la salud mental, correlacionándose con el aumento de la ansiedad, la comparación social, el acoso en línea y la disminución del sueño en adolescentes, particularmente en adolescentes mujeres.
- La evidencia clínica y neuropsicológica coincide con el artículo: la hiperconectividad digital estimula el sistema dopaminérgico de forma adictiva.
- El uso prolongado se asocia a alteraciones en el sueño, TDAH funcional, ansiedad social y disminución de la autoestima.
- La American Academy of Pediatrics recomienda limitar tiempo de pantalla, promover el uso supervisado y educar sobre el contenido.
2️⃣ Aislamiento social: solos entre todos

Cada vez pasan menos tiempo con amigos, en actividades presenciales, al aire libre, en la vida. La conexión virtual ha reemplazado la interacción cara a cara y los vínculos reales. Y eso se paga caro:
- Mayor soledad.
- Dificultades para pedir ayuda.
- Menor tolerancia a la frustración.
- Reducción de la calidad del vínculo humano y la práctica de habilidades socioemocionales.
La pandemia agravó esta desconexión (Loades et al., 2020), y hoy tenemos una generación que se siente profundamente sola en compañía.
3️⃣ Cultura de fragilidad emocional

Se ha confundido cuidar con sobreproteger. Muchos adolescentes crecieron escuchando que todo lo incómodo es dañino. Pero evitar el malestar no enseña a vivir, solo a temer.
Muchos crecieron escuchando: “no llores”, “no exageres”, “no te enojes”. Resultado: no saben qué hacer con lo que sienten. Y el miedo a sentirse mal, los deja sin herramientas para levantarse.
Estudios como los de Haidt & Lukianoff (2018) señalan cómo la hipersensibilidad emocional y la cancelación del conflicto impiden construir resiliencia.
Educar emocionalmente también es enseñar a tolerar lo incómodo sin huir.
Se ha normalizado que cualquier dificultad emocional sea vista como trauma, debilitando el umbral de tolerancia a la frustración.
4️⃣ Un mundo aterrador

Violencia escolar, guerras, cambio climático, pandemias, pobreza, bullying, abuso…
Las noticias llegan directo al celular, sin filtro, sin pausa.
Ese bombardeo permanente hace que muchos adolescentes pierdan la esperanza.
Sienten que el futuro es incierto, peligroso o directamente inviable. Y el cuerpo reacciona:
- Trastornos del sueño.
- Ansiedad generalizada.
- Estrés tóxico crónico.
- Conductas de riesgo.
Sin embargo, la mirada clínica requiere ir más allá. La salud mental adolescente no se resuelve con diagnósticos rápidos ni culpabilizando redes sociales. Requiere una intervención ecológica: hogares conectados, escuelas humanas, redes digitales éticas, y pediatras conscientes del nuevo paradigma emocional.
🩺 El pediatra: la primera línea (y a veces, la única)
Cuando un adolescente llega al hospital por una crisis emocional, no siempre ve primero a un psiquiatra o psicólogo. Nos ve a nosotros, los pediatras. Somos el primer oído que escucha, los primeros ojos que ven. Y eso nos convierte en una posibilidad real de cambiar el destino.
👩⚕️ ¿Cómo debe ser nuestro abordaje?
Con cercanía, respeto y sin miedo. No basta con ser médicos del cuerpo. Hoy más que nunca, también debemos cuidar el alma.
✔️ Escuchar sin juicio: no minimizar, no etiquetar.
✔️ Preguntar con honestidad: ¿Has pensado en hacerte daño? ¿Te sientes triste todo el tiempo?
✔️ Conversar con ellos a solas y en privado: muchas veces, lejos de papá y mamá, pueden por fin hablar.
✔️ Explicar límites de confidencialidad: “Todo lo que digas aquí es privado, salvo que crea que tu vida corre peligro. Entonces, te ayudo a buscar apoyo.”
✔️ Observar los focos rojos: autolesiones, aislamiento, insomnio, bajo rendimiento escolar, frases como “ya no quiero estar aquí”.
👨👩⚕️ Como pediatras, también educamos y acompañamos familias
Nuestra responsabilidad no termina con una receta, y va más allá de esos 15 minutos de consulta. Toca hablar con papás que no saben por dónde empezar o no entienden que está pasando. Y hay que hacerlo con firmeza, empatía y sin rodeos: Esto no es flojera. No es inmadurez. No es solo una etapa. Brindar recursos reales: líneas de ayuda, psicólogos, psiquiatras, grupos de apoyo. Reforzar la presencia parental emocional, no solo física.
⚠️ ¿Cuándo sospechar depresión severa o riesgo suicida?
- Dolor abdominal o de cabeza recurrentes sin causa médica clara
- Conductas retadoras, impulsivas o agresivas
- Consumo de alcohol o sustancias
- Disminución en el rendimiento escolar
- Desinterés en las cosas que antes les apasionaban

🧩 Factores psicosociales que debemos tener en el radar:
- Bullying (digital o presencial)
- Duelos no resueltos
- Abuso físico, emocional o sexual
- Enfermedades crónicas o discapacidades
- Rechazo por identidad sexual o género
- Falta de límites o vínculos con adultos
- Expectativas familiares inalcanzables o nulas
👨👩👧👦 El papel irremplazable de papás, maestros y amigos
Ningún adolescente debería atravesar la tormenta solo. Los adolescentes requieren:
🔹 Padres presentes, disponibles emocionalmente, que escuchen sin interrumpir, sin juzgar. Así mismo es necesario acompañar a los hermanos porque ellos también sienten, necesitan contención, información, y amor.
🔹 Maestros atentos al lenguaje no verbal, a las señales, pendientes más allá de una calificación.
🔹 Amigos valientes, que pregunten: ¿Estás bien?
Los padres cargan con la culpa. Los hermanos, con el miedo. Los amigos, con el vacío. Es indispensable que también ellos reciban atención emocional especializada, para evitar una segunda tragedia.

📌 Reflexiones clave para pediatras, padres y maestros
- No basta con evitar lo negativo, hay que construir lo positivo: relaciones humanas, propósito, límites saludables y sentido de pertenencia.
- El adolescente necesita adultos emocionalmente disponibles, no sobreprotectores ni desconectados.
- Educar en emociones es urgente, tanto como vacunar o enseñar a leer.
- La salud mental no es moda ni privilegio: es una necesidad estructural para el desarrollo.
🩺 ¿Qué hacemos como pediatras, maestros, papás?
✔️ No minimices: su tristeza no es drama, es dolor real.
✔️ Pregunta con el corazón y escucha con el alma.
✔️ Observa señales: aislamiento, autolesión, cambios de conducta.
✔️ Sé un refugio, no un juez.
✔️ Y si no sabes cómo ayudar, acompaña hasta que alguien más pueda.
Como pediatras, educadores y madres/padres, tenemos una responsabilidad colectiva: acompañar, comprender y guiar, no solo medicar o regañar. La tristeza adolescente es un síntoma. El trabajo real está en el fondo.
🛠️ Recomendaciones académicas y clínicas
| Área | Acción concreta |
| Consulta pediátrica | Incluir tamizaje emocional en pacientes que nos den datos clínicos de depresión, ansiedad, conductas de riesgo o conducta suicida |
| Intervención educativa | Capacitar a docentes en salud mental y educación emocional; reducir factores escolares de estrés. |
| Crianza | Promover autorregulación emocional, autonomía progresiva y límites con afecto. |
| Política pública | Campañas masivas de prevención en salud mental; regulación de algoritmos digitales nocivos. |
🌱 ¿Qué podemos hacer hoy?
- Hablar del tema. Sin miedo, sin tabú.
- Validar el dolor, aunque no lo entendamos.
- Observar sin juzgar.
- Educar emocionalmente desde casa y escuela.
- Preguntar con el corazón: “¿Qué necesitas hoy?”
- Pedir ayuda profesional sin vergüenza.
- Recordar que prevenir no es exagerar… es salvar vidas.
❤️ Tú puedes ser ese adulto
Ese pediatra, maestro, amigo o papá que ve lo que nadie más quiere ver.
El que sostiene cuando todos sueltan.
El que pregunta cuando otros evitan.
El que escucha sin miedo lo que duele.
Y si tú, que estás leyendo esto, también estás cansado… también puedes pedir ayuda.
Porque cuidar a otros también agota.
Y porque la salud emocional también empieza contigo.
Porque lo que no se ve… también duele.
Pero lo que se acompaña, puede sanar.
